viernes, 26 de abril de 2019

¿QUE CULPA TIENE?

GANAS
   ¿Famoso, reconocidamente gay y en semejante programa? No, no tiene la culpa el nadador británico Tom Daley, que una miradita se le escapa, tan caliente que la nota el chicuelo y luego deba disimular. ¿Un momento incómodo, divertido... o una cita a largo plazo establecida? 

ACEPTACION

CAMPAÑA PUBLICITARIA

OFICIOSO
   Con esa facha, ¿qué puede afectarle?

   Independientemente de lo que cualquiera dijera, le encantaba dar exhibiciones para su gym en cualquier plaza, embutido en sus pequeños bikinis, sabiéndose mirado, admirado y adorado, aún por quienes ríen escandalizados. Fuera de eso no le interesa nada más. Meterse la telita entre las nalgas, provocando chillidos, que todas las miradas en el culo se le clavaran, era la locura... Una que llenaba de nuevos socios, generalmente chicos calentorros y adolescentes, las taquillas de inscripciones de su negocio. Nuevos socios a quienes ataba al lugar dejando de tarde en tarde, olvidadas por allí, alguna de sus trusas, las cuales a veces desaparecían y eran regresadas a los días, todas como chorreadas de algo; otras no, nunca volvían, pasaban a ser parte del tesoro bajo el colchón de algún muchacho reprimido en el armario. Pero, las ganancias lo compensaba.   

JUEGOS DE VIERNES POR LA TARDE

COMPROMISO

MOJANDO
   A veces, entre chicos, se pactan esos acuerdos...

   Cansados de aparentar que son heterosexuales han decidido no regresar a la ciudad, sus casas o a la universidad hasta que conozcan chicos que los follen a fondo curándoles la virginidad; que los coloquen de espaldas sobre la arena, haciéndoles chillar de gusto, suplicar por más y reconocer que eso es lo único que quieren en todo este largo y ancho mundo verde. Y no uno o dos, eso también se lo prometen, que para eso es todo ese largo fin de semana en tangas. 

LO QUE LE GUSTA

EL GOBIERNO Y LA TORMENTA PERFECTA

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE OCCIDENTAL
   Al destruir el país para controlarlo cavaron su propia tumba...

   Es más que evidente que las viejas recetas de la miseria y el hambre, llamar a lo canallesco del alma humana para poner a unos contra otros, y la amenaza constante de la represión ya no pueden sostener al régimen, porque el hambre que recorre al país está inflamando la olla de presión a niveles peligrosos. Amor con hambre no dura, eso siempre ha sido una verdad. Cuando el dogma no llena las ollas con sopa no hay revolución que aguante. Y al drama de robarse cada centavo, no dejando nada para comprarle ni a chinos ni rusos, que no fían (hablan mucha paja de solidaridad, que nada cuesta, pero nada de barcos llenos de comida), después de haber acabado con la producción nacional, se junta el desastre de infraestructura, así como la llegada de una figura poco carismática pero que encarna otra esperanza y finalmente la rabia popular de quienes ya no aguantan más.

   Ya no son sólo las calles llenas de huecos, puentes cayéndose, servicios públicos enteros detenidos porque los empleados no pueden pagar pasajes ya que las quincen no alcanza para cancelarlos, sino que el desastre de la electricidad acabó con lo que quedaba de paciencia popular, al menos en Caracas donde, a pesar de la brutal represión gubernamental, respondida por esos sectores en muchas zonas, obligó al gobierno a recular. Se intenta una calma chicha para la zona central, intentando salvarla de apagones y racionamientos, pero la procesión va por dentro a pesar de la habladera de paja (y alguien debería decirle a Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello y a los otros que cada vez que dan declaraciones infelices la gente se molesta más y más), se le suma que al final de todo no se ha podido conjurar efectivamente esa peligrosa rabia en la zona capital.

   Que en medio de este desastre el ministro de Deseducación, Aristóbulo Istúriz, fuera recibido a cacerolazos en un liceo en Caricuao, a donde llegó con sus monerías, con su circo sin pan. Aparentemente a su llegada sonaron las cacerolas y uno de sus escoltas disparó contra un edificio provocando que la gente arrecha bajara a enfrentarles, al grito de rabia de tenemos hambre; provocando que el indigno sujeto tuviera que salir corriendo, asustado y lloroso, temiendo por su vida, no tanto por los vecinos en realidad sino por su propia conciencia, el peor de los jueces (hace poco una demente en la Asamblea Nacional Prostituyente pedía que el “pueblo” juzgara a los traidores, queriendo aplicársela a Juan Guaidó, debió temer que la gente se volviera loca, le juzgara y le colgara junto a sus matones). Y esta es la guinda final. La gente está arrecha, las clases populares están hartas, Caracas sigue encendida.

   Estamos exactamente como en diciembre de 2015, cuando el país, opositores y gente que no cree en la oposición pero está harta del régimen, se encontró en las calles para dar rienda suelta a sus rabias; aunque, por ahora, en estos momentos, no estemos todavía unidos bajo una misma bandera como si se estuvo en el 2015. Bastaría la figura de Juan llamándonos a todos a presentar un frente unido para que el ejército sea multitudinario; como lo hace a pesar de las voces dentro de la oposición que insulta a la otra mitad para que sigan al lado de Maduro (como insultan a adecos y copeyanos para que el pueblo adeco y copeyano abandone a Juan, son unos dementes tan delirantes como los jerarcas del régimen usurpador).

