Sabiendo
hacerlo...
Tíos
agresivamente saludables, voluntariosos, viriles y musculosos son un
peligro para la virtud de las señoritas en el instituto, eso hasta
que son tomados y desflorados por un hombre que sabe. Como nuestro
amigo, que buscando aprobar unas materias para las que no estudiaba,
aceptó someterse a las “mariconerías” del joven profesor, por
horrible que fuera. Pero ahora, mientras lo agita sabroso y grita
como un poseso, rogando por más de eso, repara en que fue reprobado
en los estudios de toda manera y deberá repetir el año. Pero no le
importa y sigue buscándole. Va para que “pruebe” sus progresos.
Que los ha habido (no tanto como los que llegarán), como depilarse
cada pelo, nunca tocarse a sí mismo para alcanzar la gloria... y,
trabajado un poquito más, la jaula que encerraría su virilidad. Una
que, bien mirado, ya no necesitaría libre...
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