jueves, 2 de mayo de 2019

JUEGO DE TRONOS 3X8, VAYA PUESTA EN ESCENA

ADIOS, DYLAN MCKAY
   Definitivamente lo mejor, y sin embargo...

   Si pudiera definirse este tercer episodio en la temporada final (quedan tres y ahora parece como mucho tiempo), sería con dos ideas contrapuestas, porque contrapuestos son nuestros sentimientos (¿odiamos una maravilla, amamos una basura?): una espectacular puesta en escena, una dirección digna del cine, y una pobreza extrema del libreto. Pero algo bárbaro.

   Fuera del detalle de la oscuridad que hacía difícil ver la acción, un recurso para ahorrar dinero dicen unos, otros que para ayudar a elevar esa sensación de ahogo, de peligro y temor (¡y vaya lo lograron!), todo el primer acto fue bueno. Todos esperando, sabiéndose acechados por la muerte. Dispuestos frente a las puertas de Winterfell, los aguerridos dothrakis, los estoicos y letales inmaculados, los norteños y los hombres libres, con un paneo de rostros impresionantes, desde Podrick a Gentry, todos ahí, hombro con hombro bajo la dirección de una mujer formidable. La llegada de la Bruja Roja fue extraña, como la promesa de su muerte al encontrar a Sir Davos, quien se la tiene jurada desde hace rato. Ayudó, y mucho, y revivió en su momento a Jon, y parece que hacía las cosas porque en realidad pensaba que era su deber, pero la muerte de aquella niña todavía pica.

   No se puede negar que cuando enciende las armas de los dothrakis se sentía un aire de victoria, de gesta heroica y épica, que cabalgarían a la gloria, venciendo; esos feroces guerreros de espadas flameantes enfrentándose a la oscuridad. Me hizo ilusionarme recordando aquella vieja comiquita, Tristón, quien con la espada de fuego del Olimpo podía vencer a sus terribles enemigos. Y ocurre una escena que es todo magistral en su puesta en escena, visto desde arriba ese gigantesco ejército de armas llameantes parte a la batalla, con el lobo a un lado de Sir Jorah. Se veían invencibles... y le vemos alejarse de los límites de la luz, entrando en la oscuridad, se oyen gritos y las luces van apagándose. Fue, realmente, algo sobrecogedor.

   ¿Se desperdició a los dothrakis?, ¿la Khaleesi les había prometido la gloria al marchar tras ella contra los hombres de trajes de hierro y casas de piedra y ahora morían en el frío y la nieve? Puede ser, pero el impacto visual y emotivo al espectador fue increíble, casi valía la pena, aunque doliera. Y si, ella les prometió gloria, conquistas y pillajes como a vikingos de la arena, pero es que no sabían de ese enemigo peor acechando en las sombras, uno que no quería reinar sobre los hombres sino destruirlos. Desaparece la caballería, regresan pocos hombres y algunos caballos que se veían asustados, en serio, no sé cómo lo hicieron. ¿Ver a Gusano Gris mirando aquellas luces apagándose, colocándose su casco y llamando a los inmaculados a luchar?, quedó impactante, todos sentíamos el peso que él sabía ahora cargaba. ¿Y cuándo el miedo corre entre las filas de los hombres y lady Brienne llama a mantenerse firmes? ¿Y Arya lanzando flechas? ¿Y el valor de la guardia de las islas de hierro?, ¿la última carga de un redimido Theon, como único hombre de pie, corriendo contra el Rey de la Noche? Su caída fue sentida.

   Me gustó esa sensación asfixiante que lograron transmitir, como en La Batalla de los Bastardos, mostrar que vez tras vez parecen ir siendo derrotados (¡y lo eran!), que luchaban con valor, todos dando bastante de sí, siendo insuficiente sin embargo. Ver caer una a una las defensas fue intenso. Me encantó la escena donde el Perro lucha y cae, y Arya lo salva, y eso como que le da nuevos bríos. Fue una escena angustiosa cuando las defensas internas caen y penetran los muertos. Fue doloroso ver la muerte de la pequeña osa, Lady Mormont, demostrando que, efectivamente, cada guerrero de su casa valía por diez de otras; moría, aplastada, matando a un gigante. Dios, cómo dolió. La escena casi final cuando ya llevan rato peleando, resistiendo contra todo pronóstico, y llega ese momento cuando el Rey de la Noche revive nuevamente a todos los muertos dio ganas de jadear. ¿Imaginan mayor desesperación y angustia para cansados guerreros que ver que todo comienza de nuevo, pero con ellos reducidos en números y agotados? Si, fue una magistral puesta en escena por momentos.

   Pero, ya para este entonces, la historia pierde completamente el sentido. ¿No sé si han escuchado la expresión cuando en una serie o película un protagonista se ve amenazado pero nada pasa, que alguien dice ni que fuera Juego de Tronos, donde cualquiera puede caer? Pues, ni Juego de Tronos es ya Juego de Tronos. Hay que olvidar la masacre de la boda roja, la sorpresa de ver caer a Joffrey envenenado o el efectivo ataque terrorista de Cersei contra sus enemigos religiosos y políticos que intentaban enjuiciarla. Eso era caída y mesa limpia. Ya no.

   No es que no mataran a nadie de importancia, porque los hubo, gente a la que se quería y seguía, pero se salvó de manera holliwulesca a los protagonistas principales. Se les ponía en peligro y eran salvados en el último momento, generalmente por alguien que perdía su vida. Una y otra vez. Ya más allá de la mitad del episodio sospechábamos que no caería nadie de la primera línea de defensa por detrás de los inmaculados, aunque estuvieron muchas veces rodeados, o caídos y fuera imposible que se salvaran. A veces la toma los dejaba en la lona y al regresar con ellos todo había pasado sin que nos mostraran cómo. ¿Recuerdan aquella pelea larga, dura, desesperante entre lady Brienne y el Perro?, la vimos vencer después de todo el trabajo del mundo, de una manera realista; ese sentido de determinación no se guardó en esta batalla. Había un peligro, serio, pero a los protagonistas no se le mataría, eso nos quedó claro. Ni allí ni en la cripta.

   ¿Arya matando al Rey de la Noche?, me gustó como dato, un hecho, ella es maravillosa; pero no me gustó el cómo ocurrió. Desde la primera escena de la primera temporada era este sujeto el gran peligro, el invierno marchando hacia la tierra de los hombres. El enemigo, el Coco, el miedo que quiere apagar todas las luces, con poderes intensos, especialmente revivir a los muertos... ¿y todo acaba así, en un minuto? ¿Era ese el gran enemigo? ¿Llega frente a Bran y no hay una discusión previa de quiénes son y qué pretenden? ¿Ni siquiera una justificación tipo Thanos borrando la mitad de los habitantes del universo?