   Bastará que Juan llame a las clases populares a que se manifiesten en apoyo de la gente en el estado Bolívar, donde están destruyendo y robando a Venezuela, matando indios, dejando que la narcoguerrilla colombiana mate a venezolanos, que llame a defender al Zulia, que en Caricuao, El Valle, Antímano se grite y se proteste por lo que se les hace a los zulianos, por aquello de que hoy por ti mañana por mí, para que esto reviente. Deberiamos estar en las calles gritando por la joven violada y asesinada en el estado Bolívar donde se pretende salvar a sus verdugos; la madre de aquí, que intentó matar a su hijo de tres años y matarse ella en un momento de locura gritando que no tenía qué darle de comer, ya debería tenernos a todos en las calles. Hoy por ellos, mañana por nosotros, ¿o es que es muy difícil de entender?

   ¿Quién nos para si eso se logra?, ¿quién nos detiene si actuamos como un todo, si logramos superar lo político para caer en lo humano, entendiendo que o luchamos todos juntos o nos acaban a cada quien por su lado, apartando a los que hacen lo que sea para que esta unidad no se de, con cuentos absurdos que pretenden que creen que si viene una invasión militar extranjera aunque todos, fuera de Venezuela (aparte de los cubanos) han dicho que no lo harán? Si esas dos condiciones se dan, apartar a los que ayudan al régimen y unificamos al país en una lucha no de “yo seré el presidente”, sino para salir de esto, se retomara el camino triunfador que llevábamos en 2015, abortado por los que llamaron a desmovilizar a la gente para que el pelón que nos unió a todos en una meta no fuera presidente, para que no lo fuera el flaco adeco que hablaba golpeado, para que no lo fuera el unicejas de Jorge, todo esperando que gente que no cuenta con nadie, que no llenan ni una calle cuando llaman a una concentración, subieran a fuerza de acabar con los demás.

   El primero que lo entiende, el peligro que corre en este momento en concreto, es el régimen sátrapa montado por La Habana, por lo que viven llenando las redes sociales de lamentos, llamando a maría, a cualquiera que pueda servirles en la campaña para destruir a Juan Guaidó. Pero, esta vez, no pisaremos el peine. Y lo digo por ser amplio, nunca entendí cómo el entregarle el país político al régimen en lugar de derrotarles en cada alcaldía y gobernación como se hizo con el Parlamento, les hacía daño a ellos y nos beneficiaba a nosotros. Pero es que debo de ser muy bruto, porque todavía no lo veo.  

¿QUÉ PASÓ EL 30 DE ABRIL?

miércoles, 24 de abril de 2019

SEMANA DE GRADUACION

HAY DIAS ASI...
   ¿Han escuchado de padres que han tenido que reñir a sus hijos preguntándoles hasta cuándo pensaban celebrar la graduación, dos o tres semanas después del evento? Los jóvenes se vuelven locos con la perspectiva del mundo que se les acaba y el que comienza. Así que en verdad no tiene nada de raro que nuestro héroe, al final, el último día, se confíe a su mejor amigo y le diga que siempre ha querido probar una tranca bien dura y parada para ver qué se siente. Sorprendiéndole. Y más cuando le pida ayuda sobando, tocando y prometiéndole cositas sucias con una sonrisa grande.
   ¿Qué queda hacer este?, es su amigo, ¿no?, tiene que ayudarle. Metérsela hasta los pelos por la boca, darle con las bolas cuando le quite lo virgen... si es que lo era. Qué dudas caben según el entusiasmo. Él mismo confiando que también quisiera probar, aunque fuera con la puntica. ¿La torta?, que sean pillados...
   Eso podría arruinar vidas, reputaciones y carreras, a menos que nuestro héroe, revelándose como recontra puto sepa cómo acomodarlo todo... en su agujero. O con su agujero. ¿Puede haber algo más caliente que este chico pidiendo más güevo a los amigos de toda su vida? Si, que uno de ellos, mariscal del equipo de fútbol, le azotara el trasero un tanto molesto por no revelarse antes y que le dieran bastante, entre todos, en los vestuarios antes y después de cada juego.


   Paul Canon es otro actor genial del mundo del porno espectáculo gay, tiene una atraciva carita de ratita, de quien goza lo que hace y que se ve muy bien mientras lo hace. Ese tatuaje de labios... El video era pesado, tocó dividirlo. Era eso o que perdiera mucha calidad reduciéndolo, lo que habría sido una pena. 

REACOMODO

AGARRANDOLE EL GUSTO

   Ya estaba rendido a sus pies...

   Cuando un conocido del edificio, Nelson, le habló de la catira a juro del 3B, que fuera de zorra asombraba en la intimidad, y que siempre quería, no le costó mucho dejar a su novia en la cama, abordándola, aunque no se esperó tamaña sorpresa. Porque era grande. Larga y dura cuando se calentaba. El shock “al verla”, le hizo reír al fin, el “ya estoy aquí y al menos sacó una mamada” fue su error, por decir lo menos, porque debió corresponder antes de que ella se moviera. Esa fue su equivocación, ahora lo sabe, gimiendo, ya que tragada a tragada, sintiéndola presionando su lengua, bajando por su garganta siente que pierde un poquito más de su masculinidad. Se estremece cuando con voz mórbida ella le dice que le gusta su mirada desmayada mientras mama, esa hambre vieja, esas ganas de polla que se le notan. Se estremece, caliente, cuando le dice que va a convertirle en el mejor chupa vergas de la cuadra, uno mejor que su amigo Nelson, quien tiene, eso si, uno de los más increíbles coños entre sus nalgas...


   -¿No quieres uno, papi?, ¿uno para ti, para que lo presumas con tus amigos y los sorprendas mañana? ¿No quieres que te haga una traviesa concha con mi tranca?

