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viernes, 1 de noviembre de 2019

A LOS PIES DE LOS CACHAS... 10

LOS CACHAS                         ... 9
   Espera que te entregues y sometas...
...

   Con la cara muy roja, Shawn lo siente, como su culo se cierra alrededor del dedo, pulsando salvajemente, como deseándolo más adentro. Pero también que se le moja, que se le calienta. Lo empuja y mueve la punta en su interior, sabiendo qué busca. Y lo encuentra. Las piernas le tiemblan al tiempo que eleva el rostro, como torturado, mirando a Aspen, quien sonríe con los musculosos brazos cruzados ahora sobre su torso masivo. Ese dedo entra y sale de su agujero, con la tira de la tanga a un lado, dándole aquel espectáculo a los fornidos hombres del otro lado del cristal y a los que están a su lado, que lo rodean y se asoman, con aires agresivamente viriles, erecto bajo sus ajustadas ropas de ejercicios.

   Se saca y mete ese dedo casi ignorante de que sube y baja su trasero, bailándolo, rodeado de esos hombres que ríen de su putez (lo sabe), que miran todo aquello con lujuria malvada (lo sabe también).

   -Vamos, marica, juega con tu concha caliente... -ríe ronco, Aspen, teniéndose nuevamente sobre él, ese brazo pesado y firme quemándole la espalda, los dedos regresando a su entrada, acariciando alrededor del que entra y sale, antes de flexionar uno de ellos.

   Shawn chilla aún más cuando a su dedo se suma el de Aspen, que ríe, que lo penetra con él, metiéndolo y sacándolo, dejándolo adentro y halando hacia un lado, lo que provoca las risas de los otros. La cercanía del fornido joven le trastorna todavía más, ese cuerpo voluminoso exhala calor y olores a masculinidad, el tolete del otro casi parece capaz de destrozar la elástica tela. Y la quiere, quiere chuparle el güevo, allí mismo, delante de todos. Estaba literalmente hambriento de ganas y de verga. La suya propia escapa de la telita, colgando tiesa, goteando, ganando señalamientos y nuevas risas, mientras no puede evitar la mirada perdida de lujuria, la sonrisa tipo mueca mientras esos dedos, el suyo y el otro, van y vienen. Rodeado por esos hombres que olían tan... excitantes.

   -¡Pero qué puto es este marica! -señala uno.

   -¡Está que le chorrea el coño! -apunta otro, a su lado, riendo, tocándole con una manota grande, dura y caliente la nalga derecha, halándola.

   -Aspen siempre los consigue así. -el asiático palmea la espalda del amigo, quien le sonríe.

   -Es fácil reconocer a un marica con complejo de hombre. -es terriblemente desdeñoso cuando sus miradas se encuentra. Con la mano libre le atrapa la barbilla.- ¿Recuerdas lo macho que te creías, con tu gran empleo, tus aires de gran profesional y tu prometida? Cuando esto era lo que deseabas... -y del otro lado del cristal ven como empuja un segundo dedo en aquel culo que se tensa y tiembla. ¡Ahora tenía tres dedos clavados! Lo que provoca un chillido del publicista, cachetes muy rojos, avergonzado y completamente excitado.- Te gusta, ¿verdad? Que te exponga así, que todos escuchen y vean lo puto que eres. -es casi cruel, pero sonríe como un niño grande.- Los deseas, hurgando en ti, estimulando tus entrañas. Ves mi tranca, y esas otras, y las piernas te fallan, así como la concha se te moja todavía más... -acerca el rostro.- Seguro te preguntas si responderás como una zorra desatada sobre sus vergas como hacías sobre la mía. ¿Quieres que te lo aclare?: Si, porque eres una zorra amante de las vergas de los hombres grandes como nosotros. Punto. -y le clava esos dos dedos, hondo y duro, y casi le alza en peso, riendo, haciéndole chillar levemente, frente fruncida, no sabiéndose si sufre o goza, pero sí que está cada vez más caliente.

   Ni él mismo sabe si es una cosa u otra. Shawn tan sólo se siente trastornado, en su vaivén pega el trasero del cristal, los dedos bien clavados, y se eriza. Imagina la visión que presenta. Sus nalgas redondas y todavía pálidas aplastadas contra el cristal, la tira de un hilo dental medio cubriendo su raja interglútea y esta apartada un tanto mientras tres dedos salen y entran con esfuerzo, abriéndole al máximo, mientras todos miran, ríen, aplauden y hacen comentarios.

   Lo peor era que la cercanía de Aspen realmente le trastornaba más y más. Quiere tocarlo, recorrer con sus manos ese cuerpo joven, duro y fornido, musculoso y marcado. Quiere olerle, lamerle... meter nuevamente su rostro en una de aquellas axilas y perderse mientras chupa de su piel transpirada. Quiere que ese guevo...

   -Por favor... Por favor... -jadea sintiendo que se quema.

   -¿Por favor, qué, puto? -Aspen le mira al rostro, atrapándole todavía por la barbilla.

   -Quiero... Quiero...

   -¡DILO DE UNA PUTA VEZ, MALDITA SEA!

   -¡QUIERO TU VERGA! -ruge como desesperado, ardiendo literalmente de vergüenza cuando todos ríen, a su lado y del otro lado del cristal. Su culo sufre un violento espasmo. Aspen, sonriendo acerca un poco más el rostro.