   Seguramente en los libros si aparece todo esto, y no es algo chapucero como este encuentro, ¿pero no pudieron idear algo mejor? ¿Al menos intentar pensar en razones o justificaciones para sus existencias? Bran hizo un viaje largo al norte, toda una experiencia de amor y dolor donde murió mucha gente, ¿para qué lo hizo?, ¿únicamente para saber que Jon es hijo de reyes? ¿Nada más? Les juro que cuando le escuché una vez decir que volaría, imaginé que tomaría parte de la batalla controlando un dragón o algo, pero nada. Toda la parte mística de la trama quedó en nada. ¿En dos años no pudieron imaginar algo al estilo del escritor y darle una argumentación menos lineal, simplona y ramplona?

   Y la muerte misma del ser más peligroso del mundo, del Gran Satán, se resuelve de manera patética, casi apresuradamente como si hubieran visto en reloj y se dieran cuenta que el tiempo se acabó. No sé cómo explicar lo que pienso, ¿recuerdan cuando Uma Thurman se enfrentó en Kill Bill a Lucy Liu primero, y a Daryl Hannah después, quien era toda una maldita, y con quien fue aún más cruel dejándola viva pero ciega en medio de una pocilga donde amenazaba una peligrosísima serpiente, emocionandonos, haciéndonos sudar, y que luego va y se enfrenta al propio Bill y vemos la chafez del golpe al pecho? Algo así siento con este enemigo destruido de aquella manera. No esperaba la batalla de Goku contra Freezer en Namekusei, días y días, pero caramba...

   Y Jon no hizo un carajo, como no fuera correr al final hacia Bran, teniendo que hacer ojos ciegos a los amigos en peligro, porque allí se daría la batalla final... y no llega. Claro, enfrenta al dragón malvado... al que tampoco mata. De hecho lo único que hizo fue correr hacia el Rey de la Noche, mientras veía a los muertos abrir los ojos, y dejarse atrapar en un círculo del que tuvo que ir a salvarle Danerys, cometiendo ella la segunda acción más tonta de la noche. En lugar de elevarse con el dragón se queda mirándole el trasero a Jon mientras se aleja y los muertos se le suben al animal, derribándola. Sir Jorah viene al rescate, cuan Hollywood, sin que nos quede claro dónde estaba (había que salvarla a toda costa, ni que esto fuera Juego de Tronos), protagonizando una buena escena, donde ella también lucha, pero al final cae, una vez que ella está a salvo gracias a Arya. Su muerte fue dolorosa, como la de Theon y la de la pequeña osa, pero en este caso queda la sensación desagradable de que ocurre por la estupidez de otros.

   Al final, se levantan todos, o casi todos, nadie “importante” murió. Queda la batalla final, por la corona, y la verdad es que fuera de ver la muerte de Cersei, no espero mucho más. Ni siquiera quién se sentará finalmente en el trono (y cuidado si no termina siendo Sansa). 

JUEGO DE TRONOS 4X6; DULCE Y MUY AMARGO

miércoles, 1 de mayo de 2019

PELIGROS EN LA URBANIZACION

HAY DIAS ASI...
   ¿Recuerdan cuando sus padres les decían que tuvieran cuidado con los extraños y que ni se les ocurriera subir a sus carros? A este chico tambien se lo dijeron, porque una madre, y a veces un padre también, sabe de los peligros a los que este se expone... si en el fondo tiene algo de puto como le sospecha. El vecino que le acecha por la ventana lo notó, de cuando se tropezaron en la calle. Le vio esa vez y le bastó para adivinarle culialegre, aunque este ni lo supiera. Intercambiaron saludos nada más, pero le olió, lo puto, tambien lo ugido que estaba por reprimido. El chico no le engañaba ni porque se paseara por allí del brazo de su bella y joven esposa. Le vio partir en bicicleta, le siguió, la lluvia le hizo sonreír porque era la oportunidad de recogerlo; tal como quería, recogerlo bastante. En cuanto este subió y compartieron cabina, el intercambio de olores lo decidió, el de un macho cabrío caliente y un puto de ardiente vaginas todavía virgen pero con ganas de estrenar. El chico descubrirá el placer de tocar, chupar y cabalgar sobre un hombre a un lado de la carretera, ¿podía haber algo más romántico y especial? 

INICIATIVA CONQUISTA

SE MEHAN

YEKEMIN
   La máquina de ordeño del doctor Milk no era tan inocente como pudiera parecer durante las primeras ocho horas; después de eso... Bien, ningún chico aceptaba irse sin un vibrador...
   Con el perdón de la expresión, aquello iba a ser una merienda de negros... esperaba, “sorprendido” por tercera vez esa semana por esos pillos, todo emocionado ese muchacho.
   -Bueno, si, uso bikinis ¿y qué? Okay, okay, son hilos dentales. Joder, si, tambien una jaula de castidad y un butt plug, ¿acaso eso me hace raro? -demanda saber con sinceridad.  

PENCEMIN

A TINITO LE GOTEA… 4

...LE GOTEA                         … 3
   Los chicos merecen divertirse...
...

   -Vamos, nena, es hora de hacer bebés. Y créeme, te va a encantar. -le atrapa por la nuca y le hala, dejándole de frente al lavamanos, y al espejo, colocándose detrás, halándole las caderas para que le sobresalieran nalgas y culo, separándole las piernas, casi temblando de ansiedad, metiendo su tiesa y larga barra gorda entre las púberes nalgas paraditas, rojizas, lampiñas (¡se afeitaba, que bolas!, su mujer a veces ni se tomaba la molestia, pensaba una y otra vez), y la coloca, entre los glúteos, sobre la raja, horizontalizada, y el roce de pieles le hace gemir de alivio, tanto como al chico de calenturas. Atrapa con sus manotas velludas esos glúteos redonditos y los junta, apretándolos contra su verga y casi teme correrse allí mismo de pura lujuria y gusto. Sabe que no debe, pero la agita de adelante atrás y ya, casi, ya casi estalla en leche...

   -Voy a follarte, bebé, no aguanto más. -le dice ronco, gruñendo, meciendo esa pesada pieza de carne dura, caliente y palpitante de adelante atrás, apresándosela con las nalgas del chico, quien gime y se estremece.

   -Pero... Pero no le conozco. -gimotea Tinito, intentando controlarse porque era un chico de su casa, bien criado, decente. No de los que se iba con cualquier desconocido aunque le tocara así, lo excitara hasta enloquecerle, que le tuviera la verga dura contra las ropas aún y el culito todo goteante como ese grifo.

   -Claro que si, soy Greg. -le susurra con cálido aliento casi en la nuca, acercándosele, aspirando su olor a jabón y shampoo, pero también a joven.

   Retira su verga hacia atrás, deslizándola por entre esas nalgas redondas, ambos sintiéndolo. La tiene tan dura que no necesita tocársela para posicionarla; lo hace contra esa entrada rojiza y lampiña que se agita con espasmos reales, abriéndose como una boquita pequeña, modosita y casta, aunque sospecha que lo que el muchacho tiene allí es una concha en toda la regla. Y una muy ávida de vergas.