ECOS SANTOS

   El veterano capitán sabe balancear su vida en días de asuetos como esos, mire por donde se le mire; manda y grita como ogro en alta mar, se vuelve obsequiosa y ardiente zorra de los muchachos en tierra firme. Con sus pantaleticas sabe cómo animarlos a actuar. Estos pasarían una o dos veces, riendo entre ellos, señalándole, él se volverá y les agitaré el trasero, y pronto estará gritando con el coño abierto. Nada superaba el sexo en los lugares apartados y públicos, como los vestuarios en la playa. Alguien siempre acercándose y riendo, oyendo sin entrar a veces, preguntando si es que le estaban dando duro a una puta. ¿Momentos incómodos?, claro, como cuando le pillaba en una de esas alguien de la flota; estos nunca terminaban de compaginar que quien les gritaba e insultaba de día, molestándoles con lo del respeto y la disciplina, era quien luego podía llorarles por pollas en las noches en su camarotes. Pero aprendían.
   Siempre se ve una escena de estas en la arena cuando las familias pasean; el atrevido y fogoso yerno que se la monta al suegro, quien grita y ríe sintiéndose presionado, notando en el cogote el calor de la joven verga, cierto olorcillo medio mareándole aunque el carrizo saliera del agua. Los juegos de “¿quiere chupármela, suegro?”, entre risas algo censuradoras del resto de la familia, pero el chico, con los ojos brillantes, seguía empujándola más y más. Cuando ya hay confianza, pero confianza de tiempo, entre las olas es fácil adivinar al viejo metiéndole mano en el bañador haciéndole una paja... algo que ayude al más joven a aguantar hasta que se la monte en casa.
   No necesitaba explicarse, decir nada, tampoco ofrecer más de lo que ya hacía. Ante el hermoso cuadro de la tarde, con las olas y las rocas, el sujeto espera por los muchachos que por ahí pasean sabiendo que a veces se encuentra a un tipo como él, necesitado de un momento especial, de calidad viril lejos de la familia. Un tío con un agujero hambriento siempre presto a ser llenado de güevo. Era común darse una vueltica por ahí y verle emocionado, ojos cerrados, rostro alzado, parte de la tanga apartada siendo duramente enculado allí. Pero, ¿quién se mete?, cada cual necesita de un tiempo para sí.

NOTA: Imágenes de Instagram y Facebook, sujetos reales; que no todo pueden ser guapos y bien acomodados modelos. Esos tipos odiosos... 

UN FIN DE SEMANA CUALQUIERA...

JUEGO DE TRONOS 2X8, NO PASA NADA...

ADIOS, DYLAN MCKAY
   Lo mejor del episodio...

   Y en verdad se esperaba y se notaba algo entre estos dos desde la tercera temporada cuando ella busca desesperadamente a Valar Morghulis porque lo necesita, y Gentry pone mala cara, “'lo necesitas?”. Me gustó que, contrario a la fama del programa, no la exhibieran de manera abierta. Era una niña cuando todo comenzó, la hemos visto crecer, la verdad es que habría sido incómodo. Que ya lo es de por sí. El programa no lo explica, pero la historia comienza cuando el invierno se acerca, Arya es una niña, ya está aquí el invierno ¿y Arya se anda metiendo en la cama con un tipo? ¿Cuánto duró en años ese lapso? ¿En teoría no debería continuar siendo una niña? Pero fuera de ese detalle y de la encamada de nuestra pequeña asesina preferida, el resto del episodio fue fastidioso, exceptuando una charla aquí y allá, muy pocas, como el reencuentro de los hermanos Lannister, o del mismo Matarreyes con lady Brienne, o los primos Mormont (ay, no, ¿sobrevivirá la pequeña osa del Norte?), o el momento tierno entre Gusano Gris y Missandei, o el recibimiento a Theon de parte de Sansa, que me gustó aunque supo a poco.

   Hubo momentos extraños, por ejemplo ese del Matarreyes con sus jueces, su declaración de que viene a pelear por los vivos, todo el cambio que se ha efectuado en él, dicho por Bran, su pedido a Brienne de que le permita el honor de luchar bajo sus órdenes; si el arco con Cersei aún no estuviera abierto uno pensaría que el gemelo de la reina morirá en esta batalla. Como eso está pendiente a lo mejor cae Brianne, a quien se le confirió una gran alegría nombrándosele Caballero, o Caballera en este caso. Su cara feliz fue de lo mejor del programa, pero ¿acaso nos preparan para su muerte? Los planes de Gusano Gris de irse del Norte a una tierra cálida con la mujer que ama fue casi una señalización de que morirá. Lo mismo puede decirse de Theon, rechazado por dos familias en el pasado, ha logrado que su hermana, la reina de la Isla de Hierro, y su hermana de crianza, Sansa, lo acepten. Alcanzó la redención y aún va más allá, será el protector de Bran cuando el Rey de la Noche vaya por él, ¿todo esto para que muera al fin? Me parece. Y hay tantos por los que temo...

   Sin embargo, fuera de estas especulaciones, el programa estuvo demasiado lento. Se esperaba (carajo, ¡quedaban cinco episodios!) que todo se pusiera en movimiento, que comenzaran los enfrentamientos, batallas y sufrimientos. Pero no, eso fue hablar y hablar, o callar, con esas largas escenas de silencio, ¿y los momentos incómodos? Arya y el Perro, la gente alrededor de la chimenea, Jon y Daenerys, todo fue incómodo. Pero lo peor era sentir que estaban dilatando la acción, dándole largas cuando pudieron presentar un avance del ejército de la noche, con gritos, luchas, caídos. No sabemos qué pasó en las Islas de Hierro, ¿costaba presentar una batalla pequeña, la gente reconociendo a su reina? Puede que lo estén guardando como sorpresa para cuando los ejércitos de Cersei lleguen a acabar con lo que quede, pero no hemos visto nada.

