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jueves, 14 de noviembre de 2019

ESPAÑA Y ESAS EXTRAÑAS MANERAS DE LOS POLITICOS

SI EL NORTE FUERA EL SUR

   Que tanto parece peligrosa negligencia.

   Cada vez que una persona comienza a pensar sobre cualquier cosa parte del principio del bodeguero. Yo y lo mío (el burro adelante). Cuando se piensa en políticos criminalmente irresponsables, los primeros que vienen a la mente, para mí, son los venezolanos. Gente chapucera e incompetente, donde el más mañoso gana por ahora, más por las falta de sus oponentes que por mayor mérito. Venezuela vive una terrible crisis humanitaria donde hay gente que lleva más de cuatro años enflaqueciendo, desnutriéndose y finalmente muriendo de hambre, tanto que las oleadas de desplazados ya crean problemas en otras regiones, tanto que muchos de esos territorios se han visto sacudidos por la “indignación” de poblaciones que ahora descubren que esa Venezuela cuyos crímenes tapareaban en cuanto foro alguien intentaba denunciar lo que ocurría, no era la que les contaban. Que gobierno y oposición no lleguen a un acuerdo, aquí, es criminal, porque lo que se juegan es la vida de las personas. Literalmente. Pero es sabido de vieja data que la izquierda no aprende ni rectifica, persiste en detrimento de los demás mientras alcance sus propios objetivos. Tiranías de izquierdas no renuncian; o las tumban militarmente o la situación se vuelve tan terrible que tienen que escapar, intentando llevarse lo juntado. Eso casi se espera. Que Venezuela agonice mientras un grupito sigue explotándola, pero especialmente asegurándose no terminar sus días tras las rejas, tiene su lógica por perversa que sea. Aquí y en cada rincón donde se ha tenido la mala suerte de sufrir estos regímenes.

   Es cuando cae en la misma conducta la gente que debe enfrentarles que la cosa se pone desagradable. Y molesta. Fue idiota que un grupo de políticos profesionales se desesperaran por el sucesor entre ellos creyendo, a principios de 2016, que ya el régimen estaba caído por la aplastante derrota sufrida en el Parlamento, por el odio que la gente en zonas antiguamente chavistas le mostraban a manera de cacerolazos, y que aún en Caracas veinte de las veintidós parroquias votaran por salir del control del régimen en la Asamblea, botaran ese capital saliendo de esa directiva que nos llevó al triunfo, no fuera y al país díscolo se le ocurriera poner al pelón aquel en la silla. Pero no sólo eso, se comenzó la pelea entre la coalición por ver qué partido descabezaba a los otros y se convertía en partido de gobierno. Porque alguien les dijo que ya el trabajo estaba hecho, que todos esos votos eran suyos para que hicieran lo que les diera la gana y que la pelea real debía ser entre ellos por la silla. Una que no estaba desocupada. Si a eso sumamos que hubo quienes creyeron que coronarían sin partido y sin seguidores, pensando que destruyendo a todo quien estuviera por encima de ellos en las encuesta bastaría, usando guerra sucia como pocas veces se ha visto en este país, se entiende cabalmente lo de criminal e irresponsable necedad de un estamento que logró lo que parecía imposible: Apartar a la gente de las filas de la oposición y estabilizar a un régimen que prácticamente estaba caído y tan sólo debía perder cada alcaldía y gobernación para que el mundo lo entendiera, aunque dieran un golpe de estado luego contra ese Parlamento. Y tras todo ello estaba Nicolás Maduro guiando a esos políticos y a esos señores de la guerra sucia. En un mundo de ciegos el tuerto es el rey.

   Pero viendo lo visto este fin de semana en España se entiende que no se debe ser tan provinciano, no todo lo chimbo, lo malo, lo inepto campea en nuestro patio. En todas partes se cuecen habas. Que el Partido Socialista Obrero Español haya llamado a cuatro eventos electorales buscando alcanzar una mayoría absoluta que le permitiera gobernar sin pactar, como quisiera, fue una irresponsabilidad. Di tú ir a una o dos elecciones, ¿pero a cuatro? Que después de una cuarta elección, al día siguiente aparezcan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias dándose un abrazo incómodo alegando que hay un preacuerdo para formar gobierno fue todavía peor. Si eso ya se había hablado, contemplado, ¿para qué carajo llamaron a un evento comicial gastando todos esos millones de euros, y molestando a una gente que ya venía irritada por la incapacidad de esos sujetos para pensar más allá de su particular parcela, sin preocuparse de una España a la deriva con los problemas autonómicos y los índices económicos que vuelven a ser inquietantes? Que mientras estos problemas se presentan, y se agravan, el PSOE no intentara antes una estabilización con otras fuerzas políticas fue irresponsable también.

   Merecidamente ambos partidos de izquierda bajaron en su cosecha de diputados, lo que a la larga seguramente será lo único positivo, menos gente en la cámara para hacer daño. Tal vez les alcance para formar gobierno, Pablo Iglesia coronando parte de su monstruosa ambición de poder, pero el daño de vista a la opinión pública ya está hecho, por mucho que quieran hablar ahora de pensar en España y de alcanzar estabilidad, cuando se pudo hacer mucho antes de gastar tanta plata y de dejar pasar tanto tiempo sin rumbo.

   Qué mal le fue a CIUDADANOS, pero sus banderas un tanto intransigentes también le costaron (aparentemente a todos se les hacía muy difícil pensar primero en España), su líder renunció al día siguiente. Algo loable. Pablo Iglesias, que lleva a PODEMOS al garete, ni se le ocurre. La verdadera gente de izquierda es así. Todo y todos son sacrificables. No, él sueña con alcanzar el poder él, no por mampuestos. Diría que no creo que ocurra, pero la verdad es que votando, estos españoles... Mejor lo dejo así. Por otro lado preocupa el aumento de la llamada ultraderecha. En Europa estos grupos son inquietantes por ese tinte medio nazi que tienen. Pero están allí no por ellos, a quienes siempre se les quiere cerrar el paso recurriendo al miedo que suscitan; aparecen porque los otros no quieren dar la talla. Qué es lo preocupante.

   Bien, veremos cómo les va... Diría que da como un alivio saber que los políticos inútiles no están todos en tal o cual sitio; aunque siendo totalmente honestos, ninguno otro grupo pueda compararse con esta pila de tracaleros ineptos que siendo Venezuela un país petrolero, el cual cayó en sus manos lleno de refinerías y petroquímicas, hoy ni siquiera pueden garantizar el combustible o el gas; todo de producción interna en los viejos tiempos. Y mejor lo dejo así, no vaya nadie a molestarse conmigo.

viernes, 1 de noviembre de 2019

SUDAMERICA, ENTRE ELECCIONES Y CONVULSIONES

SI EL NORTE FUERA EL SUR

   Y el problema venezolano no va a mejorar para ellos...
 