   La roja cabezota de ese güevo venoso se posa en la entrada, que se abre literalmente, los labios casi parecen extenderse para darle un besito apretado, algo que lo hace jadear (joder, nunca imaginó que el culo de un chico fuera así), y a Tinito le tiñe de rojo cuello, hombros y nalgas. Empuja y va metiéndosela, lentamente, sin detenerse, para saborearlo. Tiene que vencer cierta resistencia, se lo está apretando y le gusta, pero la bate; el glande, el gran nabo, desaparece entre esos labios anales al tiempo que el chico arquea la espalda y lanza un leve gemido. Estaba tan caliente y sedosito, piensa el marido de la conserje, y va clavándosela centímetro a centímetro aunque la venosa pieza hinchada parezca demasiado gruesa para ese anillito. La mete toda y apoya su peludo pubis en esas lampiñas nalgas, sintiendo que esas entrañas atrapan, aprietan, repelen y chupan su verga, todo a un tiempo, tirando de ella, amasándola.

   -Tómala toda, putita bonita. -le gruñe retiranándole unos cinco a seis centímetros de güevo caliente, y vuelve a clavárselos, ahora con todas sus fuerzas, agitando las tersas nalgas, arrojando al chico hacia adelante, obligándole a afincar más sus descalzos pies sobre la gruesa alfombra y las manos sobre el lavamanos, al tiempo que alza el rostro y gime largamente de una manera inequívocamente sensual y sexual, mientras su culo es una verdadera olla de sopa caliente.

   Saltándosele los tapones, clavándole los dedos en las caderas, el hombre lo coge con ánimos, el tolete va y viene, adentro y afuera, adentro y afuera con ganas, cepillándole la pepa, los paff, paff, paff de piel contra piel lo llenan todo. Sacándola a la mitad y regresando con golpes duro y rudos, el joven hombre ama cómo aprieta el otro en esos momentos, él cómo retenía su tranca cuando salía, las masajeadas que le daba, así como los griticos sensuales y maricones que salían de su boca, que lo excitaban más y más.

   Sus recias piernas cubiertas aún por el pantalón de la braga de trabajo, medio flexionadas para que la verga quede a nivel de ese culito rico, se agitan de adelante atrás, como las caderas, mientras la gruesa barra blanco rojiza, surcada de venas, con una enorme en su cara inferior, entra y sale de aquella pared firme de nalgas masculinas, penetrando como un taladro dentro del pequeño orificio pelado, cuyos pliegues entraban y salían acompañando al tolete que va y viene, que entra y sale, que se agita de arriba abajo, de derecha a izquierda, que se clava todo, las bolas pegando de la piel joven. Los paff, paff se repiten como los toma, toma. Se la mete toda, hasta los pelos y sigue empujando, más y más, apretando los dientes y los dedos clavados en la suave piel del chico, quien chilla y chilla babeando un poco, casi riendo, apoyado en las puntas de los dedos de sus pies, casi alzado por la lujuria de aquel macho que amaba penetrar su culito de jovencito mariconcito.

   Y, aunque de verdad verdad el chico quiso ser decente en lo referente a todo ese asunto (Dios, ¡un hombre casado!), Tinito no puede evitar chillar y batuquearse de adelante atrás, tanto por las embestidas como por su lujuria, por el placer que experimentaba; sentir la gorda polla recorriéndole y dilatándole las sensibles paredes del recto, la punta golpeándole una y otra vez la próstata, el calor del macho, su agarre firme, todo eso le tenía delirando.

   -Oh, Dios, oh, Dios... -gimotea y se estremece cuando ese hombre ríe cachondo, casi cruel, soltándole una cadera y atrapándole el abundante y sedoso cabello fino, halándole un poco, obligándolo a abrir los ojos y a ver su propio reflejo en el espejo, con él detrás, sonriéndole.

   -¿Te gusta, pequeña puta?, ¿te gusta que joda tu coño apretado y vicioso amante de vergas?

   -Oh, si, si, cógeme, por favor, ¡cógeme duro! -se le escapan los chillidos, muy rojo de mejillas, ojos idos, batiendo su culo de adelante atrás, saliendo al encuentro del macho, sin detenerse, sin contenerse, dejando escapar toda su joven y saludable naturaleza sensual.

   -Eres una buena zorrita, respondes como debe hacerlo toda buena hembra cuando la polla de su hombre la folla. ¿Sabes que más nos gusta? -se la saca del culo, lentamente como para que la apriete e intente retenerla, como efectivamente hace, obligándole a volverse y encararle, casi sosteniendole por los hombros pues parece que las piernas de Tinito no pueden sostenerle, y están cara a cara, rojos, jadeantes. Le sonriente.- Nos gusta escucharlas. -le informa, y el chico enrojece más.- Sal de esa mierda.

   Con ansiedad febril, el muchacho casi se arranca la camiseta rosa y la pantaloneta, sonriendo cuando el tipo le atrapa la cintura con esas manotas velludas, le alza en peso y le sienta en el lavamanos. Casi cae pero termina acomodándose, como él, entre sus piernas, la verga pulsante, goteando sus jugos, queriendo enterrarse. Y a Tinito todo le da vueltas de calenturas. Dios, cómo la quiere recorriendo sus entrañas, dándole todo ese placer. La postura no es cómoda, pero iba a follarle mirándole a la cara y eso siempre emocionaba. El tipo le atrapa bajo las rodillas con las manos, le hace deslizarse otro poco, exponiéndole el culo, las bolitas rosadas y depiladas, y una tranca corta, tal vez de unos ocho centímetros. Dura, delgada. Rojiza y babeante.

   Sin mirarla mucho, sonriéndole al rostro, vuelve y se la clava de golpe, hasta lo hondo, disfrutando de verle tensarse, de escucharle gemir (y si, joder, la llave era molesta goteando, qué escándalo), cerrar los ojos y abrir mucho la boca. Se la mete hasta los pelos, con las bolitas apoyándose en su bajo vientre. Y comienza un rudo saca y mete. Adentro y afuera con dientes apretados en una mueca predadora, casi derribándole del lavamanos donde el chico, como puede, se sostiene con las manos.

   -Cógeme, cógeme, papi, clávame tu verga tan larga y tan gruesa. -escapan los chillidos eroticos de boca del joven, sabiendo lo que el hombre quiere escuchar.- Oh, si, si, es tan dura, tan caliente. Dame, papi, dame verga, fóllame hasta preñarme. -lloriquea

   Y Greg jadea con mirada salvaje, cada palabra era como música en sus oídos, como los pugidos, los jadeos de real cachondeo del muchacho mientras lo penetra con todo, abriendole a lo más que alcanza ese agujero ávido. Es cuando, como suele ocurrir, pasa. Hace rato escucha algo, pero atrapado entre las haladas y apretadas a su verga que daban aquellas ardientes y sedosas entrañas, los gemidos de súplica pidiendo más y más, rogándole ahora que lo encule (el chico sabía lo que tenía que decir), aquel sonido molesto (no, no el goteo del grifo), penetra finalmente en su mente.

   ¡Mierda, era su mujer, Greta! El tono del movil, Noche de Halloween era inconfundible.