   Me parece que vamos a caer en el error de los Vengadores Guerra Infinita, que en lugar de mostrarnos la muerte de este o aquel, que algo hubo en esa película, lo despacharon todo en un momento y no dio tiempo de saborear toda esas emociones, como diría el Guasón de Heath Ledger en Batman El Caballero de la Noche.

   Bien, al fin los muertos están a las puertas de Winterfell, ya no pueden sacarle más el cuerpo. Imagino los comentarios en las redes!!! Cercei... cómo me gustaría verla en una escena de unos diez minutos enfrentando el ataque de los muertos, cayendo finalmente, sin que nos nieguen ni un segundo. Por cierto, Sansa, la chicuela como que hace méritos para sentarse en el Trono de Hierro, ¿no?

   Veremos qué pasa en el próximo episodio, quiénes caen, a quiénes lloraremos. 

JUEGO DE TRONOS 3X8, VAYA PUESTA EN ESCENA

martes, 23 de abril de 2019

A TINITO LE GOTEA… 2

...LE GOTEA

   Tan sólo un chico ocupándose de lo suyo...
...

   Tinito se siente abrumado por las palabras sugerentes, también por su mirada y presencia algo ruda, directa, confiada e insolente. Acariciándose un tanto el cuello para disimular, enrojece. El tipo sonríe más, notándolo.

   -Si, es la llave del lavamanos. No deja de gotear y hace un ruido infernal. -gira sus manos, apartándose y dejándole entrar, estremeciéndose, aunque cree que lo disimula, cuando percibe el fuerte olor del hombre. No a sucio, ni nada desagradable. Tan sólo fuerte.- No me deja concentrar en nada. Ni reposar.

   -Qué mal. -comenta medio burlón, como si escuchara una de las quejas constantes de su mujer, a las que en verdad no le para bolas. Recorre el bonito lugar con la vista, lo había llenado de cosas buenas.- Si quieres seguir viéndote tan lindo debes descansar. -suelta como si tal, burlándose, disfrutando de verle parpadear y contener una sonrisa halagada.

   -Qué cosas dice. Es por aquí. -señala con una mano y luego rueda los ojos.- Pero supongo que conoce este estudio mejor que yo, ¿no?

   -Ni tanto. Lleva tiempo desocupado. -le corrige, indicándole con una mano el que vaya adelante.

   -Ah. -no se le ocurre decir más mientras cruza la estancia rumbo al cuarto de baño, consciente de... se vuelve. El carajo le tenía la vista clavada en el culo. Eso le ahoga un poquito. Sonríe pero nervioso.

   Bonito culo, pensaba Greg, casi burlándose de sí mismo. No se sorprende mucho cuando entra en el perfumado cuarto de baño, muy bien iluminado, con alfombras y felpudos sobre la tapa del inodoro, y de cortina de baño de flamencos emprendiendo el vuelo. Y la mirada se queda atrapada allí, aunque la lleve gotea frente a él. El joven lo nota y enrojece otra vez, mucha gente no entendía su gusto estético.

   -Me gustan las aves. Y mientras cambio la cortina por una puerta de cristal... -se siente obligado a explicar.

   -No, no es eso lo que llamó mi atención. -le interrumpe con una sonrisa socarrona, muy cerca uno del otro a ambos lados del lavamanos.- Es esto... -se aparta y toma algo que cuelga, como secándose, del tubo que sostiene la cortina.

   -¡Ay, qué pena! -jadea Tinito rojo tomate, llevándose unos dedos a los labios.

   -Hey, tranquilo... -replica Greg, con voz más baja, mirada brillante de malicia, extendiendo entre los dedos de sus dos manos una pequeña tanga color rosa, tipo hilo dental, quedando la parte trasera más cerca de su rostro, tirita que mira con fascinación.- Mi mujer también cuelga del baño sus pantaletas... aunque no son tan bonitas ni sensuales como esta.

   -¡No es una pantaleta! -gime más rojo, medio riendo, como que si solamente esa parte de todo el asunto hubiera llamado su atención. El otro ríe, mirándola, luego a él.

   -¿En serio? ¿Vas a un gimnasio llevando una de estas y alegando que es un calzoncillo? -le reta, no entendiendo él mismo su interés en el tema, o por qué sigue tocando la telita húmeda pero extrañamente tibia.

   -Bueno… no... -enrojece todavía más, rodando los ojos como si escuchara una tontería.- Sabe cómo es la gente.

   Claro, chico, claro, piensa el hombre, luchando contra las ganas de... Bien, ¿por qué no? Jugaba, ¿no es así?, con el chico. Atrapa la telita en una mano y la lleva a su rostro, olfateándola ruidosamente.

   -Huele a flores. Buen jabón. -le explica como si tal cosa, dejándole con la boca muy abierta, volviéndose a tender la prenda otra vez, preguntándose si no se le habría pasado la mano.- Bien, déjame encargarme de esto. -intenta escapar de ese clima de... ¿tensión sexual? ¿Pero qué coño...?

   Como si a nadie en el mundo se le hubiera ocurrido antes, abre y cierra la llave, apretándola. No funciona. Se agacha y mira bajo el lavamanos, cerrando la llave de paso. El goteo para.

   -Veamos... -gruñe, inclinando, abriendo su maletín, notando que la tanga cae del tubo un poco más allá.- Lo siento.

