domingo, 13 de octubre de 2019

LOS HEREDEROS... 10

 LOS HEREDEROS                         ... 9
        
   Los atrae... problemas.
......
 
   Por un segundo temió que el corazón se le hubiera paralizado en el pecho (en la familia no eran infrecuentes los casos de insuficiencias cardíacas, azúcar en la sangre y tensión alta; lo que no le dejaban era dinero), y le costó no sólo respirar sino reaccionar. Incluso algo que decir, a él, de quien todos aseguraban que después de muertos abriría los ojos por un segundo para quejarse de algo. Tal vez del lugar al que le enviaban.
 
   -Elena, yo nunca...
 
   -Nunca intentaste nada más allá de tu afecto natural, de tu naturaleza ruda a veces, pero afectuosa. -le sonrió ella, notándose más apagada en esa cama de clínica, un bonito cuarto, una buena cama, el aposento de una mujer que agonizaba.- Le amas tanto que siempre has estado pendiente de él, siendo incluso desagradable para salvarlo de sus errores, aunque a veces no se ha podido. Le has amado tanto que terminaste queriéndome a mí, por él. Le quieres tanto que todos estos años deben haber sido un poco un infierno, temiendo verle demasiado, sonreirle mucho, parecer que sueñas con otra vida, otra realidad en su presencia, temiendo que lo notara y la amistad se acabara. Eres un hombre tan fuerte, Ricardo... -le reconoció, la mano delgada y caliente medio acariciándole la suya, más regordeta, más llena de vida.
 
   -No, Elena, te equivocas; no le quiero de esa manera.
 
   -No mientas, amor, ya no hace falta. Lo sé hace tiempo, y nunca me importó.
 
   -¿Qué? -estaba totalmente perdido, ¿la esposa del sujeto al que quería no se molestaba de que otra persona, un hombre...?
 
   -Oswaldo es un hombre que se hace querer, a veces a pesar de sí mismo. Y tu afecto es tan arrolladoramente intenso, pero a la vez tan selectivo, que el que lo ames indica lo maravilloso que es, y que es merecedor de ese afecto.
 
   -Basta, no sabes... -intentó apartar la mano, no queriendo hablar de eso, no con ella. No cuando nunca le había dicho nada a nadie, ni siquiera a las dos o tres personas con las cuales se sinceraba a muerte. Una cuarta sería Oswaldo, pero, claro, con él nunca hablaría de aquello. ¿Decirle que sentía cosas por él?, sabe que el otro no le apartaría, pero que ya no podría sentirse igual, desinhibido, sincero, brutal a veces en sus sentimientos por el “enano”. Y nunca arriesgaría la amistad que tenían por eso. No era algo perfecto, pero era lo que había y tenía que bastarle.
 
   -¡Por Dios, Amaya! -fingió ella disgusto, sonriendo leve.- Estoy agonizando, me falta el aliento y estás obligándome a afanarme.
 
   -¡Elena! -jadeó aterrado, quedándose quieto. Ella rió ronca, bajito, casi de manera dolorosa, barriendo la tensión. Le miró con mayor afecto.
 
   -Debes prometerme que estarás a su lado. No cuando muera y se ponga mal, que sabes que pasará. Ni él mismo imagina lo mal que estará, pero ya sé que estarás ahí. Quiero que estés siempre junto a él, después. Cuidándolo. Se cree tan fuerte, y lo es, en ciertos aspectos. Es terco, indetenible y hasta implacable cuando desea alcanzar sus metas; y ya sabes cuales son algunas de ellas: amasar fortuna, tener poder para nunca más... pasar hambre. Y vengarse. Ese estúpido desquite contra tu familia. -le miró, respiración más superficial.- Tanto te quiere que cuando te mira no ve a sus enemigos, como si los ve en el resto de los Garibaldi, aún en tu sobrina Sofía. Tan sólo encuentra en ti al amigo incondicional. Va a necesitar mucho de eso. Le esperan pruebas duras. La gente que le ha ayudado a llegar va a querer su libra de carne, su litro de sangre.
 
   -¿A qué te refieres? -se tensó, ella desvió la mirada, al techo, meditando si agregaría o no algo más.
 
   -Cuida de Víctor, Ricardo. -no le miró. ¿Estaba cambiando el tema?, quiso preguntarle, pero una lágrima solitaria abandonó su ojo derecho, corriendo libremente, ablandándole.
 
   -Elena...
 
   -Cuídalo. Intenté protegerle, amarle, hubiera querido que Oswaldo le quisiera también, como hijo de ambos, pero... no pudo. -le miró con una sonrisa triste.- Nuestro amado Oswaldo es una gran persona, pero también es un ser humano, con todas sus debilidades. Nunca pudo querer a ese niño que llevé un día a la casa, aunque sé que lo intentó. Simplemente no pudo. Quería hijos propios, sangre de su sangre, no a un chiquillo con pasado. Pero Víctor merecía ese amor, se lo había ganado con dolor. -su voz sonó afectada, dolida.- Temo que cuando el pasado regrese por mi niño, le encuentre solo. -la cara se le contrajo de dolor, los ojos parecían llenos de pesar y remordimiento, algo que nunca esperó encontrar en ella.- Intenté hacer lo correcto por él, por todo lo que le ocurrió... -en esos momentos se dejó escuchar una débil alarma de los aparatos a los cuales estaba conectada y que monitoreaban sus signos cuando la tensión arterial se le elevó un poco; una dosis de calmante, automáticamente administrado, se dejó escuchar como un estallido en la bomba, casi durmiéndola de una vez. Dejándole de lo más intrigado. Por Víctor.
 
   -¿Qué temes, qué pasado vendrá por él? ¿Qué pruebas esperan a Oswaldo? -quiso que hablara. ¿Deliraba por el dolor?
 
   -Víctor... debió morir hace años. Su cuerpo debió aparecer al lado del de su madre asesinada... Y quise protegerle de... -balbuceó la mujer, ojos cerrados, respirando afanada.
 
   La llamó. Quiso que hablara, pero ella no abrió los ojos. Se dijo que lo intentaría más tarde. Todo eso había picado su curiosidad. No hubo caso. La mujer falleció poco después. Dejándole confuso. ¿Estuvo delirando en esos momentos? Era fácil a veces pensar que si, que ya no estaba en sus cabales... Pero entonces recordaba que ella sabía de sus sentimientos por Oswaldo. No, no estaba tan perdida. Entonces...
 
   Olvidándose de todo, de lo incómodo y dolorosos que fue todo aquello, regresó mentalmente al gimnasio; quemándose internamente por el ejercicio realizado. 
 
   Dejando un rastro de sudor mientras se dirigía a los vestuarios, Ricardo admitió que apenas tenía capacidad para respirar y caminar al mismo tiempo; reflejos automáticos del sistema nerviosos que no requerían pensar, lo que le habría dejado sin capacidad para nada de tener que hacerlo. Joder, no volvería a trotar tanto, se juró con la garganta ardiéndole, pidiéndole a gritos una cerveza bien fría (la primera de varias); comprendió también que nada ganaría con esos excesos. No iba a adelgazar en una sesión. Lamentablemente. Tanta vaina con la ciencia y no inventaban la bendita pastilla que acabara con la gordura mientras se estaba sentado viendo televisión y comiendo a dos carrillos grasosas pizzas y abultadas hamburguesas de triple queso con carne. A sus ojos eso parecía más meritorio y digno de desfiles que enviar a un hombre a la Luna.