CONTINÚA … 5

LOS WINCHESTER TOMAN LA CARRETERA -01x01

SUPERNATURAL, ¿PARA SIEMPRE?
   La leyenda comenzó de manera tan simple...

   Ah, dicen que recordar es volver a vivir, y es cierto. Evocar algo que nos pasó emociona, divierte, ilusiona y molesta otra vez, pero añadiéndole cierto saborcillo nostálgico que se va apreciando con los años. La noticia de que esta será la última temporada de Supernatural, hecho al que nos negamos, me ha hecho desear verlo todo de nuevo. Aunque no es la primera vez que lo hago. Antes, en la Venezuela no paralizada por un ataque viral de abortado socialismo, cuando llegaban las vacaciones me tomaba tiempo para ver una que otra temporada de mi serie. Que me encanta, soy fan de ella, de sus temas, mitologia, de sus protagonistas y en especial de Dean Winchester. ¿Quién no querría ser Dean, guapo, carismático, atrevido, osado, todo chulo con las mujeres, amantes de las aventuras en la cama, en la carretera, con los puños y en la mesa? Sin la maldición familiar, claro.

   Recuerdo cuando todo comenzó, un día martes a las nueve de la noche por la WARNER. Como el tema del misterio y el terror siempre me ha gustado me apunté para verlo, no esperando nada del otro mundo la verdad sea dicha; ya había visto el día anterior los inicios de “Voces del más allá” y “medium”, por SONY, gustandome un poquito menos esta por la gran carga de la vida familiar de ella, aunque me pareció buena. No iba con grandes expectativas con Supernatural, pero en cuanto la cosa toma fuerza, y Jensen AcKles ya es Dean Winchester y Jared Padalecki es Sam, cada uno en su papel, ya estaba fascinado. Y no es tan extraño, este Dean (no sabía hasta que me senté que Jensen era uno de los protagonistas), me recordaba una barbaridad al mutante de Dark Angel, el adorable canalla de X5-494m Alec, incluso con su actitud y todo. Y miren que Alec le dio gran impulso y fuerza a aquella serie. Porque Jensen Ackles es tremendo actor, guapo, si, pero capaz de transmitir fastidio, rabia, justa cólera, dolor y hasta temor con pocos gestos. Fuera de tener la carita bonita, insisto. Igual Sam. ¡Se veían tan jovencitos en ese momento! Recuerdo que cuando mi hermana Melissa comenzó a ver la serie, por consejos míos, me preguntaba cómo era posible que pusieran a esos niños en un programa tan feo.

   Bien, Supernatural, la serie. Un capítulo piloto debe atrapar a sus televidentes, lo más que pueda; allí conocemos a los protagonistas, sus motivaciones y la trama, de qué va el asunto, y muchas veces hasta lo que se persigue. Aquí mostraban a dos hermanos recorriendo las carretera de norteamérica luchando contra lo sobrenatural. Metas del piloto que a veces no se consiguen en todo los programas, necesitando estos de más tiempo para establecer la esencia del show. Juego de Tronos es un clásico, desde el inicio llama la atención, pero su núcleo, la guerra, el juego por el trono no comienza hasta que surgen dudas sobre la legitimidad del heredero del rey muerto. Pero, en este programa, ese fin se alcanzó desde el inicio, aunque mucho de ello no fuera plenamente entendible hasta pasado unos episodios. Supernatural, jugó limpio desde el inicio.
   Recuerdo que había una escena donde los hermanos discuten en un puente porque Dean siente que Sam le da la espalda a la familia; Sam le aclara que él no recuerda esa familia (a su madre) como si lo hace Dean, y luego son atacados y el mayor de los hermanos rueda a un pantanal. Cuando se reagrupan en el motel, y Sam quiere disculparse, quedé maravillado y sonreído, primero por lo bien que se veía Dean lleno de barro, y segundo por su aire todo chulo de macho cuando alza la mano y le dice a Sam que nada de momentos ñoños de películas para chicas. Ya para ese entonces sabíamos cómo era cada cual. Y era fantástico.

   Bien, de ese primer episodio, o piloto, que bien pudo llamarse La Dama de Blanco, viéndolo en retrospectiva, ahora, puede uno consolidar lo que pensó sobre lo que sucedió. Lo más fácil del mundo, ¿eh? Comenzando con la maldición sobre la familia y el resultado en dos vidas. Encontramos a un Dean niño, de unos cuatro años de edad que es amado por su madre, querido por su padre y que cuenta con un hermanito al que adora. Su padre, John, por otro lado, tiene una vida plena. Todo cambia cuando un personaje de extraños ojos amarillos aparece en el cuarto del bebé Sam y hay un grito, John corre y encuentra a su mujer en el techo, estallando en llamas. Allí pasa de todo, porque al segundo, con bebé en manos encuentra a Dean y le ordena que lo ponga a salvo (y en la mente de Dean la orden quedará grabada a fuego, asegurar el bienestar de Sam por encima de todo).

   Desde este punto John cambia, perdió a su mujer y va a dedicarse a averiguar qué pasó, más tarde a vengarse cazando al ser que le quitó todo. La génesis de buena parte de los cazadores. Pero esa noche también Dean lo perdió todo y John pareció no calibrarlo; fuera de su madre, su casa, también le arrebataron su niñez. En cuanto John puso a Sam en sus manos le quitó eso, ya no era un niño, desde ese momento sería el guardián de su hermano y más tarde eso sería el centro de su vida, proteger a Sam mientras buscan aquello que tanto les lastimó. Pero, también, se transforma en un devoto soldadito en la guerra de John, de quien siempre buscó aprobación. Confieso que siempre me pareció John un ser egoísta, un mal padre. Estaba mal, sí, pero su hijo, el que tenía conciencia de todo, también perdió bastante, sin embargo le desatiende por una nueva urgencia: cazar y vengarse. Fue lo que pensé y sentí, lo lamento por todos los que adoran al patriarca de los Winchester, pero nunca fue de mis preferidos. No como alguien que aparecería luego, el gran Bobby.

   Pasa el tiempo, los años parecen separar a los Winchester, Sam como un joven universitario quiere una vida fuera del negocio familiar, cazar criaturas sobrenaturales, lo que origina una disputa con su padre y un alejamiento con Dean. Quien le busca porque le necesita para encontrar a John, quién “salió de cacería”, ¿cómo imaginar en ese momento la profundidad de la frase? En ese reencuentro conocemos las personalidades de los jóvenes, y confieso que me asombraba y admiraba a Dean. Parten a la última dirección donde se supiera de John y encaran el caso de la semana, el fantasma de la mujer que mata en un recodo de un camino solitario. No me quedaba claro cómo lo hacía dentro del auto, aunque por el sangrero se veía que era violento (el truco de bañar el vidrio, no llegando a los extremos de la película El Hacha, pero casi casi), más tarde entenderíamos eso, la “garra” de los fantasmas. Se plantean las dos tramas que serán una constante: cada hermano decidió un camino pero por ahora se unen buscando a John, más tarde será hasta que cacen aquello que reaparecerá ahora para provocarle dolor a Sam.

