lunes, 2 de septiembre de 2019

SERVICIO A DOMICILIO... 8

...A DOMICILIO                         ... 7
   La trampa atrapa chicos...
......

   Se oye tan crudo y sucio que le golpea en la cabeza, pero también en la verga, así que toca y toca y hunde la punta de un dedo, pensando en mierda, en suciedad, en... Este lucha contra la titilante membrana, que le eriza, y penetra. Dios, era tan lisito, tan suave... tan caliente. Con la boca abierta. No sabe que la tiene así, mira su dedo desaparecer, primero clavándole la uña, la primera falange, y ese agujero cerrándose violentamente sobre él. Mirándole sobre un hombro, sonriendo libidinoso y caliente, Roberto lo maneja apretando y aflojando su entrada, dándole haladas a ese dedo joven que penetra más y más, moviéndose por iniciativa propia, rozándole las paredes del recto.

   -Oh, mierda, sí. Es tan rico un dedo en el culo, ¿verdad? -le pregunta.

   El chico, rojo de cachetes, le mira pero no responde. Le cuesta apartar los ojos de esas nalgas blanco rojizas, mostrando la línea del bronceado allí donde el bañador estaba apartado (se veía que el hijo de puta se daba la buena vida llevando sol cuando quería), y mete todo el dedo, hasta el puño, sintiéndolo apretado y halado, como si ese carajo lo quisiera más y más adentro. Seguro era así con los güevos, los quería enterraditos, bien metidos, latiéndole contra esas paredes que le tensan cuando se las roza... Imaginando fácilmente sacándose el tolete, allí mismo, llamarle viejo marica, esto es lo que quieres, y subírsele, enchufársele como si fuera una perra y cogerlo. Duro, sin miramientos, con nada de “ya va, ya va, despacio, me duele”, como hacía a veces Laurita. Seguro que el viejo marica rugiría de gusto mientras más y más güevazos le diera por ese culo.

   Casi jadea, sacándole y metiéndole el dedo, rápido, flexionándolo, notando como se tensa y gruñe.

   -Méteme dos dedos, hijito. Juega con el culo de papi...

   Martín jadea, el corazón palpitándole locamente en el pecho, asustado de lo que hace, rechazándolo a cierto nivel... pero muy caliente por toda aquella sucia escena sexual. Tener al maduro y apuesto carajo en cuatro patas sobre esa silla, mojado del agua de la piscina, peludo, con el bañador...

   Lo baja, un poco, tan sólo por debajo de las bolas, y ver esas mejillas peludas más claras le estremece; esa raja, ese agujero rodeado de negros pelos donde tiene metido su dedo. Lo saca, enfila dos, uno sobre el otro y los mete, venciendo una muy leve resistencia inicial al nivel del anillo. Penetrándolo, sintiéndolos apretados. Pero más excitante es lo que ve y escucha. Roberto se explaya, se tensa, arquea la cintura y alza el rostro y el culo... una posición fantástica para ser follado. Lo sabe. Algo en él le indica que el hombre se prepara inconscientemente para eso. Que su cuerpo responde a los dos dedos que lo penetran, que van y vienen dentro de sus entrañas, perforando el agujero más sagrado y defendible que debía tener un hombre, como a Martín siempre le acostumbraron a pensar.

   Pero no puede contenerse, lo coge con dos dedos, adentro y afuera.

   -¿Te gusta esto, maricón? -se siente malo y le pregunta con una mueca torcida. Maravillándole que el otro menea ese trasero de un lado a otro, pero ahora también de adelante atrás, buscando sus dedos.

   -Me encanta, hijito... es como cuando una verga se te clava. Sientes el estremecimiento de anticipación cuando la cabecita te roza la entrada, besandote los labios del culo, y se abre camino. Nada como sentir a un hombre abriéndose paso en ti con su virilidad dura de ganas por tu culo, metiéndose, rozándote por dentro, latiéndote, quemándote, dándote en la pepa... -le sonríe mórbido.- Sabes de la próstata, ¿verdad?