   Frustrado tomó todos sus artículos de baño y fue a las duchas. Estaban solitarias. Se desnudó y entró bajo una de las regaderas, recordando vagamente a su madre advirtiéndoles sobre no meterse en la ducha transpirado, que había que refrescarse antes. Sonrió leve. Debía llamarla. O visitarla. No sabía por qué le costaba tanto. El agua la sintió maravillosa contra su nuca y la transpirada piel; esta, a pesar de estar templada, bajaba ardiente por su propio calor. Cerrando los ojos, bajando un tanto el rostro dejó que la llovizna fina, pero abundante, le cayera encima. No queriendo pensar en nada. Fue cuando sintió una presencia a sus espaldas, muy carca.

   Alarmado se volvió y allí estaba ese sujeto guapo, viéndose aún mejor medio sudado, torso subiendo y bajando por el esfuerzo de alguna rutina y con los ojos brillantes. Completamente desnudo, mostrando un cuerpo envidiable. La verga tiesa. Sonriéndole leve.

   -Es descortés hacer esperar tanto a alguien, lo sé y lo siento; ¿llevas mucho rato aquí? -le preguntó, bajito, íntimo, quieto, las manos en las delgadas caderas, como esperando algo.

   Dejándole atolondrado, confuso, hasta que tragó y sonrió, alargando una mano, tocándole con las punta de los dedos en el torso cincelado, duro. Siendo su turno de sorprenderle..

   -Deploro tu falta. -gruñó, dejándose llevar por el juego. No sabe qué esperar, qué pretendía ese guapo tipo pero... Llevaba rato sin nadie en su vida. Todo se había vuelto complicaciones familiares, laborales, económicas, esa insatisfacción por la vida del país y la suya, dejándole sin tiempo o ánimo para conocer a alguien. Lo que el guapo tipo quisiera  bien podía permitírselo si no debía entregar tanto.

   Qué deseaba quedó claro cuando ese sujeto acortó la distancia metiéndose bajo la llovizna de agua, rodeándole el cuerpo con los brazos, bajando el rostro y cubriéndole la boca con la suya... Allí, en las duchas de un gimnasio...
 
   El hombre, quien más tarde le diría que se llamaba Sergio, se definía como un “no gay”, pero que a veces le gustaba... “jugar” en esos lugares con sujetos que le agradaban.
 
   -¿Y eso no es gay? -fue la pregunta irónica del más bajito, más tarde.
 
   -No, es follar y ya. Pasar el rato, con tocadas, lamidas. Sexo. Sin mayor significado. Algo caliente y casual. Un encuentro bajo las duchas como en una mala película barata del porno. Y, luego, cada quien a lo suyo.
 
   -Ya veo. Todo bien hasta que te vuelva la piquiña de... ¿Qué? ¿Bolas? ¿Nunca culo? -bromeó para mortificarle. Era su naturaleza ser exasperante a veces, le decía su mejor amigo Oswaldo
 
   -Hablas demasiado; usa mejor es boca mamando, ¿no?
 
   Y en cuanto vio al fornido hombre de fuertes brazos y piernas, torso bien formado, todo velludito como un osito, más bajito de estatura, le había gustado. Le agradó encontrar... admiración en esa mirada cuando le recorrió. Le gustaba gustar, joder; que para eso bastante que se ejercitaba. Para verse siempre como un ganador. El “hombrecito sexy”, así lo pensó, poseía un trasero llamativo, uno que llenaba muy bien aquel mono deportivo, y sintió un calorcito agradable en las pelotas imaginándose meter una mano dentro de ese mono, allí, apartándole tela y calzoncillo, tocándole esa piel seguramente sudada, caliente y velluda, acariciándole la húmeda carne, la raja entre esas mejillotas, raspando con sus dedos un culo peludito, al tiempo que el fornido hombrecito se ponía todo rojo y gemía, trotando a paso inseguro mientras le acariciaba el culo, sin entrar, arriba y abajo, dejándole sentir todo eso que se sentía en esos momentos; deteniendo su mano y enterrándole un dedo, uno que lucharía contra esos pliegues anales en movimiento, empujándolos, metiéndolos mientras iba clavando su dedo.
 
   Le vio y tuvo que concentrarse para no tener una erección mientras su novia todavía se alejaba, imaginándose la punta de su verga, dura y amoratada, sustituyendo su dedo en aquella entrada, enterrándose centímetro a centímetro, muy lentamente, disfrutando de ver cómo desaparecía dentro del osito. La idea le pegó fuerte, y sonreía medio burlón y emocionado mientras levantaba pesas, luchando contra el tolete que deseaba alzarse, notando que otros carajos, cercanos, lo advertían. Su tolete travieso. Unos divertidos, otros interesados. Pero el sujeto bajito ese...
 
   Le siguió con la mirada, cómo tardó en su rutina algo floja. Le vio respirar como si le costara, y sonriendo se dijo que sería una ironía que se desmayara y tuvieran que llamar a los paramédicos después de tanto esperarle. Fue tras él a los vestuarios, este parecía algo distraído; le vio tomar sus cosas y entrar al área de las duchas. Le vio desnudarse... Dios, ¡qué culo! Tan redondo, altivo y velludito como lo imaginaba. La tranca se le puso dura en segundos, mientras se desnudaba también y le miraba entrar bajo la llovizna de la regadera. Acercársele fue un riesgo, pero llevaba tiempo jugando a aquello...
 
   Cubrirle la boca con la suya, las respiraciones anhelantes por el ejercicio, fue eléctrico. Cuando este entreabrió los labios, esperándole, dejándole que le lamiera el gordito labio inferior y luego entrara en su boca, todo le dio vueltas. Cuando las lenguas se encontraron en esa boca, toqueteándose, luchando, casi se corrió contra esa barriga, más cuando el otro chupó de ella, ahuecando las mejillas, tomándose su aliento y saliva. Los toletes estaban superduros, y fue otra sorpresa. El enano la tenía gorda y larga, un trozo de carne blanco rojizo por las venas; una buena tranca, aunque no fuera algo en lo que generalmente se fijaba. Le gustaban los cuerpos masculinos (por ratos), tocarlos, frotarse de ellos, luego cogerlo, llenarlos de güevo y cabalgarlos. Pensar que… tomaba sus masculinidades; que con cada empellón de su güevo tieso les quitaba algo de hombría. Con ese tío...
 
   No supo cómo o por qué le alzó por la cintura, y este casi saltó y le rodeó la suya con las piernas musculosas y velludas, quedando prácticamente sentado sobre su tranca dura, una que latió y se estremeció al sentir el peso, el recio poder de ese cuerpo compacto... El calor de la raja interglútea abierta. Besándose en todo momento.
 
   Besar a ese carajo le parecía tan erótico como el contacto de los cuerpos, y que este se tendiera hacia adelante, pegando sus torsos, cada uno notando el loco latir del corazón del otro, fue intenso. Como sus besos mismos, como la manera en la cual le rodeaba el cuello con los brazos, sosteniéndose.
 
