LA BONITA LIBERTAD
En
esta vida todo es riesgo y en cierta medida, drama. Un tío joven y
saludable se enamora de un amigo sexy, confesándoselo; teniendo las
bolas de decirlo. El cual le dio verga una vez. Duro, bastante.
Tocándole, besándole, probándole a su vez a boca llena. Pero que,
despidiéndose, le dijo que sí, que le gustó darle esa follada pero
que más le gustaba con las tías, rompiéndole el corazón. Siguen
como amigos pero ahora más apartados, y eso duele. Tan sólo le
queda recordar con afecto y amor esa noche, con dolor (pero no por
eso), sobre su consolador.
¿Cómo
olvidar esas tandas de chupadas, de lamidas, de bolas colgándole en
la barbilla, soñando con beber su esperma o que con ella le cubriera
la cara?
¿Cómo
no admitir que cabalgándola, metiéndosela hasta los pelos, se
sintió renacer como el hombre amante de los chicos que nació para
ser? Ahora solo le queda el consolador. ¿No es una pena? Pobre
sujeto. Aunque fue ese amigo quien se lo regaló... ¿acaso esperando
el momento, en el futuro, de verlo usándolo? Sabe que se engaña un
poco, ¿pero qué otra cosa le queda si tanto le extraña?
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