   -Don... -jadea, sintiendo que el tolete le pulsa bajo las ropas, duro, mojándole la piel.

   -Dios, me encanta mamar güevos, son tan ricos; me gusta beber todos esos líquidos, ese néctar de hombres... -sigue diciendo, mirándolo, apretando de manera intensa el culo sobre esos dedos que van y vienen.- Pero sentirlos llenándote el culo es... es... Sabes que para eso estás, para recibir güevos, para ordeñarlos con tu agujero. Y eso te pone tan caliente...

   -¡Don! -grazna.

   -Ábrelos, tijerea con ellos. ¡AHHH! -el chico obedece automáticamente y sonríe mientras ronronea cerrando los ojos.- Dame nalgadas, bebé. Dame duro. Papi ha sido malo; castiga a papi...

   Martín ya no piensa, todo zumbas en sus oídos, la calentura es intensa. Le nalguea una, dos, tres veces, con palmadas no tan suaves, y cada impacto hace gruñir a Roberto entre dientes, nuevas marcas apareciendo en sus glúteos que van de adelante atrás, cada impacto obligándole a cerrar el culo sobre esos dedos. Y al chico no se le quita de la cabeza la pregunta, ¿cómo se sentirían esos apretones si le estuviera embistiendo con su tranca mientras le azota?

   La escena es increíble en ese soleado y caluroso mediodía, en ese patio, con la brillante superficie del agua de una piscina junto a la cual hay dos sillas largas, y en una de ellas un carajo cuarentón, guapo y peludo, en cuatro patas, gruñe y aprieta los dientes mientras sisea de gusto al recibir nalgadas al tiempo que el chico que se las da, le mete dos dedos por el culo, uno que el sujeto mece de adelante atrás de manera ansiosa. En un momento dado, sintiendo que se quema literalmente, que babea sin límites por su verga pero también en su culo aunque no pudiera explicarse, Roberto baja los hombros y el rostro, como si ya no pudiera contenerse ni soportarse más a sí mismo.

   -Cógeme, bebé; clávame tu güevo por el culo ya.

   El joven queda paralizado, con los ojos muy abiertos. ¿Metérsela por el culo? ¿Sacar su güevo y darle a otro hombre por el culo? La idea le trastorna. Y asusta.

   -No, yo...

   -Oh, vamos, lo tengo caliente. -exige pidiendo, con frente fruncida, el hombre, meneando ese culote ahora vacío, los labios de este estremeciéndose.

   Y Martín quiere, en verdad que sí, pero...

   -Joder, Mancini, ¿otra vez pidiéndole a un chico que haga el trabajo de un hombre? -una burlona voz masculina les sorprende y Martín casi pega un salto atrás, como pillado haciendo algo malo con las pantaletas de su madre o algo así.

   -Idiota. -gruñe riendo este, algo frustrado.

   El hombre y el chico ven asomados a la alta verja al vecino barbudo que días antes... A Martín le arde la cara al recordarlo. Y se estremece, temiendo y deseando ver algo insólito, cuando le ve abrir una puerta entre las propiedades y entrar, mirando primero hacia atrás, como asegurándose de que en su patio no hay moros en la costa. Va hacia ellos, vistiendo una franela suave de ejercicios, algo transpirada en pecho y espalda, sin mangas, y un holgado pantalón igual... donde abulta una escandalosa erección. Una que se bambolea y alza la tela como si nada la contuviera. Una que estaba así, evidentemente, a la vista de un culo. Uno urgido de la dura y caliente masculinidad de otro carajo. Una como aquella, que pulsaba contra la tela... y de la cual el inexperto joven no puede apartar la mirada. No hasta que este le habla, mirándole, sonriendo, ¿por pillarle viéndole la tranca? El chico enrojece todavía más.

   -Mira cómo le late ese culo... Está hambriento de güevos. Dice que le gusta más mamar, y es cierto, especialmente a carajitos como tú, pero el culo de un maricón tiene su propio ritmo... -agrega, sonriendo, mirando a Roberto.