   -No hay problema. -el chico sonríe y pasa a su lado, tocándole un hombro como de pasada. Seguramente así fue, se dice el carajo, pero...

   Le ve detenerse frente a la cortina e inclinarse a tomar la tanga. Ese culote se alza bajo la tela, tragando un poco y... mierda, seguro que no llevaba...

   Todavía inclinado como está al lado de su maleta de trabajo alarga una mano, sin querer pensarlo mucho, y atrapa el borde de la pantaloneta, halándola, descubriendo aquellas nalgas redondas sin llegar a las bolas; eran glúteos lisos y lampiños, donde una raja rojiza y un culito cerrado parecían...

   El chico, parpadeando sorprendido, le mira sobre un hombro... sin ninguna otra reacción, como gritar, apartarle, enderezarse o...

   No piensa, caliente, se endereza, se mete un dedo en la boca y lo apoya del culito que tiembla bajo su tacto, y lo empuja, metiéndoselo lentamente, pero con firmeza, jadeando con la boca abierta mientras lo hace.

   -Ahhh... -el chico gime, con los cachetes rojo candela, la frente algo fruncida.- ¿Pero qué haces? ¡Ohhh! -se le escapa cuando ese dedo sale, doblándose hacia abajo, y vuelve a penetrarle.

   -¿No te gusta? -le pregunta ronco, de pie a su lado, mirándole la carita torturada sexualmente.

   -Pero, señor Greg... ¡Hummm! -ese dedo va y viene mientras otra manota, callosa, ruda, le palmea suavemente de una a otra nalga.

   Más parecen caricias, pero la intención, las palmadas en sí, el sonido, le ponen el güevo a punto de melcocha al hombre, mientras al chico el culito le pulsa salvajemente sobre su dedo.

   -Si, te gusta. -Greg sonríe.- Joder, y por lo que siento aquí... -retira el dedo girándolo, regresándolo acompañado de otro, índice y medio, verticalizados, uno al lado del otro, y fascinado nota cómo luchan por entrar, como le empujan los rasurados labios anales, y como estos, falange a falange, desaparecen en ese horno que el chico tiene por culo.- ...Me parece que no eres una dulce virgen, bebé. -se pone ocioso, juguetón.- Creo que eres un niño travieso que ha usado mucho el truco de dejar ver sus pantaletas. -dice, quemándose él mismo de ganas, con la garganta seca, la tranca latiéndole bajo la braga mientras saca y mete los dedos de ese culo.

   -Hummm, no, no estaba intentando... -el chico se defiende, abriendo mucho la boca cuando esos dedos se empujan en su interior, golpeándole la pepa... alzando uno de sus pies, desnudos, sobre el murito de la ducha, abriéndose más.

   -Joder, ¡qué puto eres! -el hombre ríe al ver eso, comenzando un saca y mete impresionante en ese culito, clavándole los dedos hasta el puño y empujando más, viéndole estremecerse y enrojecer, oyéndole chillar de placer, arqueando la espalda.- Puto, puto... -le dice retirándolos, refregándole con las puntas mientras lo hace, maravillado viendo los labios de ese culo adherido a sus falanges. Y le nalguea más fuerte, el chico chilla, la tersa y joven piel enrojece, los dedos se marcan, y eso le hace perder la razón.

   ¡Tiene que cogerlo!

CONTINÚA … 3

SEGURIDAD

GANAS
   Sabiendo lo que le espera y lo que pasará, sus deseos siendo saciados, su cuerpo adorado, su tranca exprimida con ganas, sube confiado. Muy consciente de que tiene lo que la perra ansía mucho... Su suegro, ese viejo mañoso de hambriento coño.   

¿QUE CULPA TIENE?

EL GOBIERNO SOCIALISTA DEL DOCTOR CALIGARI

MONTANDO EL CUADRO

   Cuando los locos toman el control pasa lo que pasa.

   La verdad es que el régimen socialista-fascista que usurpa el poder en Venezuela desde el 10 de enero es casi imposible de definir. Pasan los años y todavía uno duda, viéndoles y oyéndoles declarar, si es que en realidad son imbéciles, dementes o se drogan antes de salir a dar dichas declaraciones y luego tienen que acomodar la realidad a sus desvaríos. Como señalara en sus redes sociales el señor Rafael Mundarain, ¿puede sorprender que en un país con la mayor inflación del mundo, calculada en millones por ciento, la gente muriéndose de literal hambre y con perspectivas visibles de empeorar, donde la respuesta de los hacedores de miseria es crear el VICEMINISTERIO DE LA MÁXIMA FELICIDAD (si, ¡un viceministerio con viceministro y personal para esa vaina!), que la cortina para esconder el ecocidio del Arco Minero, que dicen que ya se ve desde el espacio, donde están matando a los indios para robarles sus tierras, sea crear el MINISTERIO DE ECOSOCIALISMO? Lo peor es que cuando el Gran Farsante vivía, ahora es el Difunto, una de las razones que alegó para su intentona golpista fue el exceso de ministerios y burocracia de la era democrática. Ahora miren esto. Lo insólito es que lo anuncian, todas esas locuras, y crean efectivamente nuevos focos de corrupción como “soluciones”. No, y hay que aceptarlo o...

NOTA: ¿Por qué será que cuando los dementes toman el control de un manicomio el jefe siempre terminan siendo el más loco y peligroso? 