   ¿Cómo pasó sin manos incluidas?, nunca lo supo. Era parte del encanto. Pero mientras seguía besándole, le había metido el güevo por el culo, de pie, sosteniéndole aún por la cintura, meciendo sus caderas de adelante atrás; sacándole y metiéndole el tolete de las entrañas, agitándole con las embestidas en ese lugar público. Habían perdido toda expectativa, todo sentido...
 
   Sentir ese agujero caliente y sedoso abrirse y cerrarse sobre su güevo era todo para él, notándose ricamente atrapado y halado, aunque sus rodillas estaban algo dobladas por el peso de este, el cual le besaba unas veces, y otras echaba la cabeza hacia atrás, cuando le metía el tolete hasta los pelos y seguía empujando, restregándole contra la pared de baldosas, haciéndole gritar a darle rozadas sobre la próstata una y otra vez, algo que le provocaba espasmos en ese agujero de verdadera gloria. Los gemidos de Ricardo en su oído le trastornaban. Y las cosas que se decían...
 
   -¿Te gusta, te gusta así, carajo? ¿Te gusta sentir mi güevo llenando tu culo? -se sentía intoxicado, excitado, preguntándole demandante mientras seguía enculándolo, erizándose al contacto de las bolas del otro cuando su tolete iba y venía, así como las pulsadas de la pieza de este atrapada entre ambos.
 
   -Oh, si, si, cógeme... -le rugió el enano, sonriendo, el cabello todo húmedo pegado a su cráneo y rostro, viéndose... hermoso; si, eso pensó en esos momentos. También el brillo de juego en esas pupilas intensas.- Soy una zorra barata, no me follaba un hombre así desde esta mañana.
 
   -¿Te follan mucho? ¿Muchos maridos? Haré que los olvides a todos. -erizado le siguió el juego, mientras su tolete iba y venía contra ese agujero vicioso.
 
   No pasó mucho tiempo antes de que le cogiera de espaldas, con Ricardo, así le dijo que se llamaba, entre jadeos y echadas de cabeza hacia atrás, de pie, cintura doblada, piernas abiertas, sosteniéndose con las manos de la llave de la ducha, casi al borde de los dedos de sus pies al ser tan bajito, riendo y jadeando mientras su culo era dura y rápidamente cepillado. Las manos del hombre aferraban sus caderas mientras le sacaba y metía el güevo de manera casi escandalosa, arrojándole contra la pared de baldosas. La gruesa mole de carne de joder masculina metiéndosele y llenándole, abriéndole todo, dilatándole las entrañas al máximo, dándole una y otra vez sobre la pepa del culo.
 
   Suspirando en la cocina de su apartamento, Ricardo lo recuerda todo con pesar. Y no sólo porque Sergio había resultado ser realmente un buen amante, sino porque... Caray, le había tomado estima. Esa ruptura, especialmente de la forma en la que se dio, le afecta. Se sirve otra taza de café cuando el sonido de un nuevo mensaje telefónico le llega. De su jefa...
 
   Lee y enrojece feamente.
 
   Pero ¿qué carajo estaba tramando Oswaldo Simanca?, se dice con disgusto. Volcando en él, sabiendo que lo hace, todo el enojo por la situación vivida con ese amante que iba a ser ocasional, de un rato, pero que terminó exigiéndole mucho más de lo que se podía permitirse darle porque era un idiota que no sabía lo que le convenía, soñando siempre con algo que no tendría…
 
   El imbécil de Oswaldo.
......
 
   El lujoso automóvil se desplazaba a buen ritmo por el este capitalino. Su bella ocupante, con el chofer y el guardaespaldas en el asiento de enfrente, ocupa el amplio espacio posterior de aquel carro blindado; una camioneta gris elegante, cara y bonita. Había cumplido con el ritual de llevar a los niños a la guardería, dejarse ver y mirar quienes estaban. Le gustaba ese papel, el de madre preocupada que tomaba en sus propias manos una tarea que muchos relegaban en un empleado. Ahora, libre de obligaciones por un buen rato (aunque ama a sus niños, los ama mucho, se repite culpable), se dispone a ocuparse de ella. El sonido del teléfono le distrae, ve el número y sonríe con una mueca.
 
   -¿Una visita y una llamada en el mismo día? Va a parecer que me quieres, hermano mayor. -es irónica.
 
   -¿Ya llevaste a los niños al colegio y ahora te vas de compras? -la voz de Arturo le altera un poco, parecía estar burlándose de ella.
 
   -Puede ser. ¿Qué quieres? Si es que te invite a almorzar... -Gabriela inicia una chanza.
 
   -Me hieres, mujer. Y yo que te llamaba para darte un reporte. De un asunto que te interesa. -eso la tensa, mira al frente y oprime un botón en la portezuela; el cristal que la separa de los otros, sube.
 
   -¿Ya sabes algo?
 
   -Pareces sorprendida. Soy un hombre hábil; no tanto como guapo, pero...
 
   -Arturo...
 
   -Nuestro hermanito no quiso contarme nada, y eso que lo sondeé con cuidado pero exhaustivamente, incluso utilicé avanzadas técnicas jedi. Por ello hablé con una de sus asistente... ¿Sabías que tiene tres? ¡Tres! ¿De qué coño se ocupa dentro de la empresa? Yo apenas cuento con una vieja secretaria que me mira como si le oliera mal y que se duerme en su escritorio a media tarde. Un espectáculo nada agradable.
 
   -Arturo... -suspira, rascándose con una uña la delineada ceja izquierda.
 
   -Esta muchacha, toda inocentona y medio boba, me contó que nuestro hermanito ha estado haciendo muchas averiguaciones en ciudad de Panamá, sobre cierta cadena noticiosa que busca talentos en el continente. Teme que quiera irse, ¿puedes creer semejante tontería? Una chica realmente... -Gabriela no oye ya, la noticia la hace aspirar con fuerza, casi sonreír.
 
   -¿Ricardo piensa irse del país?
 
   -Aparentemente. Su nombre no se mencionó, pero sí que se desea a alguien que se encargue de investigaciones. Y el enano es bueno en eso. Es la única explicación, ¿sobre qué otro periodista podría estar investigando nuestro hermano, y a nombre de quién? Sin embargo no deja de ser extraño. Nunca le creí capaz de irse dejando a sus hijas. Ni a Oswaldo. Parecen no gemelos sino los siameses de la muerte, siempre juntos y aterradores.
 
   -¿Por qué Anthony anda averiguando sobre eso? -es la pregunta clave. Una que silencia al otro unos segundos.
 
   -Imagino que por órdenes de tu marido, seguramente para ayudarle. -la mujer escucha y suelta una risita afilada, dura.
 
   -Eres tan inocente, hermano mayor.
 
   -Perdón.
 
   -Si Oswaldo anda metiendo sus narices es para todo lo contrario: Seguramente desea joder esa oportunidad.
 
   -¿Por qué? Ricardo es su mejor amigo.
 
   -Y no querrá que se vaya. ¿Aún no conoces a mi marido, tu amigo? Es un hombre con muchas luces, pero también con muchas sombras. No le sientan bien los abandonos. Por toda esa historia triste y largamente aburrida con su padre. -suena dura mientras toma aire.- Dios, ojalá lo logre. Qué Ricardo se vaya, no que Oswaldo le detenga. Quiero que ese hombrecito termine de desaparecer de mi vida.
 