   -Idiota. -le repite este, aún en cuatro patas sobre la silla, el trasero alzado, el rostro casi apoyado en los brazos sobre la silla. El otro, Martín se fija bien, se agarra el tolete bajo las ropas, apretándolo, agitándolo, y aquel culo se estremece en respuesta de manera abierta, evidente, ansiosa. Sorprendiéndole.

   -Es una maldad no darle a un marica de culo hambriento lo que pide cuando lo necesita, chico. -agrega con voz ronca, baja, colocándose tras esa silla.

   Y Martín teme que el corazón se le paralice en el pecho cuando ve al sujeto, tan pancho, medio bajar su pantalón, no lleva ropa interior, subirse los faldones de la franela y mostrar un güevo tieso, pulsante, surcado de venas. Uno que ya ha visto. Y que lo dirige a esa raja. Dios, ¿iba a cogerlo ante sus ojos? ¡Un carajo iba a meterle el güevo por el peludo culo a otro tipo! Siente que se ahoga, fascinado y aterrado. El sujeto, Vicente, cree recordar que se llama, sin verle, lanza un escupitajo en esa raja; la espesa saliva baja un poco, y con la punta de su verga la riega mientras se unta la cabecita roja, algo agrietada, como a veces la muestran los tíos después de los cuarenta. Y esa punta se presiona, se presiona y Roberto alza el rostro, tensa la espalda y las nalgas.

   -Ahhh... -deja escapar un ahogado gemido cuando se le mete, con sus propios pelos y la saliva. Martín traga, temblando, teniéndola imposiblemente dura bajo sus ropas. Ese güevo va enterrándose en aquel culo, que traga cada pedazo de la gruesa barra llena de venas hinchadas de sangre caliente, que debía estar refregándole por dentro.- Por Dios... -lloriquea el viejo marica, frente fruncida como si le doliera, con una gran sonrisa, mirándole a él, notándosele que si, que le gustaba.- Hummm... -aprieta los dientes mientras sisea, sonriendo mórbidamente cuando esa vaina se le mete totalmente y el vecino le pega la pelvis de las nalgas, los pelos púbicos a la baja espalda, teniéndole clavado hasta el fondo.

   Pero si Roberto lo goza, Martín no puede dejar de notar la sonrisa estática del otro, su boca abierta, la expresión de placer también. Seguramente ese culo estaba brindándoselo, dándole esas apretadas y haladas parecidas a las que un coño de chica podía dar.

   -Ahhh... -repite Roberto cuando el carajo comienza un lento saca y mete, un tercio de aquel güevo venoso saliendo de su culo, halándole los pelos y labios del ano, metiéndoselos otra vez. Pero va ganando en intensidad, con una sonrisa de triunfo, de dominio y control, el carajo aumenta su velocidad, sacándole más del tolete y dándole con fuerza cuando se lo regresa. Adentro y afuera, palmoteándole esas nalgas peludas mientras grita de gozo, ojos desenfocados, labios brillantes de saliva.- Oh, si, si, dámela, dámela toda. ¡Clávamela toda por el culo! -ruge.

   -Silencio, perra. -le dice el otro, riendo, pero dándole más y más fuerte, ese tolete entrando y saliendo de lado, de derecha a izquierda, de arriba abajo, dándole con las bolas.- Vamos, chico, sácatela y calla a la puta. Ni te imaginas cuánto le gusta tener una bien clavada en el culo y otra en su boca. Para él eso es la gloria. Vamos, sácatela. Vamos a darle duro. -le ordena.

CONTINÚA ... 9

ATREVETE

ESPERA

   Aunque Dylan era el más alto, fuerte, musculoso y hasta agresivo en el trato en toda la cuadra de jóvenes matrimonios de clase media, era el más ardientemente maricón; un chico orgulloso de su cuerpo, de su culo y de serlo. Los vecinos lo saben... y cada tarde lo atienden completo. 

SU VERDAD

VENEZUELA, LO QUE NO DEJA DORMIR A TANTOS...