   Por cierto, que en ese reencuentro de los hermanos, cuando luchan y quedan enlazados en el piso, parece que nació el Wincest, es decir, el interés amoroso, la tensión sexual entre los hermanos en la mente de muchos fans, especialmente damas, por curiosos que resulte. Una tendencia que será obstinadamente larga, sostenida aún hoy en día y que originaría miles y miles de relatos sentimentales y eróticos (y no exagero, ¡son miles!), el fandom, los fanfics. Ignoraba yo eso, lo juro, me parecían dos hermanos que peleaban, bromeaban, discutían y se querían entre ellos como en cualquier familia, no sabía que había quienes miraban más allá de lo evidente. De hecho no sabía de esa tendencia del fandom en sí hasta que aparece otro personaje, más adelante, que me hizo fruncir el ceño y preguntarme: ¿una trama homosexual en Supernatural? Fue curioso, intrigante, divertido, aunque no sorprendía que dicho interés estuviera centrado en uno de los personajes ficticio más increíbles de la televisión, Dean Winchester.

   Como sea parten buscando a John y encaran una serie de muertes extrañas, comenzando el conflicto entre ambos, uno quiere irse porque John parece que no está, el otro desea encargarse del asunto porque ese es el negocio familiar, lo que será una constante por un tiempo. Y aquí enfrentan esta leyenda urbana, la Dama de Blanco. La mundialmente conocida historia de una mujer que se presenta frente a los conductores solitarios buscando un aventón, variando a veces en su origen y propósitos. Algunas historias dicen que se trata de una novia que aparece para anunciar tragedias, prevenir muertes, no falta el que agrede e intente producir un accidente, notándose luego que ha desaparecido. No creo que haya un país en la tierra donde no haya una variante de este cuento. Como los detalles de destino. A veces pide que lleven a su casa y terminan en la puerta de un cementerio; o la que al acercarse a una curva peligrosa grita “cuidado”, evitando efectivamente un accidente y desapareciendo luego, o la que anuncia que allí murió, en un recodo señalizado por una de esas cruces que antes se veían tanto y que ya no (¿fueron prohibidas por ley?, nunca había pensado en eso).

   Como sea esta es una mujer engañada, y vengativa, busca hombres infieles para matarlos; es una entidad sobrenatural que luego sabríamos que es un fantasma furioso. El enfrentamiento con ella fue fascinante, su leyenda, sus razones, incluso saber que había trama dentro de la trama fue genial. Ella se mata porque sufrió mucho a manos de su marido, pero antes, para vengarse de él, cometía un acto igualmente horrible. Le tocaría a Sam encararla y vencerla. Con eso, y Dean, con sus bromas sobre la edad, que sus tetas si eran naturales, que nada de momento de chicas, que qué tienen de malo sus cassettes musicales y Sam respondiendo que para comenzar eso, que son cintas, yo ya estaba ganado para este programa. Y el segundo episodio tan sólo reafirmó esa idea.

   Bien, conjuran la amenaza, sabemos que trabajan al límite de la ley, y que deben seguir buscando a John, quien les deja su diario (un documento casi sagrado para Dean), y por un mensaje de este escuchamos que corren un gran peligro, que algo terrible se acerca; y esas palabras, como el hecho de que Sam pierda de la forma en la que la pierde a su novia, obligándole prácticamente a seguir al lado de Dean en la lucha, no comprenderiamos hasta más tarde hasta qué punto era de grande el asunto y cuánto se manipularon las acciones para llegar a ese punto asombroso. La serie comienza de manera modesta, dos chicos cazando monstruos, luego el programa se presta a una seriedad argumental fascinante, el mismísimo fin del mundo.

   Fue un gran episodio este piloto, dejando claro de qué iba el asunto, qué buscaban, cuáles eran sus metas, en principio encontrar al padre, buscar al demonio que mató a la madre y a la novia de Sam mientras luchan contra todo lo sobrenatural que encuentren en el camino. Y lo harán a bordo de un gran auto, un Impala 67, con buena música, dos sujetos jóvenes y guapos con mucho carisma y una gran química en pantalla entre ellos. Así, el mandado ya estaba hecho. También sabemos de los fantasmas, de lo peligrosos que pueden ser y que las balas de sal pueden alejarlos. Toda una lección práctica de vida, como esa frase de Dean: ¡Claro que hay que temerle a la oscuridad! 

SAM, DEAN Y EL MONSTRUO EN EL BOSQUE -01x02

COSTUMBRE

VAYA GENIO...

   -Hey, primo, no me hallo ya durmiendo de noche a solas en mi cama, sin Alicia... ¿puedo pasarla contigo? Aunque te lo advierto, me pongo abrazón... y se me para la verga como buscando acción. 

ACTITUD

LOS HEREDEROS... 4

LOS HEREDEROS                         ... 3
   Tenerlo todo... ¿se puede? ¿Hace feliz?
......

   Aunque el este capitalino ya no era lo que había sido, zona de ricos y aristócratas locales (los descendientes de los llamados Amos del Valle), el aire de ordinariez y decadencia que la revolución soplaba a dos carrillos como un mal aliento dirigido directamente al rostro lo había infectado todo, no abaratándolo sino ordinariándolo de manera grosera, aún se mantenía un duro corazón de conservacionismo. Gente que se negaba a dejar de ser lo que habían sido. Hermosas y costosas propiedades adornaban lo alto de La Lagunita Country Club, mismas que no estaban a la venta ni al alcance de las nuevas fortunas hechas a la sombra del saqueo del Banco Central y La Petrolera Nacional, aunque sus ocupantes originarios ya no estuvieran allí, marchados unos tiempo atrás cuando notaron hacia dónde se encaminaba todo (muchos extranjeros que en su momento escaparon de conflictos parecidos y sabían su lógica conclusión), y otros que al ver que el aire se enrarecía cada vez más, decidieron picar los cabos no fuera a caerles su “noche de los cristales rotos”. El país se arruinaba y en algún momento habría que buscar a un culpable para entregárselo a las masas engañadas y traicionadas para paliar la miseria con “justicia roja”. Otros se mantenían parapeteados tras sus muros, esperando que todo cambiara, que la cordura regresara. Actitud peligrosa, la verdad fuera dicha; a muchos de ellos les costaba esconder el asco a negociar con esos bandidos y parecía enfermarles la idea de permitirles tocar lo que fuera suyo. Lo que les convertía en objetivos de los patanes.

   Una de esas propiedades, si no la más vistosa tampoco la menos hermosa (cualquier otra cosa le habría revuelto la bilis), le pertenecía a Oswaldo Simanca. Era vasta, extensa, formidable, con una casona de tres plantas sin contar los sótanos, un garaje impresionante, la pista de tenis, el campo de golf, la piscina prácticamente olímpica, los enormes jardines, las acacias y apamates dando una falsa sensación de campo, las rosas que parecían una ilusión cuando floreaban prácticamente al salir de la cocina (el camino más directo a la piscina). Todo aquello le pertenecía, y para ser un hombre salido de la nada (de la basura, decían muchos), había alcanzado bastante. Mucho. Lamentablemente no lo suficiente, le parecía.

