miércoles, 27 de marzo de 2019

CIRCULO VICIOSO

UNA PUERTA SE CIERRA...
   ¿Lo peor?, no era nada glamoroso o pecaminoso...

   Si, todos hemos oído hablar de ellos, de lo fácil que es caer, de lo frustrante que pueden ser, incluso atormentadores o destructivos. Mujeres que se casan con el mismo tipo de sujeto que golpeaba a la mamá y a ellos cuando niños, y miren que estas sí que necesitan ayuda; tipos que salen con mujeres que todos saben han engañado una y otra vez a sus parejas, dado pie al chiste del hombre que vende el sofá donde siempre pilla a la mujer con otro. Hasta los casos más complejos, las adicciones, las malas decisiones, el aparentemente sabotearse a uno mismo cayendo una y otra vez en una situación que te hace rabiar. Me pasó, anteayer noche con el apagón. El de esta semana, no el de hace dos semanas que según el gobierno de los delirantes fue un sabotaje. Este es otro. Uno que no se esperaban. Tampoco. Como el primero. ¿Se los hicieron de nuevo? ¿Salir a declarar otra vez lo incompetentes que son? Hablando de círculos viciosos...

   El caso es que la noche fue larga y frustrante, no era fácil tener la puerta abierta del apartamento escuchando a vecinos y amigos quejarse exactamente de lo mismo, mentarles la madre a esa gente y hacer feos vaticinios sobre la duración del apagón, “si es que alguna vez se resuelve, con lo mal que está todo el sistema...”. Justo lo que uno quiere escuchar en esos momentos. Sin el ventilador y el televisión, la noche está llena de sonidos increíblemente molestos. Alguien tose dos pisos más arriba e insólitamente parece que fuera en medio de mi cuarto, justo cuando ya iba adormilándome. A los gatos les da por joder (no sexo, que allí son tan estrafalarios y ruidosos que se les escucha a pesar de que se tenga una fiesta en el balcón), las motos como que esperaban llegar bajo mi ventana para acelerar, alguna pareja caminando por los estacionamientos contándose sus vidas, y cosas así. Todo se escucha de una manera notable.

   El caso es que en lo oscuro, sobre mi cama, irritado por los zancudos que no se sienten generalmente pero que en cuanto se va la electricidad aparecen triunfalmente, intentaba dormir para escapar del mundo real. Uno sin luz. Pero no podía, eso era dar vueltas y vueltas en un colchón que iba calentándose por partes, rogando que volviera la electricidad, maldiciendo porque no llegaba. Dándome sed. A cada rato. Mucha. Era una sensación desesperante en la garganta, obligándome a llegarme a la cocina y tomar agua, regresando a la cama... tan sólo para sentir deseos de orinar. Y luego sed otra vez. Y ganas de mear, que se volvía urgente y me espantaba el sueño si no iba al baño. Intentaba no beber agua pero la sedía era demasiada, y bastaban dos sorbos de agua para que la vejiga dijera me llené. ¡Estaba atrapado!

   Qué noche esa noche... Y todas estas noches. 

¿MAS VIEJO PERO NO MAS SABIO?

TORTURA

JUERGA
   Ese sería el día, joder...

   ¿Por qué lo hacían?, ¿por qué se sometían a eso?, se preguntaban los tres amigos y vecinos que compartían el vehículo con ese tipo buena gente que se ofrecía a llevarles, ahorrando combustible y disminuyendo sus huellas de monóxido de carbono... Uno que usaba esas vainitas calientes bajo la ropa. Al principio la cosa provocó risitas, miradas burlona. Pero ya no lo comentan, ni la carrera que pegaban cada tarde o mañana por el puesto de copiloto. Ni una palabra entre ellos sobre lo duro que era aguantarle allí al lado, sonriendo, hablando como si nada, usando aquello, y lanzarle una disimulada y larga mirada luego, que les avergonzaba y endurecía bajo los pantalones; o lo malo que eran los días cuando no hacían el viaje. ¿Qué pasaría, se había preguntado cada uno más de una vez, si alargaba una mano y metía el dedo en la tirita, halándola…?  

SEÑALES CLARAS

jueves, 21 de marzo de 2019

HUMANAS NECESIDADES

BAJO MANO EXPERTA
   El encierro, el ser apartados de sus seres queridos causa tensiones, problemas de intimidad, el urgente deseo de conectar así sea de manera irregular para continuar sintiéndose humanos. Se podría resistir, soñar con lo perdido en mil auto sobadas solitarias, o atreverse al fin a probar algo nuevo... apretado, caliente, sucio y rudo. Y se toca, porque no aguanta, y que le mire el lindo vigilante que redobla su guardia porque necesita plata ya que su mujer va a parir otra vez (ya le contaron), lo hace todo más perverso y excitante. Son jóvenes, la sangre hierve... y llena barras hasta ponerlas duras, pulsantes y jugosas. Basta una seña y entra. Y cuando estas están bien duras y más necesitadas, hay que encontrar en quienes usarlas... y si son un dos pa' dos todo queda cantado, o chillado como putas baratas cuando estos cabalgan emocionados sobre sus trancas. Bien, serían treinta días más, tal vez la cosa se pudiera soportar. Es la realidad de la prisión, algo que hay que entender, donde tres de ellos apenas entraron ese mismo día y el vigilante estaba comenzando su guardia de cuarenta y ocho horas. Pero si hay ganas, quién juzga...


   En este fetichista y caliente video de MEN.com aparecen dos monstruos del porno gay, cosa que se les nota, ¿eh? Christian Wilde, con esa carita, y Cliff Jensen con ese gesto de ratón. Fuera de que los otros se ven bien actuando también.  