EL JUEGO DE TRONOS VENEZOLANO

   Una realidad que asusta a muchos.
   Que le quita al sueño no sólo a la subregión, y aún más allá donde llega una diáspora que se acerca a los cinco millones y que con la última escalada de la hiperinflación de esta semana, fenómeno que se anunció hace más de dieciocho años si se continuaba por el mismo camino y que ahora parece sorprender a unos y gritar bloqueo a otros, la marea de quienes se irán de esta tierra por la que nadie quiere ponerse de acuerdo para luchar por ella será aún mayor. Por mucho que se quejen en las caribeñas islas cabronas del chavismo, el Brasil, el Ecuador y uno que otro ex bastión del chavismo que tantos delitos callaron y taparearon por unas cuantas valijas en efectivo o sobornos en forma de petróleo.
 
   El problema es para Estados Unidos, ellos que dejaron todo correr para abaratar un país arruinado por quienes decían dirigirlo (creando, otra vez, al enemigo), y para los factores internos que se pelean los pedazos del país, dentro del agonizante régimen como en la acera opuesta. Oposición donde una parte quiere salir del autoritarismo y de la pesadilla como sea, aún dejando que se vayan con sus botines, y otros que dicen que no, que nada puede cambiar hasta que ellos tengan la seguridad de que llenarán el espacio, y que si eso no es así es mejor que no pase nada. A unos y otros les preocupa las noticias que han ido llegando, tan inquietantes que el régimen le ordenó al chavismo dentro de la oposición que revivieran el rumor de unos hijos de Henry Ramos Allup, supuestamente metidos en negocios con el régimen, otra vez, aunque no prueben nada. Que la discusión guiada desde Miraflores silencie el desastre de una posible negociación entre Diosdado Cabello y los gringos que destranque el juego y le permita a unos escapar con sus reales y a los otros liquidar un asunto que puede estallarles en las caras. Agravado por la certeza, para comenzar, de la revitalización de la narcoguerrilla colombiana en este aliviadero en el cual convirtieron a Venezuela estos traidores.
   Por eso me llama la atención un artículo escrito por Francisco Poleo, en ZETA, la otrora revista semanal de análisis y política, hoy un medio digital, pero sobreviviente a la feroz persecución del régimen autocrático en Caracas y a los no menos fuertes del llamado chavismo dentro de la oposición afuera. Veamos...
...
Transición negociada en Venezuela es la pesadilla de quienes no tienen votos
El hecho de que solo mínimos detalles se hayan filtrado al público sobre el rumbo de las negociaciones en Barbados para dirimir el conflicto venezolano indica que hay esperanzas de que lleguen a buen puerto: unas elecciones presidenciales libres. En esta misma tribuna hemos señalado lo difícil de que esa intermediación liderada por Noruega tenga un final feliz debido a los múltiples intereses en juego. Pero difícil no es imposible y el centro moderado de ambos lados es el que se está imponiendo.
También en esta tribuna hemos señalado a Diosdado Cabello como la gran piedra de tranca de una transición democrática. Sus nexos con el Cartel de Los Soles, el grupo de generales venezolanos presuntamente involucrados en el narcotráfico, lo hacen una pieza fundamental para EE.UU., que ya ha dicho que levantará sanciones contra todo el mundo menos contra aquellos que hayan traficado drogas. Por eso, por ejemplo, piden a España la extradición del general Hugo Carvajal a pesar de que éste fue de los primeros en respaldar a Guaidó.
Sin embargo, no sería raro que EE.UU. negociara con Cabello. Es la naturaleza estadounidense hacerlo a cambio de un botín mayor, y qué mayor botín que la reactivación de Venezuela como motor económico cuando se avecina una recesión en año electoral. Eso sin contar con un hecho de carácter fundamental para Washington: la desactivación de la ruta de la droga más importante de América y del santuario para grupos terroristas ligados al fundamentalismo islámico.