   -Nunca tendrás suficiente, amigo, morirás añorando lo que no conseguiste. Y será triste. -había sentenciado una vez uno de sus mejores amigos, Ricardo Amaya, con ese tono agresivo de voz que casi le hacía despiadado, pero preocupado en el fondo.- Si no te detienes a ver lo que ya tienes nunca disfrutarás el momento, ni lo alcanzado. Coño, ya tienes bastante para ser feliz pero no lo eres.

   No podía contentarse con eso. Contaba con mucho, sí, pero no con todo. Pero no era su culpa, ¿cierto? Había cuestiones que no dependían directamente del dinero, como las cuentas por saldar con el pasado, por ejemplo, el cobrar humillaciones a su familia, como contra los Garibaldi, esos italianos hijos de puta, luego podría descansar. Tal vez. “Nada de tal vez, maldito farsante, ¿cuándo serás sincero contigo mismo?, te morirás compitiendo, peleando por más”, sentenciaba una vocecita en su cabeza; una que se parecía mucho a la irritante voz de su amigo.

   Como fuera, no era ese el día para la introspección, menos para sentirse bien consigo mismo. Este era una mierda, a pesar de lo temprano de la hora; y no se hacía ilusiones con el resto de la jornada, aunque ni iniciaba oficialmente. Ladea el cuello y le parece que algo trona, y feo, estaba tan tenso...

   Hombre de rutina despertaba temprano para ejercitarse un poco. Antes salía a trotar a la calle, cuando no tenía tanto (es decir, cuando no vivía en lo alto de una loma ni tan lejos de las aceras), ahora iba a su gimnasio y dedicaba veinte minutos a sus prácticas, incluido algo de pesas. Debía cuidar la figura. Especialmente a su edad. De cabello negro y ojos de igual tono, oscuros pero brillantes cuando se dejaba arrastrar por la risa, la ira o la pasión, su tono de piel cobrizo claro hacía destacar las largas pestañas y los labios llenos. Su barbilla cuadrada, que hablaba de obstinación (“de terca necedad”, volvía la voz del amigo), solía cubrirse pronto con una sombra oscura de barba que le prestaba un aire masculino y atractivo. Anchos de hombros luchaba contra toda blandura, flacidez o gordura, y lo lograba. Su cuerpo era atlético aunque no exagerado. Atractivo. De largas piernas, buenas espaldas y brazos. Aunque las mujeres alababan su trasero, le gustaban más los comentarios sobre su tranca, a pesar de que nunca contaría algo como eso. Era un carajo guapo, mucho, en una buena edad y poseedor de una inmensa fortuna, ¿por qué no era feliz?, se pregunta mientras se quita la bata con la que se cubriera después de sudar y darse una enjuagada, arrojándose a la piscina a bracear un rato.

   Por culpa de los demás, como le pasa a Mafalda, gruñe para sí mientras nada con rapidez, casi con rabia, su nuca, espalda y trasero (enfundado en un ajustado bañador tipo boxer), salen y se sumergen en el agua, llegado de una punta a la otra y regresando.

   Aunque temprano, ya había tenido unas palabras con Gabriela, su mujer, por los planes para festejar su cumleaños, que la mujer se había empeñado en celebrar este fin de semana. No era en sí la idea de la fiesta lo que le irrita, el tener que encontrarse con mucha gente que tal vez se siente obligada a estar allí; lo que le molesta, y no reconocerá, es la necesidad de ser amable y atentos con otros. Mientras pasan los años y los negocios le volvían más despiadado, menos paciencia tenía para los demás, aunque odiara la idea de ser grosero con otros. Recuerda bien sus años de pobreza para saber qué tan duro podía sentirse el trato desconsiderado. El asunto era que Gabriela quería lanzar la quinta por la ventana, recrear algo parecido a una coronación, invitando a medio país, entre ellos a muchos personero del régimen con los cuales mantenía negocios. Algo que no deseaba se supiera, o se reseñara mucho en la prensa.

   Dueño de fábricas procesadoras de envasados y una embotelladora de cervezas, su cerveza, la pelea que el régimen mantenía con el grupo POLO por el control de los alimentos le salpicaba. Muchos, y no de buena fe la mayoría de las veces; no pocos le acusaban de conspirar con el gobierno para doblegar a la familia dueña del consorcio para apoderarse de sus fábricas. No era cierto, no quería robarles nada, aunque si... desplazarles. Que eso coincidiera con los deseos del régimen era puntual, algo de lo que el público no hablaba en general (y bien que se encargaba de mantenerlo lejos del Ojo de Saurón a través de los medios que controlaba), ni él deseaba promocionar (esa gente rayaba, y feo); pero una fiesta sería un anuncio público que no podría disimular. Esos perros llegando con su carga de ordinariez, las fotos, los “ecos de sociedad”; tal vez la Patricia Poletto metiéndose con él desde algún punto perdido en el exilio. Algo que no necesitaba en un país tan radicalizado. Muchos se le iban a lanzar al cuello. Algunos con sus propias agendas ocultas, como los italianos de porquería esos.

   Había intentado parar la fiesta, convencer a Gabriela de que prefería algo más privado, pero esta se había mostrado inusitadamente terca en ese punto: ella la quería, deseaba que todos le vieran con su familia, con sus hijos, los gemelitos... ¡Qué cumplían años el mismo día que él!

   -Quiero una fiesta bella para ellos. -había sido parte del chantaje emocional de la mujer.

   Qué mala pata que Alberto y Victoria nacieran el mismo día que él, merecían su propia fecha; por otro lado, no celebrarlo (él que de niño careció de todo), le sentaba mal. Quería para ellos el sol y la luna. Mientras nada, jadeando, no puede evitar sonreír recordando un comentario al respecto que hizo ese amigo de lengua afilada hace tiempo.

   -¿Coincidencia? ¿Crees que Gabriela no sabía lo que hacía cuando parió? Amigo, seguro que retrasó los dolores de parto dos días, o los adelanto una semana con artes oscuras para que coincidieran las fechas.

   -Tu si dices mariqueras, ¿por qué haría eso? -recuerda que se alteró un poco, como siempre que discutían sobre algo. La sonrisa de este fue dura (ellos, Ricardo y Gabriela, nunca se habían llevado bien).

   -Cuando decidió que sería tu mujer, imagino que sabía que debía luchar contra el recuerdo de Elena, un fantasma muy querido. Y una manera de asegurarse de vencerlo era dándote hijos propios, algo que Elena no pudo. ¿Y qué mayor halago a tu ego simplón que nacieran el mismo día que tú? ¿Qué mejor regalo?

   -Dios, eres retorcido.

   -¿Un consejo ya que eres tan estúpidamente inocente?: Nunca te pelees con ella. Y si lo haces... no le des la espalda. Ni le tomes nada que te lleve en un pocillo antes de que se le pase la rabia. -había terminado diciéndole este, abriendo los brazos y sonriendo como diciendo “ya me lo agradecerás”.