   -Mujer, eres medio maniática. Ese afán de querer acaparar a tu marido no puede ser... sano.
 
   -Cariño, Ricardo Amaya es siempre un peligro, no sólo por el ascendente que tiene sobre Oswaldo, por la de veces que le ha gritado cuatro cosas en la cara logrando que este de marcha atrás en una acción, o aceptando algo que no deseaba previamente. -toma aire.- Ricardo está enamorado de Oswaldo.
 
   -¿Qué? -hay dudas y risas del otro lado. Pero eso no le molesta, Gabriela parece ir pensando en otras cosas.
 
   -Le quiere, de esa manera te digo. Y... alguien, hace tiempo, me aseguró que eso era peligroso. Para mí. -toma aire nuevamente.- ¿Habrá algo que podamos hacer para asegurar ese trato y que Ricardo se vaya para el quinto coño en Panamá?
 
CONTINÚA...

sábado, 12 de octubre de 2019

A DONDE FUERES...

NECESITADO DE DISCIPLINA

   ¿Haz lo que vieres?

   Pensión de mierda en esa frontera entre Europa y Asia. Ya le habían advertido pero nunca imaginó que pudiera ser cierto. Era tan buena por barata para un chico como él, sin dinero, que quiere conocer mundo y acostarse con todas las chicas que encontrara por el camino. Si, el servicio era malo, los cuartos diminutos, las camas olían a sudor y otras cosas, los baños quedaban al final de un pasillo compartido, los clientes eran rudos sujetos que hacían pensar en camioneros de contrabandos, marineros de barcos piratas o ex soldados mercenarios. Tíos que tomaban caña como cosacos con mujeres del viejo oficio, y que al ir al baño de noche se perdían por el camino y entraban en otras habitaciones, calientes siempre, sin importarles donde metieran las vergas mientras follaran rudo y continuo, todo el tiempo. Podían haber gritos de sorpresa, peleas, pero sometían, dando y dando... Pensaba quedarse en esa pensión de mierda un día, nada qué ver después de eso, joder, de ese ruso grosero. Ya llevaba tres y como ocho o nueve visitantes. Bien, era parte de la aventura de vivir, ¿no?, y siendo generosos hay que entender que los hombres siempre necesitan dónde descargar las ganas y que no sea sólo en forma de violencia. Era necesario el trabajo de las perras... 

¿OLOR?

¿QUE PASO ANOCHE?

FUERTES DEBILIDADES

   Todos se han hecho la pregunta...
 
   Una parranda entre panas que puede ser una despedida de solteros, el cumpleaños de uno de ellos, una simple reunión para pasar el rato... Si hay caña y amistad, porno televisivo y charlas osadas, una mañana pueden despertar sonreídos, desnudos, abrazados, bañados de esperma, con un sabor extraño en sus lenguas y un dolorcillo en sus culos ahora. Algo de lo que no hablarán... hasta la próxima fiesta loca. 

CERTEZAS

AMAME SUAVEMENTE...

LA HIJA DE NADIE, UNA CANCION DE ROCOLA

   Dios, cuantos recuerdos...

   En una rokola como la que pienso tener un día en mi casa, y no, no es un delirio, no es otro sueño que se me quedará en el tintero, como me descarta con un gesto de exasperación un hermano cuando nos reunimos y hablamos (es lo peor de la familia, te conocen y no sienten empachos en decir lo que piensan, así nadie se los haya pedido), no sólo puede haber temas tristes, de despecho, dolor y abandono. De rabia, como La Hija de Nadie, o de pérdida y fingir que no duele y todo sigue bien como Casi te Envidio, lo típico de las rokolas, lo que da malas ideas a algunos bajo el vapor del alcohol; no, también debe haber temas de amor.

   Y este Háblame Suavemente, de Rudy Márquez (al menos esta es la versión que siempre he escuchado), es uno de amor, romántico, de espera, de añoranza, de vamos a estar juntos y la noche será mágica y maravillosa y nunca tendremos un final. Esa voz es intensa, el tema también. No importa cuánto tiempo haya pasado desde la primera vez que la escuché, de la última vez, cuando se dejan oír esos acordes me detengo, sonrío y espero. Podría decirles que la amo porque en el bachillerato, en tercer y cuarto años llegamos a una etapa extraña cuando vivíamos muy pendientes de las chicas y parecía que queríamos mostrar espuelas como gallitos, una tarde unos amigos cantaban esta canción y me les uní, a pesar de mi horrible voz, y eso sonó increíble. Las muchachas reían, nos echaban broma pero se veía que les había gustado una barbaridad. Estaban todas halagadas y emocionadas. Una hasta me dijo que cantaba bonito. Lo que me hizo sonreír. No, no lo hago. Y no son ideas mías, hay registros escolares que lo prueban, por mortificantes que puedan ser. Por cierto, fue la primera y única que canté con ellos, no porque me lo prohibieran (que pudieron, créanme), sino porque a esos carajos les encantaba la música de Miramar y de ellos si que no me sabía los temas aunque me gustaban.
   La verdad es que el recuerdo es mucho más antiguo, más viejo... y más vergonzoso. Ahora. Siempre me gustó mucho ver televisión, y todavía, así que mientras otros niños salían a jugar y a saltar, yo me quedaba frente a la pantalla, y en años muy idos, los canales de señal abierta pasaban muchas películas todo el día domingo. Una tarde vi... Dios, es bochornoso, “Historia de Amor”, con Ali McGraw... y lloré y sufrí como perro abandonado en autopista. Eso fue impresionante. Esa historia me dejó como vacío, sin fuerzas. Era recordarla y sufrir, por la chica que muere joven, por el chico que la ama y quiere despedirla a lo grande sin que ella lo sepa. Me pegó como nunca más me pasaría con otra película, en intensidad, hasta la llegada de Brokeback Mountain. Sufrí tanto por ella, tanto por él... y eso que, en retrospectiva, no eran actores muy expresivos. Si Jensen Ackles hubiera protagonizado eso, con esa capacidad de reflejar emociones, me habría muerto deshidratado. Bien, en Los Simpson la llamaron una vez la vieja maquinita de hacer lágrimas y dinero.

   Vi primero la película y su la música acorde me pareció que guardaba semejanzas con la canción cuando la escucho más tarde (en verdad era una versión de la de El Padrino, la cantada por Rudy). Pero la primera vez que escuché Háblame Suavemente, la piel se me erizó, era regresar a Historia de Amor. Y esa canción de Rudy, escuchada por un muchacho le hizo pensar que así se conquistaba a una chica, estando tras ella, cantándole eso al oído, abrazándola... ¿Cómo podría escapárseme?

   Adoro esta vieja canción, es una de mis inmortales, de amor y sentimientos gratos. Y Rudy Márquez siempre ha sido uno de mis cantantes preferidos. Un venezolano orgullo de estas tierras tropicales.

CLARO

CUOTA NECESARIA

   -Hey, hey, tranquilo para, no se lo contaré a nadie. -sonríe cruel.- Me encanta mamar güevos, y si ahora te rajas y no me dejas si les diré a todos que también querías y lo describiré. Así que mejor sácatelo no sea y llegue mi hermana. Mejor, si te seco así no la preñas. 