   Hubo un tiempo cuando Venezuela podía vanagloriarse de ser una de las democracias más viejas, estables y progresivas del subcontinente, libre de regímenes militaristas de derecha y del morbo de las guerrillas de la izquierda, con instituciones que eran garantía de estabilidad, muchas de las cuales fueron adoptadas en otras naciones, con una moneda que aún en aquella película de 007, el bolívar, era aceptada como una de las fuertes y estables (Thunderball). Todo eso rodó como moneda devaluada en manos de socialistas. Como fue el caso.
 
   Lo extraño es que buena parte de la región, la cual siempre es una promesa a punto de salir del Tercer Mundo, de adelanto, de progreso, vuelve a estar sacudida por problemas de gobernabilidad y estabilidad. Este fin de semana hubo resultados electorales que hacen gritar a unos que la derecha va en caída libre, a otros que es la izquierda (por lo de Uruguay y el que se use el ejemplo de Venezuela para satanizar a este o aquel a quien se desea perjudicar), llegándose a la paranoia de hablar de maniobras continentales del Foro Forajido de Sao Paulo, y hasta de maquinaciones del bigote que se agita y tumba gobierno, Nicolás Maduro. Un reconocimiento tardío de algo que llevo años sosteniendo, que ese sujeto es uno de los políticos más sagaces que hay, comparado con los bisoños dentro de su partido y los bates quebrados dentro de la oposición, desde los políticos de oficio a la señora de la guerra sucia, todos puestos por él a destruirse entre sí y apuntalarle internamente, como ha hecho en estos casi cinco años que se les regaló al destruir a la MUD.
   Pero esas no son más que tonterías. Claro que hay aventureros que quieren pescar en río revuelto, y los refugiados venezolanos dan un excelente caldo de cultivo para manejar lenguajes violentos, xenófobos y nacionalistas que pueden prender en la rabia de muchos; pero son los menos determinantes. Lo que cuenta fue lo que reconoció el presidente Lenín Moreno en el Ecuador, que hay un disgusto real de sectores que se sienten traicionados y abandonados; como aceptara también el presidente chileno, Sebastián Piñera, aunque allá parece que lo que se busca es que finalmente caiga. Uno y otro saben que puede haber quien intenta colar un lenguaje florido, pero estos tienen el peso en el ala de que fueron quienes ayudaron a provocar el desastre en Venezuela que ahora les toca; el problema es la gente común y corriente que está molesta.
   La verdad es que lo del fin de semana fue una crisis de gobernabilidad; aquellos que ejercían el poder, aquí y allá, fueron electoralmente abandonados. Y mucho me temo que de haber consultas en Perú, Ecuador y la misma Chile, los resultados no serían nada alentadores. Para nuestro grupo de “amigos”, me refiero. Los gobiernos, acertados o errados, decidieron que tenían que hacerse ciertas cosas, de tal manera, y no sólo no lo consultaron sino únicamente entre ellos, sino que no convencieron a sus pueblos y a los otros representantes de la sociedad de la necesidad y pertinencia de esos cambios. En ningún momento dieron la oportunidad de que les aconsejaran un “no haga eso, no ahora, porque no es prudente”. Gobernaban, estaban en la cumbre, no escuchaban por lo alto que estaban y desde allí cayeron. Todos fueron sacudidos. De la derecha, por llamarlo de alguna manera simplista e idiota como a muchos les gusta ver el mundo, en Argentina y Colombia (imagínense, ¡una derrota del uribismo!), a los socialistas en Uruguay. A los socialistas en Ecuador, a la centro izquierda en Perú y la derecha en Chile pudo pasarles también, porque el problema es que la gente anda insatisfecha con sus gobernantes. La vida se hace no difícil, sino frustrante y sus líderes no dan señales ni de entender. Imagínense donde son ellos mismos quienes deliberadamente promueven el hambre y la miseria, pero controlan las armas para mantener a la población cautiva, como en una Cuba cualquiera o Venezuela.

 
   Se ha perdido mucho tiempo en autodefiniciones tontas, eso de derecha e izquierda; metiéndose en problemas que son realmente urgente y que pueden agravarse y agravar cada escenario regional, pero que ya tiene harta a la gente. Por un lado las guerrillas de izquierda al lado de las drogas, y las injerencias gringas (lo más efectista que real, pero que se discute hasta la saciedad en un eterno perder el tiempo en lugar de abordar los problemas reales); y lo cierto, la crisis de los desplazados venezolanos, que tenderá a incrementarse en número y dramatismo en condiciones de vida. Hoy en día ni los que fingen creer que todo es culpa de los gringos y el bloqueo, simulan esperar que una gente tan marcadamente ladrona, violenta e irresponsable como el régimen en Caracas pueda resolver nada, así que es perfectamente evidente para todos (o debería) que más y más venezolanos escaparán de la crisis humanitaria. Si hoy es un peso grave en Brasil, Ecuador y Perú, imaginen el año que viene, los millones y millones de dólares que les costará. Eso, que es real, que será un estorbo, un peso a donde lleguen los dos o tres millones que se vayan en el 2020, alarma e irrita a los ciudadanos de la zona, pero también les molesta que sus líderes se ocupen más de eso que de ellos. Están que revientan porque el perro no ladra cuando alguien pasa, y les saca la piedra el escándalo que arma ante cada sombra. Y se entiende, a pesar de todo.
 
   Esos mandatarios debieron escuchar, hablar pero también hacer. Coincidencialmente escribí algo hace poco al respecto (LA EUROPA QUE FUE Y LA QUE ES). Cuando las naciones europeas estaban literalmente en ruinas, unas que todavía humeaban por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, estados y pueblos hicieron un pacto, a trabajar, todo el mundo, a producir y levantar otra vez las ciudades europeas, su cultura, y cada quien estaría protegido de “la cuna a la tumba” mientras se pagaba la deuda moral con aquellos que todo lo perdieron para ganar esa guerra. Hablar no produce sembradíos, planear marchas no ensamblan muebles, calzados o carros, no se pueden exportar discursos y slogans idiotas. Hay que producir bienes pero asegurándose que ello se traduzca en buenos niveles de vida para quienes trabajan, pero que también llegue a quienes poco tienen y se esfuerzan. Hablando paja no se resuelve nada, no se levantan casas ni se conjuran los problemas, pero a la gente debe cuidársele mientras se esfuerza por levantar sus sociedades. Lo demás son tonterías teóricas que no valen nada como no sea mantenernos como una eterna promesa que nunca cuaja, donde los presidentes salen del poder, entregado por la gente voto a voto, a ser reos de cárcel, dejando mal parados a nuestros atolondrados pueblos.
 