   -Suplica.

   -Por favor, por favor, cógeme... -los labios le tiemblan, casi desea llorar.

   -¿Qué necesitas?

   -¡Una verga! -jadea nuevamente, su culo dando violento torines sobre su dedo y los dos de Aspen.

   -¿Cómo? No te escucho.

   -¡NECESITO UNA VERGA! ¡TU VERGA! -casi siente ganas de llorar de pura frustración. Las carcajadas que estremecen esos enormes cuerpos es una espina más en esa corona, pero no puede frenarse. Aunque jadea cuando Aspen retira los gruesos dedos de su culo, del cual, de manera refleja, retira el suyo, quedando el agujero titilante como una boquita haciendo señas, antes de quedar cubierto por la tirita de la tanga.

   -Amigo. -Aspen le gruñe el chico asiático, quien duda un segundo. Tan sólo uno, colocándose ante el inclinando hombre joven, al cual le saliva la boca todavía más al ver una nueva verga. Otra. La de otro hombre. Una que abulta no tan impresionantemente dentro de aquellas ropas, pero sí como para destacar. Alza una mano trémula y...

   -Vamos, puto.

   -Hey, hey, modales. -le retiene Aspen, con una de las suyas. Y sus miradas vuelven a cruzarse. Shawn enrojece hasta la raíz del cabello, los labios le tiemblan un poco mientras traga en seco. Mira al asiático, todavía doblado de cintura, su culo contra el cristal.
-Por favor, déjame tocar tu verga. -pide de manera humilde, entregada y servil. De manera necesitada.

   -Dile qué quieres.

   -QUIERO CHUPÁRTELA, TRAGARLA, QUE ME LA METAS POR EL CULO. -grita desesperado, sintiéndose completamente atrapado, rebajado, humillado. Hay risas, cruces de miradas sorprendidas y admiradas entre esos tíos, por el trabajo que Aspen hace en él, o en ellos dependiendo de cuántos hayan visto ser “convencidos” de aceptar los juegos del fortachón.
 
   Pero no le importa. Rojo de cara, parpadea sorprendido... sintiéndose ligero, aliviado. Lo dijo, mejor dicho lo gritó, lo admitió y ahora se siente... liberado. Como si una enorme pared que siempre se hubiera cruzado en su camino, por fin, después de mucho trabajo, hubiera sido superada. Aparta la vista del hombre asiático guapo, levemente transpirado, con aquella mole de carne dura que se alza en su pelvis, y mira a Aspen, quien, con las manotas en la estrecha cintura le corresponde, sonriendo de manera sabia, como si supiera. Y eso le hace sentir todavía mejor, también feliz. Y completamente cachondo. Había abrazado al fin esa mariconeidad de la que Aspen hablaba.

   Las risas se elevan por sus palabras...

   -¡Pero que puto!

   -¡Necesita verga!

   -Verga no, ¡vergas! -acota un tercero y ríen más.

   Y no puede negarlo. Quiere. Quiere mucho. Su culo palpita bajo la tirita de la tanga, lo sabe, pero también su boca... La tiene llena de saliva, tan cerca del entrepiernas de aquel culturista asiático forrado de músculos, apestando a hormonas masculinas, unas que le tenían trastornado.

   -Vamos. -escucha que dice Aspen.- Está listo para compartir con el grupo.

   Pero no parece dirigirse a él, siente que a cada lado de su cuerpo se sitúan sujetos altos y musculosos que le sostienen, y le llevan. Lo que demuestra que es una buena idea porque las piernas le tiemblan un poco. Alguien, seguramente Aspen, le acomoda la tanga sobre la verga erecta, que pulsa sola, que suelta sus jugos y que no puede ser completamente cubierta con la telita. Mareado vuelve la mirada y nota que los sujetos tras el cristal también se movilizan. Todos.

   La cabeza le zumba recordando aquel cuento de Aspen sobre el gang bang del que hablara. Traga toda esa saliva, se eriza, las piernas le fallan más y el culo se le contrae.

   Todo aquello era una locura porque estaban en el gym de un hotel californiano, pero a nadie pareció extrañar la curiosa procesión de tíos enormes rumbo a los vestuarios tirando de otro menos grande, más delgado y esbelto, en tanga, todo erecto. Un dócil hombre joven en manos de un grupo de acuerpados y musculosos sujetos, que reían, que palmeaban sus nalgas, clavándole los dedos. Con cachondez, con gana y maldad. Ya dominados por la lujuria de la horda, todos deseando no sólo enterrar sus güevos en esa boca de labios rojizos y suaves, en ese culo que latía con fuerza mientras era penetrado por dedos minutos antes. Quieren ver al “puto” siendo follado con rabia por cada uno de ellos. Desean ver los toletes de sus acuerpados amigos, tranca surcadas de venas, metiéndosele hasta el alma. Quieren ver esa cara bonita chorreada de esperma. Sueñan con ver la leche de siete machos, o más, chorreando del tembloroso agujero usado y abusado.

