Toda
preparación de sus frutos...
......
Por
un segundo la mujer se queda paralizada, cruzando una mirada con
Melissa, quien se la sostiene aunque inquieta, luego se despoja de
sus anteojos de montura negra brillante, que sentaban bien a su
rostro ovalado de cincuentona bien conservada. No era atractiva, en
sí, el cabello era de un rubio cenizo, los ojos azulados estaban un
tanto separados, la nariz demasiado fina, los labios demasiado
delgados. Era alta, delgada y encorvaba un tanto los hombros como se
notaba bajo el vestido conservador que usaba.
-¿El
profesor Hayes? ¿No es el mismo hombre que fue secuestrado ya una
vez, y del cual se me aseguró que se le mantendría vigilado y
protegido? -pregunta seca.
-Sí,
señora... -jadea Arthur, tensándose cuando llevando las manos a las
espaldas, la mujer se le acerca.
-¿Y
fue secuestrado, la policía de Los Ángeles ya atiende el asunto y
no es hasta ahora que te enteras? -los orificios nasales se le
dilatan.
-Hubo
un robo, el secuestro y... un homicidio. Claro que tenían que
avisarle a las autoridades y estas presentarse. Nuestro agente...
-¡Es
un imbécil! ¿Quién está encargado, el agente Graves? Oh, no, ese
inutil anda en el Medio Oriente equivocándose también. ¡Se supone
que Hayes debía estar monitorizado por nosotros! -las frases son
expresadas sin alzar la voz, sin calor, pero al hombre le parecen
gritos destemplados.- Ocúpate de recuperar el control.
-Sí,
señora Craig. -casi jadea y sale a la carrera. Melissa va a
retirarse también, a paso tieso, ¿podrá escapar?
-Un
momento. -la mujer la detiene, esperando a que queden a solas. Y es
cuando arruga la frente con disgusto.- ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo
secuestran a un hombre que está bajo nuestro cuidado y monitoreo, el
de nosotros, y no nos enteramos?
-Es
peor, señora. Lo cierto es que… no sabíamos que estaba en Los
Ángeles, ni a qué fue allá. -la joven informa, tensa. Inquieta
como la otra.- Imagino que a eso viene el subdirector Roberts. Su
llamada fue intespectiva.
-Si,
me “quería aquí” cuando llegue. -la mujer encomilla caminando
hasta una cafetera, mirándola, aceptando su negativa y sirviendo una
sola taza.- Algo sabe. Ya. Cuando nosotros no. -toma aire
observándola fijamente.- Estás al tanto del asunto, ¿no? -la joven
se tensa.
-Un
poco.
-¿Tan
sólo un poco? Imaginé que el llamado proyecto “Portón” tenía
algo que ver con tu traslado a esta sección. -la estudia fríamente.
-¡Señora!
-la joven se inquieta y tiene que luchar contra el deseo de agitarse
bajo esa mirada.
-Si.
Siempre creí que Roberts te había enviado para... asegurar su
presencia en el proyecto. Como subdirector de Defensa es un hombre
con recursos e intereses. Lo pensé, pero en todos estos meses no has
dado muestra de deslealtad. Y me he asegurado de ello. -la sorprende,
así que sonríe fría y saborea su café.- ¿Pensaste que te dejaría
entrar a mi círculo interno sin saber de ti? Vamos, muchacha. Creo
que el asunto Hayes fue el que te trajo aquí la primera vez. ¿Qué
sabes de eso?
-Que
hace un año fue secuestrado y su rescate fue costoso. Se perdió a
un hombre y se desarticuló una buena unidad de respuesta. Eso... me
intrigó. -parece recitar.
-Pero
esa no fue tu motivación principal, ¿verdad? -cuestiona y la otra
duda, muy tensa, roja de cara.- ¿Sabes del trabajo del profesor? -la
pregunta provoca un estremecimiento de la joven.
-Más
o menos, señora.
-Y
eso tampoco deberías saberlo. -puntualiza Craig.- Así que cuando
llegaste aquí ya tenías en tu agenda a Hayes y su trabajo para la
Defensa. Habla, querida, quiero que seas sincera porque o voy a
necesitarte y a utilizarte o voy a deshacerme de ti. -la otra toma
aire y parece decidirse.
