domingo, 7 de abril de 2019

NO, NO ERA PARA SIEMPRE...

SUPERNATURAL, ¿PARA SIEMPRE?
   Llanto y desolación...


   El lunes pasado, por AXN, se transmitió para Venezuela el episodio final de la serie Criminal Minds, una de mis preferidas y a la cual he seguido por años de manera fiel... pero vaya capítulo. Me pareció malísimo, una despedida fatal, un argumento desperidiciado y hasta mal hilado. Cuesta creer que en verdad alguien pensara que era un buen libreto. Y pensar que a es gente le pagan por eso. Pero no quiero tocar eso todavía. El asunto es que buscando razones para su cancelación, en lo cual seguramente pesó el tiempo, ¡llevaba ya quince temporadas!, me encuentro con que deseaban darle un final digno, memorable y todo eso (¡y salieron con esa chapucería!), pero no daban razones concretas. Averiguando más caí en otra página... donde anunciaban que ya era oficial: la temporada quince de Supernatural, esta que corre, será la última.

   Joder, debía esperarlo, pero la vaina realmente me dejó con la boca abierta y ansioso. Todavía esperando que fuera un error, otro final agorero anunciado por un desocupado que era desmentido por el amor de los fans (uno de tonto sigue creyendo en milagros), entré a la página y sí, la serie llegará a su final con el episodio veinte de la nueva temporada. Jared, Jensen y Misha lo anunciaron por las redes sociales, profundamente afectados. El programa llega a su conclusión, no cancelado, sino a un final concertado tras veinte nuevos episodios. Sin embargo... Es el fin. El acabose. Sam y Dean, con Castiel, partirán. La aventura termina. ¡NOOOOO!

   Me molesta que se acabe la historia de esos maravillosos personajes estructurados en un oscuro mundo que me encanta, ellos como cazadores de monstruos y sus correrías. Pero también me inquieta lo que será de los actores. Me asusta que Jared Padalecki, Misha Collins y, especialmente, Jensen Ackles caigan en ese limbo donde languidecen tantos buenos actores que han tenido un programa exitoso y luego no vuelve a saberse de ellos. Y es cierto. Ocurrió con  Sarah Michelle Gellar​​ y su Buffy, que la hizo tan popular y después nadie parecía saber de quién se hablaba cuando se le nombraba; y con Tom Welling con su Smallville, ¿dónde se ve o qué se sabe ahora de un tipo que en su momento era el galán sexy de moda? ¿Y qué hay de Lucy Lawless y su Xena, una de mis grandes amores? Si, hay quienes han tenido suerte, como Richard Dean Anderson con MaCgyver y décadas después con Puerta a las Estrellas”, o David Boreanaz con Angel y Bones (a “Equipo Seal” aún le falta un poco para cuajar), pero esas son rarezas.

   El caso de Jensen Ackles es todavía más inquietante. Es un carajo indudablemente guapo, casi bonito, con una expresión, mirada y gestualidad genial, capaz de ser chulo, cínico o estar roto, agonizando internamente y convencernos (esa lágrima que deja salir en la quinta temporada cuando en ese futuro paralelo encuentra a Sam poseido por Lucifer, fue sublime), ¿y si no encuentra otra oportunidad así? ¿Se desperdiciará todo ese talento? Es más, hace años que debió dar el salto al cine, joder, tiene la pinta y la capacidad, ¿nadie en Hollywood se ha dado cuenta? La serie Dark Angel ganó impresionantemente cuando dio vida a Alec, de Valentin Sangriento lo unico bueno fue él, y su Dean Winchester ha sido soberbio.
   ¿Qué estarán pensando los guionistas para el final? ¿Nos darán una conclusión medios aceptable, con Sam casado con una bella morena latina, con dos lindos hijos, con Mary en un auto dirigiéndose a visitar a los tíos Dean y Castiel que comparten una casa y aunque salen a parrandear juntos muchos creen que entre ellos hay algo? ¿No sería genial?

   El fandom es cierto, lo del subtexto homosexual. Aunque confieso que nunca vi nada extraño en las tres primeras temporadas, me parecían dos hermanos que vivían grandes y terribles peligros juntos que hacían del programa algo muy bueno; es en la cuarta cuando aparece Castiel siguiendo a Dean siempre con la mirada, siempre detrás de él, a veces viéndole dormir, cuando me dije ah, carajo, hay trama gay. Averiguando sobre eso fue que supe del fandom. Y si, en la cuarta temporada cuando Dean le pregunta a Uriel dónde está Castiel, este le responde que no le convocó porque Castiel ha demostrado una gran debilidad, “le gustas”. Eso pasó.

   Sería genial un final así después de tan largo viaje y de esperar tanto... Pero esto es Supernatural, ¿y si nos hacen una trastada para terminarla de manera “diferente”?

   No, nada satisface en este caso. La verdad es que no alcanzo a expresar cuánto me pegó la noticia. Duele, molesta, deprime. Lo cierto es que, de cierta manera, acaba una era. En ese mismo portal leí que también finalizará la serie Arrow, que nunca seguí, pero a junto Criminal Minds ya acabada, Juego de Tronos por comenzar su última temporada, y ahora Supernatural, termina una cantera de programas conocidos, queridos y continuos. Un mundo nuevo se vislumbra... Y eso no siempre compensa lo anterior. Puede que lleguen otros seriados, buenos, ¿pero mejor que la historia de los Winchester, para mí?, muy difícil es de imaginar.   

LOS WINCHESTER TOMAN LA CARRETERA -01x01

LISTO PARA EL ESTABLO

FORMACION
   Otros dos y...