EDGAR ZAMBRANO, ¿INMUNIDAD ALLANADA? NO, SECUESTRADO

lunes, 22 de abril de 2019

MASODIK

ELSO

   El respetable empresario sale a cubierta al fin, sabiendo que aunque finja no recordar, los jovenes y ardientes griegos de la triopulación si que se acuerdan muy bien su mojado coño tan usado la noche anterior mientras su mujer dormía por todo el licor.
   ¿Un abuso? Puede ser, pero en días de notas así eran las cosas. Los oye, los chicos ya vienen por sus aprobados... Los cuales tenía que dar para que no contaran que dando clases era un pirata todo nulo. El problema es que fuera de notas también querían culo... 

HARMADIK

RIO GRANDE... 3

RIO GRANDE                         ... 2
   Bienvenidos al pueblo…
…...

   -Pues, no podemos jugar sin la pelota. -repite, mirando ceñudo al resto de los chicos, clavando los ojos en el más joven de ellos.- Todo es tu culpa, ¿no?, deberías buscarla.

   -Si entro allí y mi mamá se entera... -gimotea Antonio, con los nervios de punta. No quiere sonar como un niño atrapado entre el deseo de agradarles y el obedecer a su madre, mujer a la que idolatra a pesar de su edad. Aunque eso es, un niño que puede ser empujado emocionalmente si alguien más fuerte, y malo, le presiona.

   -¡Mi mamá se va a poner brava! -medio ríe Demetrio, todo mala fe. Al joven de cara oscura parece irritarle eso.

   -¿Por qué no vas y la buscas tú, Cerro Prendido?, a tu mamá no le importa lo que hagas. O te pase.

   -Oye... -eso le agita y molesta.

   -Ya, dejen la lloradera, niñas, voy yo. -chilla Ítalo, volviéndose todavía hacia el más chico.- Pero tú ya no juegas más.

   -Pero... -jadea este, el labio inferior temblándole al borde del llanto. ¡Iba a ser expulsado del grupo!, era todo lo que podía pensar y a sus pocos años eso parecía el fin de su mundo, es decir, del mundo entero.

   El otro no le oye, sintiéndose menos seguro de lo que deseaba aparentar se dirige a la alta vaya, metiendo los pies en algunos huecos de la madera, en uniones no alineadas, alzándose lentamente con las manos, la estrecha espalda brillante de sudor al jugar sin camisa. Alcanzando la cima y asomándose un poco, parpadea. El jardín entrada de aquella casa parecía un enmarañado sendero a la laguna, un montarral, algo muy descuidado para ser una casa habitada por una mujer quisquillosa y que todos habían notado que se encargaba de él.

   -Es raro que se vea tan mal. La bruja siempre lo cuida. -escuchar sus propios pensamientos en otra voz, le hace volver el rostro a la izquierda. Cruz también había subido. Pero bien sabía él que no cruzaría.

   -Te lo dije, no está. Hace tiempo que nadie la ve. -le mira desafiante, el joven negro sonríe.

   -Baja, pues. Nada te detiene.

   Eso irrita al otro, quien también tiene sus aprensiones. Su papá, de enterarse... Pareciéndole que la sonrisa de Cruz se ensanchaba un centímetro más (¡nada difícil con esa bocota!), oprime los suyos, delgados y rojizos, subiendo más, dispuesto a cruzar una pierna y...

   -Hey, ¿qué hacen? Es propiedad privada, coño. ¡Bájense de allí! -ruge una voz tan atronadora, tan llena de autoridad y censura que casi se caen.

   En la rápida bajada Ítalo siente que las manos se le raspan en las imperfecciones de la madera, lastimándose. Al caer sobre sus pies mira a quien habla, un hombre treintón, obeso, de gorra con la visera volteada hacia atrás, de gran bigote, que les observa con disgusto al volante de una grúa que maneja. Una que el chico no entiende cómo no escucharon acercarse.

   -Voy a llamar a sus padres. -el adulto lanza la amenaza final, la que hace que todos corran alejándose de las cercanías de la aparentemente abandonada propiedad.

   Pero, mientras corren, Ítalo, después de recoger su camisa, se las ingenia para acercarse a Antonio.

   -Todo esto es tu culpa, ¡no volverás a jugar con nosotros! -sentencia terrible, casi disfrutando de verle abatido, lloroso. Se lo tenía bien merecido por idiota, bien sabía que no debía batear tan fuerte como para que... Por un segundo, mirando en los ojos del otro, le parece ver un relámpago que le indica algo.

   El chico no se resignaba a ser expulsado, ¿qué haría para impedirlo? Mientras corren, realmente alarmados de que sus padres sepan que intentaron meterse en una casa ajena, el chico se pregunta qué pretendería hacer el otro.

   El hombre tras el volante les ve alejarse, todavía gritándoles que sabía quienes eran. Luego desvía la mirada hacia la casona, también él había sido alumno, años atrás, de la mujer tras la valla. Y no la quería, nadie lo hacía, aunque la respetaba. Que extraño, tenía tiempo sin verla. Y, con todo, se aleja sin dedicarle otro pensamiento.

   La casona quedaba atrás, silente... aunque una sombra, una silueta, parece dibujarse tras las cortinas de una ventana en la segunda planta. Alguien parecía mirarle alejarse al volante de la grúa, pero no lo nota. De haberlo hecho... ¿habría percibido la profunda rabia que de allí manaba, de esa figura, al serle negado lo que deseaba? ¡Había estado tan cerca! La convocatoria necesitaba realizarse según los antiguos mandatos.

   Sin embargo, está bien; casi lo logra y falló, pero no era el final. Era paciente, podía esperar.
......