   Veremos qué va a pasar ahora. La fiesta del régimen en Caracas y en La Habana es idiota, porque aún los ganadores en Colombia y Argentina saben que, o se resuelve el problema de Venezuela (que no siga exportando miseria y refugiados), o pronto tendrán una multitud gritandoles en sus capitales. Que fueran don Lula y doña Dilma al frente del Brasil, la señora Cristina K con su gente y la Argentina detrás, doña Michelle Bachelet con los suyos en Chile, don Pepe Mujica y su partido en Uruguay y el señor Rafael Correa en representación del pueblo ecuatoriano quienes ayudaran a montar este dantesco drama a fuerza de complicidades y silencios bien pagados da una campanada sobre los puntos que tienen que cuidarse si no se desea que esto se ponga infinitamente peor.
   Y siendo ligeros, cada vez que escucho, veo o leo algo sobre la rabia de tantos en algunas ciudades de los países citados, por la presencia de los venezolanos desplazados, la verdad es que no puedo evitar sonreír y pensar: Si, definitivamente el karma es una perra malvada.

NOTA: Deseaba subir esto antes, pero el internet está fatal. 

ESPAÑA Y ESAS EXTRAÑAS MANERAS DE LOS POLITICOS

jueves, 24 de octubre de 2019

LA EUROPA QUE FUE Y LA QUE ES

SI EL NORTE FUERA EL SUR

   El viejo esplendor...

   Siempre que en esta parte del mundo hablamos de Europa, de las naciones europeas, de los dichosos europeos (romanos, franceses, holandeses en general), pensamos en eso, en el injusto Primer Mundo (¿por qué ellos sí y nosotros no?). Lo primero que nos viene a la mente es progreso, que les va bien, que lo tienen todo, que controlan el mundo junto a los gringos, japoneses y chinos, los famosos siete más la Rusia asomada cada vez que toman la foto. Lo segundo es que todo lo obtuvieron mediante el pillaje del colonialismo y que todo se les regala (al ciudadano ordinario) porque tienen demasiado. Ilusiones, en buena medida, de quienes sienten alergia de leer sobre Historia Universal. Y es cierto lo que dicen, quienes no conocen la historia están irremediablemente condenados a repetirla una y otra vez hasta que algo barra con el tablero. Para muestra, Venezuela. Y, como están las cosas, uno no apostaría mucho por el resto del subcontinente.
   ¿Que cada habitante de esas naciones lo tienen todo? Eso es cierto (más antes que ahora), y era falso antes. Cuando comenzaba el siglo XX, Europa, el viejo continente, era el remanente de cultura y civilización en este globo; alzado en santuario por ellos mismos en ese pensamiento que llegó a dominar el mundo, la manera eurocentrista de verlo todo. Lo que ellos decían que era, así era; el resto era barbarie, incluido el modo de vida gringo. Eso era la dicha, había progreso tecnológico, las máquinas aliviarían el trabajo del hombre (sí, cómo no), la luz eléctrica permitió que la noche pudiera explotarse. Junto a la electricidad pronto la radio y el automóvil llenarían ese mundo. Estaba próximo a vencerse la gravedad y lograr que objetos más pesados que el aire se sostuvieran en vuelo, llegaban las penicilinas. En lo espiritual y filosófico andaban de fiesta con sus grandes pensadores que discutían todavía si el mundo debía regirse por una autoridad superior o el hombre debía tomar el control de su destino como centro del universo (venían discutiéndolo desde la los tiempos de Thomas Hobbes, que no fue precisamente ayer). Los imperios controlaban el mundo, se repartían el Asia, África y el Medio Oriente como les daba la gana, como una banda de atracadores contando el botín, esto para mí, esto para ti. Les importó un carajo, o tal vez lo ignoraban, separar pueblos que eran hermanos y reunir dentro de una cerca a otros que se odiaban y habían luchado a muerte toda la vida. Quedando muchas naciones (europeas, se entiende), molestas porque sentían que no se les dio lo suficiente. Esas naciones que comenzaban a dar pasos grandes y querían tomar la parte que les tocaba según pensaban, como Italia y Alemania. Japón, a la calladita, y fuera del viejo continente, claro, ya venía tomándose una mano de islas en el Pacífico. Que no estaban deshabitadas, por cierto.
Era el mundo de los grandes salones, de la nobleza, de zares, reyes y emperadores en grandes palacios, saboreando todo lo bueno de la vida, fueran licores, comidas, bailes, joyas, ropas, amores; lo que quisieran y se les antojara, pues. Qué buena era la vida, ¿verdad? El mundo era de ellos... Pero esas maravillas no eran para todos dentro de esos imperios, reinos y naciones. En imperios donde se bailaba esa música que asociaremos para siempre con clase, los ahora llamados “clásicos”, la gente se moría literalmente de hambre en barriadas inmundas. En 1888, poco antes, en Inglaterra, la zona donde Jack El Destripador hizo y deshizo, con su afilado cuchillo, estaba marcada en negro en un mapa de pobreza de la ciudad de Londres, con una abundancia terrible de personas sarnosas y con sífilis. En la Rusia zarista, mientras los aristócratas los tenían todo, aún derecho de vida sobre sus súbditos, un campesino que atrapara un conejo para alimentar a su familia podía ser ejecutado por “robar” al zar (esa gente hizo hasta lo imposible para que los barrieran). Eran los tiempos cuando hombres, mujeres y niños vivían casi que encadenados a máquinas que funcionaban prácticamente dieciocho horas diarias, siete días a la semana, sin derecho al descanso, vacaciones o reclamos. Tiempos cuando un trabajador moría y la familia heredaba las deudas y los hijos, aún niños, debían comenzar a trabajar para pagarlas, acumulando las propias. Eran los días de las minas de carbón y sus terribles cuentos.
   La cuestión llegó a ser tan dantesca para los europeos de a pie, que dio paso al nacimiento del socialismo como alternativa filosófica económica (hoy tan satanizada por el desastre de los socialismo tanto en Europa del este como en Sudamérica), que pugnaba por un reparto más justo de las riquezas, o al menos de las ganancias. Si, tú pones la fábrica, la mina, pero somos nosotros con nuestro esfuerzo y nuestras vidas quienes las hacemos funcionar y producir. Y la respuesta era encarcelar, la represión e incluso el asesinato de las voces más disidentes.