   El patrón no sabía el daño que le hizo a su muchacho cuando le ordenó a los vaqueros del rancho que lo vigilaran y controlaran, ya que no le gustaba trabajar pero sí que era parrandero y mujeriego. Este, aunque no quiso creerlo o aceptarlo, ni impedirlo a pesar de que gritó, amenazó y luchó, se encontró con que si trasnochaba le azotaban el culo, uno de ellos, bajándole el pantalón, frente a los otros que le animaban; si llegaba ebrio o era sorprendido emborrachándose la azotaina se la daban dos o tres, pasando de un regazo a otro, dando una mamada bajo la amenaza de si no obedecía le darían esa misma pela en la cantina del pueblo; y si salía con chicas le azotaban cinco a seis, mientras debía usar una de las pantaletas que hubiera dejado olvidada una de sus ex, antes de atender a un ganador esa noche que le mostraría lo que sentían las chicas cuando eran montadas y cabalgadas por un animoso garañón. Dos veces intentó escapar y después de los azotes, debió atender a varios de ellos, que de dos o tres, en la cama de su padre, le enseñaban su lugar, allá, en medio de la nada, en la alejada hacienda. No le fue mejor cuando logró que el Comisario acudiera a su llamado y este, con sus tres ayudantes, y mientras tomaba caña y tragaba barbacoa con los vaqueros, le esposó a un poste, sin pantalones, siendo azotado y penetrado en aquella improvisada fiesta. La esperanza era el regreso de su padre... quien se había tomado un año sabático rumbo al Tíbet y no se le esperaba el resto del año... estando a marzo.


   Pero algo debía estar asimilando, se dice confuso, desnudo en la cocina preparando sus platos, cuando les oye comentar, después de noches de pasión, que ya parecía toda una perra natural cuando los atendía... 

AUTO REGALO

CULPOSO

REALIZADO
   ¿Quieren saber en qué consiste un prohibido placer pecaminoso? En nuestro amigo, encerrado en su baño, la familia afuera, mostrando por un ratico sus atrevidas prendas, enviándole fotos a un grupo de tíos que sabe para qué las usa. Pero, claro, a leche derramada... 

APARICION

MONTANDO EL CUADRO

   O ya dispuesto.

   Mientras a lo interno quieren convencer a Venezuela de que algo de lo que digan tiene algún peso real a pesar del golpe de estado de hace dos años que les deslegitimó, y que desde el 10 de enero Nicolás Maduro usurpa el cargo de presidente de la república, y necesitados de fingir que el “mundo” les reconoce como gobierno, el ministro Jorge Arreaza, representante del régimen usurpador, recorre países extraños buscando que lo reciban y digan públicamente que están con la revolución. No va a Latinoamérica porque le sacan el culo, ellos hunden electoralmente a cualquiera en las urnas, siempre pasa cuando la gente se retrata con delincuentes reconocidos, por eso se van al Medio Oriente. Pues, el primer ministro del Líbano, señor Saad Hariri, sorprendió a todos cuando se negó a recibirle en su periplo, rompiendo con el protocolo oficial. No consideró el señor que valiera la pena tal gesto, ni siquiera fingirlo. El Líbano ha tenido su buena cuota de angustias y amarguras por gobiernos desestabilizados. Y Venezuela está lleno de libaneses que escaparon de su momento de la violencia, que no quieren que eso se repita aquí. Obviamente la cancillería libanesa funciona e informa mucho mejor que otras. 

JUAN DOMINGO SALINAS, VERGUENZA AJENA

miércoles, 3 de abril de 2019

PIRMAS

   Gratitud...

   Todo... todo era insólito, medio racionaliza el hombre, tanto como puede mientra les oye reír y se agita bajo sus demandas rudas, sus palmadas, salivazos e insultos eróticos. Recuerda cuando llegara nuevo al edificio y esos dos carajotes con aires agresivos, guapos y viriles, pintas que él habría amado para sí, ser como ellos para tener todas las mujeres que deseara, se presentaron a darle la bienvenida, con fuertes apretones de mano, entrando y revisándolo todo, uno echándose en el sofá, el otro tomando sus cervezas, cohibiéndole un tanto. No sabiendo qué hacer hasta que el catire grandote, sonriendo y mirándole le preguntó si era marica. Que no les importaba si lo era. Lo negó, claro, pues no lo era. Ellos se miraron, dijeron no creerle, y que de hecho andaban buscando a un marica en quien descargarse por ratos cuando sus mujeres no tuvieran; que les gustaba ver juegos de futbol, tomar cervezas, comer botanas y coger, y que allí creían poder tener todo el paquete. Les gritó que no era marica cuando se le fueron encima, estrujándole, tocándole, riéndose. Y de alguna manera, en algún punto, le hicieron rogar por sus vergas, para que les dejara tocarlas, masturbarlas, chuparlas. Casi tuvo que llorarles para que le cogieran, aunque aún no lo entendía. Les rogó humildemente por servirles. Ahora venían a ver algún deporte, les ofrecía bebidas y alimentos, temblando de angustia y anticipación, atormentado porque le dejaran tocarlos, sacar sus trancas, uno al lado del otro y montarse, pasando del catire al moreno, casi sollozando, olvidado ya de las chicas. Ellos mirándose y sonriendo con diversión, a veces le negaban lo que deseaba, tan sólo para que se humillara como correspondía... Entendiéndose que era la eterna educación que debía recibir un obediente y sumiso marica. Y casi llorando les suplicaba por más, feliz de tenerles en su vida.   

ANTRA

lunes, 1 de abril de 2019

TANTO VA EL CANTARO AL RIO...

BAJO MANO EXPERTA
   Le avergonzaba porque sabía que no le engañaba, aunque este fingiera no entenderle. Ardía y se mojaba de angustiosa anticipación mientras debía exponer su “problema”, agonía que duraba hasta que el galeno se decidía a meterle mano al asunto, luego un poco de consuelo sacado de alguna gaveta, para finalmente “curarle” por un rato con su propia jeringa. Maldita sea, ¿cómo le pasó? Antes de esa prueba de mierda no habría considerado siquiera que otro sujeto acercara una mano, la vista, nada a su agujero. Ahora no parecía tener nunca suficiente. El “¡ahhh!!, que se dejaba escuchar, ese chillido largo, profundo, de cachondez total cuando al fin se lo “trataban” era clara indicación de lo jodido que estaba. Aunque no tanto como quedaría en los próximos minutos...

