LA BONITA LIBERTAD
En
cuanto Junior se van para la escuela con la anuencia de su serio
padre, el poderoso hombre de empresa con tantas y tantas
responsabilidades, se desahoga entre las piernas de su negro
asistente de verga larga. Este, por su parte, trae a su sobrino a la
casa para que se distraiga, pues el chico, por la edad, siempre tiene
las bolas llenas y temen que preñe a una vecinita algo casquivana.
Para salvarle, lo mejor es que drene los testículos todo lo que
pueda en los maricas que aman las pollas negras; y para eso no habías
otro como un puto blanco hambriento de carne de ébano. El tío Bill
quiere que este aprenda qué le gusta a esos tíos blancos poderosos,
como tratar con ellos y salirse con la suya.
Pero,
fuera de esas negras maquinaciones, nuestro amigo realmente ama esas
enormes pollas de color, los fuertes olores de esos machos. El
sentirse lleno al límite por una, mientras el carajo empuja y jadea
al tiempo que le ruge juguetón: “Ahora sí que tienes bien
alimentada esa concha golosa, ¿eh?”. El tío Bill entiende la
fascinación de su sobrino, lo cachondo que está dándole y dándole
verga, había algo en los ojos brillante de un orgulloso maricón
mientras es atendido que no deja indiferente a ningún macho.
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