   Fueron esas diferencias tan grandes las que llevaron al mundo a los dos más cruentos conflictos de todos los tiempos, que sumanditos producirían casi ochenta millones de muertos, con epicentro en Europa. Sumando a una amplia base de necedad, los sueños de los imperios de extenderse (los austrohúngaros metiéndose en el patio de los otomanos y los rusos), el de las potencias por existir y tomar su lugar (la gran Alemania, la gran Albania, la gran Italia), por el intolerable peso de la miseria de millones que derivaron en teorías pugnaces como “nosotros los trabajadores” (aunque los socialistas no estuvieron nunca de acuerdo con ninguna de las dos grandes guerras que asolaron al mundo, eso sí hay que tenerlo muy claro; ya que alegaban que allí el hombre de a pie exponía su vida para defender sistemas que le explotaban; y razón no les faltaba, aunque fueran conflictos que debían librarse, especialmente la Segunda Guerra Mundial y el aberrante proyecto nazi). Se creía, en ese entonces (y aún ahora) que la violencia era la partera de la historia y que la guerra era la política llevaba a otros terrenos. Por supuesto que hubo guerras.
   El resultado de las guerras mundiales, especialmente la Segunda, fue dramático, las grandes ciudades europeas quedaron en cenizas y empujadas a una miseria atroz donde faltaba de todo (como lo que el socialismo hizo en Venezuela pero sin necesidad de un conflicto bélico real, a fuerza de pura incompetencia y rapiña); la situación era tan dura para tantos, y la gente dio tanto para ganar esa guerra (repito, a Hitler había que pararlo al costo que fuera), que un hombre en Inglaterra, William Henry Beveridge, pensó que dado todo lo que perdieron los ingleses, no sólo sus casas, negocios, lo material, sino en vidas (niños huérfanos con heroicos padres caídos en batallas; una legión de mutilados que necesitaban atención médica y trabajo; viejos sin hijos que cuiden de ellos en los años duros), había que retribuírseles en la misma medida, al menos en eso, en lo material. Debía dárseles todo, porque todo lo perdieron para ganar el conflicto. Nacía el pacto social de la cuna a la tumba para los que ya estaban y los que llegaran en medio de aquellas ruinas que había que levantar a fuerza de más trabajo. De allí el origen de la vida prácticamente subvencionada de los europeos, el pago al sacrificio.

   Cuando Europa estaba peor, todavía humeando, arruinada, destruida, cuando lo que había era trabajo para reconstruir la vida, se dijo que los europeos merecían todo, y de todo, alimentación, salud, pensiones para vejez, y que de eso se ocuparían los estados. Era el obligatorio compromiso con hombres y mujeres que sobrevivieron a la pesadilla, así esos estados no supieran muy bien de dónde sacar para ello cuando más falta hacía de todo. No nació la idea de un excedente, tenemos tanto que no sabemos qué hacer con esto así que vamos a regalarlo. No, se decidió cuando peor estaban, como una deuda moral que se tenía con aquellos que pelearon y lo dieron todo. Esas naciones que hoy nos maravillan, y molestan un poco, se levantaron del pozo trabajando duro, endeudándose para salir adelante, usando esa plata en lo que tocaba, produciendo frutos y pagando lo que debían. No fue con magia ni con golpes de azar. Nada de eso levanta ladrillos y los pega unos sobre otros. Son naciones prósperas, grande, su gente cuenta con medios, pero les costó.

   ¿Cuál es la diferencia entre el mundo que murió y el que nació luego?, que ya no era una élite, zares, reinas y emperadores a quienes tocaba la fortuna, lo tenían todo seguro, tanto que ni pensaban en ello; la seguridad llegó para todos. Cuando esas naciones lograron salir de sus problemas, lo que se producía alcanzaba para todos. El milagro alemán, con todo y haber sido de los pueblos más castigados (a cada hombre, mujer y niño se les tachó de monstruo), es un ejemplo de ello. Pero... Las fiestas no duran para siempre, por mucho que nos gustaría, que nos estemos divirtiendo con gente a la que realmente queremos.
   Pero, eso que comenzó como una compensación a una generación que lo entregó todo se transformó andando el camino a lomo de burro en un beneficio al que se acostumbraron como algo natural las siguiente generaciones (sin haber arriesgado nada para merecerlo), más que como el justo pago a una deuda con un mundo que fue. Con la llegada del neoliberalismo, a finales de los setenta e inicios de los ochenta del siglo pasado, se acabó en Europa el bonche por “derecho de nacimiento”. Ya había más gente cobrando beneficios que personas trabajando para producirlos, y la alimentación y las medidas sanitarias eran tan buenas que los viejos vivían demasiado, cobrando desde edades no tan avanzadas (al menos eso es lo que dice el estado patrón en todas partes). Tan simple como eso. Lo que no quita que fuera duro para quienes de pronto se encontraban con aquella noticia nada buena. Por “suerte”, para la tarea de acabar con la fiesta, y con malas caras mandar a todos a trabajar como si estuvieran pagando algo de sus propios bolsillos, estaba al frente gente desagradable como Ronald Reagan en Estados Unidos y doña Margaret Thatcher en Inglaterra, mujer que a base de verse odiosa casi es interesante. A ellos les tocó cantar, a dúo, y bastante desafinados, aquello de: No hay cama pa’ tanta gente. El capitalismo se volvía no un sistema económico sino una filosofía, lo cual era y es una idiotez. El socialismo, puesto en lo mismo acabó arruinando desde la Europa del este a Cuba y ahora a Venezuela, ¿por qué debía ser mejor su mellizo?

   El capitalismo salvaje, como se le llamó, se convirtió en el foco del odio (como que ya no me llega el cheque y ahora quieren que trabaje para ganármelo), y no tan desacertadamente; en un sistema donde el único norte es la acumulación de dinero por encima de cualquier otra consideración se deja de lado los medios, y eso es peligroso, se puede tener una población semi esclava como en China, al imperio de delincuentes exitosos vendiendo drogas, por ejemplo. Aunque, a favor del capitalismo hay que decir que nadie en la Europa del oeste habría cambiado su vida por nadie en la del este durante la era soviética, a menos que fuera por creencia. Es como en América, todos hablaban maravilla de Cuba y su comandante... pero ningún sujeto común y corriente, menos alguien con plata, vendía todo lo que tenía y se iba para allá, a menos que fuera como turista con muchos dólares y ganas de comprarse hasta aquellas cosas que en otras partes del mundo le condenaban a largas estancias tras las rejas señalados de algo bien feo.