REVELACIONES

QUE MOMENTO

GANAS
   Mierda, si había algo incómodo era entrar de repente, usando la casa de un amigo para una ducha después de una práctica, y pillarle con la cara no enterrada en tu suspensorio, sino usándolo de máscara, oliendo como si tuviera un orgasmo pasmado, ¿verdad? 

ESE MOMENTO

ADIOS, DYLAN MCKAY

   Esa tonada hacía correr a la muchachada...
   Luke Perry, Dylan “chico malo” McKay en la serie Beverly Hills, 90210, murió; noticia que resulta extraña cuando se le recuerda como un eterno rebelde y solitario jovenzuelo que explotaba cierto parecido al actor James Dean. Por alguna razón su aire indolente, el de Dylan, parecía despertar la pasión de las adolescentes y decían que adornaba las paredes de muchas chicas alrededor del mundo.
   Hubo un tiempo cuando uno no podía salir de su casa, cuando comenzaba la transmisión de este programa sin que pareciera que todo el mundo lo estaba mirando por la intro que se escuchaba saliendo por las ventanas a lo largo de la calle. Era la fiebre del momento, las aventuras de un par de gemelos que llegaban a un colegio donde no sólo debían lidiar con el dinero, sino la fama y la popularidad, Beverly Hills, 90210. Todo el mundo veía esta serie, incluso aquí. 
   En venezuela las cosas dan por tiempo, con una fuerza que no se explica muy bien especialmente cuando ya la marea viene de retroceso en muchas partes. Cuando esto ocurre aquí, con los gemelos, a través de la pantalla de RCTV, ya en muchas partes seguía el amor al programa, es cierto, pero no la fiebre inicial. Tengo la edad suficiente para recordar tres casos parecidos anteriormente, cuatro si contamos a El Chavo del Ocho, también, inicialmente, por RCTV. Todo el mundo lo veía cada tarde. Uno de ellos fue el eterno paladín de la justicia, El Zorro, la de cantadas que dábamos y peleas con palos de escobas recortados. Luego llegaría con un dúo musical que fusilaba las canciones de los hermanos Galán, los argentinos que daban vida a Pimpinela, aquí llegaron el extremo de nombrar al dúo como Scarlata; cuando este disco sale, era la fiebre total. Y el caso más recordado, y si se quiere hasta más asombroso, fue con Candy, Candy. Era impresionante la cantidad de personas que veían esa comiquita, y no hablo sólo de niños. Por cada ventana se dejaba escuchar el “si me buscas, tú a mí…”. Curiosamente todos eran programas de la malograda RCTV.


   Con Beverly Hills, 90210 se da el caso que apenas hace dos semanas escuchaba que se estaba pensando reunir al elenco y mostrar sus vidas, varios episodios no sobre los personajes sino el qué fue de los actores. Contaban con una base tal de fans que el asunto resultaba interesante, además, ya Los Expediente Secretos X y will & Grace habían demostrado el poder de la nostalgia cuando se contaba con un buen libreto. La idea me hizo sonreír, porque he visto a uno que otro y la verdad es que de aquella bonita lozanía no queda tanto, fuera de que... Si, no les fue muy bien en líneas generales. Todos ellos eran muy buenos en sus roles, y pintaban genial, parecía que tendrían el mundo para ellos... y sin embargo no ocurrió. A los “gemelos”, por ejemplo, les mató la prepotencia inicial, aunque dicen que a la larga aprendieron. Pasa cuando uno se da una y otra vez contra los topes. Aunque no es la mejor manera. Ni la que habla mejor de uno. Al de tornado de tiburón le fue bien, pero es algo casi reciente. Era interesante lo de reunir a la banda, siempre da curiosidad saber con qué van a salir... Y por pura casualidad caí en esta otra nota, la muerte de Luke. 
   En su caso, aparentemente había alcanzado nuevamente protagonismo en la serie Riverdale, de la que mucho se habla aunque nunca la he visto (no veo series que se venden como dramáticas, para dramas mi vida), y dicen que apareció en la serie OZ, de la cual sólo vi una temporada. Era buena pero no tanto. Nunca entendí la fiebre que causó (aunque tenía sus momentos). Personalmente, donde le vi y me dije Dios, cómo pasa el tiempo, fue en la serie Crímenes Mayores, hija de The Close, no sé exactamente cómo se traduce, dicen que Caso errado, con la genial Kyra Sedgwick, dándole vida a un personaje aún mejor, Brenda Leigh Johnson. En Crímenes Mayores era un actor que era sospechoso de la muerte de una fanática, y la verdad es que fue muy divertido. Y se veía algo ajetreado. También apareció en Criminal Minds, en un personaje bien desagradable.
   Leyendo sobre su vida, encuentro que había tenido contacto con el cáncer, venciendo el problema, pero el 28 de febrero de este año sufrió un derrame cerebral. Cuando fueron por él todavía estaba consciente, hablaba y aún hacía comentarios divertido, pero no se recuperó. Finalmente muere el 4 de marzo pasado. Con apenas 52 años (¿qué edad tendría cuando hacía de adolescente?), toda una pena.

   Dicen que por problemas de contrato no iban a permitirle presentarse en Beverly Hills, 90210, aunque él quería, pero que se negociaba el que apareciera al menos en el inicio, en el reencuentro. y habría sido genial. Ahora todo queda en nada. Toda una pena. Adiós, Dylan.
   Por cierto, de todos ellos, mis preferidos eran Andrea y Brandon. 

UN ADIOS A ALBERTO CORTEZ

REGALO SOÑADO

¿CELOS O ENVIDIA?
   Sorprendido entra y encuentra a los amigos esperándole...