   El encanto del argumento, que se entiende, es evidente. 

PRUEBA

BOTON

   Muchos lo tenían a toque aunque no lo sabían...

   -Por... Por favor... detente, no sigas... ¡Ahhh!

   -¿Detenerme?, vamos, jefe, hace rato que su concha hace todo el trabajo, apretando y chupando con ganas. -se burla sonriendo, recordando los días cuando el otro pensaba que era todo un hombre.- Más bien me parece que quiere que meta dos, o que lo llene yo, aquí mismo, sobre su escritorio, con la foto de su señora y los niños allí, o que llame a Zapata y Rodriguez, los dos tíos de Mantenimiento, para que sigamos jugando a “¿adivina de quién es ese dedito en el culito?”. Para comenzar, claro... 

INICIACION

RIO GRANDE... 2

RIO GRANDE
   Bienvenidos al pueblo…
...

   Dios mío, ¿qué era aquello? ¿Toda esa desvergüenza? ¿Todo ese bandidismo?... ¿Ese pecado? La mente de la mujer era un caos mientras se estremecía bajo la acción de la joven y osada mano masculina, sintiendo frío y calor bajo aquellos dedos que apretaban de manera firme pero suave su ancho pezón derecho, de un lado a otro, que endureció estimulado.

   -¡Suéltame! -graznó, asustada como una niña de sus propias respuestas físicas y emocionales, apartándose.

   -No ocurre nada, maestra. -el joven sonrió pícaro, ojos chispeantes de alegre malevolencia, le pareció. Y tuvo que contener un jadeo, llevándose una mano al ancho pecho cuando posó los ojos en ese entrepiernas que mostraba un levantamiento largo, visible. Una masculinidad exhibicionista.- Entonces... ¿puedo atender mis asuntos?

   -Si, si, yo... -no podía pensar ni reaccionar teniéndole tan cerca, casi oliendole.

   -¿Y el dinero?

   Le avergonzó salir corriendo a buscarlo, su cuerpo bamboleándose bajo la fea bata de cama, sabiendo que el muchacho tenía los ojos clavados en su trasero. ¿Burlándose de ella, de su figura?, se preguntó por un momento, para estallar en calor y ansiedad de sus propios anhelos. No, seguramente como todo joven gañan soñaba con... con... con tocar traseros de mujeres, con refregar su entrepiernas de ellos. Con... Con... No, no podía permitirse ni pensarlo. No debía “imaginar” a una mujer con un trasero como el de ella, cubierto por una bata, siendo obligada a caer de rodillas, la bata siendo alzada, la pantaleta grade bajada y el culo toqueteado por la punta de un miembro masculino, caliente y duro, que se forzaría contra su cerrada y peluda entrada hasta que...

   Temblando como gelatina tomó todo el dinero que encontró en una gaveta, sin contarlo, y bajó como alucinada las escaleras dejándolo en sus manos, temblando cuando él cubrió las suyas con esos dedos largos, sonriéndole. Feliz de chulearla.

   -Gracias, maestra... -su agradecimiento le sonó sucio, insinuante.

   Fue un dia de tortura. De recriminaciones, de llanto, de pedirle perdón a Dios, rosario en manos, intentando perderse, arrodillada en un rincón de su cuarto, en la dulce letanía de las repeticiones, en aquellas palabras que siempre la hicieron sentir mejor. Sin poder apartar la imagen del chico, su voz, su toque caliente (esas manos...), su casi desnudez. Gritando frustrada al no poder escapar a su debilidad (su vicio, su pecado, así lo sentía), se desplomó en el piso, llorosa. Debía... Piensa en llamar al jefe policial, para denunciarle por conducta indecorosa. Sentía rabia, dolor, arrepentimiento, pero también... Ardiendo, con la sangre revuelta, el cuerpo estremecido como si sufriera fiebres revivió una y otra vez toda la mañana. Con los pezones doliéndole de lo sensibles que los tenía.

   Pasó una noche dura, soñando el enorme trasero de una mujer que era descubiertos de una falda larga, arrodillada ésta en el reclinatorio de la iglesia, una mano joven bajándole la pantaleta y posicionándose tras ella mientras el padre Vicente daba un sermón sobre las pecadoras ciudades de Sodoma y Gomorra, y de cómo sus habitantes fueron arrojados al tártaro eterno por sus pecados y concupiscencias. Y mientras escuchaba, la mujer de ese trasero enorme luchaba, con una mano trémula, contra un miembro viril erecto que se frotaba de la piel femenina, cuyo glande buscaba su entrada. La mano, temblorosa y emocionada, y horrorizada, lo tocaba, cerraba los dedos sobre él, tan caliente y duro, pulsante, alejándolo pero dándole leves sobos. El padre alzaba el tono censurador y condenatorio, la gente volvía las miradas pero era tarde. Ese glande se frotaba contra el arrugado agujero, separándole los pliegues, penetrando, metiéndosele mientras ella, porque claro, era ella, chillaba de pecaminosa lujuria en la casa de Dios...

   Toda la noche la jubilada maestra estuvo presa de sueños similares, viéndose gritando mientras su caídos senos grandes eran tocados por manos jóvenes, y una boca cubría uno de sus pezones, succionando como un ávido y entusiasmado lactante... algo que nunca había experimentado despierta en su vida real. Al otro día, agotada, con un fuerte dolor de cabeza, más abatida de lo que se había sentido en toda su vida, le vio llegar. Y le evitó tanto como pudo, notando que este lanzaba frecuentes miradas al segundo piso, buscándola, esperando que bajara. Pero no podía, los sueños, las pesadillas, o lo que fuera habían sido mayores a sus fuerzas. Se pasó el día encerrada, alejada de la ventana, oyéndole clavar algo, canturrear y silbar. Llamándola. Lo sabía. Tentandola como Betsabé, la mujer de Urías (esa zorra pecadora, así lo había pensado siempre), hizo con David.