   Bien, regresando al punto, esa vida bendita, fácil y maravillosa que durante décadas admiramos y envidiamos de los europeos mondos y lirondos, no era algo que siempre existió; se ganó como un derecho ante un gran sacrificio, uno real, y a través de un contrato social: trabajaremos, produciremos y nos cuidaremos entre nosotros. Y lo decidieron cuando peor estaban, entre ruinas. Fue trabajando que se levantaron, no hubo regalos o fórmulas mágicas. Los gringos prestaron plata (porque su propia industria necesitaría clientes, como hoy hacen los chinos y por mucho que guaraleen nunca podrán en peligro los mercados europeos y norteamericano, porque lo que manda es el billete, ¡viva el capitalismo!), pero usaron hasta el último centavo y los resultados fueron aquellos. Es esto que se ve en postales y videos. Fue así como el europeo común y corriente tuvo acceso a lo esplendores de la cultura, la moda, la cocina, la Riviera y el Nilo. Eso se puede hacer porque ya se demostró que se hizo, no los beneficios de la cuna a la tumba porque, fuera de existir, nada notable hemos hecho la mayoría para merecerlo (o yo, para que nadie se sienta señalado), pero si organizándonos, trabajando y prosperando teniendo el bienestar en la mira.

   Lo que sí hay que hacer notar es que no fue el puro neoliberalismo el que levantó a Europa de los escombros. Si, se trabajó, se produjo, se ahorró y se gastó en cosas que se necesitaban primero, en medio lujos luego. Estado y particulares producían, los gobiernos incentivaban toda iniciativa privada (todo el que montara un negocio, tuviera una idea; la única manera de prosperar sin estatismo ni medianía, esa mediocridad donde nada bueno se produce porque ¿para qué voy a esforzarme si lo que está mal hecho vale exactamente lo mismo?), pero cuidando, al mismo tiempo, de que aquellos que tuvieran menos no se fueran quedando atrás. Por nuestras culturas sabemos que si la gente no trabaja por falta de preparación u oportunidades (o porque no quiere, hablemos claro), eso puede terminar en cinturones de miseria y delincuencia rodeando y asfixiando pueblos y ciudades; si la gente no come se está preparando un numeroso ejército de enfermos en el cual tendrá que “gastarse” enormes sumas; y unos y otros son un peso social que terminan hundiendo sociedades que no saben diferenciar sus problemas. ¿Qué sostener a todo el mundo, hagan lo que hagan, como ocurriera en Europa también crea ese pasivo? Indudablemente, pero esas generaciones lo merecían, eran viejos sin nada, viudas, tullidos y huérfanos de guerra; a todo ellos había que proteger (contrario al credo neoliberal); que los que luego llegaran lo tomaran como un privilegio es otro asunto. Aunque no tiene nada de extraño, las costumbres son así, especialmente si uno la está pasando muy bien.

   Se entiende que la gente llorara cuando la teta del estado se secara, y que se fueran indignando cada vez más... Personalmente no veo ningún problema, ninguna contradicción en mi manera de ver el mundo con la idea de vivir sin tener que trabajar. Si se pudiera.  

SUDAMERICA, ENTRE ELECCIONES Y CONVULSIONES

lunes, 30 de septiembre de 2019

RUSIA Y PUTIN, NOSTALGIA DE IMPERIO

SI EL NORTE FUERA EL SUR

   El pasado pesa... y a veces atormenta.
   Desde que un grupo de hombres del norte de Europa, los varegos, bajaron de la península y fundaron la mítica Rus en tierras más llanas, con una multitud de poblados alrededor los cuales fueron anexados todos, pueblos y creencias, bajo las manos de Iván III, su hijo Basilio III y su nieto, el tristemente célebre Iván El Terrible (quien realmente terminó de darle forma a la nación, la llamada Todas las Rusias, pero que acabó con su propio linaje al matar en un acceso de rabia a su único hijo apto para heredar y al nieto que aún no le nacía), la historia de esa gente ha sido expandirse y expandirse.
 
   En parte buscando sentirse seguros tras sus fronteras, pero en verdad porque tenían una vocación de imperio que nos les cabía en el cuerpo (como más tarde se vería con el proyecto de las trece colonias en Norteamérica), de querer, porque podían, someter y tributar a otros pueblos y la ambición de llegar del Mar del Norte a los Balcanes, del oeste al Asia. La llegada del comunismo con la Revolución de Octubre, que barrió a los zares (que se lo buscaron; el último era un verdadero inútil, lástima por las hijas que parecían todas muy lindas), tan sólo dio otra cara a la vieja mañan de crecer y crecer. Stalin hizo pactos contranatura con Hitler para anexarse parte de Polonia y los estados Bálticos, terminando en aquella maravillosa, para ellos, marchar sobre la Europa del Este. Por el lado asiático si no pudieron, en cuanto llegaron finalmente a Afganistán todo les estalló en las caras (eso y Chernobyl, ésta literalmente).

   El punto es que fueron un imperio zarista impresionante, fueron la segunda nación más extensa del mundo, y fueron la segunda potencia mundial, uno de los grandes sentados a la mesa donde se decidiría si el mundo continuaba o no, en la llamada era soviética, es decir pleno siglo XX. Pero eso se acabó. Si, se acabó, lo siento. Deben aceptarlo. Así como el tiempo de esplendor de los zares se perdió en manos de un hombre con mucho poder pero poca capacidad para el mando, Nicolás Romanov, la Rusia soviética cae por el estatismo que congeló desde la economía a la tecnología. Nada se hacía si la duma no lo revisaba tres veces y lo pasaba luego a otro comité donde sospechaban que algo se tramaba y lo regresaban; y así no había desarrollo ni cuidado para centrales nucleares que funcionaran, por ejemplo. Tuvieron suerte de que no estallaron más como la que asoló parte de Ucrania.
 
   Y eso de por sí fue triste en su momento, ver bajar la bandera del martillo y la oz, dejar de escuchar sobre la lucha del proletariado, los cantos que inflamaban la imaginación de los jóvenes despertando la llama rebelde en sus almas... Lo que, en buena medida, resultó falso. La Unión Soviética se sostenía sobre sus tanques y cañones, como bien podrían contarlo los alemanes, polacos, húngaros, checos y otros; aunque el soñador nunca quiere escuchar sobre eso, es más bonito vivir en Babilandia.
 
