¿Famoso,
reconocidamente gay y en semejante programa? No, no tiene la culpa el
nadador británico Tom Daley, que una miradita se le escapa, tan
caliente que la nota el chicuelo y luego deba disimular. ¿Un momento
incómodo, divertido... o una cita a largo plazo establecida?
viernes, 26 de abril de 2019
¿QUE CULPA TIENE?
GANAS
CAMPAÑA PUBLICITARIA
OFICIOSO
Con
esa facha, ¿qué puede afectarle?
Independientemente
de lo que cualquiera dijera, le encantaba dar exhibiciones para su
gym en cualquier plaza, embutido en sus pequeños bikinis, sabiéndose
mirado, admirado y adorado, aún por quienes ríen escandalizados.
Fuera de eso no le interesa nada más. Meterse la telita entre las
nalgas, provocando chillidos, que todas las miradas en el culo se le
clavaran, era la locura... Una que llenaba de nuevos socios,
generalmente chicos calentorros y adolescentes, las taquillas de
inscripciones de su negocio. Nuevos socios a quienes ataba al lugar
dejando de tarde en tarde, olvidadas por allí, alguna de sus trusas,
las cuales a veces desaparecían y eran regresadas a los días, todas
como chorreadas de algo; otras no, nunca volvían, pasaban a ser
parte del tesoro bajo el colchón de algún muchacho reprimido en el
armario. Pero, las ganancias lo compensaba.
JUEGOS DE VIERNES POR LA TARDE
COMPROMISO
MOJANDO
A
veces, entre chicos, se pactan esos acuerdos...
Cansados
de aparentar que son heterosexuales han decidido no regresar a la
ciudad, sus casas o a la universidad hasta que conozcan chicos que
los follen a fondo curándoles la virginidad; que los coloquen de
espaldas sobre la arena, haciéndoles chillar de gusto, suplicar por
más y reconocer que eso es lo único que quieren en todo este largo
y ancho mundo verde. Y no uno o dos, eso también se lo prometen, que
para eso es todo ese largo fin de semana en tangas.
LO QUE LE GUSTA
EL GOBIERNO Y LA TORMENTA PERFECTA
SIN NOVEDAD EN EL FRENTE OCCIDENTAL
Al
destruir el país para controlarlo cavaron su propia tumba...
Es
más que evidente que las viejas recetas de la miseria y el hambre,
llamar a lo canallesco del alma humana para poner a unos contra
otros, y la amenaza constante de la represión ya no pueden sostener
al régimen, porque el hambre que recorre al país está inflamando
la olla de presión a niveles peligrosos. Amor con hambre no dura,
eso siempre ha sido una verdad. Cuando el dogma no llena las ollas
con sopa no hay revolución que aguante. Y al drama de robarse cada
centavo, no dejando nada para comprarle ni a chinos ni rusos, que no
fían (hablan mucha paja de solidaridad, que nada cuesta, pero nada
de barcos llenos de comida), después de haber acabado con la
producción nacional, se junta el desastre de infraestructura, así
como la llegada de una figura poco carismática pero que encarna otra
esperanza y finalmente la rabia popular de quienes ya no aguantan
más.
Ya
no son sólo las calles llenas de huecos, puentes cayéndose,
servicios públicos enteros detenidos porque los empleados no pueden
pagar pasajes ya que las quincen no alcanza para cancelarlos, sino
que el desastre de la electricidad acabó con lo que quedaba de
paciencia popular, al menos en Caracas donde, a pesar de la brutal
represión gubernamental, respondida por esos sectores en muchas
zonas, obligó al gobierno a recular. Se intenta una calma chicha
para la zona central, intentando salvarla de apagones y
racionamientos, pero la procesión va por dentro a pesar de la
habladera de paja (y alguien debería decirle a Nicolás Maduro
Moros, Diosdado Cabello y a los otros que cada vez que dan
declaraciones infelices la gente se molesta más y más), se le suma
que al final de todo no se ha podido conjurar efectivamente esa
peligrosa rabia en la zona capital.
Que
en medio de este desastre el ministro de Deseducación, Aristóbulo
Istúriz, fuera recibido a cacerolazos en un liceo en Caricuao, a
donde llegó con sus monerías, con su circo sin pan. Aparentemente a
su llegada sonaron las cacerolas y uno de sus escoltas disparó
contra un edificio provocando que la gente arrecha bajara a
enfrentarles, al grito de rabia de tenemos hambre; provocando que el
indigno sujeto tuviera que salir corriendo, asustado y lloroso,
temiendo por su vida, no tanto por los vecinos en realidad sino por
su propia conciencia, el peor de los jueces (hace poco una demente en
la Asamblea Nacional Prostituyente pedía que el “pueblo” juzgara
a los traidores, queriendo aplicársela a Juan Guaidó, debió temer
que la gente se volviera loca, le juzgara y le colgara junto a sus
matones). Y esta es la guinda final. La gente está arrecha, las
clases populares están hartas, Caracas sigue encendida.
Estamos
exactamente como en diciembre de 2015, cuando el país, opositores y
gente que no cree en la oposición pero está harta del régimen, se
encontró en las calles para dar rienda suelta a sus rabias; aunque,
por ahora, en estos momentos, no estemos todavía unidos bajo una
misma bandera como si se estuvo en el 2015. Bastaría la figura de
Juan llamándonos a todos a presentar un frente unido para que el
ejército sea multitudinario; como lo hace a pesar de las voces
dentro de la oposición que insulta a la otra mitad para que sigan al
lado de Maduro (como insultan a adecos y copeyanos para que el pueblo
adeco y copeyano abandone a Juan, son unos dementes tan delirantes
como los jerarcas del régimen usurpador).