   Oró con ojos cerrados, inclinada nuevamente en ese rincón de su cuarto recargado de todas sus cosas queridas y viejas, la mecedora de madera pesada, las viejas fotografías de sus padres (había cubierto una, cercana a la ventana), la ancha cama que fuera de ellos. Cerró los ojos con más fuerza y quiso perderse en la oración, sentir la paz que alcanzaba en la iglesia a las tres y media de la tarde cuando rezaba el rosario junto a otras mujeres. Una paz que ahora no alcanzaba... desde hacía rato. Menos en esos momentos cuando le escuchaba silbar y reír como si algo le hiciera cosquillas.

   Una risa franca, descarada. Retadora. Tanto que logró intrigarla y se asomó a la ventana. No encontrándole a la vista. No trabajando, cosa que no era rara. Reía al otro lado del patio. Y la curiosidad fue mayor a ella. Bajó con cuidado, como si flotara algo mareada y temiera caer. Salir fuera de casa casi le pegó físicamente, el sol, la luz y el calor le abrumaron por un segundo. Aunque era el calor de siempre a esas horas del mediodía. Las chancletas hacían ruido al encaminarse al otro lado de la casona... paralizándose al cubrir la esquina.

   Junto a los pipotes donde guardaba agua de reserva, y para regar el jardincito y los árboles frutales, y darles un respiro en tiempos secos (en Río Grande rara vez se secaba algo), estaba el joven ex estudiante, el niño al que conociera en la escuela antes de convertirse en un mozo guapillo. Se estaba bañando con una totuma, mojando su cabeza, ojos cerrados, todo sonreído sintiendo la fresca agua recorrerle... prácticamente desnudo. Y si lo hubiera estado no le habría parecido tan... pecador, pensó con el pecho trancado, incapaz de inspirar aire.

   Descalzo sobre la grama, junto a los envases metálicos con agua, el joven se mojaba y reía como si eso le divirtiera, vistiendo tan sólo uno de esos horribles calzoncillos bikinis que no podía dejar de mirar. Sus ojos parecieron quedar atrapados en la breve y chillona tela de licra amarilla, que transparentaba con el agua, aferrándose y dibujando claramente la silueta del tolete del muchacho, uno que iba endureciéndose por segundos. Este abrió los ojos y la miró sonriendo, mojándose con la totuma en una mano y metiendo la otra dentro del pequeño calzoncillo, frotándose como si se lavara, pero viéndose terriblemente excitante, sucio y pecaminoso.

   Mareada, alcanzada por un calor que ya la sancochaba, la mujer logró despegarse de allí, gritándole que debía irse, marcharse y no volver. Y escapó a la carrera, dando tumbos, gimiendo; huyendo de sí misma, de la oleada de lujuria que la envolvía y la hacía sentirse sucia, ridícula, estúpida; una vieja necia que...

   No quiso verle, bajar a hablar con él, aunque la llamó, todo seriecito, voz educada, como un buen niño que de pronto parecía desconcertado y dolido por el regaño de su maestra. No quiso escuchar sus explicaciones. Encerrada en su habitación, casi recluida (sin almorzar ni cenar), se arrodilló y rezó mucho, con el cabello suelto y el rostro manchado de lágrimas. Parecía una Sayona más vieja mientras buscaba la ayuda de Dios, su fortaleza y consuelo, pero sabiendo que fallaba. Mordiéndose los labios hasta hacerlos sangrar tan sólo podía revivir en su atormentada mente la figura del chico mojado, prácticamente desnudo, o cuando le tocara... Lloró sintiéndose mal, derrotada. Perdida. Le parecía que bordeaba un abismo negro, profundo, horrible, un pozo tan grande como la laguna. Uno que ocultaba en sus sombras algo que la amenazaba horriblemente. Algo vivo y real que reía silente de su angustia, de su dolor y tormento, de su debilidad. Algo que la miraba en esos momentos, aún allí, en su alcoba, sabiendo que estaba fallando. Disfrutándolo. Esperando verla condenarse.

   Esa noche, afiebrada y débil por el ayuno y los tormentos, sintió que la cama subía y bajaba. En un momento dado, dando cabezadas se preguntó en qué momento apagó las luces, justo cuando más miedo tenía de la oscuridad, esa que habitaba en el pozo negro de su desesperación. No lo recordaba. No sabía qué le pasaba. La ventana estaba abierta, nunca la dejaba así, pero ahora lo estaba. Una brisa cálida y perfumada a flores penetraba y bañaba su cuerpo transpirado haciéndola temblar. Y le vio subir, trepando a su ventana como un joven y secreto amante, sonriendo pícaro al mirarla...

   -Hola, maestra, ¿se siente mejor? -y entró, decidido, con movimientos gráciles, hermosos.

   Ella quiso alejarle, exigirle que se fuera, pero era tan guapo, se veía tan lindo sonriéndole, llegando a los ies de la ancha cama que sólo había visto sexo en tiempo de sus padres, algo en lo que nunca quiso pensar (ni en lo seguramente insatisfactorio que debió ser el acto con un hombre como su papá). Sintió las manos calientes del chico subiéndole la bata, acariciandole los obesos y flojos muslos, dejándola paralizada, rígida, expectante. Quiso gritar para detenerle, en serio, cuando este tomó los bordes superiores de su ancha y vieja pantaleta, halándola, sacándosela lentamente, haciéndola temblar por la sonrisa que le lanzaba mientras sus ojos jóvenes brillaban de lujuria. No, no, buen Dios, esto era una locura. Ese muchacho...