CLARIDAD

три

ЕДЕН


PREPARADO

CADENA

   El fornido y viril tutor siempre tenía cupo, y asientos, para atender a los chicos que reprobaba en clases de Cálculo. Uno para los alumnos bajitos y afeminados, y el rosa para los chicos como el capitán del equipo de fútbol y el de lucha, los alborotados. 

IMPACTO

EL GOBIERNO, MAL AFUERA, TRANQUILO ADENTRO...

GUERRILLA EN VENEZUELA, ¡CULPA DE URIBE!

   El chavismo dentro de la oposición merece sus treinta monedas.
 
   Si un pequeño consuelo queda en este inmenso valle de lágrimas en el cual el socialismo ha convertido a Venezuela (por acción e inacción de su gente, hay que reconocerlo), es que si el país la está pasando horrible, pero terrible, al régimen que nos desgobierna no le va mucho mejor, angustiados como están por sobrevivir un día y otro y otro y que no terminen sus existencias dentro de tribunales a los que no puedan ordenarles qué hacer, y en pequeñas celdas al igual que Manuel Noriega. Pero la situación está tan mala para el resto, para mí, por ejemplo, que esto no representa ningún consuelo real. Nunca he creído que agonizando voy a reírme del enemigo que se muere también a mi lado, ¿qué triunfo de porquería es ese? Que desaparezca él y yo siga, para recordar cuando se iba, entre chanzas y risas.
 
   El cepo que va cerrándose fuera de nuestras fronteras sólo augura dolor a estos ladrones inútiles y violentos, o socialistas para resumir la definición; un traje naranja y años tras las rejas es la promesa. Y sin embargo no es suficiente todo lo que se está haciendo, y cómo se hace. Que dentro de las sanciones personalizadas se formen comisiones para investigar en todos los países las cuentas bancarias a nombres propios o de terceros de los socialistas hace reír, saber que todo lo que se robaron, aquello por lo que condenaron a muerte a la gente en los hospitales, por fallas de servicios públicos y de alimentación (todo se lo robaron, pero todo), se les convierta el sal y agua es maravilloso. Que vivan con miedo de saber que ya no pueden tocar el botín; que les han quitado de sus ávidas manos socialistas todos esos dólares que tanto aman es algo que alegra. Que sepan que los testaferros hablarán, pactarán por un porcentaje, debe robarles la paz. Como se robaron el resto. Esa es la pesadilla que vive una gente condenada a quedarse en un país en ruina por miedo a salir, sospechando que mientras peor se pongan las cosas, aquí, la rabia de la gente puede terminar arrollándolos. Que se les detenga y sean juzgados en tribunales populares, por ladrones y traidores, como siempre han soñado... para los demás.
 
   Que se les retiren las visas para el imperio del norte a esos generales comprometidos en la sustentación de lo carteles de drogas, de la guerrilla, a los directamente señalados de violentar derechos humanos con represión, a sus familiares, así como a personeros del régimen, y a los suyos, con medidas parecidas en Europa, es perfecto. Si a una persona le piden una constancia de buena conducta para cruzar una frontera no es posible que estos delincuentes con las manos manchadas de la sangre de los que dejaron morir por falta de alimentos y medicinas en más de quince años de restricciones por falta de producción y una corrupción desmedida, y de manera más directa torturando gente, arrojándolas por ventanas. No, no pueden ir alegremente por ahí, sonriendo felices mientras gastan lo mal habido. Ni la familia que les ríe las gracias y se frota las manos pensando en cuánto ganan con nuevas muertes y violaciones de los derechos fundamentales de cualquiera.
 
   Lo de las sanciones contra empresas navieras que llevaban el petróleo con el cual el régimen le paga la coima a Cuba por los favores recibidos (carísimos), bien merecidas son. ¿Que cuál fue el aporte de la isla a este desastre? La gente aprende a ser basura, y el régimen castrista es un gran maestro al respecto. En la isla, al inicio de la revolución, un cubano no creía que matar maestros y gente que siempre fue independientemente libre de pensamiento fuera correcto, menos torturarlos para que implicara a este o aquel; se necesitó al Che y a la stasi alemana que se encargara de esos menesteres hasta que apareciera una nueva camada de cubanos que creyeran que eso era legítimo, como ocurre en Venezuela con la represión y la manera de tratar a todo el que no está de acuerdo con el fascismo en Miraflores. A esta gente se les enseñó a ser torturadores y asesinos.
 
   A la revolución cubana se le pagaba, se les paga aún a pesar de la miseria de Venezuela, esa “ayuda”, sus lecciones. Que no les llegue el petróleo, y que las empresas que sacaban ganancias de esas aberraciones paguen por ello, alegra. ¿Acaso no pagaron las empresas químicas que producían los componentes del gas con el cual los nazis mataron a todas aquellas personas? Por que uno criminales deben ser condenados y otros dejados en paz?
 
   Fue este cuadro lo que obligó a Nicolás Maduro a viajar a Rusia, de donde “llegaría con importantes declaraciones de apoyo y acuerdos económicos”, dijo la muy falaz Vicepresidenta de la nación, Delcy Rodríguez; que el dinero rodaría. Maduro fue a donde no había sido invitado, y así le trataron. El Vladimir Putin, molesto por tantas chambonadas, tantas idioteces (el régimen resultaría divertido, gracioso, si no fuera por la cantidad de gente que ha muerto o a la que se le ha arruinado la vida por su culpa), le aclaró que Rusia no va a soltar más plata ni a custodiar ningunos barcos (para hacerlo tendría que traerlos del otro lado del mundo y podrían ser bloqueados por la flota norteamericana como en 1963, y si no hubo guerra esa vez por los misiles, cuando se repartían el mundo en dos toletes, menos ahora por una pequeña nación que desprestigia la palabra socialismo a cada hora). Que lo único que podía hacer por él, fuera de decir que “les apoya”, era “recomendarle (unos dicen que fue regaño)” discutir y llegar a un acuerdo con la Asamblea Nacional, la legítima, no la que se inventó como poder supra constitucional, ni los cuatro muertos que revivió con antiguos sortilegios para fingir que discute con la “oposición”.
 
   De Rusia regresó sin un rublo, queriendo volver a la mesa de negociación incentivada por Noruega y los diputados de la bancada ladrona volviendo a la Asamblea Nacional. Lo que les tiene desesperados. Porque ¿y si en medio de este abandono total del exterior la gente comienza a bajar de los cerros y a salir de las barriadas a responsabilizarles del desastre de la salud, la alimentación, el gas, el agua, la luz, bajo un liderazgo sobreviviente a la campaña de guerra sucia montada por la señora María Corina? ¿Qué hacen? Por suerte, para ellos, el país fue desmovilizado por esa gente que gritaba, desde esta acera, que no había que salir apoyando a este o aquel, que no había que votar, que no había que hacer nada porque Nicolás Maduro les dijo que el régimen se iba a caer solito, o que ya venían los marines a hacer el trabajo. Cuatro años vamos en esa paja, y nada.
 