Bastará
que Juan llame a las clases populares a que se manifiesten en apoyo
de la gente en el estado Bolívar, donde están destruyendo y robando
a Venezuela, matando indios, dejando que la narcoguerrilla colombiana
mate a venezolanos, que llame a defender al Zulia, que en Caricuao,
El Valle, Antímano se grite y se proteste por lo que se les hace a
los zulianos, por aquello de que hoy por ti mañana por mí, para que
esto reviente. Deberiamos estar en las calles gritando por la joven
violada y asesinada en el estado Bolívar donde se pretende salvar a
sus verdugos; la madre de aquí, que intentó matar a su hijo de tres
años y matarse ella en un momento de locura gritando que no tenía
qué darle de comer, ya debería tenernos a todos en las calles. Hoy
por ellos, mañana por nosotros, ¿o es que es muy difícil de
entender?
¿Quién
nos para si eso se logra?, ¿quién nos detiene si actuamos como un
todo, si logramos superar lo político para caer en lo humano,
entendiendo que o luchamos todos juntos o nos acaban a cada quien por
su lado, apartando a los que hacen lo que sea para que esta unidad no
se de, con cuentos absurdos que pretenden que creen que si viene una
invasión militar extranjera aunque todos, fuera de Venezuela (aparte
de los cubanos) han dicho que no lo harán? Si esas dos condiciones
se dan, apartar a los que ayudan al régimen y unificamos al país en
una lucha no de “yo seré el presidente”, sino para salir de
esto, se retomara el camino triunfador que llevábamos en 2015,
abortado por los que llamaron a desmovilizar a la gente para que el
pelón que nos unió a todos en una meta no fuera presidente, para
que no lo fuera el flaco adeco que hablaba golpeado, para que no lo
fuera el unicejas de Jorge, todo esperando que gente que no cuenta
con nadie, que no llenan ni una calle cuando llaman a una
concentración, subieran a fuerza de acabar con los demás.
El
primero que lo entiende, el peligro que corre en este momento en
concreto, es el régimen sátrapa montado por La Habana, por lo que
viven llenando las redes sociales de lamentos, llamando a maría, a
cualquiera que pueda servirles en la campaña para destruir a Juan
Guaidó. Pero, esta vez, no pisaremos el peine. Y lo digo por ser
amplio, nunca entendí cómo el entregarle el país político al
régimen en lugar de derrotarles en cada alcaldía y gobernación
como se hizo con el Parlamento, les hacía daño a ellos y nos
beneficiaba a nosotros. Pero es que debo de ser muy bruto, porque
todavía no lo veo.
¿QUÉ PASÓ EL 30 DE ABRIL?
miércoles, 24 de abril de 2019
SEMANA DE GRADUACION
HAY DIAS ASI...
¿Han
escuchado de padres que han tenido que reñir a sus hijos
preguntándoles hasta cuándo pensaban celebrar la graduación, dos o
tres semanas después del evento? Los jóvenes se vuelven locos con
la perspectiva del mundo que se les acaba y el que comienza. Así que
en verdad no tiene nada de raro que nuestro héroe, al final, el
último día, se confíe a su mejor amigo y le diga que siempre ha
querido probar una tranca bien dura y parada para ver qué se siente.
Sorprendiéndole. Y más cuando le pida ayuda sobando, tocando y
prometiéndole cositas sucias con una sonrisa grande.
¿Qué
queda hacer este?, es su amigo, ¿no?, tiene que ayudarle. Metérsela
hasta los pelos por la boca, darle con las bolas cuando le quite lo
virgen... si es que lo era. Qué dudas caben según el entusiasmo. Él
mismo confiando que también quisiera probar, aunque fuera con la
puntica. ¿La torta?, que sean pillados...
Eso
podría arruinar vidas, reputaciones y carreras, a menos que nuestro
héroe, revelándose como recontra puto sepa cómo acomodarlo todo...
en su agujero. O con su agujero. ¿Puede haber algo más caliente que
este chico pidiendo más güevo a los amigos de toda su vida? Si, que
uno de ellos, mariscal del equipo de fútbol, le azotara el trasero
un tanto molesto por no revelarse antes y que le dieran bastante,
entre todos, en los vestuarios antes y después de cada juego.
Paul
Canon es otro actor genial del mundo del porno espectáculo gay,
tiene una atraciva carita de ratita, de quien goza lo que hace y que
se ve muy bien mientras lo hace. Ese tatuaje de labios... El video
era pesado, tocó dividirlo. Era eso o que perdiera mucha calidad
reduciéndolo, lo que habría sido una pena.
REACOMODO
AGARRANDOLE EL GUSTO
Ya
estaba rendido a sus pies...
Cuando
un conocido del edificio, Nelson, le habló de la catira a juro del
3B, que fuera de zorra asombraba en la intimidad, y que siempre
quería, no le costó mucho dejar a su novia en la cama, abordándola,
aunque no se esperó tamaña sorpresa. Porque era grande. Larga y
dura cuando se calentaba. El shock “al verla”, le hizo reír al
fin, el “ya estoy aquí y al menos sacó una mamada” fue su
error, por decir lo menos, porque debió corresponder antes de que
ella se moviera. Esa fue su equivocación, ahora lo sabe, gimiendo,
ya que tragada a tragada, sintiéndola presionando su lengua, bajando
por su garganta siente que pierde un poquito más de su masculinidad.
Se estremece cuando con voz mórbida ella le dice que le gusta su
mirada desmayada mientras mama, esa hambre vieja, esas ganas de polla
que se le notan. Se estremece, caliente, cuando le dice que va a
convertirle en el mejor chupa vergas de la cuadra, uno mejor que su
amigo Nelson, quien tiene, eso si, uno de los más increíbles coños
entre sus nalgas...
-¿No
quieres uno, papi?, ¿uno para ti, para que lo presumas con tus
amigos y los sorprendas mañana? ¿No quieres que te haga una
traviesa concha con mi tranca?