Fuentes muy cercanas a Cabello nos indican que ya hubo un acercamiento con Washington en 2017, sin aclarar si hubo acuerdo o no. No se debe olvidar que Diosdado era el hombre de EE.UU. en el chavismo a comienzos de los 2000. Chávez lo sabía y por eso siempre mostró, públicamente, su desprecio por él. Nunca lo quiso en posiciones de poder político. Aconsejado por Fidel Castro, el fallecido ex presidente lo entretuvo colocándolo en el centro de los grandes contratos económicos y empujándolo hacia el negocio de la droga, puntada final para enemistarlo con los estadounidenses. Luego, a la hora de la verdad, el sucesor designado fue Maduro.
Lo cierto es que un pez gordo debe ser sacrificado antes las masas del Coliseo. EE.UU. puede haber decidido que ese “cabeza de turco” sea Tarek El Aissami, el poderoso jefe chavista a quien Maduro infló económicamente al llegar al poder para contrarrestar a Cabello. El descendiente de sirios  es el nuevo integrante de la lista de los más buscados por las agencias del gobierno estadounidense. Los presuntos nexos de este personaje con Hezbollah y el fundamentalismo islámico lo ponen en la mira de Washington, pero realmente de quien siempre ha sido un objetivo es de Israel. Para desgracia de El Aissami, la CIA negocia, pero el Mossad no. Tras la inclusión de El Aissami entre los más buscados por EE.UU., Cabello, por primera vez, apoyó públicamente las negociaciones con Guaidó y la Asamblea Nacional. ¿Coincidencias? En la política hay pocas.
Todos los pasos que se van dando tienen su sentido dentro de las negociaciones, incluyendo la reinserción de Venezuela en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Aunque algunos sectores del radicalismo opositor a Maduro señalen que este paso es para remover por la fuerza al dictador, lo cierto es que es para garantizar la asistencia humanitaria post-madurismo. No olvidemos que Venezuela es un territorio ocupado por paramilitares, guerrilleros, mafias y bandas criminales que abarcan más de un estado del país. Las menguadas Fuerzas Armadas venezolanas no pueden solas con ese caos, que actualmente no está desatado gracias a un precario acuerdo tácito entre el régimen de Maduro y esos grupos violentos, algo impensable en un eventual gobierno democrático. Que se abra esa Caja de Pandora, desatando un escenario a lo Libia o Siria, es a lo que temen los aliados de Guaidó, por lo que la reinserción en el TIAR era un paso fundamental.
Como van las cosas, no es descabellado pensar en unas elecciones presidenciales libres en Venezuela para el 2020, sin Maduro en la presidencia pero quizás sin Guaidó también, lo cual no quiere decir que no puedan ser candidatos. El régimen de facto ya acepta que haya unas elecciones con nuevas autoridades electorales, pero con el dictador en el poder y previo levantamiento de sanciones. Los únicos con interés en que no haya una solución electoral en Venezuela son quienes no tienen los votos, que son los extremos de ambos bandos. En una confluencia de intereses que ya es habitual, desde los flancos, uno rojo y otro azul turquesa, enfilan sin pudor los cañones contra Guaidó. En ese sentido, ahora van contra Leopoldo López, aprovechando cualquier cabo suelto de quien lleva ya veinte años en política y cuenta con una familia muy activa en distintos escenarios. Es un problema a atender por el bien del final feliz que aspiramos los demócratas: la transición a la democracia.
...
   Suena demasiado bonito, ¿verdad? Hay no sólo política en esto (y los gringos no parecen muy duchos en eso), sino sentido común en lo urgente (salir de una gente que no deja que la situación mejores ni siquiera un poco), pero por otro lado hay quienes quieren horcas en las plazas, guillotinas desde cuyas bases puedan pontificar sobre sus logros que les hace merecedores de la corona. Y eso no va a pasar, no mientras sea electoralmente que a los venezolanos les dejen elegir a sus dirigentes. No hemos demostrado mucho sentido común en ello, ¿pero qué país en la subregión puede decir que si?... Pero sí dejamos claro a quién no queremos por las banderas que usó y el daño que hizo alargando esta agonía.