   Toda idea murió cuando este le empujó las piernas hacia arriba, por los tobillos, obligándola a flexionar las rodillas y apoyar los talones sobre el colchón, la brisa impactando como etérea caricia sobre su sexo expuesto, velludo, con algunas canas. Casi lloró sintiéndose estúpida, enferma, mirándole suplicante para que no le hiciera aquello, robarle su decencia, su virtud; pero este tan sólo le guiñó un ojo, tendiendose sobre la cama, todavía de pie en el piso, bajando el rostro, bañándola con su aliento, uno más caliente que cualquier brisa. Y quiso gritar, tensarse, cerrar las piernas, pero no pudo.

   -¡Ahhh! -escapó de sus labios cuando algo baboso y caliente hizo contacto con su vagina temblorosa de miedo y pasión. Eso, todo reptante, penetró sus labios y aleteó arriba y abajo sobre su punto mágico, que viejo y todo (así se imaginaba a sí misma), respondió con avidez cuando esos labios se cerraron sobre él (su clítoris, lo sabía pero aún se negaba a pensar en él por ese nombre), chupando, y gritó nuevamente, perdida en sus nuevas sensaciones. Cerró los ojos para no continuar viendo aquella realidad donde era una mujer sucia y debil de carne, donde sus padres le devolvían las severas miradas desde los viejos retratos... cayendo en esa oscuridad que la aterraba momentos antes y que en ese instante era su aliada; las sombras que danzaban alrededor, que parecían siluetas de humo que se distorcionaban y semejaban rostros desfigurados, horribles, con muecas de diversión y odio, ya no le inquietaban aunque la rodeaban toda, haciéndose más consistentes, más definidos. Rostros de una fealdad y crueldad terribles, que aumentaban en tamaño, cuyas cuencas, espirales de humo o vapor girando, parecieron lanzar guiños de complicidad obscenas. Ese joven le quemó con su aliento, resollándole allí, entre sus enmarañados pelos púbicos y era lo único importante. Esos labios atrapaban y sorbían como si el chico comiera guacucos. Esa lengua que iba y venía...

   Y así, con ese chico entrando a su cuarto cuando deseaba, haciéndole aquello, obligándola otras a mover una mano y a tocarlo, duro y punzante, no era extraño que no saliera de su casa, de su cuarto, que nadie la viera en el mundo exterior...

   -¡Cuidado, coño! -grita Ítalo, el niño guapillo de trece años, uno de los mayores y jefe del grupo cuando otro, casi tan alto como él, pero con apenas nueve años de edad, batea la pelotica de goma que sale con fuerza, pega del bordillo de la acera, da un bote feo y vuelta sobre la alta valla de la casa de la bruja.- ¡Mira lo que hiciste, muchacho gafo!

   -Lo siento. -el chico, Antonio Linares, casi parece a punto de llorar. Es el menor del grupo, y le invitaban a jugar con ellos sólo por el tamaño y la habilidad que tenía en el juego, algo natural y que hacía soñar a su madre con verle jugar con Los Navegantes del Magallanes algún día; rico, exitoso y famoso... Bien lejos de Río Grande.

   -¡Lo siento! -le chulea con disgusto Ítalo, realmente cabreado. La pelota era suya, coño... Tomada del cuarto de su hermano, prestada. Aunque este no lo sabía. Y pelota que caía en ese patio nunca era recuperada. La vieja bruja, con el tiempo, se había ido poniendo más y más amargada. Se vuelve hacia un chico negro de eterna sonrisa en los labios.- ¡Es tu culpa, tú trajiste a este carajito, Cruz!

   -No te molestó lo carajito que era cuando lo elegiste para tu equipo. -sentencia este, indiferente, sudando y respirando afanosamente como los demás.- ¿Qué hacemos ahora?

   -Nada, ya se acabó. Sin pelota no hay juego. -tercía Demetrio, amargado y pesimista, un joven de cabellos enmarañados, de un feo tono rojizo naranja, Cerro Prendido, como todos le decían. Lo exacto de la descripción molesta aún más a Ítalo.

   -¡Ve por ella! -le ordena a Antonio.

   -¿Yo? -jadea este tragando en seco, siendo el más chico de todos es quien le teme más a la bruja, a la cual si cree, efectivamente, eso, una bruja.

   -Tú la botaste, tú la buscas. -acusa, luego inicia otra táctica, cruel como lo es siempre entre niños.- ¿O acaso tienes miedo, bebé?

   -Si la bru... Si la señorita Zenobia me ve...

   -No te verá. Hace rato que nadie sabe de ella. -le corta este, mirando hacia la valla y la silueta de la segunda planta de la encerrada casona, fea y con aire de abandono. Era cierto, a la mujer se le veía poco últimamente en la calle, la plaza, la biblioteca o la iglesia. Menos aún desde hacía como dos semanas, cuando había contratado a ese tipo joven para que levantara aquella vaya, buscando aislarse del mundo, que nadie mirara hacia su casa. De ellos, que pararon el juego de pelotica para ver al tipo trabajar. Este lo hizo en tan sólo un día, marchándose dos días después del pueblo, con la novia que todos decían estaba preñada (lo decía su mamá, que conocía la vida de todo el mundo, algo que siempre le molestaba cuando lo escuchaba), y, fuera de un vistazo de la mujer en una ventana, de pie, quieta, lejana, difícil de distinguir sus rasgos, esta había desaparecido. Hace una semana. Ahora ni eso.

   Nadie en Ríos Grande había vuelto a ver a la vieja maestra jubilada Zenobia Morales. Y a nadie parecía inquietarle o preocuparle. O importarle.

CONTINÚA ... 3

SUPERNATURAL, ¿PARA SIEMPRE?

   Quince años y se hacen pocos...