   Jadeando, en trance presexual, Shawn entra en el vestuario solitario, amplio, bien ventilado, pero aún así rodeado como está, todo impregnado con esos aromas corporales. Temblando los oye reír, hablar, los ve tocarse, cada quien, sobre las ropas, atrapando con sus manos grandes esos toletes duros que pronto le serían “ofrecidos”, que lo penetrarían. Y entran varios más, que chocan manos con los ya presentes, felicitándose del momento que estaban a punto de vivir, cerrando cuidadosamente la puerta. Al menos. Y casi cae hacia atrás, vencido de debilidad, si Aspen, a sus espaldas, no le atrapa la cintura con sus manos fuertes, sonriéndole cuando le mira sobre un hombro.

   -Calma, princesa, estoy aquí para ti. -le dice al rostro, casi a punto de un beso que se sorprende añorando.

   -Aspen... -jadea temblando, cayendo contra él, ese cuerpo grande y sólido, caliente y firme, esas manos rodeándole la cintura, halándole, pegándole de su verga dura tras las ropas.- Ahhh...
 
   -Los chicos están calientes, hazme sentir orgulloso de ti.
 
   -¡Son muchos!

   -Lo vas a gozar, bebé. Ya lo verás. -le asegura, guiñándole un ojo.- Te vamos a follar de tal manera que la próstata se te inflamará y el placer sexual será para siempre; el culo se te convertirá en una verdadera vagina hambrienta. Cualquier cosita por tu concha te hará delirar... y soñar con más vergas. -asegura mirándole a los ojos, como una promesa salvaje, que le excita y asusta; aún así va a replicar algo cuando...

   -Hummm... -toda protesta es callada cuando esa boca cae cubriendo la suya, metiéndole la lengua, mareándole, oyendo pita y risas, algunas de burlas hacia Aspen, pero todas excitadas también.

   Mientras todo le da vueltas al tiempo que la lengua del muchacho entra, ruda, llena de cálida saliva, chocando de la suya, casi metiéndosele hacia la garganta, el joven le atrapa la nuca, despegándole de él, obligándole a caer, sin fuerzas, todo tembloroso, sobre sus manos y rodillas. Mareado, jadeando, boca abierta, mira sobre un hombro al chico de pie, sonriente, que se saca aquella tranca blanco rojiza hinchada y larga, que le hace gemir sintiendo que el culo se le contrae bajo la tira de la tanga. Aspen cae con donaire de rodillas, sus muslos tensándose, sus piernas impresionantes, el torso firme y en cuadro, atrapándole rudamente una cadera, la otra mano le recorre la raja interglútea, aparta suavemente la tirita de la prenda y sin aferrarse la tiesa tranca de carne dirige la rojiza cabeza hacia el tembloroso agujero, rozándolo, golpeándolo sin terminar de penetrar.

   -Ahhh... -Shawn se avergüenza pero gime al sentir el contacto contra su piel, sabiendo que su culo se abre ansiosamente.

   -Estás tan caliente, putito, me pregunto si ya tendrás la concha bien mojada. -oye a Aspen, notando que la risa de los presentes es más baja, ronca, más excitada.

   -Ouch... -tiene que fruncir la frente cuando el chico le entierra la verga de un golpe, toda, abriéndole con fuerza, forzando la entrada, llenándole al límite, casi haciéndole temer que le romperá. Pegándole la pelvis de las nalgas.- Aspen, no...

   -Silencio, bebé... -oye al chico, que se tiende un poco sobre él, cubriéndole con su enorme cuerpo.

   -Ohhh... -se le escapa cuando lo siente, esa tranca detenida allí, pulsando, cada vena hinchada de sangre quemándole, latiendo como un corazón, estimulándole.- Oh, Dios... -el tolete se retira unos centímetros, suave, rascándole, frotándole, y regresa con un nuevo golpe, la punta dándole donde es.- ¡Ahhh!

   El cambio en el sonido no escapa a los oídos de nadie, provocando sonrisas. El tolete sale, grueso y largo, del agujero, halando los pliegues anales, para luego volver a clavarse, con un nuevo golpe.

   -Oh, Dios... -chilla nuevamente Shawn, alzando el rostro, tensandose para intentar estabilizarse cuando la barra vuelve casi a salir y regresa con una embestida.

   -Si, este es tu dios... -gruñe Aspen.

   El joven publicista se estremece bajo la fuerza de los impactos de esa pelvis, también por los golpes del glande contra su próstata. Tiembla y se agita, su agujero es un espacio ocupado, dilatado al máximo, fregado. En llamas. Ese hombre araba y cepillaba sus entrañas con fuerza y ganas; le clavaba los dedos en la piel, a veces le azotaba, otra le atrapaba el cabello y halaba, haciéndole delirar más y más, por el control que tenía sobre su persona. Sabe que chilla, que babea, que sus ojos se blanquean incapaz de contenerse. Que su culo va y viene contra esa verga. Todo goloso. En medio de todos esos hombres que...

   -¡Ahhh! -grita cuando Aspen comienza a cogerle desde todas direcciones, golpeándole siempre, frotándole más y más las entrañas. Abre los ojos que no sabía había cerrado y ve todas esas verga erectas y afuera. Todos vestidos, exceptos sus trancas, como Aspen mismo.

   -Silencien a la perra. -gruñe este.