   Sin embargo, aunque todo esto es una maravilla, que sufran esos perros, y que la angustia sea peor sabiendo que lo que les espera al final será todavía peor, que al país se le someta a sanciones colectivas, como nación, condenándonos a quedarnos sin servicios de internet por ejemplo, cortando los pocos medios de comunicación e información, dificultando el aún conseguir medicamentos a través de redes, es criminal. El régimen no necesita de esos servicios, lo necesitamos los demás. Más bien les ayudan a incomunicarnos. Pagarán justos por pecadores. Aquí se juntan las condenas, a un régimen que no le importa un carajo lo que le pase al país y su gente mientras puedan sostenerse, se une ese pensamiento fatalista de no importa, que todo se ponga peor mientras se mueran. O no padecen ellos ese calvario y esperan que el sacrificio lo hagan otros, o son tan dementes y peligrosos como el régimen mismo y debe (una sociedad sana y con instinto de supervivencia no puede salir de estos para caer con otros exactamente iguales) apartárseles donde no hagan más daño.
 
   El régimen hace agua por todos lados, y movidos por esa desesperación creen que la xenofobia con la cual son tratados los desplazados venezolanos en el Perú, les ayuda. O lo que ocurre políticamente allí y en Ecuador, como si no repararan que en toda cabeza con dos dedos de frente debe estar prendiendo la idea de que si los venezolanos no llevaran ocho años migrando por el desastre montado por la revolución, agravado por el hambre que está matando a un país donde no se produce nada y los reales con los cuales debía importar se los robaron, le hace quedar mal. O peor de lo que ya se les veía. La idea de: si eso no pasara no habrían problemas en la región, y no dejara de pasar mientras estos delincuentes sigan allí. Movido por la desesperación de tener algo que decir, un hombre astuto y capaz para el ñemeo político como Nicolás Maduro cae en estas tonterías. 

OLLA DE PRESION

DEFINICION

PADRES Y MAESTROS INVOLUCRADOS
   Hay momentos...

   -Silencio, maricón, deja de quejarte de mi abuso; es lo que querías desde que comenzaste a trabajar aquí: mamar güevo. Saborearte uno como este, rico, ¿verdad? Tan jugoso y duro. -le interrumpe cuando se miran, la barba brillándole de saliva y jugos de verga.- No, no, no quiero escucharte decir que no te gustó, noté que te corriste sólo haciéndolo, sintiendo mi pieza latiendo contra tu garganta. Bien, eso no me molesta, trabajar al lado de un puto como tú; al menos ahora si serás útil en el taller. Tu trabajo de soldadura era una mierda, mamando güevo eres mucho mejor. ¿Quieres un poco más? Verte de rodillas me lo pone duro. -ríe ronco, bajito.- Pero qué pregunta tan tonta, claro que quieres, si ya te relames. Vamos. -indica y casi no tiene que empujar sus caderas para que aquella boca de labios empegostados, que dejan escapar un jadeo ahogado, cubran el tolete ansiado.

SEÑALES

CAMPAÑA ARRIESGADA

   Indudablemente...
 
   Grita y ríe escandaloso, como el resto de sus amigos, cuando hace aquello. Luego, todo serio, le sostiene la mirada a quienes le observan. ¿Un desafío, ganas de escandalizar, de molestar a los beatos? No, reconoce el vecino con una sonrisa en su barbudo rostro de cuarentón maestro de escuela. El chico, lo supiera o no, estaba urgentemente necesitado de unas duras nalgadas echado de panza sobre la pelvis de un papi. Como él. Era tan evidente. 

ALEGREMENTE DESCARADO

GENTE GUAPA, GENTE FEA...

10 DE OCTUBRE

   ¿Cuándo sería eso?
 
   No hablaré mucho del inicio de la temporada final de Supernatural, tan sólo diré que fue un capítulo lleno de acción, con zombies, y de peligros sugeridos a futuro como caimanes esperando en los recodos de un río, como la herida de Sam en el hombro al dispararle a Chuck, saber que la jaula fue abierta en el infierno y que Miguel salió todo resentido (imaginamos que también Adam), y hay un admirador de Dean de cuando torturaba gente en el Infierno junto a Alastair, y esas almas ahora andan por ahí.
 
   Me encantó este Jack, ya no hijo de Lucifer, sino poseído por un demonio, uno que se alía y ayuda de una manera cómo muy fácil, me recordó a Ruby al principio y a Meg poco después. Fue el muchacho de lo más chusco y carismático. Con Castiel evitando mirarle, y este haciendo migas con un hosco Dean. Todos estos seres sobrenaturales terminan gravitando hacia el mayor de los Winchester. Dios, esos tres momentos de comedia... la mujer cuando enfrenta al ángel, al fantasma y al tipo que dice que le disparó a Dios; cuando le dicen a esta que no cuente nada de los fantasmas, la puerta del Infierno ni de los ángeles que andan por ahí porque “podría” causar pánico, y el Jack demonio gruñe un “¿podría?”. Y el momento cuando Dean le pregunta a Castiel si todo está bien, este dice que si, pero, y va a contar algo más y Dean le corta con un bien, bien, y se va, con el Jack demonio diciendo “guau, qué incómodo, ¿quieres hablar?”. Me recordó un poco al Flash de La Liga de la Justicia.
 
   Fue un gran inicio de temporada... Como siempre, estos condenados sí que saben hacerlo.  

LA NOCHE DE LOS INSECTOS SOBRENATURALES -01x07

viernes, 11 de octubre de 2019

PROGRESION

¿CELOS O ENVIDIA?
   Muy natural, además...
 
   Reuniéndose como buenos amigos para ver porno desde los trece años, y hacerse pajas comentando sobre las tetas y chicas pantaletas de aquellas actrices gritonas, ya, más grandecitos, más cómodos en una cama compartida, no miran la pantalla sino la otra pieza. La del amigo, tan rojiza y dura, tan caliente, emitiendo un olorcillo que… De allí a tocar cada uno la del otro fue un paso, rojos de caras, mirando nuevamente la pantalla. Ya no. Encienden y dejan correr el video de chicas buenotas, pero cada uno apretando la tranca ajena, sobándola, notando lo excitantemente extraño que era sentirla latir como un corazón contra la palma. Y, aunque se siguen llamándose héteros, cada uno pensando eso de sí mismo y del amigo, uno se estremece preguntándose qué sentiría si pasara la punta de la lengua sobre la lisa y húmeda cabecita... y el otro lo espera tanto, a que se decida y lo haga, que siente que se muere. Chicos tontos que dejan que sus miedos los retengan, ignoran que el tiempo se va y no vuelve. 

ALEGREMENTE ALTANEROS

LA OPINION QUE IMPORTA

CADENA

   -Okay, amigo, déjame ver... Hummm, si, me gusta. Me gusta mucho lo que veo. Mejor que el mío. ¿Puedo tocar? Si, este bóxer es de una calidad excelente... No te importa que siga tocando aún, ¿verdad? O apretando un poco, ¿no? 