   Se crea o no, Supernatural, la serie de televisión de los hermanos Winchester recorriendo Estados Unidos luchando contra lo macabro, ha sido renovada para su quinceava temporada. ¡La número 15! Sin importar cuanto lloriqueen quienes aseguran que debió terminarse en tal o cual temporada. Sigue y no porque use magia para mantenerse… aunque, es Supernatural, bien podría ser ¿no? Cuando lo leí en la prensa me reí una barbaridad. De los críticos de marras (si, los trato feo porque quieren que se cancele mi serie favorita, los muy róñicos), y porque, por un año más, podemos respirar tranquilos.
   Cada vez que el programa llega a su episodio quince o veinte de la temporada (y eso ocurre desde la quinta, hay que ver en la de nervios que hemos vivido), comienza la incertidumbre, ¿la renovarán?, ¿la cancelarán?, ¿será la última vez que veamos algo nuevo de Sam, Dean, Castiel y el Impala? Caramba, ya son catorce años, por la medida chiquita, de esos dos o tres personajes que siguen en la pelea. Buenos programas han terminado en menos tiempo (aunque otro siguen, como Doctor Who, aunque esos usan otro formato, uno muy ingenioso que viene desde el principio, el cambio del personaje). Este va a continuar, y las razones que esgrime la cadena son las mismas que anunciaron el año antepasado, cuando supimos que llegaba la catorce: la serie es longeva, si, pero mientras continúe con su base de audiencia, que es tan buena como la cantidad y calidad de sus fans, el programa seguirá hasta que Jensen Ackles y Jared Padalecki quieran. Lo mismo que se dice de NCIS, con Mark Harmon. Y eso que a Gibbs ahora si que se le nota la edad, a diferencia de Jensen, a quien los años sólo parecen mejorarle (¡es tan injusto!).
   El Canal Warner (CW, ahora, aunque eso suene como a sanitario), alega que la vida de los Winchester aún da para más, considerándola una de sus series estrella... a pesar de que la tratan a las patadas. Al menos en Venezuela es una porquería lo que hacen, la trasmiten el domingo (bien, el lunes en la madrugada), después de la una y media. Después de las aventuras del joven Sheldon Cooper y ese programa no me gusta para nada. Y sin repetirla entre semanas. !Como para que nadie la vea! Bien, al menos la mantienen. Soy uno de sus fieles, de ese grupo que muchos han catalogado de dementes por todo ese universo paralelo creado alrededor de la serie, especialmente con el llamado fandom, que es notorio en todo programa aunque en este se lleva todas las medallas. Aún hoy, muchos años después, siguen escribiéndose relatos sentimentales o eróticos sobre Sam y Dean (Wincests), Dean y Castiel (Destiel) o Jared y Jensen (Padackles) en la ficción.
   Soy de quienes ha disfrutado y rabiado viéndola desde el inicio, cuando parecían dos muchachitos y se embarcan para enfrentar a la mujer de blanco en la carretera, una leyenda urbana presente en todas las naciones; soy de los que se quedó con la boca abierta a finales de la temporada trece cuando nuestros heroes regresan de un mundo paralelo (muy parecido al presentado en la serie Angel, en su tiempo), desdiciendo todo lo ocurrido hasta ese entonces en el programa en dolorosas escenas que casi nos lastimaron (volvía todo el mundo); de esta temporada catorce lo más comentado era el regreso de un personaje mil veces esperado, y a quien nunca he apreciado mucho, John Winchester (justo cuando Mary estaba con Bobby, a quien siempre he visto como más papá de los hermanos que John).


   Cuando me reuno con la familia y tomamos algo, y reímos hablando de televisión, no comprenden mi fascinación con la serie (fuera de preguntar ¿y todavía dan esa vaina?), no entienden de qué hablo cuando les cuesto de Dean Winchester, mi personaje de televisión preferido, que venció y mató a una de las señoras del Infierno, Abaddon, a Hitler, revivido por nigromantes nazis, a Caín y al mismísimo Lucifer (qué capítulo, yo estaba físicamente agotado). Que fue el único que encaró, y le gustó, a Amara, la hermana poderosa y malgeniada de Dios. Sólo ante él, ella que asustaba a Chuck (Dios), bajaba el tono. ¿Y quién podría culparla? Esperaba yo mucho más de esos dos, ¿por qué no una escena de besos y cama? Pero arrugaron, los guionistas, mataron al tigre nombrando a la familia divina, y después le agarraron miedo al cuero.

   Ha sido toda una grata experiencia ver este video sobre las intros según las temporadas, recordando con especial afecto la de los ángeles en la cuarta temporada, las alas negras, cuando a la vida de Dean llega su ángel de la guarda, Castiel (qué momentos); ¿cómo olvidar la llegada de Lucifer, o el aceite negro de los leviatanes? ¡Y esas entradas especiales! El dueño del video hizo dos presentaciones entradas al programa que habrían quedado geniales. Si, Supernatural bien podría ser un programa de horror en lugar de ser de aventuras, fantasías y drama; en algunos episodios, por segundos, realmente logran aterrar pero a los dos minutos volvemos a los protagonistas y con ellos acaba el miedo. De las intros especiales para ciertos programas, me gustaron todas, aún la de los cazafantasmas, personajes que nunca fueron de mis favoritos. No les mentiré, esperaba que alguno muriera. Al menos uno. Amé la entrada en blanco y negro de la cuarta temporada, el especial sobre monstruos del cine, con esa música ominosa y el letrero de Bienvenidos a Pensilvania, por Transilvania, en honor de los viejos clásicos de horror de la Warner Bross. Uno de los pocos ligeros de una temporada dura que se iba al Infierno, literalmente, mientras los hermanos se enfrentaban.