   La verdad era que lo de Gabriela y el doble parto... Como siempre que llegaba a ese punto, lo deja así. No le gusta pensar en ella como una mujer calculadora o taimada, aunque sabía que era lista y que era muy buena sacando cuentas. Sin embargo, la manera en la que llegó a su vida cuando peor se sentía siempre le pareció una bendición. Sin detenerse a tomar aire se gira y patea nuevamente contra el borde de la piscina impulsándose en dirección contraria. Por lo general la mujer desistía de algo en lo que se empeñaba cuando sabía que eso le molestaba. Se cuidaba de no irritarle. Pero en este caso....

   ¡Joder!, la fiesta se haría y tendría que darle cara a medio país... con esa gentuza a su lado. Por lo menos ya no invitaban al sujeto que había sido Alcalde de Caracas y que cuando se embriagaba en los restaurantes se orinaba en las fuentes, o intentaba meterle manos a los camareros. Eso por un lado. Lo otro que le altera es la reunión que se vio obligado a transar con esa reportera insufrible que mantenía un espacio importante en el canal de noticias Global. Generalmente no concedía entrevistas, no hablaba de su vida privada, de sus orígenes, asunto que cualquiera que lo deseara podía investigar por su cuenta. Y menos se las concedía a una mujer tan dura como Rosalba Marcano, una de las estrellas de su propio canal de televisión hasta que tuvo que salir de ella por líneas editoriales que afectaban algunos negocios. La mujer nunca se lo perdonó. Despido que casi le costó la amistad de Ricardo, por cierto, el cual se puso del lado de Rosalba en ese punto. En su momento le molestó que lo hiciera, que Ricardo no le diera la razón a él, pero más le asustó entender que el otro, efectivamente, podía alejarse afectivamente de su lado. Estuvo tres días sin hablarle y habían sido los más largos de su vida.

   Claro, no había podido negarse a la cita con la mujer cuando esta insistió en términos que no aceptaban una negativa. Ni dejaban una salida.

   -No suelo hablar de mi vidad privada, señorita Marcano, creo que lo sabe. -fue fríamente educado por teléfono al responder a su llamada. Por una vez la buena de Adelaida, su asistente privada, la mujer dragón que custodiaba la entrada a su cueva, le había fallado a la hora de servirle de parachoque. Seguramente discutiendo algún tema bíblico con otros empleados. Los años le estaban dando por ese lado, cosa que no le preocupaba poco. Sabía que un día terminaría recibiendo “visitas” bíblicas, a la hora del café, de su parte. La sola perspectiva le hacía estremecer.

   -Lo sé, señor Simanca. -casi pudo oírla sonreír con sorna a través del aparato, tenía esa cualidad enervante.- Pero su vida es objeto de interés de mi público. Me gustaría preguntarle algunas cosas... sobre su primera esposa, Elena Sotillo. Sobre su... deceso, para ser más específica. -el tono fue ominoso y se tensó.

   -No entiendo...

   -Quiero saber su opinión sobre algunos comentarios que circulan por allí, sobre las causas de su muerte.

   -Estaba enferma. Cáncer... -conteniendo la rabia, comenzó a replicar pero ella le interrumpió.

   -Entiendo que lo padecía, pero hay quienes sostienen que no fue eso lo que acabó con ella. ¿Es cierto que cuando ella luchaba por su salud, estando peor física y anímicamente, su actual esposa ya era su... asistente privada?

   ¡Maldita perra, se le fue directamente a la yugular!, sabía que la mujer quería provocarle, molestarle (¡y qué éxito!), que nunca se atrevería a usar aquellas sucias insinuaciones por televisión, lo sabe, pero podría hacerlo a través de otros conductos, y justo en esos momentos lo que menos quería era atraer la atención sobre flancos difíciles de cubrir. ¿Quién podría salvarse de un rumor malsano como el que vivía un tórrido romance con su ahora esposa cuando la otra agonizaba en un deprimente cuarto que parecía de hospital? Y ella podía hacerle ese daño. Sabía que se la tenía jurada. Así que aceptó la cita. El día anterior, para esa mañana, sintiendo que la bilis se le revolvía una y otra vez en la garganta.

   Emerge del agua, casi a la mitad de la alberca y jadea con fuerza, casi con rabia, el cabello hacia atrás, todo él cubierto de gotitas de agua. Una visión realmente atractiva.

   Pero si eso no fuera suficiente para dañarle el ánimo ese día, estaba lo de la filtración sobre La Hacienda, el que había mostrado interés en adquirirla. ¿Cómo coño pasó?, la rabia le ahoga nuevamente. Dios, ¡odiaba tanto a los Garibaldi! Quitarles la propiedad de marras esas, derribándola hasta que no quedara sino un criadero de chivos, que se secara todo como la antigua Mesopotamia después de la maldición bíblica, y que esos italianos lo vieran y sufrieran era uno de sus sueños. Y ahora peligraba por las habladurías. Fuera de su gente de confianza, el círculo íntimo que no se atrevía ni a resollar muy alto cuando les exigía silencio, sólo lo había comentado con la idiota esa, Sofía Nazario.

   ¿Le habría traicionado? No, no lo creía. No al menos conscientemente. La mujer era inteligente y sabía que su familia, los Garibaldi, la despreciaba, que nunca debía esperar nada de ellos. Pero trataba a los primos, tal vez con dos copitas de más le había contado algo a Aquiles Garibaldi (arruga la frente, nunca ha visto perder el control a la mujer, ¿cómo sería rascada?, ¿reiría mucho, se pondría peleona o le metería manos a algun hombre?). Como fuera, ya le daría lo que merecía. Aunque la damita le había servido bien, no le agradaba. Había algo en ella que siempre le provocaba escalofríos. Tal vez era esa eterna sonrisa de “nada puede afectarme”. Siempre que estaba frente a ella, de esa mueca que parecía dibujada en su rostro, las pupilas vacías, o veladas como por una cortina que no dejaba ver nada, pensaba lo mismo: Si la muerte tiene cara, y sonríe, debía ser algo así. No sabe por qué, pero era lo que sentía frente a Sofía... una de las sobrinas preferidas de Ricardo. Eso también le traería problemas con el gordito ese.

   Y si, habían otras cositas que le molestaban, pero lo de la fiesta, la entrevista y las noticias filtradas sobre su interés en La Hacienda le habían arruinado el día. La semana y quién sabe si no el mes. A pesar de todo no puede contener una leve sonrisa al ver a la fiel Ramona acercarse con una bandejita donde carga su aperitivo de cada mañana. Un delicioso café negro con algo de cacao, en una mezcla que sólo ella era capaz de lograr, y algún sanguchito para que engañara al estómago hasta la hora del desayuno. La estudia mientras le sonríe leve y sale del agua, seguro de sí como lo era siempre. Nota como se colorean las mejillas femeninas y la entiende. Aunque apenas cercana a los cincuenta años de edad, Ramona Contreras era una mujer que se consideraba “vieja”, y verle a él tan desnudo, cubierto de agua y con el corto bañador que se ajustaba de manera evidente a sus genitales y trasero (con la mano lo despega de su piel), debía mortificarse un poco. Aunque no era eso lo explicaba su mirada distante. Algo fría. La mujer seguía arrecha con él, aunque mostraba habilidad en su juego de “no dejo mostrar lo que pienso, pero lo sabe muy bien, ¿verdad?”.