ECOS SANTOS
El
veterano capitán sabe balancear su vida en días de asuetos como
esos, mire por donde se le mire; manda y grita como ogro en alta mar,
se vuelve obsequiosa y ardiente zorra de los muchachos en tierra
firme. Con sus pantaleticas sabe cómo animarlos a actuar. Estos
pasarían una o dos veces, riendo entre ellos, señalándole, él se
volverá y les agitaré el trasero, y pronto estará gritando con el
coño abierto. Nada superaba el sexo en los lugares apartados y
públicos, como los vestuarios en la playa. Alguien siempre
acercándose y riendo, oyendo sin entrar a veces, preguntando si es
que le estaban dando duro a una puta. ¿Momentos incómodos?, claro,
como cuando le pillaba en una de esas alguien de la flota; estos
nunca terminaban de compaginar que quien les gritaba e insultaba de
día, molestándoles con lo del respeto y la disciplina, era quien
luego podía llorarles por pollas en las noches en su camarotes. Pero
aprendían.
Siempre
se ve una escena de estas en la arena cuando las familias pasean; el
atrevido y fogoso yerno que se la monta al suegro, quien grita y ríe
sintiéndose presionado, notando en el cogote el calor de la joven
verga, cierto olorcillo medio mareándole aunque el carrizo saliera
del agua. Los juegos de “¿quiere chupármela, suegro?”, entre
risas algo censuradoras del resto de la familia, pero el chico, con
los ojos brillantes, seguía empujándola más y más. Cuando ya hay
confianza, pero confianza de tiempo, entre las olas es fácil
adivinar al viejo metiéndole mano en el bañador haciéndole una
paja... algo que ayude al más joven a aguantar hasta que se la monte
en casa.
No
necesitaba explicarse, decir nada, tampoco ofrecer más de lo que ya
hacía. Ante el hermoso cuadro de la tarde, con las olas y las rocas,
el sujeto espera por los muchachos que por ahí pasean sabiendo que a
veces se encuentra a un tipo como él, necesitado de un momento
especial, de calidad viril lejos de la familia. Un tío con un
agujero hambriento siempre presto a ser llenado de güevo. Era común
darse una vueltica por ahí y verle emocionado, ojos cerrados, rostro
alzado, parte de la tanga apartada siendo duramente enculado allí.
Pero, ¿quién se mete?, cada cual necesita de un tiempo para sí.
NOTA:
Imágenes de Instagram y Facebook, sujetos reales; que no todo pueden
ser guapos y bien acomodados modelos. Esos tipos odiosos...
UN FIN DE SEMANA CUALQUIERA...
JUEGO DE TRONOS 2X8, NO PASA NADA...
ADIOS, DYLAN MCKAY
Lo
mejor del episodio...
Y
en verdad se esperaba y se notaba algo entre estos dos desde la
tercera temporada cuando ella busca desesperadamente a Valar
Morghulis porque lo necesita, y Gentry pone mala cara, “'lo
necesitas?”. Me gustó que, contrario a la fama del programa, no la
exhibieran de manera abierta. Era una niña cuando todo comenzó, la
hemos visto crecer, la verdad es que habría sido incómodo. Que ya
lo es de por sí. El programa no lo explica, pero la historia
comienza cuando el invierno se acerca, Arya es una niña, ya está
aquí el invierno ¿y Arya se anda metiendo en la cama con un tipo?
¿Cuánto duró en años ese lapso? ¿En teoría no debería
continuar siendo una niña? Pero fuera de ese detalle y de la
encamada de nuestra pequeña asesina preferida, el resto del episodio
fue fastidioso, exceptuando una charla aquí y allá, muy pocas, como
el reencuentro de los hermanos Lannister, o del mismo Matarreyes con
lady Brienne, o los primos Mormont (ay, no, ¿sobrevivirá la pequeña
osa del Norte?), o el momento tierno entre Gusano Gris y Missandei, o
el recibimiento a Theon de parte de Sansa, que me gustó aunque supo
a poco.
Hubo
momentos extraños, por ejemplo ese del Matarreyes con sus jueces, su
declaración de que viene a pelear por los vivos, todo el cambio que
se ha efectuado en él, dicho por Bran, su pedido a Brienne de que le
permita el honor de luchar bajo sus órdenes; si el arco con Cersei
aún no estuviera abierto uno pensaría que el gemelo de la reina
morirá en esta batalla. Como eso está pendiente a lo mejor cae
Brianne, a quien se le confirió una gran alegría nombrándosele
Caballero, o Caballera en este caso. Su cara feliz fue de lo mejor
del programa, pero ¿acaso nos preparan para su muerte? Los planes de
Gusano Gris de irse del Norte a una tierra cálida con la mujer que
ama fue casi una señalización de que morirá. Lo mismo puede
decirse de Theon, rechazado por dos familias en el pasado, ha logrado
que su hermana, la reina de la Isla de Hierro, y su hermana de
crianza, Sansa, lo acepten. Alcanzó la redención y aún va más
allá, será el protector de Bran cuando el Rey de la Noche vaya por
él, ¿todo esto para que muera al fin? Me parece. Y hay tantos por
los que temo...
Sin
embargo, fuera de estas especulaciones, el programa estuvo demasiado
lento. Se esperaba (carajo, ¡quedaban cinco episodios!) que todo se
pusiera en movimiento, que comenzaran los enfrentamientos, batallas y
sufrimientos. Pero no, eso fue hablar y hablar, o callar, con esas
largas escenas de silencio, ¿y los momentos incómodos? Arya y el
Perro, la gente alrededor de la chimenea, Jon y Daenerys, todo fue
incómodo. Pero lo peor era sentir que estaban dilatando la acción,
dándole largas cuando pudieron presentar un avance del ejército de
la noche, con gritos, luchas, caídos. No sabemos qué pasó en las
Islas de Hierro, ¿costaba presentar una batalla pequeña, la gente
reconociendo a su reina? Puede que lo estén guardando como sorpresa
para cuando los ejércitos de Cersei lleguen a acabar con lo que
quede, pero no hemos visto nada.