   -Hey, perra... -gruñe el gritón de Fermín, el más jodedor de todos.- Te prometimos un regalo especial este año por los veintiuno y venimos a cumplir, el má rico postre hecho por todos nosotros: un helado cubierto en cuatro leches. Si, escuchaste bien, cuatro leches. O si quiere puedes venir y tomarla toda por ti mismo, más fresca, ¿qué te parece? Decídete pronto, es tan sólo por hoy; somos heterosexuales, pero por ser tu día especial vamos a darte algo que le has contado a tus amigas que has soñado aunque te avergüenza, probarnos a todos. Cosa tonta. Somos tus amigos, si querías chupar un poco debiste tantear, tal vez en una tarde de copas... -ríe.- ¿Qué dices? ¿Aún dudas? Okay... ¿y si la leche te la dejamos en la “boquita" que elijas? Tú ponte y nosotros te damos, pero decide rapido. 

PENDENCIEROS

LOS HEREDEROS... 2

LOS HEREDEROS
   Sabe a lo que va...
......

   Clase, tiene mucha clase, eso lo piensa el hombre con una sonrisa de aprobación. No era un tipo fácil de sorprender o superar, pero ella lo conseguía. No le extrañaba que supiera comportarse, ocultar para sí lo que pensaba. Había sido educada para ser de esa manera. Sofía Nazario procedía, por tortuosos caminos, de una antigua familia aragüeña, de billete, los Garibaldi; expulsada su rama de esos esplendores, especialmente de la próspera y codiciada propiedad que la mujer parecía desear, por una falta de su abuela, en la cama, que provocó que ella, y sus descendientes, fueran apartados de la plata. La joven, como su madre antes que ella, había heredado el veto del bisabuelo, y aunque se mantenía en contacto con ellos, especialmente con los más jóvenes (que nada hacían para que regresara al seno familiar, y por lo tanto a optar por parte del patrimonio), la verdad es que la Sofía había resuelto su vida. Era una profesional tenaz, capaz, cuyo campo de acción, curiosamente (o no tanto si a ver se iba), la enfrentaba a la familia, trabajando como hasta ahora, de manera independiente, con un rival, Oswaldo Simanca, un sujeto al que los Garibaldi más viejos detestaba a muerte. Y él, como imagina hace la mujer, casi sospecha el por qué. Rivalidad cazada hace años y que parecía destinada a terminar con uno de los dos polos de poder en el suelo, el viejo y rancio o el nuevo y vigoroso del recién llegado a las fortunas del valle central del país.

   El hombre, ex policía, hermano de policías, hijo de policías, con el olfato que se gastaba, no dudaba ni por un segundo que tras todo ese marco, la lucha entre entre Simanca y los Garibaldi, y la posición de la mujer en el reparto de poderes y dinero de su familia, hubiera motivado toda aquella investigación. O, tal vez, siendo humana, la cosa era más personal. Si era el caso, la información que había reunido la decepcionaría. Sin embargo todo fue de lo más... interesante. La visita a la Hacienda, con sus cañaverales y su destilería de ron, empresa próspera a pesar de todo en estos tiempos de crisis, sede en buena medida de la fortuna de los italianos esos, y que era la envidia de la región, codiciada por empresas rusas, cubanas y por el mismo gobierno, que soñaba con meterle la mano y controlar toda esa riqueza y prestigio, le hizo reparar en un filoncito de oro que él muy bien podía explotar. Todos tenían la vista puesta en la hermosa propiedad, incluso Oswaldo Simanca, según había escuchado. Sería un golpe noble y brutal que el recién llegado al valle les quitara la joya de la corona. ¿Lo sabría ella? ¿Era lo que tenía en mente cuando comenzó la investigación? ¿Ayudarle a quitarle la Hacienda a su familia como algún tipo de venganza? Era difícil leer algo en el rostro sonriente, sereno. Y que allí estaba, expectante, esperando por la información por la cual pagó.

   -El hombre al que busca, Rufino García, ya no está en la Hacienda. Ni siquiera vive ya en el estado Aragua. -informa con rostro pétreo, sonriendo un tanto, internamente, viéndola tensarse.

   -Dios... -jadea abrumada por un segundo, clavandole los ojos, alarmada. ¿Murió? Debía ser algo mayor, pero no creí...

   -No, no, nada de eso; dejó el trabajo y el estado, practicamente, cuando el tío abuelo de usted, Mario Garibaldi, tomó el control de los negocios, al retirarse el patriarca. Ahora está aquí, en Mamera arriba, viviendo en un cerro alto y horrible. -parece cavilar, indiferente a continuar envuelto en una sábana en un pasillo de motel por el cual pasan personas que parecen escapar de la hora que los agarró allí y de la luz del día.- Debe ser un cambio feo para un viejo acostumbrado a vivir en la tierra llana. -la observa fijamente.- Debió ser muy serio lo que sea que haya sido lo que le obligó a marcharse del lugar donde trabajó toda su vida. -y se sostienen las miradas.

   -¿Qué piensa, dinero o miedo? -la pregunta, y la sonrisa, le desconciertan.- ¿Chantajeaba a alguien por algo que sabía, alejándose con su botín, o fue amenazado y tuvo que huir temiendo represalias?

   -Vaya idea que tiene de su familia. -se ve obligado a sonreír sardónicamente para ganar unos segundos y recuperarse.- Y no creo poder responder a eso. La gente que le conoció me contó que un día se despidió y abandonó la zona. De hecho pocos le recordaban ya, me costó encontrar a quien me dijera que estaba aquí, en Caracas. -comienza el informe.- Fui a Maracay y a Río Negro, no me llegué directamente a la Hacienda, claro, pero pregunté; Rufino García, encargado de lo que llamaban la vaquera tan sólo un día partió, con la mujer y los hijos.

