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domingo, 25 de agosto de 2019

DRITTES

ERSTE

   Perdió una apuesta en el juego, pero no parece preocupado, no mientras cruza los pasillos sabiendo que esos dos panas del equipo le esperan impacientes en los vestuarios, usando únicamente sus suspensorios para que él les notara lo emocionados. Allí, en el desordenado lugar solitario, apestosos a pies y sudor de machos, a testosteronas, esos dos, uno frente al otro, mirándose a los ojos, de rodillas, le lamerán de todo, dándole besitos chupados en la punta, también pequeñas lamidas. Los panas, calientes, gimientes, le chuparan y adorarán. Y la perspectiva no podía emocionarle más... ¿Tal vez terminar y ver sus caras chorreadas?
   Sonríe al verle enrojecer y detenerse frente a él. Llegando y quitándose la franela sabe que todos le miran, es un carajo guapo y sexy, experimentado y saludable, uno que reconoce al marica urgido, en un encuentro cualquiera, por el rubor que cubre sus rostros cuando le ven, especialmente los más jóvenes, por el oscuro brillo de sus pupilas y el leve tragar en seco. Imaginándose en sus fantasías más descabelladas el que pueden tocar todo eso. Sonríe casi porque ver su sorpresa cuando le guiñe un ojo y le indique que le siga para lo frondoso. Es de los que sabe que no debe buscar o esperar más de tres minutos de llegar para encontrar a quien se muere por mamar...
   En su juventud y belleza puede ser cruel, entiende el hombre de negocios detenido a su lado en el auto. Era de los chicos agresivamente masculinos, estudiante y seguramente con novia, pero con las bolas tan llenas que necesita una escapadita un sábado por la tarde para vaciarlas en una boca ansiosa, para culear duro, sin miramientos, sin delicadezas, tan sólo dar y dar con fuerza. Era de los chicos que en sus éxitos e inexperiencia confundía el hacerte el amor con el tratarte como a una perra caliente, se dice... Así que apenas puede esperar, admite mientras le abre la puerta y se estremece.
   El mensaje no podía ser más claro: “Ven, papi, revistas, películas, pepinos y velas ya no me llenan. No como tú. Vamos, te espero. Mamá y papá salieron. El que visite la casa el mejor amigo de mi viejo no levantará sospechas, en serio, ni que abra la puerta y te deje entrar. ¿Cómo va a adivinar alguien que quiero que me entres con todo como la vez pasada en la cama de ellos?”.

domingo, 12 de mayo de 2019

ZWEITENS

ERSTE

   “Joder, ¿acaso es mucho pedir que pueda hacer lo que me da la gana, dejar salir la fiera interna y que el mundo me escuche, entienda y acepte? ¿Es muy malo querer salir y encontrar chicos que quieran tocarme, lamerme, mirarme con adoración y que supliquen por mis atenciones? Otros lo hacen, ¿por qué yo no?, ¿por qué debo contenerme porque en todas partes parece haber un conocido del trabajo, de mi urbanización o de la familia? Voy para los cuarenta, carajo, ¿cuánto más voy a esperar para tener todo el sexo que quiero, ir donde quiera y hacerlo otra vez, conocer a este o aquel y clavársela hasta que lloriquee por más?”. Si, ya iba siendo hora de que se decidiera, ¿verdad? ¿Algun chico que quiera hacerle el favor?
   Ha escuchado que en ese stadium donde practican muchos tíos se aparecía un tipo dispuesto a... Bien, a meterse entre las recias piernas de un hombre y clavar la cara en su entrepiernas, oliendo de manera escandalosa, con ganas, frotándose de la barras, que las atrapaba con las manos y las mordía sobre la tela, chupándolas. Que les pedía que lo acompañaran a los baños para que se las pudiera mamar, que lo hacía como un campeón hasta lograr ordeñar una buena carga que tragaba. Quiere eso, una tarde loca; espera por... “Oye, guapo, ¿no quieres que te la...?”. Sonriendo alza el rostro hacia la voz y se impacta. “¿Primo? Joder, ¿eres tú el gran mamagüevo de la cuadra?”, ríe y separa las piernas, “comienza”.
   -Mierda, ¿hora de cobrarme los impuestos otra vez? ¿Seguro que no vienen muy seguido buscando sacarme todo? -gruñe torvo el oso montañez.- Bien, entremos, tengo tiempo para atenderte. -sonríe complacido al mirar al joven hombre de traje enrojecer y sus ojos brillar tras los lentes finos.- Me gusta tu traje, pero ya quiero quitarte esos pantalones, desde atrás, y verte ese culo apenas cubierto con la más sensual pantaleta de tu mujer, como te pedí la vez anterior. ¿Recuerdas?, ¿de cuando estabas sobre mi tranca y me prometías lo que yo quisiera si no me detenía? Espero que hayas cumplido o no habrá más de esto. Lo que sería una lástima, no creo que hagas este largo viaje tan sólo por el paseo.
   Mira a los chicos, todo grandote, peludo, masculino, y vuelve el rostro al juguete del unicornio, lamiendo la punta, dándole besitos a la punta, sobando con sus manos, tragando... Esos jóvenes sabrían, sin palabras, qué deseaba. Aunque era un gesto inútil, ya le conocían en el complejo turístico, era como otra atracción del lugar: el peludo maricón con alma de puta insaciable a la hora de tragar jóvenes virilidades. De hecho a eso iban; a veces en grupos de tres o cuatro amigos o conocidos. Unos que ya tenían experiencia en ese tipo de mamadas y otros que por curiosidad se acercaban para ver cómo era la vaina. 