   A la salida oeste de Río Grande, de la parte que se alejaba de Aramina, hacia el llamado Paseo de Los Indios, se localizaba una pequeña propiedad ruinosa y miserable que era la angustia de mucha gente pudiente en el pueblo que la veía como una afrenta a sus modos de vida prósperos; una parcela ocupada por una mujer sola. Llamada así no por la extensión de tierra, que no era, estrictamente hablando, de ella, era la denominación que se daba en la zona a la gente que vivía fuera del casco central y que se dedicaba, en teoría, al cultivo de la tierra con fines muy limitados (cosechar apenas lo indispensable para sostenerse una familia), aunque muy pocos se ocupara de eso, como era el caso de la milenaria dueña de esta, Aída Mendoza.

   La mujer era tan mayor que nadie esperaba realmente que se ocupara de un conuco, quienes no la conocían bien incluso se decían que era preocupante que viviera tan sola y tan lejos del pueblo dada su edad. Lo cierto es que la mayoría de quienes sí la conocían la recordaban ya vieja cuando ellos eran unos críos, aún cuando ellos mismos ya fueran prácticamente ancianos. Eso, su extrema vejez que a veces hacía dudar que tal o cual anciano o anciana le hubiera conocido ya con esa cara cuando ellos eran mozos y doncellas, y su aire, la hacían particular. Como a la laguna, el viejo trapiche o las abandonas torres petroleras.

   No era Aída, como se señaló, una parcelera, una trabajadora de la tierra, la mujer era, oficialmente, una bruja. Pero, a diferencia de la jubilada maestra solterona, con ella si podía usarse en justicia ese título. De tener tarjetas de presentación, incluso, tal vez, lo usaría. Era de las que leía la suerte en las manos, el cipo del café, de las que echaba las cartas y preparaban brebajes curativos... y otros maléficos, según muchos. La mujer decían que curaba, pero que también jodía, según el deseo del encargante. Fuera cierto o no, su casa no era frecuentada sino por quienes necesitaban verla. Estaba apartada, era difícil llegar, el camino era una pesadilla de huecos, a veces de pantanos aunque el sol estuviera achicharrando todo lo demás, lo que hacía imposible que se llegara en carro hasta su puerta, a menos que fuera un jeep, y a veces hasta esos tenían problemas. Estaba lejos, había que llegar a pie, y, fuera de ella misma con su aire de lechuza predadora, la propiedad inquietaba. Llena de cachivaches almacenados al frente y atrás de la humilde vivienda, una camioneta destartalada a un lado, que parecía era devorada  por animales carroñeros aunque tal cosa fuera imposible, una cerca que rodeaba un gallinero caído, árboles casi sobre la casa misma, arbustos a los lados de las viejas paredes de bahareque, y el techo de zinc, remendado en mil puntos no eran referencias buenas para una venta. La entrada era de tierra apelmazada, como el piso de la vivienda.

   Aída recibía a sus clientes en la sala, y a pesar de todo lo señalado, bastante gente, aún personas fuera de Río Grande, iban a consultarse en esa pocilga que parecía más grande por dentro que por fuera. Había un recibidor con unos viejos muebles de paño que olían a rayos, más allá, tras unas cortinas rotas, sucias y mal colgadas se encontraba la mesa con tres sillas donde consultaba, con anaqueles que contenían velas, libros viejos, espejos, tabacos, caracoles y hasta una vieja bola de cristal, de un blanco lechoso.

   Ella misma era viva la imagen de su negocio, una mujer menuda que parecía no llegar al metro cincuenta, gordita, de senos grandes y caídos, panzona, lo que le daba un parecido a un barrilito. Sus manos eran arrugadas, llenas de manchas, sus uñas eran amarillentas, de puntas roídas, largas. La cara mostraba vejez pero era curiosamente tersa, aunque el cabello cano y ralo, que le llegaba a la cintura, le hacía perder ese engañosa apariencia de juventud. La boca era grande, los ojos iguales, y como nadaban tras unos lentes horriblemente gruesos, quedando deformados, eran inquietantes; uno de ellos parecía velado por una blancor que hacía pensar en ceguera. Vestida generalmente de blanco, por decir algo, ya que se veía desaseada, la mujer era realmente curiosa. Daba completamente el aire de bruja de pueblo. Pero, ¿lo era? No pocos se lo habían cuestionado. Se podía pensar en un fraude, en una vieja tracalera y timadora de personas crédulas o necesitadas de ser engañadas; sin embargo...

   Sentada a la mesa de su cocina, un planchón de madera sobre un pipote recortado, la mujer saborea un café, pensativa. Como todos, había tenido el sueño y no sólo lo recordaba sino que sabía exactamente lo que significaba la frase: Todo lo hecho puede deshacerse. Y se estremece ante lo grande del significado. Y de la tarea. Porque sabía que era una encomienda para cada alma ruin y mezquina del pueblo, especialmente para aquellos que se habían entregado voluntariamente a la escuela de la locura. Bebe y recuerda unas frases, parte de la antigua invocación de su juventud: Hermanos pecadores que viven y los que han muerto sirviendo al mal, unas sus voces a la mía e invoquemos finalmente a Satán...