   -Les recuerdo. -comenta ella con aire vago, rostro sereno, ojos brillando de una manera abstraída, luego se enfocan cuando le mira.- ¿Qué averiguó? ¿Qué escuchó?

   -Como le dije, mucha gente parece haber olvidado...

   -O preferido olvidar. O ser inducidos a hacerlo. -completa ella, conocía a su formidable tío abuelo, Mario, hermano de su abuela. Hermanos que no podían ser más diferentes.

   -En tal caso es igual, nadie hablaba. Pero encontré a una vieja que creía recordar algo, un rumor sobre un crimen en la Hacienda. -eso la activa imperceptiblemente. Si, era lo que quería escuchar, entiende él.

   -¿De parte del tío abuelo Mario o del bisabuelo Antonio?

   -Nadie parece saberlo. Es un rumor.

   -Claro. -se muerde el labio inferior, pensativa.

   El hombre la estudia con una leve sonrisa de superioridad. La mujer era hábil, lista, sabía cubrirse bien, pero la conocía, ahora sabía qué la impulsaba. Su padre había muerto en circunstancias... raras, y el odio de la familia a su rama en particular, hacía tentador pensar que uno de los viejos tuviera las manos metidas en ello. ¿Qué buscaba Sofía Nazario? ¿Saber la verdad? ¿Venganza? ¿Apretar el cuello de los viejos millonarios? Aunque hábil, profesional y triunfadora, la damita contaba con lo que ganaba quince y último, trabajando de manera especial para un sujeto que odiaba al resto de su gente; pensar en la fortuna fuera de su alcance debía amargarle, especialmente por la manera en la cual sus primos la gastaban. Sí, eso debía molestarla. Parecerle injusto. Seguro quería su parte y con la certeza de un crimen cometido por uno de sus mayores, bien podría negociar. Lástima que estuviera equivocada... El asunto, aparentemente, no tenía nada que ver con su padre. La verdad era mucho más suculenta para clavarle garras y colmillos como pretendía hacer él. Había gente que pagaría literalmente una fortuna para que todo el asunto quedara en las sombras, y aún mucho más, que darían todo para que el caso saliera a la luz y se les cobrara a los viejos italianos aquella muerte. Él conocía a dos o tres personas que saltarían en una pata, emocionados, con esa información. También a otro que daría lo que fuera por saberlo y cobrar revancha. Si, el precio de una noticia como esa bien podría ser, ¿por qué no?, la formidable Hacienda Santa Clara. Y pensar en todo eso le hace salivar... y endurecer un tanto el tolete bajo la sábana.

   -Cuénteme lo que sepa. -la voz de la mujer le trae nuevamente al presente.

   -Bien, como ya le dije, Rufino García trabajó allí lo que fue más de media vida, y nada más que por eso merecía una estatua, dicen que su bisabuelo era un viejo mañoso y roñoso en su trato para con lo demás; uno de esos a los que nadie extrañaría que un familiar arrojara a un pozo por “accidente”. La cuestión fue que sorprendió a todos cuando anunció que se iba, decisión que, coincidencialmente ocurrió cuando su tío abuelo Mario se hizo cargo de los negocios, después de desplazar viejo Antonio, en negociaciones que todos llamaron hostiles.

   -Decían que el bisabuelo ya chocheaba, que se la pasaba escuchando a adivinas y era peligroso porque tomaba decisiones comerciales con ese aval.

   -Si, eso dijeron, aunque quienes le conocen... -se encoge de hombros dando a entender que fue una toma hostil generacional, una típica tragedia griega, o italiana en este caso.- Como sea, ahora Rufino está aquí. Como le dije, en una zona fea. -le tiende un papel que tomara de su pantalón momentos antes. Ella estudia la dirección y le mira.

   -¿Habló con él?

   -No, apenas me facilitaron la información anoche. Pero le veré. Mañana.

   -No es necesario, desde este punto yo puedo...

   -Es mejor que me encargue yo. La zona es realmente fea, señorita; nada aconsejable para una delicada dama. -la corta, sonriente pero firme.

   -Pero qué atento. Bien, lo dejo en sus manos. -la mujer parece tensar los hombros, aunque sonríe.- Véalo y cuénteme lo que le diga. Quiero saber del rumor...

   -Será lo primero que haga. Preguntarle y contarle. -le sonríe igual, sintiendo una leve desconfianza.

   -Buen trabajo, señor Cabrera. Ahora le dejo para que... repose un poco. -le sonríe nuevamente y se aleja por el feo y barato pasillo, hombros erguidos, paso felino y elegante, parecía desplazarse.

   -Adiós, señorita Nazario. -se despide sonriendo leve. Si, era una mujer fascinante. Llamativa. Tal vez si no le gustaran los chicos culones en pantaletas...

   Sonríe aún más, porque a pesar de haber sido encontrado por la mujer en aquel lugar y en aquellas circunstancias (indicándole que cualquiera que se lo propusiera y tuviera medio cerebro podría localizarle y hasta tenderle una trampa si quisiera), todo había salido bien. Regresa al interior de la pequeña habitación apestosa a polvo seco y sudor agrio en los rincones. Soñando con dinero, con mucho más dinero del que le pagaría la mujer. Cuando hablara con ese viejo y le apretara las clavijas este le diría todo lo que necesitaba confirmar e iría a pescar. A uno de los Garibaldi... o a Oswaldo Simanca. Idea que le encantaba. Jofer, de mala manera, a esos viejos millonarios. Aunque... estos eran los que más pagaban a la hora de guardar los esqueletos en los armarios. Y nunca como ahora la figura era tan literal.