   La mujer había sido, y era, una leal servidora de la casa. Había adorado a Elena, y en la misma medida resentía a Gabriela, quien había intentado botarla nada más poner un pie en la quinta, provocándole un problema de marca mayor como seguramente sólo lo tuvo Abraham cuando tenía en la misma carpa a la esclava árabe preñada y se le embaraza justo por esos días también la legítima. Salir de Ramona fue uno de los pocos caprichos que no le cumplió a Gabriela, por cierto, cuando esta tomara posesión de la casona; aunque sí salió de muchos otros.

   Ramona era... Ramona. La que sabía preparar el café como le gustaba (y a Ricardo, a quien la mujer mingoneaba bastante), pero esta pareció nunca perdonarle del todo el que trajera a otra mujer a ocupar el lugar de su señora. Y menos tan pronto. Y, aunque nada decía, lo dejaba muy claro con miradas de puñales, ceños censuradores y labios apretados.

   -Buenos días. -la saluda.

   -Buenos días, señor. -responde amable, pero no sonríe, no le mira mientras deja la bandejita plateada y reluciente en una mesita junto a dos sillas de piscinas. El aroma a café sale de una teterita brillante; sobre un platillo descansa un pan de sánguche, cuadrado picado en dos triángulos, el cual deja escapar un gratísimo olor a mantequilla, queso amarillo y jamón de espalda. El estómago le gruñe inmediatamente. La voz de ella le distrae.- La... señora quiere que le avise que sus hermanos les acompañarán para el desayuno. Y ya deben estar por llegar.

   -¿Mis cuñados aquí? ¿Tan temprano? -casi gruñe, ceñudo. La mujer le mira, inmutable.- ¿Qué quieren?

   -¿Y cómo voy a saberlo? Son sus cuñados, no los míos.

   -Ramona...

   -¿Le sirvo?

   -Deja, yo me ocupo. Y gracias. -baja el tono, en verdad no le gusta molestarse con ella.- ¿Vendrá alguien más? -la mujer de Arturo Requena, el mayor de sus cuñados, siempre lograba incomodarle. No sabía por qué. O sí lo sabía pero prefería olvidarlo. Olivia le culpaba de taparearle un bochinche al marido años atrás, cuando estudiaban juntos, recuerda mientras sirve el negro brebaje en una taza grande.

   -No, sólo ellos dos. -medio asiente la mujer con la cabeza, como doncella de programa de televisión, siempre le hacía gracia eso, y se aleja. A llevar con puño de hierro la dirección de la casa. Si Gabriela la dejaba.

   Cae sobre una de las sillas y por primera vez se relaja, saboreando el amargo brebaje endulzado. Perfecto. Siente el ardiente líquido iniciar una fiesta en su lengua antes de tragarlo. Dos sorbos más y casi lo acaba. No estaba realmente recién hecho, la mujer sabía que le gustaba caliente pero no hirviente. Distraídamente toma uno de los triángulos de pan, tostadito y tibio, apretándolo, el queso amarillo desbordándose un poco, y da un buen mordisco. Eternamente cuidando el peso, a veces sentía que llevaba hambre atrasada. Dios, estaba casi tan bueno como el café, se dice dejándose llevar por la nada, sin desear pensar, ni siquiera en la visita de los cuñados. Le agradaban, pero… Seguramente Gabriela les había llamado para que la apoyaran con lo de la fiesta.

   Si tan sólo el hijo de perra de Ricardo estuviera allí para contar con alguien a su lado. Por un segundo siente un molesto vacío en su interior. No por pensar en el amigo, sino porque... este se había ido a pasar unos días a la orilla de un río dizque a pescar, como en la película de los vaqueros maricones aquellos. Acompañado de un hombre. Uno con el cual seguramente se estaba acostando.

   Aparta el pedazo de sánguche que queda, botando aire. Era extraño que no tuviera ningún tipo de problemas con el hecho de que Ricardo fuera bisexual, más bien le parecía algo gracioso a cierto nivel, pero no le gustaba imaginarle en brazos de otro hombre. En una boca rodeada de barba y bigote acercándose a la suya, cubriéndola, lenguas chasqueando, salivas intercambiándose y... Dios, ¿se podía ser tan posesivo que se celara aún a los amigos?

   Bien, no tenía muchos, no de los buenos. Y le asustaba lo que Ricardo, su mejor amigo, estaba haciendo. No perderse en un río con un tipo (ojalá la policía los agarre, no puede evitar pensar), sino lo otro. Que el enano ese estuviera pensando en emigrar del país. Venezuela se estaba quedando si lo mejor de sus profesionales, y era algo molesto; le irritaba la idea como empresario, perder a los capaces, ¿qué país podía sostenerse así, si, para colmo, se quedaban los puros inútiles?; pero, este caso en particular, le pegaba directamente. Y lo odiaba. ¿Cómo podía el gnomo ese pensar en dejarle? Ah, pero ya se llevaría una sorpresa. No tenía ninguna intención de dejarle partir. No a su mejor amigo…

   Mismo con el que una vez, ebrios... se habían besado. Gustándole mucho en el momento.

CONTINÚA ... 5

RESPUESTA AUTOMATICA

SEGURIDADES
   Las difíciles relaciones humanas...

   -¡Ahha, ahhh!

   -Oh sí, muchacho, así. Vamos, dile al novio de tu madre cómo es que eres el hombre de la casa mientras bombeo mi verga en tu coño y lo lleno de semen al tiempo que te corres sin tocarte. Vamos, dime lo macho que eres; eso si, hasta que algo se te ocurra, de ahora en adelante me llamarás “señor”. O maestro. ¿Entendido, pequeño?  

COMPLACENCIA

ZAPE GATO CON ESO

   Curioso, sí, pero no bruto...

   Un amigo subió esta imagen a su página facebook, tomándola de otra, claro está, y no pude menos que reír. Y de estar de acuerdo con él, quien alegaba que no le extrañaba que le taparan las orejas al gato para que no escuchara; que, siendo tan listos, era difícil engañarles con cuentos de camino. En este caso con la fábula del socialismo. O comunismo en esa época. Es notable esa vieja y nostálgica añoranza por una era y un credo ya ido... pero sentido por aquellos que no lo padecieron, como si los países de la Europa del este o de las naciones al ladito, como los bálticos, los balcánicos y las repúblicas dentro de la unión, que en cuanto los rusos se debilitaron echaron a correr para salirse de esa vaina abrazando las maneras de occidente. Es que a la gente le gusta demasiado comer, ese siempre ha sido el problema con estos sistemas. 

VAYA REGALO...