   Pronto una tranca color canela se balancea frente a sus ojos, y ni lo piensa, separa los rojizos labios y cubre el glande, dándole besitos y chupadas ruidosas, de pequeñas sorbidas. Unas que aumentan y que parecen ir gustándole más y más mientras Aspen más le folla.

   Para cuando el musculoso y pesado joven está sobre su espalda, cogiéndole con ganas, ya tiene toda aquella verga en su garganta, becerreándola con hambre, amando cada latido, cada pulsada, cada gota dejada en su lengua.

   Aspen le da y da durante lo que parecen horas. Le oye gritar, tensarse. Siente como algo recorre la verga del culturista, algo que quema dentro de esa pieza, y sientes los estallidos de esperma en su interior, bañándole, rociándole, provocándole aquello un nuevo gemido de placer mientras sigue masajeando y chupando la barra que tiene en la boca.

   -El siguiente. -gruñe Aspen entre jadeos cuando termina, levantándose, apartándose, las abiertas nalgas de Shawn quedando solitarias de cualquier presencia, los enrojecidos glúteos, por las palmadas y los golpes de pelvis contra ella, dejando salir un gota o dos de la esperma que el hombre joven depositara allí.

   Pero no tiene tiempo para extrañarle mucho, la rica sensación de ser follado por un hombre grande y musculoso. Otra barra ocupa su lugar en la escala de hombrías. Y se le entierra con facilidad. Aunque sabe que, sea quien sea ese tipo, nota su agujero apretado y sedoso, puede aceptarla mejor porque ya fue dilatado por Aspen; además está no era tan gruesa y el semen era uno de los mejores lubricantes del mundo. Sea quien sea le atrapa también la cintura y comienza a frotar sus mojadas entrañas con golpes secos, duros, que le arrojaban hacia adelante.

   Oye un lejano grito y siente que el güevo en su boca endurece más, quema, tiembla, y cuando se retira un poco le baña la lengua de esperma, una que paladea sintiéndola caliente y espesa como un yogur saladito. Lo bebe con gula y todavía chupa más. Cuando esa verga se aparta, con mirada confusa nota dos que se acercan y luchan por su boca, que se frotan de su cara, que le azotan las mejillas. Hundiéndose una, que chupa y lame con su lengua, luego la otra, al tiempo que su culo es usado sin piedad. Los paff, paff, paff, de pelvis contra nalgas llenan la estancia, fuera de los gruñidos, de las risas.

   Esas dos vergas quieren entrar en su boca, otra, desde la derecha, le frota la frente, la nariz, otra llega por la izquierda. Y tiene que gritar a pesar de tener dos glandes en su boca. Siente cómo su cabello es recorrido por toletes, igual sus hombros y espalda. Mientras es follado con ganas otras dos barras golpean sus nalgas. Todos como necesitados de tocarle. Y mojarle de líquidos pre-eyaculares.

   Vergas, vergas, muchas vergas de hombres grandes, la idea es tan intensa que su culo se aprieta con fuerza alrededor de la que tiene clavada, haciendo reír y gruñir al hombre que “ese sí que era un culo ganador”. Este se corre, pegándole la pelvis de las nalgas. Una de las trancas que chupa le riega nuevamente la lengua, la otra le cruza la cara con su espeso y cálido disparo.

   Todo gira en su cabeza, siente que le derriban de lado sobre unas toallas, que le alzan una pierna y alguien arrodillado, sentado sobre la piernas que tiene apoyada en la tela, le encula con fuerza, con golpes rudos, casi arrancándole la pierna alzada. Esa verga entraba tan hondo, tan fuerte, dándole una y otra vez sobre la próstata, teniéndole delirando que chilla y chilla entre sollozos y risas; hasta que alguien le silencia atrapándole la transpirada nuca y guiándole el enlechado rostro y la boca a otro tolete, uno que atrapa con unos “hummm”, tan eróticos que provocan risas.

   Y le dan y le dan, ahora está de espaldas, esta arqueada sobre la toalla de tanta emoción, mientras aquella nueva verga metida entre sus nalgas va y viene dándole con un ritmo grato, rápido, pero intenso, haciéndole consciente de cada vena hinchada que se refregaba en sus entrañas. No puede ver de quién se trata porque una ancha, recia y musculosa espalda le cubre la visión; un sujeto de piel muy blanca estaba prácticamente sentado en su cara, mientras era “obligado” a lamerle el culo depilado. Seguro uno de culturistas más jóvenes. Y lo lame en proporcional intensidad al placer que aquella verga le provoca en las hambrientas entrañas que resuman una cantidad increíble de esperma. De muchas espermas. Tiembla lujurioso, cachondo y sucio imaginando aquella barra entrando y saliendo cubierta de todas esas espesas leches.

   Cuando el tipo al que le lame el culo, perdido de placer a pesar de lo nuevo y extraño que eso era, se aparta riendo como quien hizo una tremendura (Aspen le estudia, ¿calibrándole para un tratamiento?), jadea al notar que, quien le tiene sostenido por las caderas, cogiendole con ganas, era su socio de trabajo...

   -¡Morán!

   -Joder, amigo, tienes el culo tan bueno como esa boca. -rie este, ronco, apretando los dientes, separando el trasero de sus talones e incrementando las embestidas, haciéndole gemir de manera automática, franca, abierta. Era un maricón que gozaba de las follada, punto.