   El aparato del terror llegó a ser tal, que sumado a la crisis económica que ya tenía a los moscovitas racionados con boletas de alimentación, logró que en la misma Plaza Roja la gente saliera a protestar por las matanzas que se intentaban en Lituania y Estonia cuando estos quisieron separarse de la Unión. Cuando esa misma gente salió a parar los tanques del partido comunista que iba a tomar el Parlamento para echar atrás la perestroika, agarrándose de las manos como un escudo humano en contra del sistema, ya se sabía que el segundo imperio ruso estaba caído. Lo que no impide que sientan nostalgia de un pasado cuando eran grande...
   Y lo eran. Iban del Báltico a centro Asia, eran una potencia mundial de tipo nuclear, no se podía jugar con ellos. Sus uniformes, armas y tanques eran el terror de sus enemigos, el discurso les hacía moralmente aceptable aunque no lo practicaron. No, no extraña que un sujeto como Vladimir Putin sienta nostalgia de imperio, el deseo de ser un poderoso emperador. Un zar revivido, el último soviet supremo. Igual le pasó a Benito Mussolini cuando Italia pasaba las feas a principios de los años veinte del siglo pasado. Teniendo al frente una desesperante crisis económica, las angustias, la pobreza extrema de muchos y un mundo que no les tomaba en cuenta, Mussolini miraba hacia el viejo esplendor del imperio romano del pasado, y así se levantó con su movimiento fascista que buscaba restituirlo. Pero eso fue como si lo hubiera intentado el último zar, un desastre. Putin no puede hacer tanto porque la economía sigue siendo una vaina seria y necesitan de financiamiento regular, de las buenas intenciones del Fondo Monetario. Pero eso no le impide jugar al poder tras el trono.


   Se mete en Ucrania para mantener a un sujeto que le sea fiel, amenazando a los ucranianos que salieran a las calles a protestar. Se mete en una guerra en Georgia por dos estados que quieren separarse y mantenerse prorrusos, mientras por otro lado usa todo lo que tiene para aplastar a los chechenos que quieren separarse y montar país aparte (la hipocresía es lo que más molesta y más extraña que no sea evidente). Es el único que todavía defiende Lukashenko, el dictador bielorruso, el último que hay en Europa. Pero lo más grave, para el prestigio de lo que una vez fue la Unión Soviética, todas las Rusias, es que empujado por el deseo de parecer importante, determinante en el mundo, se alía y sostiene regímenes francamente aberrantes que cargan brutalmente contra sus pueblos que quieren sacudírselos, como los viejos reyes dictadores en Siria, repitiendo que no es que los sirios se cansaron de estos reyes, como se cansara la gente en Egipto y Libia de sus “amados líderes vitalicios”, por ejemplo, sino que “Occidente los quiere tumbar”. Como si occidentes no los hubieran tolerado más allá de lo que la vergüenza hubiera aconsejado mientras mandaban petróleo y sometían a los grupos radicales que si les asustaban. ¡Qué no le soportó y cabroneó occidente a mohamar gadafi por temor a los precios petroleros!
 
   Terminando el señor Putin con su postura en Venezuela, donde sostiene a una gente que les sacó plata a lo bruto y todavía necesitan el triple para sostenerse un año más, pero al que tienen que auxiliar por la promesas de entrega de recursos, lo que queda de PDVSA, y porque cree que enfrenta y le para el trope, en influencia, a Estados Unidos. No importa qué intereses defiende, lo que necesita es que parezca que todavía cuenta.
   Por otra parte está el asunto del... ¿nuevo armamento bélico? Como ocurriera hace décadas con lo de Chernobyl, cuando fue en la península báltica que se dieron cuenta de altos niveles de radiación en el aire (que evidenciaba que algo había ocurrido “al este”), otras voces dieron la misma alarma pocos meses atrás ante el silencio de los nuevos hijos del zar. Les estalló una fábrica “secreta” donde todo el mundo sabía que probaban armas durante la era soviética (como el Álamo en Estados Unidos, que los espías daban indicaciones y dirección a los que se perdían por ahí), donde murieron cinco importantes científicos nucleares. Eso dio para todo tipo de comentarios. ¿Una nueva bomba? ¿Otro misil más potente y aterrador? ¿A estas alturas de la vida? Según ellos, enfrentados a la evidencia de que el asunto se supo y no porque lo contaran, tan sólo probaban un nuevo isótopo para combustible de propulsores. Y eso asusta más. ¿Imaginan cohetes de algún programa espacial ruso usando material radiactivo como combustible y que estalle en la atmósfera?

   Vladimir Putin está logrando acabar con esa nostalgia que todavía queda en tantos que miraban en esa dirección en busca de una manera alternativa de ver la vida. Su necesidad patológica de ser alguien le ha aconsejado mal, le ha llevado a juntarse mal, a rayarse... Enlodando el nombre de la antigua patria del proletariado glorioso, como imaginábamos que era, y que terminaría triunfando por el mundo, cuando éramos jóvenes.
 
   Qué tontos somos de muchachos... 

LA EUROPA QUE FUE Y LA QUE ES

miércoles, 4 de septiembre de 2019

¿LIBERTAD O LIBERTINAJE?

SI EL NORTE FUERA EL SUR


   Qué tiempo para ser joven y estar vivo...

   Hace años, cuando era un muchacho, encontré un libro donde hablaban de la represión sexual en España en los años del franquismo, que dio paso luego a lo que muchos llamaban el libertinaje total. Que pasaron de reprimidos a relajados en un paso, con los destapes frenéticos y todo eso. Como la educación escolar nunca es completa y de esos detalles no hablan, era extraño imaginar el por qué mientras buena parte de Europa dio un salto gigantesco en el 68, el gran mayo francés del siglo pasado, donde no todo fue jugar y cantar, se arriesgó bastante, se vivía ese encasillamiento en la otrora madre patria. No era la tierra ibérica una de libertades individuales. No se podía salir a decir cualquier cosa por ahí, así fuera sobre uno mismo; ni mostrar una conducta muy apartada de los límites. El franquismo era una dictadura derechista, conservadora y estatizadora. Razón esta que siempre logra que ocurra algo que la barra, aunque luego la necesiten, a la derecha, para reorganizar el caos en el que se cae cuando se piensa que sólo hay ventajas y derechos y ninguna obligación más allá de quejarse y exigir.
   Pero, como el libro era viejo (de finales de los setenta, miren cómo lo digo), siempre pensé que España se había recuperado con ganas en todos los aspectos. Siendo el sexual, la libre elección y manifestación de los deseos y preferencias, el primero de todos. Ignoraba, también, que allí ocurrían la mayoría de los ataques a las féminas en el viejo continente que querían escapar de maridos trogloditas; por el machismo que las veía como cosas de su propiedad y con ellas se hacía lo que se deseaba, aún destruirlas si no se podían conservar. No es cuento, recuerdo que los primeros casos de asesinatos, de quemaduras con fuego o ácido, los escuché venir de allí; lo que, obviamente, hacía impostergable dicha revolución. Y no sólo sexual. El cambio de paradigma en el derecho a las mujeres, que siempre abre la puerta a otros. Pero volviendo al tema, creyendo que como está en Europa, allá todo era progreso, imaginarán mi sorpresa cuando en el 2004 leo que había una controversia por el derecho de los homosexuales al matrimonio igualitario ante la ley. Creí que siendo como eran, dado el tiempo que querían recuperar, este sería un procedimiento que no llevaría mayor problema, si no es que ya estaba resuelto.