domingo, 1 de septiembre de 2019

INCENTIVO DE MEDIA TARDE

NECESIDADES

   ¿Qué será?, ¿un novio con el cual discutiera y el cual le busca porque no soporta estar separados y disgustado, y sin tragársela aunque sea por un rato? ¿Acaso un amigo necesitado de una buena enculada, que le sorprende pero al que atiende? ¿Un pana separado de la novia, la cual le engañaba con todos, y todos sus panas sabían que era porque no la satisfacía ya que él mismo era una nena necesitada de un hombre que le amara y que ellos se lo mostraran y ahora no puede privarse de nada? Puede ser. Pero lo que no puede negarse es que es mejor que mi idea de dejarnos tomar una cerveza, o dos, a media tarde en la oficina para que el trabajo sea menos pesado.
 
   ¡MEN.com tiene cada idea! No sólo la presencia del William Seed hace el video especial, es toda la fantasía alrededor del encuentro. La verdad es que... ¿quién no soñó con hacer cosas así en el salón de clases del bachillerato o la universidad o en un cuarto apartado en el trabajo? 

ATAQUE AL PEQUEÑO EMPRESARIADO, SCREMIADO

EL EXAMEN MEDICO DEL SEÑOR JONES... 2

EL CONSOLADOR DE PLATA                         ...EL SEÑOR JONES

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   Hay que conocerse...
...

   No puede resistirse, con pasos lentos se dirige hacia el otro, que le espera tan tranquilo y seguro de sí, llenando de manera notable aquel mono verde.

   -Quítate todo, menos la ropa interior y siéntate en la camilla. -le ordena, mientras se vuelve hacia su mesa de artículos para exploraciones y exámenes.

   Gregg, tragando en seco, obedece. El suéter, la camisa, los zapatos y el pantalón desaparecen. La camiseta blanca, el holgado boxer que más bien parece una pantaloneta y sus medias son lo único que le cubren. El hombre joven se vuelve y le mira.

   -Te ves bien, profesor.

   -¿Para mi edad? -bromea el otro, sintiéndose alegremente halagado, sentándose, con el otro a sus espaldas.

   -Oye, no te menosprecies. -dice el galeno, hablándole casi sobre un hombro, tan cerca que el aliento le llega, sorprendiéndole, dejándole sin una réplica.
 
   Tan sólo puede verle ahora mientras se coloca, con parsimonia, frente a él, los guantes de goma, que polvorean un poco, tal vez con almidón, acomodando cada uno de los largos dedos. Dedos que no puede dejar de mirar, recordando la esencia de un examen de este tipo de médicos. Traga en seco y se estremece. La sonrisa del otro parece indicarle que entiende lo que piensa.

   -Imagino que estos problemas en hombres de mi edad... -comienza de nuevo.

   -Tu edad está bien, Gregg. -es la seca respuesta, mientras le mira algo severo, dominándole.- A veces hay problemas sexuales que nada tienen que ver con las ganas o la edad. Está la monotonía, la regularidad de los actos. -dice tomando un estetoscopio, un otoscopio y el consabido martillito revisándole muchas cosas, como latidos del corazón.  oídos y reflejos. Cuando lo tiene cerca, escuchando su corazón, Gregg sabe que este late un poco más deprisa, lo siente. Y sabe que no es totalmente nervios. La cercanía del hombre joven, su calor y hasta aroma corporal le afectaba de alguna manera que no entendía.- A veces tengo problemas con mis novias... -agrega este, continuando la charla como si no notara su tensión, lo rojo de sus cachetes.

   -¿Novias? ¿En plural?

   -Soy muy calenturiento, me encanta usar la verga, mucho, y tener cerca en quién usarla, ¿qué puedo decir? -le aclara, bajando el estetoscopio, sonriéndole casi al rostro.- A veces se necesita... explorar las fantasías, meterse en ellas en la imaginación, si falla el valor; para entenderlas. Saber qué nos hace felices o qué nos falta. De qué nos privamos como si no tuviéramos derecho. Hablo de actos entre adultos y en consenso, claro. Considerar... -le sonríe.- Una vez salí con una joven actriz, hace tiempo, le gustaba mamar vergas en los estacionamientos de los centros comerciales. Era muy caliente. Tener a la perra chupando con ganas de mi tranca, subiendo y bajando golosa sobre ella; cosa que parecía encantarle, allí, en esos lugares por donde transitaban personas, autos llegaban y salían. -sonríe seguro de sí, impactándole.