   Se recuesta de la puerta cerrada, mirando hacia la cama, una apenas suficientemente ancha como para que quepan dos cuerpos (bien no se esperaba realmente que se amaneciera, era llegar, joder y salir), con las sábanas y fundas de almohadas de un color verde chillón, como la puerta (algún combo?), tipo hospital, sorpresivamente limpias, pero aún así apestado levemente a sudor y polvo. La capa del todo que subsistían por lo bajo en un lugar como ese. Sonríe reparando el el rostro entre dormido y despierto del chico, de su cara relajada, de la (lo sabe) inconsciente sonrisa en sus labios gordezuelos. La estampa del chico sensual saciado por un hombre. No cree pecar de inmodesto (aunque lo hace y mucho) al reconocerse como un buen amante, alguien capaz de calentar, mojar y hacer chillar a cualquiera, que sentiría que se muere entre estertores de orgasmos pocas veces alcanzados de aquella manera. La sonrisa y el gesto quedan bien en ese rostro delgado, alargado, de cabello negro lustroso, algo largo, brillante, la piel suavemente canela oscura, los hombros que suben a una espalda que luego baja hacia una cadera estrecha, elevándose nuevamente por un magnífico par de nalgas jóvenes, redondas y turgentes, que él sabía duritas al tacto. El borde de aquella pantaletica que usa, porque es una pantaletica azul que se le hunde entre los glúteos, la poca tela que cubriría ese triángulo posterior, ocultaba la raja interglútea, que sabe manchada de esperma. Sonríe más, mientras se estremece de ganas, subiendo con la mirada desde los pies del chico a sus piernas y muslos rellenitos y regresando a esa pantaletica que le obsesionaba (un jovencito en tangas y lencería le encendía la sangre, siempre había sido así), qué confundido debía estar... Este... ¿cómo dijo que se llamaba?

   En el bar hablaron un rato después del acercamiento y coqueteo inicial; si, era un profesional (apenas) trabajando, y cuadraron el trato. Le sintió tenso, nervioso mientras salían del bar y cruzaban media calle hasta el motel-ucho, donde su nerviosismo aumentó. No le costó nada al hombre más adulto, mundano y con experiencia comprender la naturaleza de esa inquietud, era el chico que no se acostumbraba todavía a venderse en sórdidos encuentros sexuales, pero también la confusión de sentirse, de repente, atraído por ese sujeto masculino y atractivo. Seguramente esperaba que todo fueran negocios, tal vez desagradables, lo que no esperaba era sentirse atraído por el cliente, perder el control ante él (y sobre él, sobre su pulsante guevo llenándole las sensibles y muy estimuladas paredes del recto). Sobre esa cama vio la confusión y su propia sorpresa al responder así, a los besos, a las caricias sensuales y sexuales que buscaban estimularle para que participara y no sólo fuera un objeto, un agujero para servir de alivio. Y sentirlo, la lujuria, debió sorprenderle y alarmarle. Pero fue aún más que eso, ser atento y sensual, saber dónde apretar, lamer, clavar sus dedos despertaron respuestas interesantes, que él supo interpretar; el chico padecía necesidades má viejas y profundas, unas que confirmó, sobre él, tomándole el rostro entre las manos y prácticamente bañandole de saliva la carita color caramelo mientras besaba, mordía y lamía cada centímetro cuadrado de la tersa piel. En un momento dado llevó los labios hacia una de sus orejitas y...

   -Eres una nena tan hermosa... -y le sintió y vio esponjarse, hincharse de sorpresa y felicidad. El chico quería escuchar eso, sentirse una dulce nena que experimentaba el placer en brazos de un hombre que la aceptaba tal cual.

   Y vaya que respondió, reconoce con un estremecimiento y el tolete endureciéndole dentro del flojo boxer, escapando por la abertura, acercándose a la cama y dejando caer sobre está la sábana que le cubría en el pasillo. Tanta lujuria que supo despertar y que le gustó. Lo sabía un putillo pero... no parecía degradado, barato. Seguro estaba comenzando, ¡y era tan inexperto! La mamada que le diera fue buena, pero del resto... La manera en la cual se aferró a él mientras le penetraba y le susurraba palabritas, la forma en la cual sus entrañas chupaban y se convulsionaban alrededor de su verga le indicaron que era apasionado, si, que le gustaba el sexo, aunque pareciera nunca haberlo experimentado completamente. Que nadie había sabido despertar su fiera interna. O preocupado por hacerlo. Esa era su especialidad, sonríe creído de sí, no había quien se le resistía en cuanto decidía que quería sexo.

   -Despierta, belleza... -sonriendo le susurra con voz grave, profunda, amistosa, mientras mira una de las piernas, extendiendo los dedos y jugando con la palma del pie, que se agita y contrae mientras un gruñido quejido escapa de la boca del chico. Sonríe aún más, mirándole; si, estaba agotado de manera dulce, por el sexo. Una noche de verdadera pasión le había dejado agotado y quería dormir en la cama compartida con el amante, donde todavía podía encontrar su calor y olor.- Despierta dormilona bella... -sigue el juego, tratarle como el chico quiere, subiendo con sus dedos, en fila, por la lisa pierna rumbo al muslo, los ojos, algo brillantes ya, clavados en esas nalgas tugente que tragaban la suave tela azul de la pantaleta.- Despierta... -repite con voz más profunda, los dedos subiendo y bajando en círculo sobre el muslo, sonriendo al notar la piel de gallina del chico.