DRITTES

sábado, 16 de marzo de 2019

ERSTE

No importa cuánto tiempo haya transcurrido, no puede olvidarlo. La tarde cuando en ese mismo carro, detenidos mirando caer la tarde, su amigo le confesara que le amaba, que no había podido evitarlo, que lo hacía desde que tenía memoria y que sentía que debía decírselo antes de partir al frente con su batallón. Como tampoco olvida su mano juguetona o su boca golosa, demostrándole cuánto le adoraba. No le dijo nada después, ni una palabra; le vio herido e irse sin mirar atrás. Y no ha llamado ni escrito. No sabe cómo tratarle, qué decirle. No sabe que le gustó y asustó más.
-Oye, tranquilo, no estoy diciendo nada, no juzgo ni condeno. Que invitas al vecino que viste de rodillas frente a un chico hace dos noches en el estacionamiento, justo cuando tu mujer no está y te paseas en un bañador así frente a mí, no me toma de sorpresa. ¿Sientes curiosidad o andas caliente? No importa, porque en verdad me gustas, mi vecinote sexy de al lado, siempre en la alberca. Para mí es como un sueño si... si deseas que te toque, pero ¿estás seguro? No quiero que te sientas mal o te arrepientas, no sería bueno para ti ni justo para mí. Entonces ¿qué? ¿Me voy? ¿Nos bañamos y no pasa nada o... te acercas a la orilla y me dejas bajar lentamente ese bañador y hacerte lo que quiero y tal vez sueñas?
   A veces le arde la cara de secreta vergüenza, como ex gordito metido en severas dietas y regímenes quiere que todos le admiren; ya no era el chico rellenito de la secundaria. Pero que tantos chicos rubios de cabellos largos y aire de vagos de playa, bonitos y bien constituidos le miren y digan descaradamente que quieren un papi como él que les ponga preparo todavía le sobrepasa, aunque le emociona. Si, todavía pasará un rato antes de que se atreva a dar ese paso, dejarse tocar y amar por un rato, sentir que en verdad lo vale.
   Mierda, ¿acaso esa sería ahora su vida?, ¿tener sexo con guapos desconocidos a la orilla de la playa cuando no está surfeando, raspándosela un poco sobre las toallas con la arena mientras la usaba en ellos? ¿Cruzarle las cara a sujetos parecidos a su padre que en los supermercados no podían dejar de verlo, adorándole con las miradas? ¿Sería un eterno ir a baños en la costa, aferrándose con dos manos a los parales de los privados mientras de rodillas un policía, un marine o un motorizado le tragaba o le ofrecía la retaguardia? ¿Sería eso suficiente? No lo sabe, pero como ex mormón escapado de Utah está dispuesto a probarlo por un rato, luego ya verá... 

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