   -¡Doctor! -jadea y sonríe no queriendo parecer escandalizado, pacato. Pero le cuesta. Habían temas y lenguajes que...

   -Oh, vamos, el sexo es sexo; una función natural del cuerpo... Cuando no se ejerce, o se le reprime es cuando se presentan los problemas. Los físicos son molestos, pero los menos malos; los anímicos, los... llamados del espíritu, son peores, comenzando por las depresiones. Esas matan. -el médico le silencia, montándole una manota enguantada en un hombro, apretándole con el índice y el pulgar, fuerte pero no dolorosamente. Haciéndole consciente de sí.- ¿Qué me dices de ti? ¿Alguna oscura ocurrencia? ¿Una fantasía caliente? ¿Algo sucio, culpable... arriesgado?

   -No, yo... -jadea y sonríe como avergonzado de sí.- Sarah y yo nos conocimos en la universidad y... -se encoge de hombros, mirándole hacia arriba, ojos muy abiertos tras los lentes.

   -Pero sueñas, ¿no? Imaginas cosas... ¿Acaso meter la mano dentro de las pantaletas de tus alumnas? -le reta con una sonrisita, pero sus ojos están alertas, frotándole con el índice y el pulgar, notando que enrojece todavía más.

   -No, claro que no...

   -¿Y la vista de los chicos en las canchas deportivas, transpirados, jóvenes y retadores, sin camisas, la belleza de la juventud que parece será eterna? ¿No te seca la boca… como necesitado de pasar la lengua por viriles cuerpos sudorosos?

   -¡No! -replica con los ojos muy abiertos, la respiración agitada. El pecho subiéndole y bajándole con esfuerzo, alarmado. Ha tenido tantos problemas últimamente que...

   -¿Sabes qué he estado imaginando últimamente? -desvía el tema, soltándole y sonriéndole con algo de sorna.- Ve bajándote el bóxer. -le impacta, haciendo que dude por lo íntimo del tema que continúa.- ...Encontrarme con uno de esos carajos que hacen lo que sea por sentir una buena verga en el culo, llenándolos, mojándolos todo, haciéndoles gritar como si no hubiera otro mañana para ellos.

   -¿Un tío? -chilla, voz rota, pero sonríe.- No pensé que te gustaran...

   -No digo que me gusten. Digo que lo imagino, es una fantasía. -se encoge de hombros.- Y no te has bajado el bóxer. -le recuerda, tomando los bordes de este.- Alza el culo.

   -Doctor...

   -¡Álzalo!

   Casi respondiendo automáticamente, colocando las manos en la mesa, obedece, y el hombre le baja el bóxer. Completamente. Enrojece totalmente, y más cuando el otro le examinas las bolas y el pene, que parece como más pequeño en esos momentos de apuro.

   -Es bueno... explorarse, probar lo nuevo. -sigue diciéndole, tocándole donde toca hacerlo, apretando, halando. Todo muy clínico la verdad sea dicha.- Te repito, no soy gay, pero... he estado fantaseando con un colega, del piso... -le aclara.- No es homosexual pero le gusta usar la ropa interior de su mujer. Pantaletas, sostenes, ligueros. Bajo sus ropas ordinarias. La idea de exponerle, le bajarle el pantalón del mono en un ascensor lleno de gente del edificio y que todos vean sus pantaletas... -silba alegremente, como si la sola idea le excitara. Y Gregg enrojece todavía más, imaginando la escena, la terrible vergüenza del otro, todos mirando su trasero expuesto cubierto por alguna delicada prenda interior femenina. Una como las de Sarah, que parecían seda apenas capaces de cubrir...

   -¿En verdad... eso le llama la atención? -grazna; y mientras le tiene agarradas las bolas, tocando entre ellas, el médico le mira y sonríe, demasiado cerca.