   Odié, todo lo que se puede odiar, aquella donde actuaban como idiota al enfrentar al truquero, antes de que este se manifestara como realmente era, cuando los hermanos llevaban una vida de programa de televisión. Lo cierto es que me gusta lo chusco de algunos momentos, pero no tanto cuando los llevan al ridículo abiertamente. Y lo de la bicicleta para dos era francamente irritante. ¿Y el homenaje a los Expedientes Secretos X y el rapto de Dean? ¿Y la música y entrada del Gran Chaparral cuando viajan al lejano oeste y Dean tiene su duelo con el Fenix? ¿Y la boda de Sammy con su fan número uno? ¿Y el especial de los doscientos capítulos? Esos temas musicales pegaron duro.

   Si, el viaje ha sido largo, pero todavía espero ver más. 

NO, NO ERA PARA SIEMPRE...

GENTE BASICA

SEGURIDADES
   Hay quienes sólo responden feo...

   ¿Qué?, ¿te parece que el sucio marica la está pasando mal? ¿Que abusamos? ¿No le ves las tetas duras, las chorreadas que lanza, el cómo el agujero le pulsa? ¿Que se creía heterosexual y salía con nuestra hermana? Ese error lo han cometido muchos y se los hemos aclarado. Luego han vuelto por más. Si lo que en verdad buscas es un poco de esto, entrometido, quédate ahí y espera tu turno.   

RESPUESTA AUTOMATICA

ENAMORANDO

CELOS
   La honestidad tenía su encanto...

   Podía tener sus ideas sobre un hombre que de rodillas, abriendo la boca ansiosamente tomara una vaina así; creerlo indigno, que hace cosa de tíos ociosos, pero viendole la dedicación, la dedicación al tomarlo y cubrirlo con sus labios, masajeando amorosamente, chupando, agitando la lengua contra el tronco, mirándole con esa entrega de “ve lo que hago por ti y por mí”, no puede menos que admirar su entrega sincera. Así se chupaba, pensó finalmente reconciliado; tantos otros, machos y hembras, deberían aprender cómo se hace, joder.

EL DETALLE


LA AYUDA HUMANITARIA PARA VENEZUELA

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE OCCIDENTAL

   A eso nos ha reducido veinte años de socialismo...

   No es fácil olvidar el dantesco show del 23 de febrero cuando a sangre y fuego (literalmente, no es un recurso poético), el gobierno inconstitucional de Nicolás Maduro Moros impidió la entrada de la ayuda humanitaria al país, por la frontera con Colombia, ardido todavía por el concierto del día anterior cuando cantaron por democracia y libertad un grupo de artistas, ya que ni Venezuela ni el mundo le hizo caso a su programa de muertos vivientes con el cual intentó silenciar aquel. Quedaron como unos salvajes a la vista de todos cuando quemaron camiones con alimentos y medicinas que eran tan necesarios nada más que para comenzar en los hospitales venezolanos; y la fiesta en Miraflores esa misma tarde, donde el ilegitimo Nicolas Maduro Moros bailaba como el oso Balú (con perdón de Balú), al grito de que venezuela no necesitaba nada porque para muestra ellos que estaban gordotes y cebados (y medio asfixiados agregaría yo), tampoco les ayudó.
   Aunque mucha gente sostuvo que todo ese desastre, todo ese circo grotesco incluida la bailada, había sido un montaje para restar importancia y gravedad al asesinato de los indígenas pemones a quienes quieren sacar de su territorio disputándose el oro, ya que se lo ofrecieron a los rusos por apoyo, como ya habían entregado la Zona en Reclamación a Guyana y las trasnacionales petroleras a cambio de apoyo en la OEA (y viven tachando de traidores a todo el mundo). Lugar donde, por cierto, pagan nuevamente el karma; necesitado de ese activo deben enfrentar también la presencia de la guerrilla colombiana, el ELN, que campea aquí, dejada hacer lo que les da la gana incluido matar venezolanos, aún militares. Es que definitivamente el socialismo es basura.

   Después de todo ese show, y agravada la crisis humanitaria que no ven (quién sabe si por demencia o porque viven intoxicados), por los apagones que han afectado los alimentos, el suministro de agua y han dañado equis cantidad de electrodomésticos a un país que sencillamente no puede costearse el cambiar una bombona vieja y llena de fugas por una nueva, Nicolás Maduro Moros anuncia que llegan, o llegarán (mienten tanto que es difícil creerles), barcos rusos con ayuda humanitaria, con alimentos y medicinas. Ah, ¿pero entonces si hay una crisis humanitaria de alimentos en un país que veinte años atrás le vendía arroz, café y granos a Colombia y a todos los países del Pacto Andino? ¿Y la producción interna revolucionaria? ¿Y las tierra robadas a los productores nacionales hace más de quince años que si mostraban ganancias, como las del señor Franklin Brito, robado, torturado, escarnecido y asesinado?

   Ahora llega la ayuda humanitaria, se necesita, ya no se ve mal, se acepta porque es rusa, esos si son buenos y nos quieren. La mandan porque, bueno, tienen tanto que la anda regalado aunque no hace falta. El anuncio se hace con aire de fiesta. El régimen usurpador parece creer que se la está comiendo o que el país y el mundo no se da cuenta de la ruina que ha caído sobre todo el territorio nacional. Pero se entiende, tenían que anunciarlo, que venía ayuda, lo que sea, porque a la gente se le agotó la paciencia y el miedo. La brutal represión este fin de semana en Caracas, en zonas populares donde la gente que salió a gritar desesperada y rabiosa por los apagones, el gas doméstico que no aparece y el suministro de agua que no llega (¿cómo se vive sin agua, sin comida y asándose de calor para colmo?), no termina de silenciarlos. Y esos gritos les tiene los nervios de punta.
   Agredir, disparar, secuestrar gente, “deteniéndolas por conspiradores” para intimidar (lo de ayer en el norte de Caracas fue dantesco), no sólo no termina de silenciar a esa gente que está sencillamente arrecha, frustrada, rabiosa e impotente, y a la cual molestan cada vez más cada vez que uno de ellos sale a hablar paja sobre una conspiración internacional, burlándose del drama del país. La represión fue la nota del día, se detuvo periodistas como no se ve ni en zonas de guerra, pero el clamor de los gritos fue tal que en Miraflores ha continuado el miedo que no les abandona desde el 10 de enero. Ahora salen con el cuento de qué alimentos y medicinas están por llegar, para ver si bajan la presión. Quedará de nosotros que no sea así.