PREPARADO

miércoles, 9 de octubre de 2019

TRASEROS TRAVIESOS

COMUNICACION

   Si, culos locos y tremendos, así eran esos fornidos y gordos traseros de calentorros chicos negros. Cuando sale con el primo, citando a otros, estos saben a lo que van, lo que quieren, caer de rodillas y chupar, ahogándose con esas trancas en lo profundo de sus gargantas golosas, la baba chorreándoles por las barbillas y los ojos llorándoles un poco ante el tamaño y largo de aquellas pulsantes piezas. Cuando sus culos oscuros eran abiertos y penetrados, era con fuerza, con rudos golpes como tanto gustaba a “ese par de perras”, como todos los que les conocen dicen cuando se refieren a ellos, sea en el trabajo, el vecindario o en las reuniones de amistades. Que cada uno por su lado es capaz de agotar un bar lleno de marineros ebrios, juntos con toda una flota. Es una noche de sexo caliente, de penetradas a fondo, de golpes duros, de chillidos y gemidos de quienes sienten que no hay futuro ni mañana, sólo el ahora y todas las vergas, todos los hombres que puedan tomar. Ya volverá uno a dar clases dominicales de religión y el otro con su mujer e hijos, el perfecto padre de familia. Pero, por unas horas, tan sólo necesitan relajarse y dejarles entrar...

   Un video de cortes extraños, pero realmente caliente... 

EL BOCHORNO DE SARITA

SERVICIO A DOMICILIO... 9

...A DOMICILIO                         ... 8
   La trampa atrapa chicos...
......

   Martín no piensa, al menos no con el cerebro, y con manos frenética se saca la verga, que pulsa llena de sangre y ganas. Nada difícil a esa edad. El abogado, el “viejo sucio”, se la mira, luego a él, al rostro, y ronronea de una manera procaz, erótica. La deseaba. Tanto que una gota de líquidos preseminales que se suspende el al aire desde su ojete le hace tenderse hacia adelante, apresurándose a atraparla sacando la lengua, donde cae, saboreándola de manera ávida mientras continúa mirándole a los ojos.

   -Alimenta a la perra. -oye la risita ronca de Vicente, el vecino de barba.

   Está casi ahogado de lujuria, lo sabe, ver a ese hombrezote peludo siendo follado de aquella manera por ese grueso güevo que va y viene, ladeándose un poco, dándole aquí y allá (sobre ese punto que ya conoce, piensa estremeciéndose más), le borra toda idea racional; el tolete le late en el aire, nuevas gotas caen, unas que son tomadas por esa lengua. Tan sólo quiere participar, meterse con la “perra”. Acerca más el cuerpo y gime, cerrando los ojos, sonriendo aunque no sabe que lo hace y echando la cabeza hacia atrás en éxtasis cuando esos labios húmedos y calientes le atrapan la cabecita del güevo, dándole besitos y chupetones salivosos, bajando más y tragando más, cerrando las mejillas y comenzando un vaivén mientras sorbe. Chupa y lame con esa lengua caliente que siempre se ha mostrado tan hábil a la hora de mamar toletes. Casi siente un calambrazo en el miembro al tiempo que la boca va y viene. Le es fácil imaginar a un joven jugando al fútbol con sus amigos, una caimanera una tarde de sol un domingo, todos alegres, sudados, llenos aún de energías, haciendo apuestas insólitas y el futuro viejo mamagüevo perdiéndolas, de rodillas en un garage mamando a todos esos carajos, que riendo le dirían cosas, que con sus trancas le azotarían la cara, una más joven pero igual de hambrienta, metiéndoselas uno a uno en la boca, todos queriendo ser chupados; unos deseando ver que se tragara sus leches, otros queriendo verla chorreando por esa cara...

   Jadea aún más, ojos cerrados, Roberto la tiene toda, ordeñándola con su garganta de una manera ruidosa. Y una boca haciéndote eso en el güevo era la gloria, piensa el muchacho, temblando, atrapándole con una mano tras la nuca aún levemente húmeda con el agua de la piscina. O el sudor. Comienza un saca y mete lento, cogiéndole la boca, algo que les hace gemir a los dos. Y así, con los ojos cerrados, sonriendo, puede “verle” siendo follado por boca y culo; dos machos dándole duro, tan sólo faltándole, tal vez, un espejo para mirarse mientras era atendido...

   -Abre los ojos y aprende. -le indica la autoritaria voz de Vicente; una que le eriza un tanto la piel, porque le gusta, le atrae el tono, le gustaría usarlo con la perra.

   Obedece y siente que la verga le tiembla en la boca del carajo. Imaginar era una cosa poderosa en la mente de los hombres cachondos, pero verle ir de adelante atrás, frenético, buscando enloquecido esos dos güevos era todavía más caliente. Estaba dándole buenas chupadas, pero no puede dejar de preguntarse si las que le da al otro, con el culo, no serían igual o mayor en intensidad. Esa idea le sorprende, pero está tan excitado que no puede rechazar la imagen de un culo abriéndose golosamente para recibir un joven y duro tolete tieso. Si, mientras ronronea y se estremece y babea (se veía a leguas que a Roberto Mancini le gustaba mamar güevo, mucho), se notaba que también deliraba por un tolete llenándole el vicioso agujero. Es perfectamente consciente de su expresión cuando la gorda tranca se le va enterrando, desapareciendo toda, el cómo se tensa y estremece. Él mismo lo hace ante esa cara, esa actitud, el brillo del carajo... Era el goce de estar siendo follado por un hombre. Al abogado le gustaba tanto mamar como tener una clavada en su trasero, rastrillándole hondo, la punta dándole una y otra vez en aquel punto que parecía ir poniéndole cada vez más frenético.

   No puede apartar los ojos de esa baja espalda, de esas nalgas que se abrían, del pubis del otro que iba y venía, empujándole el tolete hasta lo hondo, abriéndolo, llenándolo de pulsante carne dura. Y enrojece al alzar la vista y encontrar a Vicente mirándole, sonriendo.

   -Si, a las perras les encanta esto. Hay hombres para quienes no hay nada más valioso y maravilloso en este mundo que estar en presencia de una verga erecta. Ofrecida para que se goce en ella. Tenerlas en la garganta les encanta, mucho, saborear los licores del hombre... Pero en el fondo todos mueren por esto... -le aclara, atrapando al abogado por la cintura y comenzando un impresionante saca y mete que parece transformar en majarete a Roberto, cuya boca se cierra aún más hambrienta al tiempo que sus ojos parecen ir bizqueándose.

   Y mientras habla, el sujeto le suelta y descubre su torso, mostrando unos pectorales desarrollados de hombre, peludos, con hembras canosas brillando al sol, desabrochándose más el pantalón, que cae, dejándole en bóxer y con la tranca afuera, uno que también medio baja. Sonríe al hacerlo, orgulloso de sí, piensa un fascinado Martín... quien ve cómo las gordas nalgas de Roberto van contra esa pelvis, disparadas hacia atrás, buscando con el hueco del culo, uno que se abre y abraza, esa tranca. El hombre se la mete toda, apretando los dientes, clavándole otra vez los dedos en la cintura, y todavía se refriega de manera circular de ese otro carajo, el cual gime en todo momento, con los ojos casi idos de tanto placer.

   El chico no puede procesar con palabras sus ideas, y aún estas le cuestan.

   -Sí, muchacho, el viejo marica está cabalgando sobre el placer puro. Cuenta con un fino órgano sexual, fuente de gran placer, en su boca, como todos, pero el principal es este, el coño de labios golosos que tiene entre sus nalgas peludas. La pepa que el buen Dios colocó allí para que se gozara en el amor de los hombres le domina. El punto de la dicha. Ven, acércate para que veas... -ordena, invitando.