Me
parece que vamos a caer en el error de los Vengadores Guerra
Infinita, que en lugar de mostrarnos la muerte de este o aquel, que
algo hubo en esa película, lo despacharon todo en un momento y no
dio tiempo de saborear toda esas emociones, como diría el Guasón de
Heath Ledger en Batman El Caballero de la Noche.
Bien,
al fin los muertos están a las puertas de Winterfell, ya no pueden
sacarle más el cuerpo. Imagino los comentarios en las redes!!!
Cercei... cómo me gustaría verla en una escena de unos diez minutos
enfrentando el ataque de los muertos, cayendo finalmente, sin que nos
nieguen ni un segundo. Por cierto, Sansa, la chicuela como que hace
méritos para sentarse en el Trono de Hierro, ¿no?
Veremos
qué pasa en el próximo episodio, quiénes caen, a quiénes
lloraremos.
JUEGO DE TRONOS 3X8, VAYA PUESTA EN ESCENA
martes, 23 de abril de 2019
A TINITO LE GOTEA… 2
...LE GOTEA
Tan
sólo un chico ocupándose de lo suyo...
...
Tinito
se siente abrumado por las palabras sugerentes, también por su
mirada y presencia algo ruda, directa, confiada e insolente.
Acariciándose un tanto el cuello para disimular, enrojece. El tipo
sonríe más, notándolo.
-Si,
es la llave del lavamanos. No deja de gotear y hace un ruido
infernal. -gira sus manos, apartándose y dejándole entrar,
estremeciéndose, aunque cree que lo disimula, cuando percibe el
fuerte olor del hombre. No a sucio, ni nada desagradable. Tan sólo
fuerte.- No me deja concentrar en nada. Ni reposar.
-Qué
mal. -comenta medio burlón, como si escuchara una de las quejas
constantes de su mujer, a las que en verdad no le para bolas. Recorre
el bonito lugar con la vista, lo había llenado de cosas buenas.- Si
quieres seguir viéndote tan lindo debes descansar. -suelta como si
tal, burlándose, disfrutando de verle parpadear y contener una
sonrisa halagada.
-Qué
cosas dice. Es por aquí. -señala con una mano y luego rueda los
ojos.- Pero supongo que conoce este estudio mejor que yo, ¿no?
-Ni
tanto. Lleva tiempo desocupado. -le corrige, indicándole con una
mano el que vaya adelante.
-Ah.
-no se le ocurre decir más mientras cruza la estancia rumbo al
cuarto de baño, consciente de... se vuelve. El carajo le tenía la
vista clavada en el culo. Eso le ahoga un poquito. Sonríe pero
nervioso.
Bonito
culo, pensaba Greg, casi burlándose de sí mismo. No se sorprende
mucho cuando entra en el perfumado cuarto de baño, muy bien
iluminado, con alfombras y felpudos sobre la tapa del inodoro, y de
cortina de baño de flamencos emprendiendo el vuelo. Y la mirada se
queda atrapada allí, aunque la lleve gotea frente a él. El joven lo
nota y enrojece otra vez, mucha gente no entendía su gusto estético.
-Me
gustan las aves. Y mientras cambio la cortina por una puerta de
cristal... -se siente obligado a explicar.
-No,
no es eso lo que llamó mi atención. -le interrumpe con una sonrisa
socarrona, muy cerca uno del otro a ambos lados del lavamanos.- Es
esto... -se aparta y toma algo que cuelga, como secándose, del tubo
que sostiene la cortina.
-¡Ay,
qué pena! -jadea Tinito rojo tomate, llevándose unos dedos a los
labios.
-Hey,
tranquilo... -replica Greg, con voz más baja, mirada brillante de
malicia, extendiendo entre los dedos de sus dos manos una pequeña
tanga color rosa, tipo hilo dental, quedando la parte trasera más
cerca de su rostro, tirita que mira con fascinación.- Mi mujer
también cuelga del baño sus pantaletas... aunque no son tan bonitas
ni sensuales como esta.
-¡No
es una pantaleta! -gime más rojo, medio riendo, como que si
solamente esa parte de todo el asunto hubiera llamado su atención.
El otro ríe, mirándola, luego a él.
-¿En
serio? ¿Vas a un gimnasio llevando una de estas y alegando que es un
calzoncillo? -le reta, no entendiendo él mismo su interés en el
tema, o por qué sigue tocando la telita húmeda pero extrañamente
tibia.
-Bueno…
no... -enrojece todavía más, rodando los ojos como si escuchara una
tontería.- Sabe cómo es la gente.
Claro,
chico, claro, piensa el hombre, luchando contra las ganas de... Bien,
¿por qué no? Jugaba, ¿no es así?, con el chico. Atrapa la telita
en una mano y la lleva a su rostro, olfateándola ruidosamente.
-Huele
a flores. Buen jabón. -le explica como si tal cosa, dejándole con
la boca muy abierta, volviéndose a tender la prenda otra vez,
preguntándose si no se le habría pasado la mano.- Bien, déjame
encargarme de esto. -intenta escapar de ese clima de... ¿tensión
sexual? ¿Pero qué coño...?
Como
si a nadie en el mundo se le hubiera ocurrido antes, abre y cierra la
llave, apretándola. No funciona. Se agacha y mira bajo el lavamanos,
cerrando la llave de paso. El goteo para.
-Veamos...
-gruñe, inclinando, abriendo su maletín, notando que la tanga cae
del tubo un poco más allá.- Lo siento.