   -Tú... Tú...

   -Te buscaba, no te encontré, escuché de un desorden en este vestuario, entre y te vi todo desatado, puto, hambriento de güevos y... -se encoge de hombros, luego aprieta los dientes como si fuera a dar malas noticias, sin detener las embestidas, el tolete canela entrando y saliendo del muy blanco agujero, del cual mana el semen depositado.- Venía a decirte que Tapping, llamó a Nueva York, habló con nuestro jefe. Creo que le envió algunas fotos. Tuyas. También a tu novia. Ahora todos lo saben. Lo siento.

CONTINUA...

miércoles, 18 de septiembre de 2019

A LOS PIES DE LOS CACHAS... 9

LOS CACHAS                         ... 8
   Prometen la gloria...
...

   Enrojeciendo cuando todas las miradas se vuelven hacia él. Con sorpresa al inicio, con risitas de las chicas, especialmente las que viera, allí mismo, el día anterior cuando intentara ligar con ellas. Los hombres sonríen con menosprecio. Pero no puede hacer nada, fuera de ponerse muy rojo.

   -Si quieres volver a tocarme debes dejar de intentar parecer un hombre, ¿quieres que piensen que busco tíos? Debes mostrarte como una putita bonita. -le gruñó Aspen mientras se medio vestían después del sexo en el gimnasio.- Quiero que te compres una prenda de baño diminuta, pequeña... y femenina. Y que con ella vayas al área de las piscinas. Que todos te vean como una zorra, que no queden dudas.

   -Pero... pero... -la cara le ardió de vergüenza, de angustia. Estaba en shock.

   -Debes hacerlo o esto se acaba. Nada de tocarme, de lamerme; nada de engolosinarte con los jugos de mi verga; nada de chillar como poseído cuando te lo clavo por el coño... -usó deliberadamente la palabra.- Quiero, por encima de todo, saber que seré obedecido. Si un hombre como yo no es obedecido y complacido por uno como tú, ¿cómo va a funcionar esto? Deberás ir, exhibirte... y sentir orgullo, excitación y placer cuando notes sus miradas y sonrisas de burla. Todos reconociéndote como el marica que sabes que eres. Que quién te vea allá, y luego aquí conmigo y mis socios, sepa que vienes atraído por el olor a testosteronas de hombres grandes que se ejercitan, deseando que todos vuelquen esas energía en llenar tu culo. Ya lo tienes apretadito y sedoso, uno que naturalmente se adosa a una verga como debe ser, pero con ganas de más. Todos deben saberte una puta perdida de los hombres grandes y musculosos de gimnasios.  

   En esos momentos se estremeció escuchándole, de angustia; ahora, bajo el sol de California, se estremecía de nuevo. Pero la cosa era... distinta. Joder, si, mientras deja sus cosas en una mesa alta al lado de una silla, siente las miradas. Todas ellas, llegándole como olas. Su espalda y nalgas eran estudiadas, sus muslos algo velludos (debía resolver eso, lo sabe, Aspen así lo quiere), la tirita que atraviesa su culo que se ve cuando se medio inclina a dejar su teléfono, provocando risitas y señalamientos nuevos. Seguramente muchos otros habían usado cosas así antes, pero tal vez no el modelito femenino en una piscina claramente para gente heterosexual. Menos mostrando toda esa enorme franja de piel pálida que indicaba que no se asoleaba con eso, y sus pelos, pocos pero visibles.

   Como fuera... lucha contra la vergüenza, la cara roja... y el tolete que quiere hinchársele dentro de la diminuta tela acariciante.

   -¡Oh, Dios mío, ¿qué haces?! -el alarmado grito de sorpresa casi aterrada le hace pegar un bote y cerrar los ojos, volviéndose. De todos los lugares del mundo donde podría encontrarse, allí estaba, otra vez, frente a dos de sus socios y conocidos en Nueva York, un alarmado y boquiabierto Andrew Tapping y un enrojecido y avergonzado Aaron Wells, quien hace lo que puede por no mirarle, no cuando hay cierto corrillo de personas socarronas alrededor de ellos.

   -Andrew...

   -¡Estás perdido de marica! -estalla el hombre de color, alzando y separando sus manos en un gesto de silencio, o de “es todo, no puedes agregar nada contrario”.

   Y el joven se siente todavía más mortificado, avergonzado, hay risitas, otras voces se alzan, de chicas, para defenderle en su sexualidad. Como sea, es un momento incómodo, horrible para el joven publicista, quien se siente más expuesto y humillado que nunca... y preguntándose por qué eso le causaba tal calorcillo en las bolas.

   Andrew tiene que encarar cierta dureza de los presentes, especialmente mujeres, por su homofobia, mientras otros, tíos generalmente, le defienden al saber que es un conocido quien les expone con sus mariconerías. Como sea, el hombre se aleja, y Aaron, que no dijo ni una palabra, le imita. Como desesperado en poner distancia del socio descarriado... no fuera y todos creyeran que eran iguales.

   Muy mortificado, Shawn se deja caer en una tumbona, notando la presión de la pieza, haciéndole más consciente de su casi desnudez. Y lo peor es que no puede marcharse; debe pasar mínimo una hora allí. Y entrar al agua. Aspen se lo había especificado y...