   -Hummm... -escapa la queja gemido del chico, que se aferra aún al sueño, aunque siente corrientazos por toda su piel que parten de los puntos que frotan esos dedos.

   Dedos que suben más, demarcando la circunferencia de la nalga derecha, y Eliseo Cabrera se relame el labio inferior, tragando en seco. Mierda, era tan erótico tocar a un chico de esa manera, sabiendo lo que se le provocaba. Los dedos van hacia el centro, tocando la suave telita, metiéndolos finalmente en la raja interglútea.

   -Despierta, bebé. -vuelve a llamar, mirando de aquellas nalgas donde ahora entierra sus dedos, lentamente, adentro y afuera, a la cara del chico, que enrojece y se agita, la joven frente algo fruncida.- Despierta. -insiste cantandito, disfrutando el juego preliminar. Meter la mano de canto entre las nalgas duritas era excitante, costaba separarlas, el maravilloso lugar estaba caliente y algo húmedo todavía (sus cargas de la noche anterior), la telita suave se sentía bien al tacto, sabiendo que el agujero estaba allí, siendo recorrido, tocado... estimulado.

   El chico sonríe aún más, perdido en sus sueños pero ahora excitado. Es joven y tiene la sangre caliente, la caricia en su culo (saber inconscientemente que es la mano de un machote rudo que estaba despertándole así) le hace responder, así que sube y baja su trasero mientras deja escapar gemidos, unos que indicaban que podrían hacerle de todo en ese momento de sensualidad inducida. Ojos cerrados sonríe y medio ladea la cara, mordiendo la almohada, cuando esos dedos dejan de ir y venir sobre su raja interglútea y la punta de dos se presionan, aún sobre la pantaletica, sobre su culo, empujando y retirándose, pero dándole cada vez más firme, hasta que su agujero, lo siente, se abre y algo de dedos y tela parece penetrar. Si a eso sumaba que su tolete estaba duro contra el colchón, bajo su propio peso cálido...

   Es cuando algo de cordura entra en su mente. ¡Estaba con un cliente! Había amanecido en un cuarto de hotel, algo que nunca antes había hecho. Después de una mamada, o que le dieran por el culo, sujetos que únicamente se preocupaban de su propio placer (vaciar sus bolas en aquel acto, con aquel chico), parecían presurosos en retirarse, cosa que agradecía. Pero este... Abre los ojos color café, alarmado, encontrándose con la mirada del otro, con su sonrisa en medio de unos labios rodeados de pelos negros. Medio inclinado. Esos ojos intensos le robaban la cordura, piensa de manera inquieta, aún sintiendo esos dedos medio entrar y retirarse de su culo, sobre la pantaletica. Reacciona para decirle que tiene que irse, que le pague (nunca olvida hacerlo antes, era arriesgado de otra manera, después de una mamada cualquiera podría golpearle y correr, especialmente en un callejón, pero este no le dejó ni pensar) y salir de allí lo más pronto posible, vistiendo aún la sugestiva ropa que reinaba en las noches, donde no destacaba o desentonaba tanto. Pero ahora le tocaría recorrer el paseo de la vergüenza hasta su pieza. Dios, ¿y si se encontraba con su papá o uno de sus hermanos?

   -Tengo que irme... -jadea alzando el rostro, no apartando en verdad aquellos dedos de su culo.

   -Se lo que necesitas. -le contradice el otro, sonriendo. Medio inclinado como estaba, sobándole el culo, y se endereza, su gruesa barra erecta saludando al chico, cuya cabeza toma con la mano libre, atrayéndole.

   Mira y sonríe porque, tomado por sorpresa, el joven responde automáticamente, dejándose llevar, separando los brillantes labios, posándolos en el glande descubierto, sobre el ojete, cosa que siempre se siente bien. Halándole otro poco logra que separe todavía más las mandíbulas, introduciendole la verga, la cual es en seguida rodeada y presionada por los sedosos labios, toqueteada por la joven lengua, el ojete siendo recorrido una y otra vez. Y hunde un dedo en ese culito que titila bajo él y la pantaletica, lo siente, y al hacerlo, penetrarle con todo y tela, las succiones parecen congelarse en una eterna chupada mientras un gimoteo escapa de la boquita ocupada. Sonríe, y empuja y saca el dedo, una y otra vez, estimulándole, y el joven responde como sabía que haría.

   Pensara lo que pensara minutos antes, el chico parece haberlo olvidado mientras se siente erizado, caliente de toda su piel y recorrido por oleada tras oleadas de lujuria. El sabor de esa tranca, sus jugos, el olor de ese entrepiernas, que percibe ahora que casi mete la nariz por la abertura del boxer, sumado a ese dedo largo y grueso que entra y sale de su culo le tienen delirando, desvalido ante el macho que sabía dónde y cómo hacerlo. Pero la hora...

   Algo debía tener en mente, piensa el hombre al verle con la boca llena de güevo, mejillas rojas, ojos nublados y algo extraviados cuando los abre y le mira desde allí, al tiempo que se aleja de la verga, todavía chupándola mientras va retirando sus labios, dejándola brillante de saliva y jugos, toda erecta y pulsante. Quería aquello, pero se retiraba. Se estremece al verle jadear y relamerse el labio inferior, seguramente de manera inconsciente... viéndose tan putito y caliente, más cuando se contrae, quisiera o no, al meterle otra vez el dedo dentro del culo y empujárselo.

   -Tengo que irme, me esperan en... -duda, no gustándole a él mismo su tono casi de súplica. Tampoco iba a ponerse a contar sus cuitas. Eso no era asunto de nadie... porque nadie quería escuchar. O ayudar.- Debo irme.-termina con más firmeza.