-No
hay problema. -el chico sonríe y pasa a su lado, tocándole un
hombro como de pasada. Seguramente así fue, se dice el carajo,
pero...
Le
ve detenerse frente a la cortina e inclinarse a tomar la tanga. Ese
culote se alza bajo la tela, tragando un poco y... mierda, seguro que
no llevaba...
Todavía
inclinado como está al lado de su maleta de trabajo alarga una mano,
sin querer pensarlo mucho, y atrapa el borde de la pantaloneta,
halándola, descubriendo aquellas nalgas redondas sin llegar a las
bolas; eran glúteos lisos y lampiños, donde una raja rojiza y un
culito cerrado parecían...
El
chico, parpadeando sorprendido, le mira sobre un hombro... sin
ninguna otra reacción, como gritar, apartarle, enderezarse o...
No
piensa, caliente, se endereza, se mete un dedo en la boca y lo apoya
del culito que tiembla bajo su tacto, y lo empuja, metiéndoselo
lentamente, pero con firmeza, jadeando con la boca abierta mientras
lo hace.
-Ahhh...
-el chico gime, con los cachetes rojo candela, la frente algo
fruncida.- ¿Pero qué haces? ¡Ohhh! -se le escapa cuando ese dedo
sale, doblándose hacia abajo, y vuelve a penetrarle.
-¿No
te gusta? -le pregunta ronco, de pie a su lado, mirándole la carita
torturada sexualmente.
-Pero,
señor Greg... ¡Hummm! -ese dedo va y viene mientras otra manota,
callosa, ruda, le palmea suavemente de una a otra nalga.
Más
parecen caricias, pero la intención, las palmadas en sí, el sonido,
le ponen el güevo a punto de melcocha al hombre, mientras al chico
el culito le pulsa salvajemente sobre su dedo.
-Si,
te gusta. -Greg sonríe.- Joder, y por lo que siento aquí... -retira
el dedo girándolo, regresándolo acompañado de otro, índice y
medio, verticalizados, uno al lado del otro, y fascinado nota cómo
luchan por entrar, como le empujan los rasurados labios anales, y
como estos, falange a falange, desaparecen en ese horno que el chico
tiene por culo.- ...Me parece que no eres una dulce virgen, bebé.
-se pone ocioso, juguetón.- Creo que eres un niño travieso que ha
usado mucho el truco de dejar ver sus pantaletas. -dice, quemándose
él mismo de ganas, con la garganta seca, la tranca latiéndole bajo
la braga mientras saca y mete los dedos de ese culo.
-Hummm,
no, no estaba intentando... -el chico se defiende, abriendo mucho la
boca cuando esos dedos se empujan en su interior, golpeándole la
pepa... alzando uno de sus pies, desnudos, sobre el murito de la
ducha, abriéndose más.
-Joder,
¡qué puto eres! -el hombre ríe al ver eso, comenzando un saca y
mete impresionante en ese culito, clavándole los dedos hasta el puño
y empujando más, viéndole estremecerse y enrojecer, oyéndole
chillar de placer, arqueando la espalda.- Puto, puto... -le dice
retirándolos, refregándole con las puntas mientras lo hace,
maravillado viendo los labios de ese culo adherido a sus falanges. Y
le nalguea más fuerte, el chico chilla, la tersa y joven piel
enrojece, los dedos se marcan, y eso le hace perder la razón.
¡Tiene
que cogerlo!
CONTINÚA … 3
SEGURIDAD
GANAS
Sabiendo
lo que le espera y lo que pasará, sus deseos siendo saciados, su
cuerpo adorado, su tranca exprimida con ganas, sube confiado. Muy
consciente de que tiene lo que la perra ansía mucho... Su suegro,
ese viejo mañoso de hambriento coño.
¿QUE CULPA TIENE?
EL GOBIERNO SOCIALISTA DEL DOCTOR CALIGARI
MONTANDO EL CUADRO
Cuando
los locos toman el control pasa lo que pasa.
La
verdad es que el régimen socialista-fascista que usurpa el poder en
Venezuela desde el 10 de enero es casi imposible de definir. Pasan
los años y todavía uno duda, viéndoles y oyéndoles declarar, si
es que en realidad son imbéciles, dementes o se drogan antes de
salir a dar dichas declaraciones y luego tienen que acomodar la
realidad a sus desvaríos. Como señalara en sus redes sociales el
señor Rafael Mundarain, ¿puede sorprender que en un país con la
mayor inflación del mundo, calculada en millones por ciento, la
gente muriéndose de literal hambre y con perspectivas visibles de
empeorar, donde la respuesta de los hacedores de miseria es crear el
VICEMINISTERIO DE LA MÁXIMA FELICIDAD (si, ¡un viceministerio con
viceministro y personal para esa vaina!), que la cortina para
esconder el ecocidio del Arco Minero, que dicen que ya se ve desde el
espacio, donde están matando a los indios para robarles sus tierras,
sea crear el MINISTERIO DE ECOSOCIALISMO? Lo peor es que cuando el
Gran Farsante vivía, ahora es el Difunto, una de las razones que
alegó para su intentona golpista fue el exceso de ministerios y
burocracia de la era democrática. Ahora miren esto. Lo insólito es
que lo anuncian, todas esas locuras, y crean efectivamente nuevos
focos de corrupción como “soluciones”. No, y hay que aceptarlo
o...
NOTA:
¿Por qué será que cuando los dementes toman el control de un
manicomio el jefe siempre terminan siendo el más loco y peligroso?
EDGAR ZAMBRANO, ¿INMUNIDAD ALLANADA? NO, SECUESTRADO
lunes, 22 de abril de 2019
MASODIK
ELSO
El
respetable empresario sale a cubierta al fin, sabiendo que aunque
finja no recordar, los jovenes y ardientes griegos de la triopulación
si que se acuerdan muy bien su mojado coño tan usado la noche
anterior mientras su mujer dormía por todo el licor.