   Martín traga en seco, quiere que el viejo siga mamándolo, llevaba días soñando con eso aunque fuera incapaz de decírselo aún a sí mismo, pero la curiosidad… Va, su joven tranca temblando al aire, agarrándose un faldón del pantalón para que no caiga, colocándose al lado del otro.

   -¿Qué tienes?, ¿sientes vergüenza de mostrarte como un macho?, ¿acaso eres un maricón, muchacho? -le gruñe el hombre sin detener las embestidas de sus caderas y le obliga a soltar el pantalón, que cae.- Bonito bóxer. Ese si vale la pena.

   -¿Cierto? -jadea, feliz de la vida, Roberto, ahora transpirado, jadeante, apenas sosteniéndose sobre sus manos y rodillas, mirándoles sobre un hombro.

   -Muestra siempre con orgullo lo que tienes. Lo que piensen otros es su problema. O lo que deseen. -le dice el hombre al muchacho, como si fuera un maestro.- Ahora mira.

   Y clava los ojos, no quiere porque es algo... extraño, estando tan cerca del sujeto, pero lo hace. Lo primero en lo que repara es en la gruesa tranca del macho, casi deformada por las hinchadas venas que seguramente estaban rastrillándole las paredes del “coño” al marica, con la cabezota casi saliendo, con la que le golpeaba la pepa; pero era... Joder, ese culo peludo y arrugado se estremecía alrededor de la tranca; mientras esta salía los labios se adherían a la piel como si no deseara dejarla escapar, como si la halara, para luego aceptarla. Y cuando la tranca desaparece, clavándose, refregando, golpeando, esos labios desaparecen con pelos y todo. Roberto se tensa y chilla, la espalda y hombros muy rojos, alzando el rostro y gimiendo. Martín traga en seco, ver como le da y le da, llevándole a la locura, le tiene mal. El tolete le babea sin control. Y Vicente le mira, sonriendo, sacándole la tranca del culo al abogado, ordenándole a este, sin mirarle, los ojos clavados en el chico, quien ahora, rojo de mejillas, le mira al apartar la vista del tolete tieso.

   -Vuélvete. -gruñe.

   Estremeciéndose, Martín ve como Roberto se voltea en la silla, cayendo de espaldas, jadeante, grande, viril, velludo de una manera sexy, bañado ahora en sudor, los cachetes rojos, los ojos oscuros de lujuria. Le ve alzar las piernas, separarlas; el culo, rojizo, los labios hinchados de tantos frotes, temblando visiblemente. El bañador un tanto bajo le cubre las bolas y el tolete, pero se le ven. Está duro y babeante.

   -Mira cómo se le estremece. Para el puto no hay placer comparable a tener un güevo clavado llenándole las entrañas. Para ellos eso es la dicha. -anuncia el tipo, y a Martín la calentura le sube todavía más, viéndole ocupar el espacio frente a esas piernas, Roberto enrojeciendo por el esfuerzo de sostenerse las rodillas con las manos. Esfuerzo que se alivia cuando Vicente le atrapa los tobillos, separándole más las piernas, alzándole un tanto más el agujero, inclinándose y apuntando la cabeza de su tranca hacia este, el cual realmente pulsa como una boquita haciendo muecas, abriéndose expectante. Golosa.

   -Ahhh... -Roberto gime, frente fruncida, cuando el glande roza su capullo, empujando y empujando.

   Martín siente una bola en la garganta cuando ve como la punta desaparece y esos labios tiemblan ávidamente a su alrededor, ¿podría sentirse tan bien como se veía, joder, metérsela a un marica?, no puede evitar preguntarse. El carajo, mirándole, ¿cómo si le adivinara?, le asusta un poco. Este flexiona las rodillas y le clava el tolete hasta los pelos, de golpe, casi cayéndole encima, y Roberto se tensa sobre la silla, gimiendo, mordiéndose los labios para contener lo que de otra manera serían unos gritos de gozo tal que atraerían alarmados a la policía y a los bomberos (y al puto tal vez le gustaría, la idea le estremece todavía más).

   Vicente comienza un saca y mete lento pero firme, ese güevo entra y sale del culo de aquel sujeto sin detenerse, dándole y dándole, el cual se lo traga, lo cubre y sabe el muchacho que lo exprime, lo hala y lo chupa en su ir y venir. Le marea ver como el hombre le clava el tolete venoso hasta los pelos, bailándolo allí como queriendo metérselo más, y luego sale, pelos y esfínteres pegados a él, la cabezota deformando el redondo anillo, casi sacándolo, para regresar con un golpe directo, dándole con las bolas. Una y otra vez, aferrándole fuerte los tobillos, la silla de jardín agitándose, deslizándose. Y mientras lo coge, lo folla a fondo, le llena de verga caliente y dura las entrañas, Roberto tan sólo lo mira con adoración, entrega y cachondez. Podía ser el abogado más hábil del mundo, el más temible y capaz, un carajo con quien no se podía jugar... pero en esos momentos era tan sólo un esclavo del güevo, de ese que abría y dilataba su ano, que pulsaba, que le quemaba todo por dentro, frotando unas paredes rectales que parecían estallar en llamas. Le cuesta respirar, pensar, tan sólo deja caer la cabeza hacia atrás, tragando visiblemente, separa los brazos y lleva las manos a su nuca mientras gimotea largamente y ríe, recorrido por mil oleadas de placer en su patio, bajo ese cálido sol de la tarde, mientras dos hombres lo atienden...

   Hablando de eso... Robándole fuerzas al placer nirvánico donde está, el abogado medio abre unos ojos que había cerrado para dejarse llevar, centrando la mirada en Vicente. Y hay algo allí... Una comunicación secreta, vieja y efectiva.

   Este sonríe, torvo, y vuelve el rostro a un lado. Hacia Martín.

   -¿No quieres cogerlo, muchacho?, ¿clavar tu güevo en este coño sedoso, apretado, mojado y caliente?

   -Yo... yo... -jadea este, con igual esfuerzo para respirar.

   -Vamos. -gruñe el otro, soltándole los tobillos a Roberto, quien se aferra las rodillas con las manos nuevamente, apartándose, dejando el espacio, atrapando al muchacho por un hombro, metiéndole entre aquella piernas abiertas.- Una perra necesita de tu verga. Nunca puedes desatender semejante llamado. Es como negarle agua a un sediento.

   Temblando, no sabiendo si podrá finalmente, el chico se aferra la verga y frota la cabeza de esa raja peluda, de ese culo que se abre y cierra como una boquita con trompa. Y jadea, el contacto es eléctrico, caliente. Sentir las caricias de esos labios sobre su glande... Empuja y duda, duda en todo momento mientras le clava la cabecita. Chillando luego cuando ese anillo se cierra salvajemente y siente las haladas y chupadas.

   -Vamos, coge a la perra.., -oye a Vicente, quien le respira en el cuello, a sus espaldas, muy cerca. La punta de su propio güevo tocándole en la baja espalda, suave, casi etéreo, pero real.

   Provocándole un espasmo en la tranca, algo que Roberto nota, sonriéndole emocionado.

   -Cógeme, hijito. Llénale el culo a tu papi...

CONTINÚA...