   -¿Seguro? -le sonríe, tomándose el güevo con una mano y agitándolo, no era pomposo, no creía que el suyo fuera la octava maravilla del mundo (aunque seguro, seguro, estaba entre los primeros veinte; eso sí lo creía), pero sabe que se mueve bien, sabe excitar, y en ese preciso instante dicha barra debía parecerle al muchacho la cosa más hermosa y deseable del mundo, la pieza del hombre que en verdad encendía todo su cuerpo; eso al tiempo que, el dedo que le tiene enterrado en el culo se retira y hábilmente aparta la tela de la pantaleta y en vivo y en directo abre la pequeña boca redonda que ese ese agujero depilado y lo llena nuevamente con él, los labios cerrándose alrededor con fuerza. La clara evidencia de cuánto le gustaba aquello.

   -Hummm... -al chico se le escapa, boca muy abierta, mirada casi suplicante.- En serio, debo irme...

   -Lo que necesitas es esto. -todavía se burla, tentandole, rozándole la cara con su barra, notando que aunque se siente indeciso, molesto por no ser escuchado, mortificado porque incumple alguna obligación (¿será un cliente madrugador?, se pregunta, sorprendido de sentir algo de... malestar, como de, sí, como ¿celos?, bien era un hombre posesivo, no le gustaba que tocaran sus cosas, siempre fue así), pero dejándose tocar con la punta del brillante y babeante glande.

   -Yo... -comienza de nuevo, mirándole resentido pero como indeciso cuando la cabecita le roza el labio inferior. Si, en su interior sabe que lo que más quiere en el mundo es acercar la cara y volver a tragarla; pero bueno, no es que fuera especial, ¿no?, siempre le había gustado mamar güevos, se dice para convencerse... Aunque sabe que la historia no era del todo exacta ni cierta.

   -Doble, te llevarás el doble de lo que ganaste anoche. -le ofrece, sonriendo tranquilo, reduciéndolo todo a negocios, la excusa que el chico necesita para quedarse, la codicia.

   Todavía duda, lo sabe, por lo que retira el dedo del culito y lo regresa acompañado de otro, en rígida fila horizontal, uno al lado del otro, con la palma de la mano hacia abajo. Lo abre, lo penetra profundo y los agita en la punta, separándolos y uniendolos, tijereteándole en las entrañas.

   -¡Ahhh...! -se le escapa al chico, esos dedos en su ir y venir, en sus abridas y cerradas estaban dándole justo donde era y el tipo parecía saberlo. Todo su cuerpo se llena de una voluptuosidad aún mayor, ¡y le ofrecía el doble de la tarifa y...!- Aggg... -se medio ahoga cuando acerca el rostro y traga nuevamente de aquella barra que babea sobre su lengua esos licores que siempre le han parecido deliciosos desde los trece años cuando dio su primera mamada de güevo, todo nervioso, ansioso, asustado incluso, pero terriblemente excitado. En cuatro patas en una cama estrecha, chupando güevo, supo que eso era lo que le gustaba, era lo que deseaba.

   Eliseo sonríe. Sabía que triunfaría. Y ya tejía planes para el muchacho. El culoncito ese le gustaba bastante.
......

   Tan molesto como va, ni siquiera la contemplación de su rica propiedad que ha llegado a poseer, contra todo pronóstico (aún su madre, que en años pasados le pedía mesura ya que la codicia era un pecado y sonar tanto, “mear fuera del perol”, como ella decía, no era sano) le distrae o brinda satisfacción esa mañana, como generalmente ocurre. Esos cinco o diez minutos cuando no piensa en los problemas que le esperan el resto del día y es feliz en un estado mental y espiritual nirvánico donde no necesita nada más (que no le dura un carajo, siempre ocidicia más y más). Al contrario, en esos momentos odia sentir que todo pierde sentido, valor, que nada ha valido la pena. Ni siquiera todo eso que lo rodea. Toma aire, resuelto, y se jura que ese día... un culo echará sangre.

CONTINÚA ... 3

domingo, 17 de marzo de 2019

VICISITUDES

REALIZADO
   Ha sido un largo verano y la granja anda mal, pero sigue sembrando. Por suerte su causa despierta simpatías y algunos chicos vienen a ayudarle, esperando, a cada caída de la tarde en esa ardiente tierra, su recompensa. Algo que ayude a pasar el rato entre tantos desencantos. 