¿Un
abuso? Puede ser, pero en días de notas así eran las cosas. Los
oye, los chicos ya vienen por sus aprobados... Los cuales tenía que
dar para que no contaran que dando clases era un pirata todo nulo. El
problema es que fuera de notas también querían culo...
HARMADIK
RIO GRANDE... 3
RIO GRANDE ... 2
Bienvenidos
al pueblo…
…...
-Pues,
no podemos jugar sin la pelota. -repite, mirando ceñudo al resto de
los chicos, clavando los ojos en el más joven de ellos.- Todo es tu
culpa, ¿no?, deberías buscarla.
-Si
entro allí y mi mamá se entera... -gimotea Antonio, con los nervios
de punta. No quiere sonar como un niño atrapado entre el deseo de
agradarles y el obedecer a su madre, mujer a la que idolatra a pesar
de su edad. Aunque eso es, un niño que puede ser empujado
emocionalmente si alguien más fuerte, y malo, le presiona.
-¡Mi
mamá se va a poner brava! -medio ríe Demetrio, todo mala fe. Al
joven de cara oscura parece irritarle eso.
-¿Por
qué no vas y la buscas tú, Cerro Prendido?, a tu mamá no le
importa lo que hagas. O te pase.
-Oye...
-eso le agita y molesta.
-Ya,
dejen la lloradera, niñas, voy yo. -chilla Ítalo, volviéndose
todavía hacia el más chico.- Pero tú ya no juegas más.
-Pero...
-jadea este, el labio inferior temblándole al borde del llanto. ¡Iba
a ser expulsado del grupo!, era todo lo que podía pensar y a sus
pocos años eso parecía el fin de su mundo, es decir, del mundo
entero.
El
otro no le oye, sintiéndose menos seguro de lo que deseaba aparentar
se dirige a la alta vaya, metiendo los pies en algunos huecos de la
madera, en uniones no alineadas, alzándose lentamente con las manos,
la estrecha espalda brillante de sudor al jugar sin camisa.
Alcanzando la cima y asomándose un poco, parpadea. El jardín
entrada de aquella casa parecía un enmarañado sendero a la laguna,
un montarral, algo muy descuidado para ser una casa habitada por una
mujer quisquillosa y que todos habían notado que se encargaba de él.
-Es
raro que se vea tan mal. La bruja siempre lo cuida. -escuchar sus
propios pensamientos en otra voz, le hace volver el rostro a la
izquierda. Cruz también había subido. Pero bien sabía él que no
cruzaría.
-Te
lo dije, no está. Hace tiempo que nadie la ve. -le mira desafiante,
el joven negro sonríe.
-Baja,
pues. Nada te detiene.
Eso
irrita al otro, quien también tiene sus aprensiones. Su papá, de
enterarse... Pareciéndole que la sonrisa de Cruz se ensanchaba un
centímetro más (¡nada difícil con esa bocota!), oprime los suyos,
delgados y rojizos, subiendo más, dispuesto a cruzar una pierna y...
-Hey,
¿qué hacen? Es propiedad privada, coño. ¡Bájense de allí! -ruge
una voz tan atronadora, tan llena de autoridad y censura que casi se
caen.
En
la rápida bajada Ítalo siente que las manos se le raspan en las
imperfecciones de la madera, lastimándose. Al caer sobre sus pies
mira a quien habla, un hombre treintón, obeso, de gorra con la
visera volteada hacia atrás, de gran bigote, que les observa con
disgusto al volante de una grúa que maneja. Una que el chico no
entiende cómo no escucharon acercarse.
-Voy
a llamar a sus padres. -el adulto lanza la amenaza final, la que hace
que todos corran alejándose de las cercanías de la aparentemente
abandonada propiedad.
Pero,
mientras corren, Ítalo, después de recoger su camisa, se las
ingenia para acercarse a Antonio.
-Todo
esto es tu culpa, ¡no volverás a jugar con nosotros! -sentencia
terrible, casi disfrutando de verle abatido, lloroso. Se lo tenía
bien merecido por idiota, bien sabía que no debía batear tan fuerte
como para que... Por un segundo, mirando en los ojos del otro, le
parece ver un relámpago que le indica algo.
El
chico no se resignaba a ser expulsado, ¿qué haría para impedirlo?
Mientras corren, realmente alarmados de que sus padres sepan que
intentaron meterse en una casa ajena, el chico se pregunta qué
pretendería hacer el otro.
El
hombre tras el volante les ve alejarse, todavía gritándoles que
sabía quienes eran. Luego desvía la mirada hacia la casona, también
él había sido alumno, años atrás, de la mujer tras la valla. Y no
la quería, nadie lo hacía, aunque la respetaba. Que extraño, tenía
tiempo sin verla. Y, con todo, se aleja sin dedicarle otro
pensamiento.
La
casona quedaba atrás, silente... aunque una sombra, una silueta,
parece dibujarse tras las cortinas de una ventana en la segunda
planta. Alguien parecía mirarle alejarse al volante de la grúa,
pero no lo nota. De haberlo hecho... ¿habría percibido la profunda
rabia que de allí manaba, de esa figura, al serle negado lo que
deseaba? ¡Había estado tan cerca! La convocatoria necesitaba
realizarse según los antiguos mandatos.
Sin
embargo, está bien; casi lo logra y falló, pero no era el final.
Era paciente, podía esperar.
......
