viernes, 10 de mayo de 2019

CULPAS Y ARREPENTIMIENTOS

   ¿Realmente será bonito amar tanto?

   Una noche a la luz de la hoguera, bajo un cielo inmenso y estrellado, consciente de lo que hacía pero temblando, no de frío aunque lo hacía, sino de temor ante aquello que me atrevía a decirme que deseaba y quería para mí, tú, decidí ir a tu encuentro. Conociendo entre tus brazos, contra tu cuerpo, una pasión que ni siquiera soñé que realmente pudiera existir, o que yo pudiera llegar a sentir. Que este fuera yo, tan vivo. Pero, así nos decimos que es la vida, todo sueño debe terminar con la llegada de la alborada, de la cordura, o cuando los miedos te alcanzan. Una de esas mañanas, bajando de ese hermoso y apartado cielo que fue tuyo y mío (nuestro cielo), tuve que decirte adiós aunque tanto me doliera. Aunque tal vez no lo supieras.

   Dejarte ir, verte alejarte mientras aún me buscabas con la mirada, esperando un gesto que te detuviera, fue morir un poco en esa carretera. Era el precio que debía pagar para regresar y vivir con los demás. Pensarás que fui duro, cruel hiriéndote tanto, pues, entérate chico de ojos azules y cabello color cuervo, no ha habido una hora del día desde ese instante que no intentara no pensar en ti, no por vergüenza, sino porque hacerlo era comprender cuánto me había equivocado al cerrarle la puerta en las narices a mi propia existencia. Pero fue lo que elegí, pensé que sería fácil pretender que nada había pasado, olvidar el calor de la pasión real, ¿no fui acaso un grandísimo idiota? ¿Se puede olvidar a la persona que hace sonreír y emocionar tu alma?, ¿se le puede perder y creer que todo continuara como si nada? Mi mayor pecado, la culpa que me atormentará siempre fue arrastrarte al infierno que padezco desde que te perdí, porque lo hice sin preguntarte. Culpa que me pesara, lo sé, hasta el final de mis grises días sobre esta tierra.

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