   -Sabré si no lo haces y eso será el final de todo. -le amenazó, sonriendo dentro de sus ajustadas prendas, el tolete abultando el shorts, mojándolo también.- Y puede que pienses que resistirás, que puedes alejarte con dignidad después de correrte varias veces como lo hiciste con mi verga en tus entrañas. Que eso es todo. Pero créeme, no es así. Estás encadenado a esta... -le aseguró, aferrándose la barra con una manota y apretándola, riendo en todo momento.

   Rojo, angustiado, preguntándose si está enfermo (si realmente es un degenerado), tiene que luchar contra la profunda y dolorosa sensación de humillación... y la calentura que le da toda la situación, y el recordar el modo en el cual le trata Aspen. Tragando en seco al comprobar el cómo le afecta tan sólo pensar en él, en su increíble cuerpo, su sonrisa de muchachote travieso pero también dominante. Su sólo nombre...

   -Cálmate. -le dice una joven, sonriéndole sentada al lado, bajando la mirada.- Esa tanga no te permite muchas libertades. -y ríe franca, amistosa, igual que otras dos chicas en sillas de piscina.- Vamos, relájate. Así te verás menos conspicuo, al menos hasta que todo se acostumbren a ti.

   Duda, pero respira profundamente, agradecido. Las chicas ríen y se presentan, son sociables, amistosa, aunque le señalan que no debió presentarse así... Sin el depilado de bikini. Fascinado, y horrorizado, entiende lo que ocurre: ¡Le creen marica!

   Sorprendiéndole todavía más cuando se percata de que eso le brinda un alivio... en esos momentos.
......

   Pasadas las dos horas, con el nado obligatorio, la tanga totalmente húmeda y reveladora, su cuerpo chorreando agua, sabiendo que era mirado de manera burlona, se encamina hacia el gym; así, en tanga, esta todavía mojada. Las pocas ropas en un bolso y la toalla al hombro. Calzando cholas. Entra en el local sintiendo el frío, erizándose, enrojeciendo cuando nota a esos hombrezotes obsesionados con las rutinas física, con los músculos, los cuales transpiran, respiran agitados, exhalan aromas y feromonas sexuales, pura testosterona, que le miran y reconocen del día anterior. Con sorpresa algunos, con burla otros. Muchos sabían lo que le ocurría, porque en el circuito de culturistas, Aspen era medianamente conocido, por sus exhibiciones en tarima y por sus putos en los vestuarios. Algo que, todavía, no sabe.

   Costándole cada paso, entrando más y más en el local, lo busca. Escucha que el evento terminó hace rato, quedando Aspen ganador en su peso. Andar rígido, mirada baja, le pregunta a alguien si le había visto y este responde que sí, que su grupo había regresado, se lavaron las tinturas y aceites y ya estaban ejercitando con las pesas.

   -Te espera, ¿no? -comenta el sujeto, musculoso, enorme, montado sobre una bicicleta fija, los muslos del tamaño de su torso, la pantaloneta elástica contraída entre sus piernas.- ¿No te gustaría mirarme trabajar un rato? -el tipo le invita, comenzando el pedaleo que se ve pesado, sus músculos brillando, tensándose, desmarcándose de manera obscena.

   Y a Shawn le cuesta apartar la mirada, más rojo de cara, ojos brillantes y casi temeroso, ¿de ser abordado, de lo que ahora siente?

   -Debo... debo... -y se aleja, consciente de puntos calientes sobre su trasero expuesto. Siente los ojos de ese carajo lleno de testosteronas, de energía al exigirse tanto, la adrenalina llenando sus venas, buscando cómo descargar todo aquello.

   Se asoma a otra sala donde le encuentra, sentado, sin camisa, el torso brillante de transpiración sin gotas, mirada fija en su bíceps impresionante mientras, flexionando el brazo, alza y baja una pesa. La vista del chico provoca un cataclismo de miedos y estremecimientos. Por Dios, ¿qué hacía allí? ¿Debía irse? ¿Debía...? Sólo puede mirarle.

   -Hey, Aspen, te buscan. -grita una voz burlona a su derecha y sobresaltado el joven publicista se vuelve y encuentra al carajo asiático que viera el día anterior, también enorme, sin camisa y en pantaloneta corta y ajustada.

   Este alza la mirada y sonríe como diciéndole sabía que vendrías, marica; mientras le recorre con la mirada.

   -Bien, bien, te ves todo puto, aunque necesitas afeitarte y broncearte toda esa piel clara. Debes tomar tiempo en la sala de bronceado, usando esa tanga. A los machos nos gustan esas tiritas breves de piel pálida. -le indica, dejando la pesa, alzándose, el poderoso torso subiendo y bajando.- Acércate. -ordena.

   Y con un estremecimiento, cara muy roja, piel erizada se le acerca, consciente de su mirada, los ojos sobre la tanguita que dibuja un tolete medio alborotado.

   -¿Cómo te fue?

   -Fue... fue... extraño. -responde al fin, consiente de que el tipo asiático se ha acercado ladinamente como para escuchar. Notándolo también Aspen, pero sin volver la vista ni prestarle atención.

   -¿Sentiste que ibas a morir de vergüenza cuando te expusiste frente a otros hombres como el marica que eres?