A
la salida oeste de Río Grande, de la parte que se alejaba de
Aramina, hacia el llamado Paseo de Los Indios, se localizaba una
pequeña propiedad ruinosa y miserable que era la angustia de mucha
gente pudiente en el pueblo que la veía como una afrenta a sus modos
de vida prósperos; una parcela ocupada por una mujer sola. Llamada
así no por la extensión de tierra, que no era, estrictamente
hablando, de ella, era la denominación que se daba en la zona a la
gente que vivía fuera del casco central y que se dedicaba, en
teoría, al cultivo de la tierra con fines muy limitados (cosechar
apenas lo indispensable para sostenerse una familia), aunque muy
pocos se ocupara de eso, como era el caso de la milenaria dueña de
esta, Aída Mendoza.
La
mujer era tan mayor que nadie esperaba realmente que se ocupara de un
conuco, quienes no la conocían bien incluso se decían que era
preocupante que viviera tan sola y tan lejos del pueblo dada su edad.
Lo cierto es que la mayoría de quienes sí la conocían la
recordaban ya vieja cuando ellos eran unos críos, aún cuando ellos
mismos ya fueran prácticamente ancianos. Eso, su extrema vejez que a
veces hacía dudar que tal o cual anciano o anciana le hubiera
conocido ya con esa cara cuando ellos eran mozos y doncellas, y su
aire, la hacían particular. Como a la laguna, el viejo trapiche o
las abandonas torres petroleras.
No
era Aída, como se señaló, una parcelera, una trabajadora de la
tierra, la mujer era, oficialmente, una bruja. Pero, a diferencia de
la jubilada maestra solterona, con ella si podía usarse en justicia
ese título. De tener tarjetas de presentación, incluso, tal vez, lo
usaría. Era de las que leía la suerte en las manos, el cipo del
café, de las que echaba las cartas y preparaban brebajes
curativos... y otros maléficos, según muchos. La mujer decían que
curaba, pero que también jodía, según el deseo del encargante.
Fuera cierto o no, su casa no era frecuentada sino por quienes
necesitaban verla. Estaba apartada, era difícil llegar, el camino
era una pesadilla de huecos, a veces de pantanos aunque el sol
estuviera achicharrando todo lo demás, lo que hacía imposible que
se llegara en carro hasta su puerta, a menos que fuera un jeep, y a
veces hasta esos tenían problemas. Estaba lejos, había que llegar a
pie, y, fuera de ella misma con su aire de lechuza predadora, la
propiedad inquietaba. Llena de cachivaches almacenados al frente y
atrás de la humilde vivienda, una camioneta destartalada a un lado,
que parecía era devorada por animales carroñeros aunque tal
cosa fuera imposible, una cerca que rodeaba un gallinero caído,
árboles casi sobre la casa misma, arbustos a los lados de las viejas
paredes de bahareque, y el techo de zinc, remendado en mil puntos no
eran referencias buenas para una venta. La entrada era de tierra
apelmazada, como el piso de la vivienda.
Aída
recibía a sus clientes en la sala, y a pesar de todo lo señalado,
bastante gente, aún personas fuera de Río Grande, iban a
consultarse en esa pocilga que parecía más grande por dentro que
por fuera. Había un recibidor con unos viejos muebles de paño que
olían a rayos, más allá, tras unas cortinas rotas, sucias y mal
colgadas se encontraba la mesa con tres sillas donde consultaba, con
anaqueles que contenían velas, libros viejos, espejos, tabacos,
caracoles y hasta una vieja bola de cristal, de un blanco lechoso.
Ella
misma era viva la imagen de su negocio, una mujer menuda que parecía no
llegar al metro cincuenta, gordita, de senos grandes y caídos,
panzona, lo que le daba un parecido a un barrilito. Sus manos eran
arrugadas, llenas de manchas, sus uñas eran amarillentas, de puntas
roídas, largas. La cara mostraba vejez pero era curiosamente tersa,
aunque el cabello cano y ralo, que le llegaba a la cintura, le hacía
perder ese engañosa apariencia de juventud. La boca era grande, los
ojos iguales, y como nadaban tras unos lentes horriblemente gruesos,
quedando deformados, eran inquietantes; uno de ellos parecía velado
por una blancor que hacía pensar en ceguera. Vestida generalmente de
blanco, por decir algo, ya que se veía desaseada, la mujer era
realmente curiosa. Daba completamente el aire de bruja de pueblo.
Pero, ¿lo era? No pocos se lo habían cuestionado. Se podía pensar
en un fraude, en una vieja tracalera y timadora de personas crédulas
o necesitadas de ser engañadas; sin embargo...
Sentada
a la mesa de su cocina, un planchón de madera sobre un pipote
recortado, la mujer saborea un café, pensativa. Como todos, había
tenido el sueño y no sólo lo recordaba sino que sabía exactamente
lo que significaba la frase: Todo lo hecho puede deshacerse. Y se
estremece ante lo grande del significado. Y de la tarea. Porque sabía
que era una encomienda para cada alma ruin y mezquina del pueblo,
especialmente para aquellos que se habían entregado voluntariamente
a la escuela de la locura. Bebe y recuerda unas frases, parte de la
antigua invocación de su juventud: Hermanos pecadores que viven y
los que han muerto sirviendo al mal, unas sus voces a la mía e
invoquemos finalmente a Satán...