   Pues no, costó. La base conservadora de la sociedad parece que se resistió bastante, no únicamente los restos del franquismo o del Partido Popular y el clero, como siempre quiere simplificar el que odia a tal o cual grupo (oscureciendo los hechos y el debate), sino la gente común y corriente que sentía, y es de suponer que siente, que no es “normal” que un hombre se enamore de otro y que eso deba ser visto como algo natural; o que dos chicas vivan juntas. Hubo que llegar hasta el dos mil y pico para que se obtuviera el derecho ante la ley para tales uniones, desatándose la controversia sobre si se les debía dejar adoptar o no. Aparentemente muchos no notan que los homosexuales nacen de hombres y mujeres en una unión heterosexual, pero, en fin, ese es tema de otra discusión.

   Me parece bien que cada sector de la sociedad aspire, luche y consiga sus derechos, desde el voto para las mujeres, que tanto dolor costó, a las reivindicaciones a los trabajadores, que pasaron por momentos dantescos como se sabe por la luchas sindicales, allí, en Inglaterra y Estados Unidos, como dos grandes focos, pero quién sabe cómo era en otras partes menos publicitadas. También el derecho a las minorías, que van desde la etnia a la fe y la preferencia sexual, sin embargo... Últimamente siento un desagrado que me molesta a mí mismo por sentirlo, al saber de algunas banderas que alzan mujeres a las que han terminado denominando, de manera también desagradable, feminazis. Hay algo de fariseísmo en su uso, en el ataque que se hace a las mujeres con su empleo, pero también algunas de estas responden como si estuvieran rabiosas de mal de rabia.
 
   Siento, y debe ser un punto puramente de apreciación de mi parte, que exageran, que no piden esto o aquello porque lo deseen sino simplemente por llevar la contraria para parecer diferentes; que en la lucha por sus derechos han terminado peleando contra su propia naturaleza muchas veces. Una mujer puede ser totalmente consciente de sí, de su cuerpo y sus derechos, pero sentir algo por un carajo y desear una vida conjunta, sin que eso deba ser considerado una aberración, una tipa a la que se le deba ofender e insultar. En su lucha por diferenciarse ya comienzan a verse un tanto... grotescas. Y eso aparta cualquier simpatía de su causa. Se presentan tan intolerantes e irracionales como aquellos sujetos, y sistemas, que dicen querer combatir o cambiar.

   Y en esto hay algo de historia, cuando en los sesenta y los setenta, y aún antes, los negros se organizaron en Estados Unidos para luchar por sus derechos, y eran objetos de todo tipo de abusos seudo legales, gente blanca se unió a la batalla, especialmente cuando todos hicieron frente común contra la guerra de Vietnam y el sistema mismo en tiempos de Nixon; la llamada contracultura o el frente de guerra interno del sistema norteamericano. En medio de esa pelea hubo un momento cuando los líderes de color le dijeron a los otros que agradecían el apoyo pero que ya era hora de que se apartaran y les dejaran buscar su camino. Y es algo que se entiende, una aspiración sensata, sentarse y replantearse, buscar sus raíces y volver a ellas, pero tal y como resultó la cosa me parece que es discutible el resultado. Siempre se habla, aún hoy en día, que a la población negra se le segrega todavía, y que en las ciudades prácticamente viven en guetos, pero me parece que ellos mismos contribuyeron mucho a que se les viera no como norteamericanos sino como un grupo aparte de la población, a la cual no se sabe muy bien cómo tratar. Se afanaron mucho en separarse, lo que retrasó una saludable “globalización” o mezcla, como sí hicieron muchos asiáticos y especialmente los latinos, que aspiran a ocupar los cargos de los blancos anglosajones si les dejan la menor oportunidad. Sin ningún tipo de complejo.

   Del problema del 2004 en España, sobre si los homosexuales debían aspirar al matrimonio teniendo derecho a herencia, a pensiones por viudez, al divorcio, incluso a la adopción (realmente no sé en qué terminó todo eso), me gusta la discusión que da toda una sociedad, enfrentando sus puntos, discutiéndolos, porque son pasos que se dan hacia la tolerancia. Ya no se grita no y punto, hazlo o se te encierra hasta que mueras; no, se le tiene que convencer y en esa argumentación se oyen uno y otro punto que puede abrir los ojos a otros. Se estimula la tolerancia a la convivencia. Poco a poco el mundo, las sociedades, van liberándose de sus restricciones, de sus condenas y rechazos a priori, como lo era la madre soltera, la mujer sin marido que tiene un hijo, uno que sería bastardo (en lo referente a su manera de ser visto ante la ley, pero también ante la “gente de bien”), el concubinato y la preferencia sexual, siendo que ya no sólo las encara quien es pillado o “descubierto”, sino que hay personas que se sienten bien confiándose a otros, admitiéndolo. Saliendo del clóset para vivir una vida como la de cualquier otro sin temor ni sentir que debe esconderse como si actuara mal. Y mientras se discute si esos matrimonio valen, se plantea el asunto de si “querer a quien se quiere es válido o no”; o como decían los cursi: ¿Quién manda sobre el corazón? Hay que enfrentarlo y asimilarlo. Así se aprende.

   En el fondo se busca vivir y dejar vivir. Miren que es bastante a veces con el peso de la propia existencia como para enfrentar el que agregan otros. 

RUSIA Y PUTIN, NOSTALGIA DE IMPERIO

jueves, 15 de agosto de 2019

EL SIGLO XX, UN SIGLO DE CONFLICTOS

SI EL NORTE FUERA EL SUR

   El resumen, en tres líneas, sería fácil...

   Dentro de doscientos o trescientos años, si la raza humana continúa dominando el planeta, y si no ocurre algo extraño que nos acabe (uno ve documentales como “Diez manera del fin del mundo”, por History, y concluye que estamos vivos de chiripa), cuando se estudie la Historia de la Humanidad y se dé un vistazo al siglo XX, se le resumirá en dos líneas como un tiempo de grandes guerras y conflictos absurdos.