   -¿A ti no? Vamos, cuéntame algo, mira que me ahogo aquí, hablando solo... -le bromea.- Sube a la mesa, de rodillas. -le ordena.

  -¿Cómo? -se agita todavía más.

   -Necesito hacer la revisión, ya sabes. -rueda los ojos, dirigiéndose a la mesita y tomando el lubricante.- Y no evites la pregunta... ¿nunca ha habido nada... poco común en tu menú?

   -No, yo...

   -¡Gregg! -exclama, como advirtiéndole amistosamente que obedezca, por un lado, y que no mienta.

   El hombre, más rojo todavía, se vuelve sobre la mesa, en manos y rodillas, la camiseta encogiéndose sobre su espalda expuesta, su redondo trasero (amaba salir con Sarah en bicicleta) mostrándose, velludo, glúteos rojos también. Tragando en seco, no sabiendo qué esperar, le mira. El médico le sonríe, ¿divertido?, no lo sabe, pero luego le clava los ojos en el trasero y sus pupilas se endurecen. Algo que le eriza todavía más. Como el verle acercársele, frotándose los dedos con aquel gel blanco y traslúcido.

   -Cuéntame... Sé que tienes algo por ahí... -le dice, invitador, pegando esos dedos sobre su raja, sobre el ojete peludo que se estremece de inquietud y vergüenza. Esos dedos, lentamente, sin deslizarse mucho, la palma quemándole sobre una nalga, le untan el capullo, una y otra vez.- Habla, Gregg... -repite, y el hombre se tensa de hombros, alza el rostro y arruga la frente, boca muy abierta, ladeando la mirada cuando el índice del médico se presiona y lentamente va enterrándosele por el agujero, metiéndole los pelos apelmazados de lubricante y los pliegues anales.
 
   Lo siente lento, no doloroso, la verdad sea dicha, tan sólo extraño. Es consciente de que entra, de que va metiéndosele una y dos falanges, doblándose un poco. ¡El dedo de un hombre en su culo! Tal vez por eso no piensa con claridad...

   -En... -traga saliva.- En la universidad... pues, bien, le hice la paja a un compañero de estudios. -confiesa, paralizándose en el acto.

CONTINÚA ... 3

INTENCIONES

EL DETALLE

CONTINGENCIA LABORAL

PONTE EL SOMBRERO

MUPPETS SOBREVIVIENTES

   Qué de recuerdos...

   Estaba en el liceo cuando este tema musical se abrió paso en nuestras vidas, escandalizando a algunos padres y profesores, emocionándonos. Por muchas razones. Eran los tiempos cuando vivíamos tan sólo pendientes de todo lo que fuera sexo, sexualidad y sensualidad. Desde una sonrisa a una mirada lanzada era suficiente para inflamar la imaginación y las ganas... Justo cuando irrumpe el horroroso SIDA. Eso eran reuniones y reuniones hablándonos de eso, de una manera algo aterradora (querían asustarnos, ahora lo entiendo), y maldecíamos que tal enfermedad surgiera precisamente ahora que queríamos hacerlo a todas hora, donde fuera... y con quien fuera. No pensábamos en romances o noviazgo como parece ocurrir en cada película de adolescentes, créanme. Pero podíamos soñar, y esperar, con fiestas con guarapita y cervezas que podían terminar en encuentros en un patio o bajo una mata en la calle, al amparo de las sombras, contra un carro. Ah, las chicas se ponían tan cariñosas como nosotros malucos. Con la canción los muchachos la cantaban en los pasillos, y a veces una muchacha se acercaba, mirándote, cantando eso de pon, pon, ponte el sombrero. Y se sentía bien. Escuché la canción hace poco en una emisora del recuerdo y busqué el tema... Dios, ¿realmente hubo un tiempo cuando esto, con estos tipos bailando así, lo consideramos sexy? Bien, todos cometimos locuras, como una mano que resbalaba y tocaba más de la cuenta, o que la dejábamos rodar... y siempre hay alguien que lo recuerda.