   Así, tan simple, tan tonto. Tan terrible, reconoce sonriendo satisfecha de lo que ha hecho. Pero deja de hacerlo. Inquieta. El sueño la había alertado, alegrado de una manera total y casi sensual en su cama, pero también incomodado. Algo más estaba ocurriendo. Debía estar pasando justo en esos momentos e ignoraba de qué se trataba. Se pone de pie con esfuerzo, más por su volumen que por la edad, y se dirige a la puerta que daba al patio, siempre abierta. Toda la casucha olía a flores mustias, a lavanda desvaída, con algo agrio por debajo de todo, como leche ligeramente descompuesta. Nada grato, imposible de calificar aunque pareciera conocido. Se asoma, mira hacia el cielo alegremente brillante y se tensa aún más. ¿Debería recurrir a los tabacos, a las cartas o a los caracoles? Cierra los ojos y parece esperar una indicación. Un poco más allá una gallina tierrera, flaca y con señas de vieja también, chilla cuando otra deposita un huevo en una caja dejada allí para eso por la mujer. La gallina estéril parecía molesta con la fértil. Sonriendo, sale, se les acerca, estas la miran sin alejarse, como si no la temieran. Por eso le resulta fácil a la pequeña mujer extender una mano con insospechada agilidad y atrapar a la vieja gallina por el cuello, alzandola cuando esta comienza a cacarear, soltando plumas, revoloteando.

   Era tarde para ella, regresando a la casa, Aída, asiéndola bien por la cabeza, hace que el cuerpo gire, haciéndola chillar feo, para luego quedar como atontada. Entra y la arroja en la mesa de trabajo, sobre un ancho y largo platón de metal, oxidado y muy refregado, mientras se vuelve hacia su estante. El animal, con la cabeza extrañamente torcida, como si le pesara más que el resto del cuerpo, intenta incorporarse.

   La mujer toma un cuchillo largo, filoso, y sin sentarse ni pensarlo mucho, lo hunde en el pecho del animal, bajo el güergüero, rajando hacia abajo provocándole espasmos y nuevos cacareos agónicos mientras chorrea de sangre y tripas el platón, dibujando líneas que la mujer estudia con atención mientras el animal finalmente muere.

   Si, se acercaba. Algo... No, alguien. Una persona. ¿O eran dos? ¿Tres? ¿Dos personas y… una cosa? Era confuso, eso le molesta; alza la mano y mete los dedos en la herida de la gallina, el cuerpo está caliente, y hurga mirando al frente, con expresión ida. Lanza un jadeo de sorpresa, sus ojos nadan feamente tras los cristales, su boca parece la de un sapo. “Ve”, con brumosa claridad una mesa, sobre ella hay algo, algo que quiere desesperadamente ver y la hace temblar de ansiedad y hasta de temor. Es algo terriblemente malo, lo sabe, del ojo legañoso escapa una lágrima pequeña, lenta, de felicidad, sus labios blanquecinos, las comisuras muy caídas, balbucean sin palabras. No puede alejarse de esa visión, no podría hacerlo ni aunque quisiera, estaba atrapada bajo un juego mayor al suyo. Y la verdad es que quería verlo, saber de qué se trataba, aunque una sospecha nacía en su corazón, o en ese algo que ya ni parecía latir en el lado izquierdo de su pecho caído.

   Lentamente gira el rostro, como deseando apartar el velo que cubre su vista, rodearlo, no sabe que es pero lo interpreta, no sin sorpresas, era una persona, una espalda que no la dejaba “mirar”, alguien increíblemente inocente. Tanto que casi le repugna. Y sin embargo... conocía esa esencia, esa decencia. ¿Un cliente? No, era demasiado joven, apestaba a años por vivir.

   Aprieta los amarillentos dientes de sus planchas postizas, de las cuales está tan orgullosas, aunque parecían hechas para alguien de cara más pequeña. Sus dedos entran más y más en el cadáver de la gallina, siente los huesos, la presión de las carnes, el gotear de una sangre caliente todavía.

   Luna de Sangre, la idea le llega y ahora capta lo que quiere saber. Sonríe casi jadeando, sintiendo un agradable corrientazo en su cuerpo, algo casi voluptuoso. Quiere gritar y reír. Lo hace y su voz cascadas es casi obscena en su dicha procaz. Miseria, dolor y angustia, miedo y muerte es lo que ve. Gira sobre sí bañándolo todo con la sangre del animal, incluso su blusa. Es víctima de una dicha como no recordaba otra en... bueno, muchos años.

   Recordando nuevamente parte de la vieja invocación, separa los brazos, palmas hacia arriba, una de ella goteando sangre y la recita en voz alta, riendo y estremecida de emoción:

   -Permite que rompamos las cadenas que te atan al abismo, mi Señor...
......

   -Vamos, toca, mira lo duro que lo tengo. -la voz del joven se oye ronca, baja, casi sonriente. Acariciándose de hecho sobre el viejo jeans desteñido que usa, uno que le queda casi obscenamente ajustado según la moda, y donde destaca la silueta de su miembro emocionado, como lo está siempre a esa edad cuando se le permite endurecer, llenarse de sangre y ganas, exigiendo, de paso, atenciones. Las cuales nunca, ningún chico, quería negarle. Era rico pasarse los dedos, reconoce, tanteándoselo una y otra vez con las yemas de los dedos índice y medio, feliz de lo duro que está, orgulloso de su tamaño, sintiendo como un éxito de su masculinidad el estar tan caliente.

   -¡No! -jadea la otra voz, también joven, inquieta. Casi temerosa.

   -Vamos, pendejo, la tengo tan dura que seguro no has visto otra así.

   -No ando mirándole los... los... pájaros a otros chicos. -rojo de cara, muy avergonzado y abrumado este reacciona, sentado muy rígido en una punta del viejo sofá donde él otro le indicara que montara “su culo”, a su lado. Le incomoda verlo sobarse, notar la voluminosa erección cubierta, tan descarada y desafiante.

   -Vamos, tócala, ¿no eres mi amigo? -canturrea invitando, sonriendo malvado. Completamente convencido de que dentro de poco sentirá sobre su tranca dura las manos del otro muchacho...

   Tanto si quisiera este tocarle o no.

CONTINÚA ... 4