   Ocurrieron, temprano en el siglo, las dos grandes guerras mundiales, peleándose a sangre y fuego en cinco continentes (aún en aguas de Latinoamérica), y si la Primera fue terrible la Segunda fue dantesca por las cifras alcanzadas en muertes. Aunque se podría alegar que eso siempre pasa, especialmente en guerras, pero hay que verle la cara a más de cincuenta millones de muertes; cifra encabezada por eslavos, teutones, judíos, gitanos y otros. Lo grave de estos conflictos, especialmente la Segunda Guerra Mundial, fue el cariz racial que dio tanto para tanto. El odio a nacionalidades y etnias fue tal que plasmó el más crudo retrato del problema que efectivamente la colectividad humana cargaba. Y carga, el odio y temor a los vecinos; esos que no son gente como uno. Creer que los eslavos eran inferiores a los teutones, que lo judíos eran parias, en Europa, era comparable a lo que en Estados Unidos se pensaba de los negros, y el cómo se les trataba, aunque no se llegó a intentar exterminarles, claro. Un rasgo que hizo notable la Segunda Guerra Mundial fue el grado de demencia, la locura monda y lironda, que hizo catarsis y tomó forma en las factorías de la muerte. Edificaciones industriales levantadas con un único propósito, sólo uno, matar y desaparecer seres humanos, de cincuenta mil en cincuenta mil. Ese grado de barbarie, de locura, no se conocía hasta ese momento. Por no hablar de la llegada de la era atómica como se dio a conocer, en la forma de armas de guerra, para terminar de empantanar el panorama.
   Pero la paz no llegó con la caída de Italia, Alemania y Japón; finalizada la Segunda Guerra Mundial, aún antes, comenzaba el otro conflicto que tragaría tiempo, recursos y dinero que pudieron emplearse para mejores fines: La Guerra Fría. Un enfrentamiento no de nacionalidades sino de ideologías, el capitalismo-comunismo, donde uno defendía lo bueno y decente mientras el otro era el “mal encarnado y parado en dos patas”, y que variaba según la zona del mundo donde se nacía. No fue una guerra convencional de potencias enfrentadas porque algo de cordura privó para no llegar a esos extremos y usar las armas nucleares, porque el que Estados Unidos redujera a cenizas a toda la URSS enviándole todos sus misiles no impediría que fuera destruida a su vez en el cruce de cohetes soviéticos en el contragolpe; el llamado Equilibrio del Terror. Pero se peleó igual. Problemas que iban a ocurrir en Centroamérica, en África y Asia, especialmente con la descolonización, se vieron agravados con la llegada de los asesores de unos y otros, aportando arma para que se mataran de lo lindo. Nunca buscaron la paz, el entendimiento, había que enfrentarse y mediante esas piezas de poco valor, demostrar cuál sistema era mejor. Fueron décadas dedicadas a fabricar armas de destrucción masiva, de colocarlas aquí y allá, llenando el mundo con esos peligroso artilugios, llegándose a los momentos realmente alarmantes, como cuando un accidente en la Unión Soviética hizo pensar que Norteamérica los atacaba y hasta ordenaron lanzar un contragolpe y un único hombre se opuso (debo escribir algo sobre ese héroe); la crisis de los misiles cubanos, cuando el pulso llegó a ser serio, o como cuando se anunciara el proyecto Guerra de las Galaxias de parte de los gringos y los soviéticos se llenaron de paranoia pensando que si ellos montaban ese escudo para protegerse entonces si procederían a acabarlos. Estuvimos en manos de irresponsables durante mucho tiempo, tiempo en el cual prosperó la tecnología, aplicada generalmente a algún esfuerzo bélico, pero esos recursos no ayudaron a muchos pueblos a sostenerse después de los conflictos que causara primero la tenia del colonialismo, que arrasó con todo, y luego con la peleas que dejaron atrás después de juntar países y grupos humanos que se odiaban y donde muchos quedaron en manos de caudillos crueles a quienes la misma Europa armó hasta los dientes como clientes de sus industrias bélicas (y de todo, de todo eso, se desentienden de lo lindo, uno por pillos, otros por desconocer completamente su propia historia y el mundo que les tocó). El negocio era la guerra. Y es.
   Los primeros años del siglo XXI son como una continuación de aquel final. El ataque a las Torres Gemelas en el 2001 llevó años urdiéndose. Estados Unidos era la cura para el mal del comunismo, este cayó, ¿y ahora qué hago? Hacen falta malos en el cuento y como el mundo no puede ser pensado sino como una lucha entre buenos y malos, y cada quien se cree el bueno, el malo sale de quien ataque al bloque ganador: El terrorismo islámico. El problema es bélico, aunque no tradicional, y también ideológico. Era perfecto. El verdad el problema es la guerra asimétrica del terrorismo, porque también los chechenos luchan en Rusia, como se peleó en el territorio Vasco o se hacía hasta hace poco en Colombia; pero se quiso personalizar “el mal” en los seguidores del islam para facilitar el asunto, así es más fácil que el pueblo gringo lo entienda. Todo musulmán es un terrorista y un enemigo. Quién sabe cuánto durará esto, cuánto se gastará, o para qué servirá finalmente todo este esfuerzo. El fin de la Guerra Fría, un conflicto global que gastó y gastó plata y recursos, no aportó nada diferente. Hubo cambios de gobiernos y de ideologías, pero la realidad continúa, a veces unas dolorosas como en el caso del África subsahariana. Quienes pasaban hambre antes siguen pasando hambre ahora, quienes soportaban regímenes sostenido por las armas y la represión, siguen igual (aunque la Primavera Árabe varió un tanto el juego, no siempre para mejor, ¿pero quién le decía a tunecinos, egipcios y libios que su deber era seguir calándose a los dictadores vitalicios?). Veremos qué ocurre con un hipotético final del terrorismo, ¿traerá paz, más sentido común para enfrentar los problemas mundiales? ¿Dejando las decisiones únicamente en manos de políticos y gobiernos con las poblaciones desentendiéndose de su deber de vigilar? Sigan soñando.
   Como sea, no será un bonito corolario para un siglo que trajo el cine y las grandes películas, la masificación de la lectura asomándonos a ese maravilloso mundo literario, la facilidad de viajar y conocer, de vivir un poquito mejor al liberarnos de algunas enfermedades y procedimientos duros. Y hubo gente como Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, cuyas vidas significaron más de lo que mostraron en su momento. No todo fue malo en el siglo en cual abrí los ojos a la vida, mi siglo natal... si miramos con optimismo de positivistas. Por mucho que nos cueste. 

LAS MANOS ATADAS DE LAS DEMOCRACIAS