-Era
criptógrafa en el Pentágono cuando llegó el informe de Irak, sobre
Portón, sobre unas ruinas encontradas que parecían contener...
rastros arqueológicos impresionantes. Y desconcertantes para la zona
y el período histórico. Un artefacto de tecnología anacrónica.
-Una
vez corrió el rumor de que Saddam Hussein contaba con un aparato que
le permitía abrir una ventana hacia otras dimensiones, una Puerta a
las Estrellas, como le denominaron por la película, que encontró
bajo las arenas, y con la cual intentó escapar cuando todo se le
volvió en contras y terminó escondido como un conejo en un hoyo...
-Esas
historias...
-Siempre
hay historias. Y las investigamos todas por si hay el menor rastro de
veracidad, por improbable que sea. Aún hoy en día se sostiene que
el alto mando nazi, el que formaba el círculo metafísico del
Führer, también intentó escapar con un aparato parecido,
construido con los restos de un platillo volador estrellado en la
Selva Negra en los años veinte del siglo pasado. -acota la señora
Craig.
-¿Una
puerta a las estrellas? ¿En serio? -la joven casi sonríe pero no se
ve sincera, más bien inquieta por tantas implicaciones.
-Una
máquina del tiempo, también le han llamado así, al aparato
construido por los nazis y la estructura encontrada en Irak. -la
mujer parece molesta.- Es cierto que suena a locura, pero tanta gente
habló de ello que se planteó la cuestión: ¿Saddan la tenía y se
proponía usarla? Eso... precipitó la guerra. -alza una mano cuando
la otra va a hablar.- Si, la situación fue evaluada y se decidió
que podría ser un arma peligrosa. De existir. ¿La invasión fue por
ella? No, pero se le buscó después, y no se encontró nada... como
no fueran más rumores. Sobre ruinas y gente que desaparecía cuando
iba en su búsqueda.
-Tengo...
entendido que no todos fueron rumores, ¿no? Dos unidades marines...
-la otra mujer la estudia fijamente.
-Si.
Se escucharon muchos cuentos locales, de miedo, que mantenían a la
gente lejos de cierta garganta en el desierto, no muy lejos de
ciertas ruinas que han identificado como Ur. Y si, dos unidades
partieron a investigar... y no se supo más de ellos. No se les
encontró ni vivos ni muertos. -mastica las palabras.- Dándole
cierta veracidad a los rumores. Claro, tal vez habían sido
emboscados y asesinados, ¿pero desaparecer aún de los satélites
que los monitorizaban, un momento estaban allí y al otro no, sin que
ninguna señal de ellos haya quedado?
-El
profesor Hayes...
-Es
un experto en el área, también en lenguas, relatos, mitos y pueblos
antiguos de la zona. Un hombre provisto de una inteligencia notable.
-Tengo
entendido que le engañaron el año pasado y fue hábilmente
interrogado por un sujeto que se hizo pasar por otro académico, el
cual estaba en esos momentos en Cambridge dando unas conferencias.
-El
hombres es hábil en lo suyo, y un idiota en todo lo demás. Como mis
hijos... -gruñe y la joven entiende todo su malestar del día. Otro
problema en casa- Aunque todo suene a milagrería, a magia, hay que
tener en cuenta que le han secuestrado dos veces... Y ahora Roberts
viene. -la mira fijamente.- Me quiere fuera de esta oficina. No es mi
amigo. -flexiona los tensos hombros.- Bien, tomemos medidas; llama al
coronel McNamara y ayuda al inútil de Arthur... -termina. La joven
asiente, pero se detiene cerca de la puerta.
-Lleva
bien el timón, señora. No le será fácil a nadie descabezarla.
-eso hace sonreír a la mujer que le hace una leve seña con la
cabeza mientras sale.
Una
vez a solas, se recuesta del sillón, muy seria. La chica,
hábilmente, había evadido su pregunta, qué la había llevado a esa
oficina. Hasta saberlo no la apartaría ni la perdería de vista. No
parecía una traidora, y sin embargo...
