ERSTE
Perdió
una apuesta en el juego, pero no parece preocupado, no mientras cruza
los pasillos sabiendo que esos dos panas del equipo le esperan
impacientes en los vestuarios, usando únicamente sus suspensorios
para que él les notara lo emocionados. Allí, en el desordenado
lugar solitario, apestosos a pies y sudor de machos, a testosteronas,
esos dos, uno frente al otro, mirándose a los ojos, de rodillas, le
lamerán de todo, dándole besitos chupados en la punta, también
pequeñas lamidas. Los panas, calientes, gimientes, le chuparan y
adorarán. Y la perspectiva no podía emocionarle más... ¿Tal vez
terminar y ver sus caras chorreadas?
Sonríe al verle enrojecer y detenerse frente a él. Llegando y quitándose
la franela sabe que todos le miran, es un carajo guapo y sexy,
experimentado y saludable, uno que reconoce al marica urgido, en un
encuentro cualquiera, por el rubor que cubre sus rostros cuando le
ven, especialmente los más jóvenes, por el oscuro brillo de sus
pupilas y el leve tragar en seco. Imaginándose en sus fantasías más
descabelladas el que pueden tocar todo eso. Sonríe casi porque ver
su sorpresa cuando le guiñe un ojo y le indique que le siga para lo
frondoso. Es de los que sabe que no debe buscar o esperar más de
tres minutos de llegar para encontrar a quien se muere por mamar...
En
su juventud y belleza puede ser cruel, entiende el hombre de negocios
detenido a su lado en el auto. Era de los chicos agresivamente
masculinos, estudiante y seguramente con novia, pero con las bolas
tan llenas que necesita una escapadita un sábado por la tarde para
vaciarlas en una boca ansiosa, para culear duro, sin miramientos, sin
delicadezas, tan sólo dar y dar con fuerza. Era de los chicos que en
sus éxitos e inexperiencia confundía el hacerte el amor con el
tratarte como a una perra caliente, se dice... Así que apenas puede
esperar, admite mientras le abre la puerta y se estremece.
El
mensaje no podía ser más claro: “Ven, papi, revistas, películas,
pepinos y velas ya no me llenan. No como tú. Vamos, te espero. Mamá
y papá salieron. El que visite la casa el mejor amigo de mi viejo no
levantará sospechas, en serio, ni que abra la puerta y te deje
entrar. ¿Cómo va a adivinar alguien que quiero que me entres con
todo como la vez pasada en la cama de ellos?”.




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