CARETAS

sábado, 16 de marzo de 2019

ERSTE

No importa cuánto tiempo haya transcurrido, no puede olvidarlo. La tarde cuando en ese mismo carro, detenidos mirando caer la tarde, su amigo le confesara que le amaba, que no había podido evitarlo, que lo hacía desde que tenía memoria y que sentía que debía decírselo antes de partir al frente con su batallón. Como tampoco olvida su mano juguetona o su boca golosa, demostrándole cuánto le adoraba. No le dijo nada después, ni una palabra; le vio herido e irse sin mirar atrás. Y no ha llamado ni escrito. No sabe cómo tratarle, qué decirle. No sabe que le gustó y asustó más.
-Oye, tranquilo, no estoy diciendo nada, no juzgo ni condeno. Que invitas al vecino que viste de rodillas frente a un chico hace dos noches en el estacionamiento, justo cuando tu mujer no está y te paseas en un bañador así frente a mí, no me toma de sorpresa. ¿Sientes curiosidad o andas caliente? No importa, porque en verdad me gustas, mi vecinote sexy de al lado, siempre en la alberca. Para mí es como un sueño si... si deseas que te toque, pero ¿estás seguro? No quiero que te sientas mal o te arrepientas, no sería bueno para ti ni justo para mí. Entonces ¿qué? ¿Me voy? ¿Nos bañamos y no pasa nada o... te acercas a la orilla y me dejas bajar lentamente ese bañador y hacerte lo que quiero y tal vez sueñas?
   A veces le arde la cara de secreta vergüenza, como ex gordito metido en severas dietas y regímenes quiere que todos le admiren; ya no era el chico rellenito de la secundaria. Pero que tantos chicos rubios de cabellos largos y aire de vagos de playa, bonitos y bien constituidos le miren y digan descaradamente que quieren un papi como él que les ponga preparo todavía le sobrepasa, aunque le emociona. Si, todavía pasará un rato antes de que se atreva a dar ese paso, dejarse tocar y amar por un rato, sentir que en verdad lo vale.
   Mierda, ¿acaso esa sería ahora su vida?, ¿tener sexo con guapos desconocidos a la orilla de la playa cuando no está surfeando, raspándosela un poco sobre las toallas con la arena mientras la usaba en ellos? ¿Cruzarle las cara a sujetos parecidos a su padre que en los supermercados no podían dejar de verlo, adorándole con las miradas? ¿Sería un eterno ir a baños en la costa, aferrándose con dos manos a los parales de los privados mientras de rodillas un policía, un marine o un motorizado le tragaba o le ofrecía la retaguardia? ¿Sería eso suficiente? No lo sabe, pero como ex mormón escapado de Utah está dispuesto a probarlo por un rato, luego ya verá... 

ZWEITENS

DAVID BECKHAM, COMO LOS BUENOS VINOS

   Si, prueba superada...

   Como buenos venezolanos que todo comentamos, se discutía en estos días sobre los problemas de las familias cuando llegaban los nuevos miembros, lo malo que era cuando uno de los hermanos de una casa se casaba y el resto le tenía idea a la mujer elegida; esto venía a cuentos por ecos de la boda real del año pasado, cuando Harry el travieso, nieto de la reina Isabel la eterna (dicen abdicará en nombre de su hijo, Carlos el aburrido… pero todavía no lo hace), se casara con la actriz Meghan Markle. Al parecer ni la abuela ni el hermano mayor de Harry, la tragan. Al menos eso dicen. Otro sostienen que son peleas de concuñadas, que son hasta peores, porque obligan a los hermanos a escuchar constantes quejas sobre el otro, lo que a la larga amarga.
   Como sea, cada vez que se habla de eso, de la boda real, la gente recuerda al señor David Beckham, por el comentario chisme que corrió sobre que en la fulana boda lo único que se veía bonito era él.
   Y la verdad es que aunque el tiempo ha pasado, el hombre ha superado la prueba del tiempo. Como el actor Jensen Ackles, protagonista de la serie Supernatural, el tiempo parece hacerle verse mejor.
   Aunque, siendo totalmente sinceros, a diferencia de Jensen Ackles, el señor Beckham nunca ha sido de mis preferidos, aunque el mundo le adorara, los hombres quisieran verse como él y las mujeres ovularan cuando se quitaba la franela (bueno, sé que no sólo ellas); siempre me ha parecido algo... odioso. 

   Si, es bien parecido y rico, es famoso y está casado con una belleza que dicen le cela hasta el aire que le roza (en la boda aquella se comentaba la mala cara de la dama por un problema de celos, precisamente), pero él nunca me cayó bien. Cosa que, claro, ¿qué importa? ¿Quién soy, después de todo?
   Es divertido sentarse y hablar de las viejas glorias del fútbol, cuando su nombre siempre sale a relucir, por supuesto, por esa habilidad que tenía de patear un balón desde la media cancha y empalmarla con la cabeza de otro inglés, en las puertas de la portería contraria y que se cantara gol; su presencia era una constante, una estabilidad para el equipo. Es de suponer que el gran pesar de su vida debe ser haber pasado por la selección y nunca lograr obtener una Copa del Mundo para Inglaterra, alcanzar esa inmortalidad para quienes disfrutamos con este juego, pero, hablando de fútbol, le recuerdo más por un encuentro que vi, donde ingleses y españoles batallaban, y desde las tribunas el público hispano, con una lamentable mezquindad (aunque divertida), le gritaba maricón. Si no podían pararle en calidad de juego, algo debían hacer. Por muy mal parados que quedaran. Se entiende.
   ¿Qué será de su vida en estos días, fuera del disgusto que parece que se llevó con una estatua que develaron en su honor y que ni se le parecía? 

RICARDO FORT, UN RECUERDO...

DISGUSTO PROPIO

JUERGA

Cuando la vida se complica...

Odia ponérsela tan fácil, escuchar su risita cuando se desviste. Odia tener que usar eso en el trabajo, siempre temeroso de que los otros lo sepan. Pero el jefe se lo exige, le reclama cuando no lleva una caliente tanga. Le gusta ver lo suyo, tenerlo siempre a la mano. ¡Maldita convención de trabajo!, dos copas de más y hablar de su gusto por esa ropita se ha convertido en abuso. Las usa porque le gustan, no por gay, pero el otro le dio la connotación que quiso y le exige vainas para no gritarlo delante de todos. Y eso era servirle para descargar sus bolas cuando le apeteciera. Odia que llegue y toque, que lo sobe y lo recorra con los dedos esperando que lo deje. Odia cuando logra meter un dedo, preguntándole ronco sí ese coño no le extrañó anoche, que lo sentía vacío y triste, muy diferente a cuando se lo llenaba de carne y luego de leche caliente. Odia que... le tiemble tanto ahora, en verdad, extrañándole. ¿Cómo pasó eso, de gustarle las tangas masculinas a ser, aparentemente, una hembra deseosa de sexo sucio, rudo y secreto? 

TORTURA