   -Yo... -enrojece feo, tragando en seco.- Si. Pero no creo que fuera yo el único que... -intenta una defensa, el otro alza la mano y le calla.

   -Estoy seguro de que en esa piscina habían muchos homosexuales, bisexuales y curiosos; eso es lógico, más en una tierra como esta donde la meta es verse sexy y bonito. Y la gente bonita gusta y excita. Pero tú eres diferente, y aún ellos lo notaron: eres un marica sin remedio.

   -Aspen... -jadea casi dolido, la cara le arde. Este sonríe con muchos dientes.

   -¿Te lastimo, en serio, marica? Entonces ¿por qué se te pone dura? -le reta, y Shawn baja la mirada, sabiendo que es cierto.- Te excitó mostrarte, ser expuesto, humillado frente a los hombres de verdad. Lo que fue horrible para ti es saber cuánto te gustó. Y te asusta porque te dice cuánto estás dispuesto a hacer para continuar sintiéndolo, y para sentirlo necesitas de un hombre como yo, ¿verdad? -le impele a responder. Se miran a los ojos.

   -Si. -croa, sabiendo que no debía tardar en hacerlo o sería peor.

   -Pero todavía lo dudas, ¿verdad? -es duro, pero sonríe. Mira al socio de gym.- Acércate, chino... -llama con llaneza, sin preocuparse en lo más mínimo si el otro es de esa nacionalidad o no.

   Este duda tan solo un momento, conoce al joven fortachón, lo retorcido que es, y esos juegos la verdad no le gustaban mucho... Pero ver cómo controlaba a ese sujeto era fascinante. Así que lo hace. Los dos están de pie, altos y acuerpados, sudados, respirando ligeramente alterados, sus torsos de pectorales redondos subiendo y bajando. A Shawn la cara le enrojece nuevamente mirando de uno al otro, todo estremecido ante ese poder masculino, ese calor, esos aromas. Era como si un perfume especial flotara en el ambiente, algo que no puede definir pero que le marea, confunde y altera. ¿Sería acaso realmente la testosterona?

   -Hacia atrás, perra. Culo contra el cristal. -se refería a la pared que separaba ese cuarto de otro.

   -Aspen...

   -¡CULO CONTRA EL CRISTAL! -ruge y del otro lado, donde hay otros tres o cuatro sujetos, estos dejan de hacer lo que hacían para mirarles, reparando algunos de ellos, por primera vez, en el sujeto con el hilo dental en su culo. Todos miran, se dan codazos unos a otros, sonriendo, y se acerca.
 
   Shawn es perfectamente consciente de eso, de todos los tipos acuerpados del otro lado que se acercan como si se prepararan para una gran exhibición: su humillación. Y su cara roja, su piel erizada, su cuerpo caliente, la tranca que le endurece todavía más, de emoción, aunque no lo entiende cabalmente. Tan sólo que se medio dobla y echa el culo hacia atrás, contra el cristal, aplastándolo. Hay risas y aplausos, y enrojece más, totalmente avergonzado, notando la cruel sonrisa de triunfo del joven fortachón.

   -Vamos, muéstrales tu concha caliente apenas cubierta por tu pantaleta. Hazlos desearla, querer tener tu coño al alcance de sus dedos y vergas. -le dice al rostro, voz alta y clara, como dándole indicaciones de guerra. Y un jadeo escapa de sus labios mientras tiembla.- Lo notas, ¿verdad? El casi orgasmo que sientes cuando se te trata, y todos te ven, como a una puta barata de gimnasios buscando machos.

   Shawn, ojos muy abierto, muy rojo de cara, escucha todas esas ofensas y humillaciones. Una palmada al cristal le hace volver el rostro y encuentra seis o siete tipos jóvenes y fornidos mirándole, riendo, llamándole zorra con voces atenuadas por el cristal.

   -Vamos, perra, da un espectáculo para tu público. -le indica Aspen, acercándosele, la verga terriblemente erecta bajo sus ropas escasas, provocándole nuevas urgencias al chico de la publicidad.

   -Aspen, por favor... -le suplica; ese chico quería que...

   -Así, zorra, sabes que quieres. Despójarte de tus últimos miramientos, de tus reservas y miedos; quieres salir al mundo como una puta hambrienta de vergas grandes de hombres grandes. Da el paso de una maldita vez. -el tono es casi didáctico, pero severo. La del hombre, o chico, que sabe mejor que el otro cuál debe ser su proceder.- Deja salir de una vez la puta que llevas dentro. Sin miedos. Sin guardarte nada. Vive, puta.

   Embargado de un nuevo calor, sintiéndose morir de vergüenza pero también de excitación, su tolete prácticamente fuera de la tanga, mojándola, retira sus redondas nalgas del cristal, un poco, estas adquiriendo su típica forma, dos masas en las cuales un hombre desearía clavar los dedos, tomándolas, guiándole hacia una tranca erecta. La raja entre ellas está parcialmente cubierta por esa tirita que los obsesiona, más abajo las dos bolas deforman la prenda, como la silueta tiesa de una tranca emocionada por ser degradada y humillada. Y comienza a bailar el trasero, de un lado a otro, de arriba abajo, de adelante atrás, abriéndolo un poco más. Invitándoles...