   Si esto fuera todo, la ayuda rusa, muy poco, muy tarde, una necedad como aquella cuando anunciaron con bombos y platillos que habían traído quinientas mil baterias de automoviles para un país sin respuestos, siendo que la demanda era de más de cinco millones, la cosa sería una nota extraña al pie de página. Otro cuento distraccionistas de una tendencia política, el socialismo, que es más bulla que cabuya. La cuestión es que La Cruz Roja Internacional ha anunciado que traerá y coordinará la llegada de ayuda a un país sumido en una profunda crisis humanitaria... ayuda qué será organizada por ella, sin actores civiles o militares del régimen y de ninguna otra tendencia. Que se les trate con ese desprecio se entiende, son ladrones que se han robado de todo (la crisis del sector eléctrico fue anunciada en el 2010 y se gastaron cuarenta mil millones de dólares en “resolverla”, nueve años más tarde el Guri trabaja con dos turbinas que vienen de la era democrática, que se turnan, y para que una funcione tienen que quitarles piezas a la otra; de los cuarenta mil millones nadie sabe nada), pero también es una acusación al sector militar al que asocian con dicha crisis.

   Tanto nadar para ahogarse en la orilla, tanto hablar paja para que la realidad terminara imponiéndose a pesar de los alucinógenos. Venezuela, la otrora Venezuela saudita, necesita que le envíen alimentos y medicinas, cualquier cosa porque hace falta de todo, y tal como están las cosas hoy, hasta agua y pilas para las linternas. Veinte años de socialismo bien ejecutados lograron aquí unos niveles de degradación a los que no llegó ni la Unión Soviética en sesenta años cuando todo el bloque de la Europa del Este vivía con cartillas de racionamiento y les estallaban las centrales nucleares. Eso hay que reconocérselos.

   Por cierto, a los Círculos de la Muerte de Papa Doc, digo, los colectivos revolucionarios, los llaman Colectivos de Paz mientras disparan contra los manifestantes. Todos los fascismos son iguales independientemente del nombre que se quieran dar, unos son más eficientes que otros, estos reprimen más para compensar, pero uno de los trucos que los asemeja es enmascarar la verdad, cambiarle el nombre a las cosas para intentar confundir la percepción. Como ya señalé por ahí, en Los Juegos del Hambre se les decía Agentes de la Paz, para hablar de un ejemplo cinematográfico reciente.

   Una última cosa, ¿dónde está la gente que anunciaba la hora cero, el punto sin retorno, la marcha final cada vez que hay una de estas protestas? ¿Por qué no salen a encabezar y nos enseñan de una vez qué es lo que tenían en mente cuando nos dijeron hace tres años que dejáramos de enfrentar al régimen en cada plaza o escenario? Ya deberían estar mostrando cómo es que iban, o van a hacerlo, salir de esto, en lugar de estar únicamente pendiente de lo que hacen o no los otros. 

SUDAN, LA RECETA DE LOS DERROCAMIENTOS

IRRESISTIBLE

MOJANDO
   Ah, las cosas de los chicos...

   Bebito, como le dicen familiares y amigos, siempre que puede baja a solas a alguna playa apartada, donde es poco probable que alguien le reconozca, y con su carita más mórbida recorre la arena usando sus tangas más diminutas y putonas, sonriéndole a los tíos grandes y maduros que le seguían con ojos sorprendidos por el ofrecimiento notado en esa joven mirada, levemente escandalizados y algo... ¿excitados? ¿Tal vez halagados por el buceo del guapo chiquillo que salía del agua como una visión caliente y lujuriosa, que sobre una toalla se embadurnaba de aceites, mirándolos mientras recorría sus jóvenes y turgente nalgas? ¿Era difícil entender que, por un segundo, cada uno imaginara a otro tío llegando, montándosele sobre esa toalla y tomando delante de todos lo que ofrecía tan descaradamente, para luego pensar por qué no yo? Bien, no era ir muy desacertados, porque los que quedaban al alcance del oído escuchaban al chico susurrar, con voz bajita, ronca y sucia, que podía hacer cosas que avergonzarían a las esposas... 

OCIO

domingo, 31 de marzo de 2019

UN PASO NATURAL

BAJO MANO EXPERTA
   Las exigencias de la vida son reales, claras y hastas lógicas para cualquiera que se tomara la molestia de pensar un poquito más allá del cuadrito. Si se contaba en el gym con un campeón, un ganador, alguien capaz de hacerte brillar, y le encantaba el sexo después de cada práctica aunque lo negara, hay que dárselo, pues. Se lo ha ganado. Claro, no vas a saltarle encima, se comienza jugando. Pretendiendo que no se sabe qué se quiere, o si vas a ceder finalmente, o a repetirse. Aunque sabes que, en verdad, te diviertes accediendo a lo evidente. Esperando ya por la excitante vista que provoca el estimulante olor a suspensorios transpirados, tan sólo superado por el revitalizador aroma de un pubis mojado. Tan simple, tan cierto. Así que a darle a tu entrenador, ese hacedor de estrellas, el tratamiento que no se atreve a pedir pero que desea. Los resultados, a la larga, bien que valen la pena.

   Ese Cliff Jensen es un diablo. Seguro a lo largo de su vida hizo probar a más de uno más de lo que habría imaginado. 

TANTO VA EL CANTARO AL RIO...