Así,
tan simple, tan tonto. Tan terrible, reconoce sonriendo satisfecha de
lo que ha hecho. Pero deja de hacerlo. Inquieta. El sueño la había
alertado, alegrado de una manera total y casi sensual en su cama,
pero también incomodado. Algo más estaba ocurriendo. Debía estar
pasando justo en esos momentos e ignoraba de qué se trataba. Se pone
de pie con esfuerzo, más por su volumen que por la edad, y se dirige
a la puerta que daba al patio, siempre abierta. Toda la casucha olía
a flores mustias, a lavanda desvaída, con algo agrio por debajo de
todo, como leche ligeramente descompuesta. Nada grato, imposible de
calificar aunque pareciera conocido. Se asoma, mira hacia el cielo
alegremente brillante y se tensa aún más. ¿Debería recurrir a los
tabacos, a las cartas o a los caracoles? Cierra los ojos y parece
esperar una indicación. Un poco más allá una gallina tierrera,
flaca y con señas de vieja también, chilla cuando otra deposita un
huevo en una caja dejada allí para eso por la mujer. La gallina
estéril parecía molesta con la fértil. Sonriendo, sale, se les
acerca, estas la miran sin alejarse, como si no la temieran. Por eso
le resulta fácil a la pequeña mujer extender una mano con
insospechada agilidad y atrapar a la vieja gallina por el cuello,
alzandola cuando esta comienza a cacarear, soltando plumas,
revoloteando.
Era
tarde para ella, regresando a la casa, Aída, asiéndola bien por la
cabeza, hace que el cuerpo gire, haciéndola chillar feo, para luego
quedar como atontada. Entra y la arroja en la mesa de trabajo, sobre
un ancho y largo platón de metal, oxidado y muy refregado, mientras
se vuelve hacia su estante. El animal, con la cabeza extrañamente
torcida, como si le pesara más que el resto del cuerpo, intenta
incorporarse.
La
mujer toma un cuchillo largo, filoso, y sin sentarse ni pensarlo
mucho, lo hunde en el pecho del animal, bajo el güergüero, rajando
hacia abajo provocándole espasmos y nuevos cacareos agónicos
mientras chorrea de sangre y tripas el platón, dibujando líneas que
la mujer estudia con atención mientras el animal finalmente muere.
Si,
se acercaba. Algo... No, alguien. Una persona. ¿O eran dos? ¿Tres?
¿Dos personas y… una cosa? Era confuso, eso le molesta; alza la
mano y mete los dedos en la herida de la gallina, el cuerpo está
caliente, y hurga mirando al frente, con expresión ida. Lanza un
jadeo de sorpresa, sus ojos nadan feamente tras los cristales, su
boca parece la de un sapo. “Ve”, con brumosa claridad una mesa,
sobre ella hay algo, algo que quiere desesperadamente ver y la hace
temblar de ansiedad y hasta de temor. Es algo terriblemente malo, lo
sabe, del ojo legañoso escapa una lágrima pequeña, lenta, de
felicidad, sus labios blanquecinos, las comisuras muy caídas,
balbucean sin palabras. No puede alejarse de esa visión, no podría
hacerlo ni aunque quisiera, estaba atrapada bajo un juego mayor al
suyo. Y la verdad es que quería verlo, saber de qué se trataba,
aunque una sospecha nacía en su corazón, o en ese algo que ya ni
parecía latir en el lado izquierdo de su pecho caído.
Lentamente
gira el rostro, como deseando apartar el velo que cubre su vista,
rodearlo, no sabe que es pero lo interpreta, no sin sorpresas, era
una persona, una espalda que no la dejaba “mirar”, alguien
increíblemente inocente. Tanto que casi le repugna. Y sin embargo...
conocía esa esencia, esa decencia. ¿Un cliente? No, era demasiado
joven, apestaba a años por vivir.
Aprieta
los amarillentos dientes de sus planchas postizas, de las cuales está
tan orgullosas, aunque parecían hechas para alguien de cara más
pequeña. Sus dedos entran más y más en el cadáver de la gallina,
siente los huesos, la presión de las carnes, el gotear de una sangre
caliente todavía.
Luna
de Sangre, la idea le llega y ahora capta lo que quiere saber. Sonríe
casi jadeando, sintiendo un agradable corrientazo en su cuerpo, algo
casi voluptuoso. Quiere gritar y reír. Lo hace y su voz cascadas es
casi obscena en su dicha procaz. Miseria, dolor y angustia, miedo y
muerte es lo que ve. Gira sobre sí bañándolo todo con la sangre
del animal, incluso su blusa. Es víctima de una dicha como no
recordaba otra en... bueno, muchos años.
Recordando
nuevamente parte de la vieja invocación, separa los brazos, palmas
hacia arriba, una de ella goteando sangre y la recita en voz alta,
riendo y estremecida de emoción:
-Permite
que rompamos las cadenas que te atan al abismo, mi Señor...
......
-Vamos,
toca, mira lo duro que lo tengo. -la voz del joven se oye ronca,
baja, casi sonriente. Acariciándose de hecho sobre el viejo jeans
desteñido que usa, uno que le queda casi obscenamente ajustado según
la moda, y donde destaca la silueta de su miembro emocionado, como lo
está siempre a esa edad cuando se le permite endurecer, llenarse de
sangre y ganas, exigiendo, de paso, atenciones. Las cuales nunca,
ningún chico, quería negarle. Era rico pasarse los dedos, reconoce,
tanteándoselo una y otra vez con las yemas de los dedos índice y
medio, feliz de lo duro que está, orgulloso de su tamaño, sintiendo
como un éxito de su masculinidad el estar tan caliente.
-¡No!
-jadea la otra voz, también joven, inquieta. Casi temerosa.
-Vamos,
pendejo, la tengo tan dura que seguro no has visto otra así.
-No
ando mirándole los... los... pájaros a otros chicos. -rojo de cara,
muy avergonzado y abrumado este reacciona, sentado muy rígido en una
punta del viejo sofá donde él otro le indicara que montara “su
culo”, a su lado. Le incomoda verlo sobarse, notar la voluminosa
erección cubierta, tan descarada y desafiante.
-Vamos,
tócala, ¿no eres mi amigo? -canturrea invitando, sonriendo malvado.
Completamente convencido de que dentro de poco sentirá sobre su
tranca dura las manos del otro muchacho...
Tanto
si quisiera este tocarle o no.
CONTINÚA ... 4
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