......
La
bulliciosa calle le era indiferente al hombre alto y delgado, pero
fibroso, de cabellos negros con hebras grises en sus sienes y en su
mandíbula al estar algo barbudo. Parecía desaseado dentro de la
botas negras, el pantalón de carga, gris, la franela negra y una
chaqueta buena, negra también. Y sin embargo se veía atractivo,
tenía un cierto aire agresivamente viril que alegraba a ciertas
miradas, especialmente femeninas, pero también para uno que otro
sujeto. Parecía apartado de todos cargando la caja de una pizza
grande y una bolsa con tres botellas de whisky, al cual, algo
indicaba que era aficionado. El hombre, llegado a esa esquina en una
calle secundaria en el Bronx, mira en ambas direcciones antes de
cruzarla, entre los vehículos. Parecía tener prisa aunque su paso
fuera indolente. Había un toque de control y fuerza en su persona
que definitivamente se hacía notar. Tal vez porque el trasero se
adivinaba firme bajo la tela áspera del pantalón.
Y
si Denton Wilson parecía apartado del mundo que le rodea, su rostro
reflejaba igualmente una molestia vieja, una rabia y un pesar interno
mucho tiempo guardados. Se notaba que le molestaba estar en la calle,
entre otros seres humanos. Así que sigue su camino rumbo al viejo
edificio donde se queda, a comer y tomar algo antes de salir a buscar
cierta información. El cielo se ve algo nublado, sombrío, como su
ánimo. Se detiene frente al hotel y saluda con una inclinación de
cabeza a una joven rubia de cabellos largos, lacios, de apariencia
inocente y dulce, que le sonríe. Una vecina de piso. Una joven
prostituta que era amable y que parecía intrigada con el recio,
silente y amargado vecino. A quien le coqueteaba sin lograr
arrancarle nada más que una sonrisa enigmática que la intrigaba
más. Siguiéndola un tanto con la mirada, viéndola subir a un taxi,
entra al fin.
Sin
reparar en los dos hombres negros, uno alto y delgado, el otro
también alto, pero obeso (no dando apariencia de blandura sino de
fuerza), que le han seguido. Estos intercambian una mirada y cruzan
la calle a pasos ágiles (el gordo se movía bien), mientras meten
las manos en los bolsillos de sus chaquetas, aferrando las culatas de
sus armas. Iban a cumplir con un trabajo. El sujeto con cara de dolor
de bolas iba a morir víctima de un atraco callejero, pero esta vez
en las puertas de su apartamento. Qué trágico...
......
-Ahhh...
ahhh… Hummm... -maldita sea, esos chillidos de gozo debían
escucharse hasta en la entrada del local, todo el mundo iba a
enterarse qué pasaba en ese cuarto donde la camilla traquetea,
piensa alarmado el masajista Larry Valar, cubierto de sudor, los
dedos clavados en esas caderas alzadas; pero no puede contenerse.-
Oh, mierda... -chilla casi agónico. ¡Ese culo estaba dándole las
apretadas, masajeadas y chupadas de su vida! Sentía que iba a
arrancarle la verga, parecía atraparla como si fuera una mano y
agitársela de manera intensa. Alza el rostro, cierra los ojos y
tiene que arrojarse con mayor fuerza contra esas nalgas jóvenes y
duras, penetrando aquel agujero que estaba robándole la cordura.
Volviendo a chillar aunque casi se mordía los labios.- Hummm…
hummm...
Le
ve estremecerse bajo sus embestidas, gemir, ladear el rostro y
sonreirle, gozando la cogida que le daba, de su verga atravesándole
las entrañas, refregándole por dentro, dándole en la próstata,
pero también disfrutando de verle así, descontrolado por su culo
joven pero vicioso, uno que nuevamente empuja de adelante atrás,
masajeándole todavía más.
Alguien
golpea la puerta.
-¿Te
diviertes, Valar? ¿Son buenos los culos peludos? -y hay risas que se
alejan.
CONTINÚA … 4

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