   Los aplausos se escuchan, los silbidos, y Shawn se siente más erizado, más emocionado mientras mece su culo. Sonriendo, Aspen mira al amigo asiático, quien se ve fascinado... y excitado. La verga alza su tela, le gustaran esas cosas o no.

   -¿Creíste que abusaba de él? No, es una perra de armario. Tan sólo le ayudo. -le explica, y cuando su mirada se encuentra con la de Shawn, quien tiene la frente fruncida al mirar hacia arriba, aclara aún más.- Desde que nos vimos supe que era un maricón; no un homosexual, un marica total. -el chico enrojece, de vergüenza y maravilla al verle sonreír como un niño cuando este vuelve a mirar al asiático.- ¿Recuerdas a Jasper?

   -¿El negro de Illinois? -se intriga el asiático, mientras Shawn escucha bailando el culo, uno a donde lleva las manos y hala las nalgas, acercándolo y alejándolo más (le excita escucharles rugir del otro lado), preguntándose ¿ya estos dos se conocen?

   -Si, ese negro bocón que siempre andaba exhibiéndose y comentando idioteces sobre otros. -afirma Aspen, como molesto por el recuerdo del tipo, luego sonríe cruel.- Se creía muy duro y muy macho, hasta que tuvo la cabecita de mi verga en su prieto culo; uno que no quería que lo penetrara, como rugía después de mamarme, pero yo sabía que lo necesitaba. Se fue del circuito por vergüenza, porque los chicos nos encontraron con él gimiendo y chillando, meciendo ese culo así, como hace este, de adelante atrás, buscándome la verga, apretándomela con esos arrugados labios gruesos de su ano, dándome tales haladas y chupadas que se sabía era un culo nacido para eso. -ríe.- Debiste verle la cara cuando le encontraron casi sollozando de gusto contra mi verga. Ni imaginas todos los toletes blancos y amarillos que entraron por ese culo en los vestuarios, uno tras otro. Y chillaba con cada uno; se corrió dos o tres veces sin tocarse, aferrándose a los lados de una banca larga donde se lo hicimos, acostado de panza, verga tras verga. -ríe aún más, como si hubiera hecho una travesura.- Nunca sospechó que yo sabía que llegarían y que así le encontrarían. Y mientras sollozaba al saber que le habíamos partido la vida y el virgo, escuchaba que llegaba otro y otro. Los chicos invitaron al resto, cada uno deseando llenar ese negro agujero que chorreaba esperma. Sabes cómo es; hay algo en un culo que destila leche que provoca cogerlo enseguida. Meter la cabeza y verlo chorrear todavía más. Eso le hicimos a Jasper... y se fue.

   -Joder. -el chico asiático respira agitado.- ¿Y dónde... dónde estaba yo? -casi reclama. Aspen ríe.

   -Te habías sido con tu novia, ¿no recuerdas? Ibas a conocer a tus suegros.

   Oh, Dios, piensa Shawn, ¡todos pertenecían al mismo circuito! Viajaban juntos. Todos ellos conocían a Aspen, sabían lo que este les hacía a otros hombres... Y un frío se apodera de él, recordando ese cuento de gang bang, todos contra el culo de un negro que se creía macho... ¿Acaso esos sujetos que le miraban desde el otro lado del cristal...?, nueve de ellos ya, si las cuentas de reojo no le fallaban, ¿serían esos tíos? ¿Estaban esperando para repetir...?

   -Por eso se fue; sabía que a partir de ese momento ya no podría hacer otra cosa que no fuera chupar vergas o montarse sobre ellas. -ríe.- ¡Y cómo le gustaba a ese negro mi blanca verga tiesa! El culo se le mojaba todo... como imagino que está este.

   -¡Aspen! -jadea Shawn cuando el otro se tiende sobre él, sonriéndole a los tipos del otro lado, cruzándole el cuerpo con un brazo musculoso, caliente, que impacta en su espalda. Esa manota recorriéndole las nalgas, indolente, con propiedad, excitando a la jauría afuera. Dedos que demarcaban los contornos de la tanga, aún dentro de la raja. Un dedo subiendo y bajando sobre la sedosa tela, cruzando sobre aquel culo que...
 
   Shawn se atraganta de vergüenza, sabe que el agujero le tiembla. Pero tiene otros problemas, la cercanía de Aspen le llena las fosas nasales con su poderoso olor a hombre ligeramente transpirado, uno que exhala vapor y cantidades enormes de calor.

   -¿La tienes ya caliente, perra? ¿Está tu pequeña concha ya toda mojada y desesperada? -sonríe, mirando al cristal, todos esos ojos ávidos clavados en aquellas nalgas, en su mano.

   Mano que sube, suave, acariciante, los dedos algo curvados tocando piel, erizándola, metiéndose en la tira que rodea la cintura, bajando siguiendo el hilo descendente, apartándolo un poco, la punta de un dedo recorriendo esa piel que arde literalmente, hasta que llega al ojete, uno que tiembla todavía más, que se agita, que late con desesperación. Shawn tiene que morderse los labios para no gemir de frustración porque no entra...

   -Ahhh... -finalmente chilla cuando este, a la vista de todos, mete la primera falange en él.
 
   Iniciando el juego.

CONTINÚA ... 10